Un pequeño, un sencillo libro, un ensayo de un nonagenario ex combatiente francés, Stephane Hessel, ha triunfado en España casi sin proponérselo. Es cierto que el autor, nacido en Berlín pero nacionalizado francés, en apenas 80 páginas conminaba a indignarse a todo aquel que no estuviera de acuerdo con el sistema, pero resulta curioso que un 15 de mayo, como por generación espontánea, en Madrid, primero, y en otras ciudades, poco a poco, se incorporara el espíritu propuesto por el viejo Hessel a una manifestación permanente que, en estos instantes, sigue viva.
En Francia, “Indignez-vous” vendió casi 2 millones de ejemplares, un best seller, vaya, y aquí Destino, del Grupo Planeta, lo sacó a primeros de año. Alguien cogió la idea, y aprovechando las estructuras actuales de las redes sociales, lanzó el mensaje: “Indignémonos, todos… a la Puerta del Sol… “Los Facebooks y Twitters echaron humo y pronto estuvimos ante algo que no acabábamos de comprender. Si el triunfo de Zapatero en 2004 fue, según muchos, el SMS, ahora, el sistema se ve amenazado por enemigos pacíficos de los que no alcanzamos a dimensionar aún su poder.
La indignación, esta vez, ha cambiado sus armas. En lugar de escaparates rotos y pasamontañas ocultando la identidad, hemos pasado a comisiones sectoriales, discursos coherentes y pulcritud de la mayoría, con rechazo incorporado a aquellos que no se sometan a esos parámetros. Y hemos pasado de la acción represiva contraria, a la vigilancia distante de los cuerpos de seguridad. Ni la prohibición del Supremo fue oída por los responsables políticos. Hay que tomar nota de ello.
No se si durarán mucho, si se reunirán a partir de ahora cada semana o cada 15 días, pero banqueros y políticos van a tener que hacer algo pronto para demostrar que han entendido el mensaje.
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