Manel García

Director general de Bomosa

Filantropía estratégica

©FeedbackToday/Nacho Roca

«Tardé menos de 20 minutos en convencerme del proyecto Univers Bomosa»

El grupo empresarial proyecta un centro de alto rendimiento a 2.500 metros sobre el nivel del mar
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Andorra es un país pequeño pero de un gran espíritu emprendedor. Univers Bomosa es uno de sus grupos empresariales con proyectos más punteros. Hoy hablamos con su CEO, Manel García.

En primer lugar, ¿qué es Univers Bomosa? 

Univers Bomosa son muchos proyectos a la vez. En origen somos un family office, que se centra en acompañar proyectos con sensibilidad social. Creemos que lo mejor que les podemos dejar a nuestros hijos es una sociedad más digna y responsable.

Nuestra estructura empresarial participa en diversos proyectos y emprendimientos de tipo ambiental y social. Y en todos ellos tratamos de generar beneficios. Cuando lo logramos, los revertimos directamente a la Fundación Bomosa, quien, a su vez, promueve nuevos proyectos sociales.

Creemos que lo mejor que les podemos dejar a nuestros hijos es una sociedad más digna y responsable.

Y todo ello en Andorra, de donde es originario el fundador del grupo, el Sr. Turi Mora. ¿Cómo le convenció él a usted para integrarse en su proyecto?

Pues le bastó con una entrevista. En mi experiencia profesional solo había trabajado con empresas con afán de lucro. Pero aquí se trata de hacer cosas buenas para la sociedad a través de una actividad profesional. 

Este es un proyecto cuyos dividendos no vayan a parar al bolsillo de los propietarios, sino a temas sociales, lo cual es inaudito. Hoy lo hacen cada vez más empresarios, afortunadamente, pero no es lo habitual. Así que tardé menos de 20 minutos en convencerme.

Es un proyecto que permite que los dividendos generados no vayan a parar al bolsillo de los propietarios, sino a temas sociales.

Cuéntenos qué hacen en los diversos ámbitos donde operan.

Comenzaré por el campo de la salud y la ecología, por ejemplo, en el que tenemos la única cocina dedicada a producto ecológico de todo el país. Es un proyecto con tres beneficios: por un lado le facilita la vida a quienes quieren mantener un estilo de vida más saludable, a través de una dieta que es básicamente más vegetariana e incluso vegana. Esto es algo bastante habitual en Barcelona, Madrid o cualquier capital española, pero no lo ha sido en Andorra hasta ahora.

Por otra parte, el proyecto también promueve la producción de proximidad, porque es lo que cocinamos y servimos. Finalmente, y a través de los comuns [unidades administrativas locales de andorra, equivalentes a los municipios], entregamos comida a personas con necesidades.

En el campo de la salud y la ecología tenemos la única cocina dedicada a producto ecológico de todo el país.

Cuando habla de producto de proximidad, ¿se refiere a producción agrícola de Andorra?

Lamentablemente en Andorra no tenemos grandes extensiones de tierra disponibles para la agricultura y la tierra que hay se dedica al cultivo del tabaco en muchas ocasiones. Así que tenemos que ir a buscar estos productos a zonas colindantes, como el sur de Francia y el Urgell, en Catalunya. De allí nos llega, por ejemplo, una carne de ternera Angus de gran calidad.

Entendido. Y, además de la cocina ecológica y de proximidad, ¿en qué proyectos más han fijado su atención?

Una iniciativa muy reciente, pero con mucha demanda, es el cálculo y asesoría en la huella de carbono. Interactuamos con muchas empresas que generan emisiones. De hecho, todo el mundo las genera. Yo mismo, viniendo de Andorra a Barcelona en coche…

Así es. Y es algo contra lo que hay que luchar. ¿Cómo lo hacen ustedes?

En primer lugar, calculamos el impacto de esas emisiones. Y una vez medido, desarrollamos iniciativas y herramientas para reducirlo. Por ejemplo, hemos definido planes de movilidad para empresas andorranas cuyas plantillas tienen que trasladarse por diversos municipios antes de llegar al puesto de trabajo.

En caso de que sea imposible reducir las emisiones, diseñamos planes de compensación. Pero la prioridad es reducir la cantidad de automóviles circulando, de manera que promovemos el transporte colectivo o público.

Hemos diseñado planes de movilidad para empresas andorranas cuyas plantillas tienen que trasladarse por diversos municipios antes de llegar al puesto de trabajo.

Es una buena manera de lidiar con el problema.

También tenemos un proyecto en el que chicos y chicas jóvenes van a centros y residencias a visitar a gente mayor y a hacerles compañía de manera regular. Es una actividad que beneficia personalmente a unos y a otros, y que es poco habitual. Sentimos que así estamos haciendo un bien a la sociedad.

