Bonaventura Clotet

Director de IRSICaixa y Jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias

#YoMeCorono

“No destinar suficiente dinero a investigar es una amenaza para el mundo y la economía”


El Dr. Clotet propone un enfoque de investigación en salud humana, salud animal y salud ambiental para poder adelantarse a los virus.

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2021

Hoy entrevistamos a uno de los científicos que más años lleva investigando el SIDA en España y que, gracias a lo que ha aprendido, puede ayudar con mejor criterio a la investigación contra el COVID-19. El doctor Bonaventura Clotet, director de IRSICaixa nos recibe en formato electrónico.

La actual pandemia nos ha empujado al teletrabajo. ¿Lo ve como un inconveniente?

Uno de los pocos lados positivos de esta pandemia terrible es que podemos teletrabajar. Eso ayuda a rentabilizar mejor las horas y a mejorar en calidad de vida. También puede hacer que las grandes ciudades se descentralicen y que las periferias crezcan, porque no en todos los trabajos es necesaria la presencialidad. Es una manera de ser más friendly con el planeta, que lo necesita.

¿Se lleva usted el trabajo a casa?

Lo cierto es que, a pesar de lo dicho, está siendo (y ha sido) una etapa de trabajo muy duro. No recuerdo haber tenido un solo día de descanso, ni en estas fiestas, ni en verano, ni por semana santa pasada. Actualmente tenemos muchos proyectos de investigación en marcha. Concretamente, porque, junto a IRSICaixa, que dirijo, hemos creado un consorcio junto con el Centro de Supercomputación de Barcelona, el Centro de Investigación en Salud Animal (CReSA) y con Grífols, y eso nos ha llevado a tener muchas líneas encima de la mesa.

Está siendo una etapa de trabajo muy duro. No recuerdo haber tenido un solo día de descanso, ni en estas fiestas, ni en verano, ni por semana santa pasada.

¿Nos puede mencionar alguna?

Pues tenemos desde una vacuna con buenos resultados preclínicos, hasta el trabajo con anticuerpos monoclonales, o unas técnicas diagnósticas rápidas que nos podrían permitir pseudonormalizar nuestra vida al ayudarnos a saber, rápidamente, si estamos o no infectados.

También estamos estudiando las reinfecciones del coronavirus, que es un tema del que todavía se habla poco, pero del que se irá hablando cada vez más, a medida que se vayan detectando. Seguramente veremos cómo personas que creíamos que estaban protegidas no lo están. Pero esperamos que con la vacuna logremos una eficacia prolongada que nos lleve a la inmunidad poblacional, aunque nos cueste un tiempo.

El virus está afectando a muchas personas. ¿Comenzar la campaña de vacunación con las personas mayores le parece una buena estrategia?

Cabe aquí hablar de un fenómeno llamado inmunosenescencia, que consiste en el deterioro del sistema inmunitario causado por la edad. Ante ese fenómeno, las vacunas logran menos protección. Así que es correcto que se vacune a estas personas mayores, pero creo que no deberíamos pensar que la vacuna les va a proteger, porque podrían volver a reinfectarse. Lo importante es cuidar mucho de su entorno y que las personas que les rodean también estén vacunadas.

Lo cierto es que es un factor desconocido, porque la mayoría de los estudios realizados hasta ahora no se fijaban en lo que sucede con las personas de edad avanzada. Hay que ser cautos y tratar mejor a la gente mayor. Pero, a la vez, hay que seguir investigando para lograr tratamientos que actúen de inmediato y que les curen si se infectan.

La mayoría de los estudios realizados hasta ahora no se fijaban en lo que sucede con las personas de edad avanzada.

Usted lleva muchos años investigando virus y, concretamente, el del SIDA. ¿Se ha aprendido algo de ese virus, que pueda aplicarse a este actual?

Yo creo que el trabajo que hacemos con el COVID 19 sigue un modelo de conocimiento parecido al que seguimos hace 40 años con el SIDA. Tras diez años de investigación logramos tratamientos que cronificaban la enfermedad y que hacían que estas personas tuvieran una esperanza de vida normal. Ahora ya estamos trabajando en tratamientos que previenen la infección. Ese modelo nos ha sido muy útil para abordar el COVID.

