Metaverso: Todo lo que necesitas saber para el futuro 3.0

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Decía Woody Allen: “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”. Lo mismo podría decirse del metaverso. Si nos interesa y si es bueno que dediquemos un tiempo a entenderlo es porque, a pesar de las dudas sobre su implantación, no es una moda pasajera, sino un horizonte claro de desarrollo tecnológico. El paso lógico del entorno 3.0 en el que interactuaremos dentro de poco.

Según un estudio de la Universidad de Stanford (California), en 2026 un 25% de la población pasará al menos una hora en el metaverso. De hecho, este mismo año un profesor de dicha universidad ha sido el primero en dar sus clases haciendo uso de la realidad virtual y la prueba piloto ha sido un éxito. Detrás del metaverso hay, claro está, un negocio millonario y empresas que buscan posicionarse, pero lo que lo hará triunfar es su enorme capacidad de ofrecer servicios y experiencias.

¿Qué es exactamente el metaverso?

El metaverso (literalmente “más allá del universo”) es un entorno tecnológico que describe experiencias inmersivas sensoriales. Es la nueva generación de internet, mucho más multisensorial y directa, descentralizada y segura, en clara superación del 2.0. Con el metaverso, dejaremos de entrar en internet para vivir en internet.

Con esta tecnología no solo podremos desarrollar cualquiera de las actividades que ya llevamos a cabo en internet, sino que muchas de las cosas que hoy hacemos en el mundo físico las trasladaremos al virtual. El abanico de oportunidades y campos de desarrollo es enorme. Es cuestión de tiempo que cada uno de ellos encuentre su lugar en el 3.0 y los usuarios lo vean útil.

Aunque tenemos una idea preconcebida del metaverso en base a experiencias pioneras como la fallida SecondLife, el metaverso no es la realidad virtual. O no solo. Es realidad virtual y realidad aumentada. El metaverso puede hacerse realidad simplemente desde nuestro móvil, sin necesidad de unas gafas tipo Occulus.

¿En qué punto nos encontramos?

Casi todo está por hacer. Contamos con la tecnología de base para implementar el metaverso, es decir, el 5G, pero su desarrollo es limitado aún; mientras, el entorno blockchain ya ha empezado a calar y será clave en este proceso. En los próximos diez años asistiremos a un despliegue progresivo del metaverso, con numerosas tecnologías e industrias implicadas y una lucha de poder por participar de una tarta que se calcula que ronda los 8 o 13 billones de euros, es decir, el PIB de un país europeo.

Habrá varios metaversos, no uno solo, a pesar de que para el común de los mortales esta tecnología se asocia a Meta, el antiguo Facebook, que ha apostado fuerte para posicionarse. Los propios países podrían desarrollar su metaverso, al igual que ya existen modelos paralelos de internet en China y Estados Unidos. La batalla por la estandarización del formato (protocolos de seguridad, lenguajes, interfaces, plataformas de pago…) no ha hecho más que empezar. Es un proceso similar al del propio desarrollo del universo web en los 90 y experimentará vaivenes para lograr una regulación normativa y una estandarización.

¿Qué haremos en el metaverso?

Cualquiera de las cosas que a día de hoy hacemos en internet es susceptible de trasladarse al metaverso. Además, se sumarán otras aplicaciones desde el mundo físico. Ambos universos, meta y físico, coexistirán durante mucho tiempo. No hay que alarmarse: no es nada que no vivamos ya hoy en día. Interactuar con nuestros iPhones o tablets es ya entrar en la realidad aumentada desde entornos analógicos.

La educación, la salud, el entretenimiento, el fintech o el comercio son algunos de los ámbitos que están ejerciendo de punta de lanza para el acceso al metaverso. Clases virtuales, operaciones, transacciones en mercados regulares o en monedas virtuales. La pandemia ha acelerado este proceso hacia la digitalización; el siguiente paso es que nos encontremos en el metaverso.

En unos años, veremos aplicaciones en las áreas de servicios públicos, manufacturas, marketing virtual, industrias experienciales como el turismo y la cultura. Conceptos ya establecidos en entornos digitales como redes sociales, el ocio y los pagos digitales tienen fácil traslación.

Fuente: EAE Business School

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