En otro proyecto, luchamos contra el abandono de animales. El Sr. Turi Mora tiene una gran sensibilidad por la cuestión. En Andorra hay censados 12.000 perros y en los últimos meses, con la pandemia, muchos propietarios no pudieron hacerse cargo de ellos. Así que aumentaron los abandonos. Nos proponemos ocuparnos de los animales y hacer que otras familias puedan adoptarlos.

¿Cuál es el alcance geográfico de sus proyectos?

Nuestro trabajo revierte solamente en Andorra. Y, aunque es un país pequeño, los efectos de la pandemia fueron severos. Así que nuestros proyectos sociales, nuestra colaboración con la Cruz Roja, los trabajos con la gente mayor… Todo eso ayuda mucho.

De los 80.000 habitantes de Andorra, una parte importante de ciudadanos debe proceder de fuera del país.

Son unas 25.000 personas en total. Para adquirir la ciudadanía andorrana hay que vivir durante 20 años allí de forma continuada. Pero mientras tanto, uno puede residir en el país si una empresa te contrata. Con eso se obtiene el permiso de trabajo y de residencia. Aunque el gobierno andorrano te exige que abandones tu nacionalidad de origen, si decides convertirte en andorrano. Allí no es posible la doble nacionalidad.

¿Algún proyecto les ha salido mal?

Siempre se quedan algunos por el camino. Quizás porque, aunque los comienzas con mucha ilusión y se los compartes a los socios de viaje, no siempre recabas el apoyo necesario.

Andorra se está posicionando también como un destino primordial para muchos deportistas. ¿Ustedes tienen algún proyecto que tenga que ver con el deporte?

Tenemos uno, y muy interesante. Hace un tiempo, el gobierno del país declaró el deporte como asunto de interés estratégico nacional. Se trata de promover la actividad y la industria deportiva, más que de atraer a deportistas de fuera.

Así que estamos construyendo un centro deportivo de alto rendimiento para diversas disciplinas. La peculiaridad es que estará a 2.500 metros sobre el nivel del mar y que será uno de los más altos que se hayan construido. En España, el que está más arriba es el de Sierra Nevada, a 2.300 metros. Y en Francia, el de Font-Romeu está a 1.805 metros.

El gobierno andorrano declaró el deporte como asunto de interés estratégico nacional. Queremos promover la actividad y la industria deportiva, más que de atraer a deportistas de fuera.

Entrenar en altura es bueno para los deportistas de alta competición.

Y para los amateurs. Está demostrado que la altitud favorece al deportista a la hora de generar glóbulos rojos y aumentar su resistencia y su rendimiento.

El propio gobierno andorrano abrió un concurso público y nosotros presentamos una propuesta innovadora, basada en conceptos de economía circular. Ganamos y comenzaremos a construirlo a partir del próximo año. Si todo va bien, lo tendremos inaugurado en 2024. Se localizará en el Pas de la Casa, en el Port d’en Valira.

¿Será solo para deportes de invierno?

Estará abierto todo el año. Por descontado tenemos una temporada importante de esquí, pero hay muchos otros deportistas que se benefician de entrenar en la altura. Especialmente cuando sus disciplinas requieren de resistencia. 

Un ciclista profesional, por ejemplo, tiene que estar alojado en algún lugar alto tres o cuatro veces al año, en ciclos de veintiún días, descansando ocho o diez horas diarias. Así que le vendrá bien venir. Será un centro de referencia, con un servicio médico y deportivo de gran nivel, y con unas instalaciones deportivas igualmente punteras.

Usted ha tenido una amplia carrera profesional en el sector privado. ¿Qué le ha significado recalar en el mundo de la filantropía corporativa y la economía social?

Pues un gran cambio en la visión general de la actividad profesional. En todos los ámbitos de la vida, conseguir eficiencias y beneficios es esencial, porque, de otra manera, no se puede reinvertir nada. Pero lo que cambia aquí es el destino que se da a los beneficios. Antes iban a parar al bolsillo de los accionistas y ahora van a parar a mejorar la sociedad. Es un proyecto que me encantó y por el que sigo luchando cada día, sin importar las horas de dedicación.

Antes los beneficios iban a parar al bolsillo de los accionistas y ahora van a la mejorar la sociedad. Es un proyecto que me encantó

Nacido en Barcelona en octubre de 1967, el director general de Univers Bomosa es hijo de albaceteños. Vivió y estudió en el Poble Nou y se graduó en Ciencias Empresariales en la Universidad de Barcelona. Luego trabajó en diversas empresas hasta recalar en una cadena hotelera con presencia en toda España. El siguiente eslabón en su carrera le llevó a la dirección financiera de una estación de esquí andorrana, y posteriormente, a la de todo el grupo Vallnord. Hace dos años y medio se sumó al proyecto filantrópico impulsado por el empresario andorrano Turi Mora, fundador del grupo Bomosa. Su objetivo es el de promover proyectos de impacto social, con beneficios para la sociedad y el medio ambiente andorranos.

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