Anthony Fauci, director del NIAID norteamericano, ha dicho recientemente lo mismo que yo vengo diciendo desde el principio de la pandemia. Y es que, gracias a lo que aprendimos con el SIDA, hemos creado un conocimiento que ahora podemos aplicar. Y eso que entonces aquella era una enfermedad muy estigmatizada y para la que costó mucho recoger aportaciones y donaciones. Pero eso nos hace ir más rápido hoy en día. Hay mucho que agradecer a quienes entonces nos ayudaron.

Gracias a todo lo que aprendimos con el SIDA, hemos creado un modelo de conocimiento que ahora podemos aplicar.

En estos meses los medios de comunicación hablan casi más de ustedes, los investigadores especialistas en el virus, que de Messi o Cristiano Ronaldo. ¿Cambia mucho su trabajo bajo toda esta presión mediática y social?

¡Buena pregunta! Le diré que la presión a la que hemos estado sometidos por parte de los medios y del ecosistema político ha sido increíble. No hemos podido opinar libremente sin ser criticados. Y, si nos han hecho entrevistas, nos han publicado titulares que nos matan… Los periodistas, cuando quieren, son muy “malos”… Usted y yo podríamos estar hablando hoy de cualquier cosa en esta entrevista y quizás el titular será distinto a lo que he querido decir.

La presión a la que hemos estado sometidos por parte de los medios y del ecosistema político ha sido increíble. No hemos podido opinar libremente sin ser criticados.

Vamos a intentar que no…

Claro. Y además todo es interpretable. Pero creo que nunca tuvimos tanta presión de los medios. Y tampoco la tuvimos a nivel científico. Nosotros nos encontrábamos con centenares de personas que se morían cada día y nos veíamos obligados a dar una respuesta inmediata, pero la investigación requiere su tiempo. Y el tiempo no es algo que se pueda avanzar.

Nosotros nos encontrábamos con centenares de personas que se morían cada día y nos veíamos obligados a dar una respuesta inmediata, pero la investigación requiere su tiempo. Y el tiempo no es algo que se pueda avanzar.

Mire, un ejemplo: con el Dr. Oriol Mitjà, estuvimos haciendo un trabajo sobre el valor de la hidroxicloroquina en la prevención y tratamiento de las infecciones.

Fue bastante notorio, sí. Y hubo mucha expectación al respecto.

Bueno, pues conseguimos demostrar que no funcionaba. Y esto es algo que se ha publicado en el New England Journal of Medicine, que es una de las revistas científicas más serias y prestigiosas del mundo, si no la que más. En cambio, recibimos presiones… Nos preguntaban cómo era posible que no funcionara. Todo el mundo quería que funcionara. También nosotros, créame: habríamos tenido un arma terapéutica inmediata que habríamos usado enseguida para salvar vidas. Pero el estudio, que se hizo con 3.000 personas y una logística increíble, era concluyente.

A la gente, ya sabe, no le gustan las malas noticias.

Y luego están las revistas científicas, que también están saturadas. Nunca antes habían sufrido una presión parecida, con tantos artículos como se les están enviando. La producción científica también se ha visto sometida a una presión enorme.

Caramba.

Uno comenzaba un estudio hoy, y mañana ya te preguntaban por el resultado. O, por lo menos, te piden resultados de modelos in vitro. Nosotros, en nuestro modelo animal, hemos logrado unos resultados espectaculares para nuestra vacuna. Pero de aquí a que esto llegue a los seres humanos pasará un año y medio como mínimo. Y eso con nuestras dimensiones, porque no somos una multinacional como Pfizer o Johnson & Johnson…

Hablando de laboratorios, muchos ven en ellos a los héroes o a los villanos.

También ha sido un fenómeno curioso. Las grandes farmacéuticas comenzaron el desarrollo de sus vacunas en marzo pasado. Vieron que todas las personas que habían pasado la enfermedad y se habían curado tenían una gran cantidad de anticuerpos neutralizantes del virus que se dirigían a la proteína “S” (o espícula) del virus. A partir de ahí comenzaron a trabajar en una vacuna y arrancaron sus ensayos clínicos con una competitividad brutal, porque el primero que llegaba al final era el que ganaba.

Es curioso ver que Pfizer llegó el primero y que su vacuna se tuviera que almacenar a -80º. Y que luego llegó Moderna y que la estabilizó a una temperatura de congelación propia de refrigerador. Pero esa ya salió unas semanas más tarde. Y en ese tiempo, el CEO de Pfizer pudo venderse las acciones que tenía de la compañía…

Con una gran plusvalía, claro.

Yo creo que existe bastante grado de conexión entre multinacionales a la hora de decirse cuándo aparece la una, o la otra. Y aquello del “no nos haremos daño”. Pero, por otra parte, hay que agradecerles que hayan generado estas vacunas, por razones obvias. Había interés social en ello.

Y afán de lucro.

Desgraciadamente hay enfermedades a las que se las denomina “huérfanas” porque tienen a pocos infectados en el mundo y nadie considera siquiera invertir en ellas. Pero si una enfermedad afecta a toda la humanidad sí que puede representar un gran beneficio. Dicho esto, hay que agradecerles lo que han hecho en este caso.

Desgraciadamente hay enfermedades a las que se las denomina “huérfanas” porque tienen a pocos infectados en el mundo y nadie considera siquiera invertir en ellas

¿Los efectos de esas vacunas son durables?

Pues es lo que tenemos que averiguar. Porque no hay estudios de seguimiento más allá de los 6 u 8 meses. Nosotros hemos publicado ya que las personas que se curan poseen un número de anticuerpos neutralizantes que va cayendo con los meses. Al cabo de 6 meses, aunque existe una cierta cantidad de ellos, el número ha caído. Podría ser que como el sistema inmunitario tiene una memoria potente, en caso de contactar otra vez con el virus no hubiera reinfección. Pero también puede pasar que si das la vacuna se genere una buena memoria inmunitaria. Por ahora, no se sabe.

Y en el modelo animal que ustedes utilizan, ¿qué han hallado?

Pues con hámsteres hemos averiguado que puede haber reinfección al cabo de unas pocas semanas. Y en el modelo humano se han recogido más de 100 casos de reinfección. Ahora bien, para que se pueda hablar de reinfección con propiedad es necesario que tengas almacenado el test diagnóstico previo y que poseas congelada una muestra del virus que infectó inicialmente y que coincida con el que existe ahora. Pero esto no sucede casi nunca. Nosotros lo hacemos, porque somos una excepción, pero los hospitales no suelen guardar tantas muestras.

Habrá que ver si con la vacuna las personas quedan protegidas ante una nueva infección o si presentarán una enfermedad leve que podría, o no, contagiar a otros. Actualmente la vacuna parece muy eficaz a la hora de prevenir la infección que puede llegar a causar la muerte. Pero no sabemos si a nivel de nariz u orofaringe habrá replicación del virus que pudiera infectar a otros contactos no vacunados. Lo veremos y lo aprenderemos gracias al seguimiento.

Además del modelo de conocimiento ¿qué hace distinto al SIDA del COVID?

Hay diferencias claras. Por ejemplo, el VIH es un virus que saltó de los chimpancés a los humanos en los años 1920. Eran normalmente cazadores furtivos que cuando mataban a sus presas entraban en contacto con la sangre de los animales y se infectaban ellos mismos. Con los años, estas personas fueron a vivir a ciudades y, seguramente, por contactos sexuales o en campañas de vacunación que no utilizaban agujas desechables, transmitieron la enfermedad a otros. Luego, la enfermedad pasó de África a América, por Haití.

Pero lo más importante es que el virus del SIDA muta muchísimo. Mucho más que el coronavirus. Pero el coronavirus se transmite por el aire, así que uno se infecta respirándolo. Si el SIDA se hubiera transmitido igual, seguramente habríamos generado una respuesta social más importante para encontrar la cura y apoyar a la investigación. Los políticos habrían entendido que era necesario destinar más dinero a esto.

Seguramente.

Por suerte, el VIH no se trasmite por el aire, y afortunadamente hoy en día evoluciona muy bien, en el sentido de que lo podemos cronificar y que la esperanza de vida de quienes lo padecen es buena. Tenemos estudios en marcha sobre vacunas preventivas y terapéuticas.

El coronavirus, en cambio, es muy contagioso y afecta a todo el mundo. Esto hace que la percepción de riesgo sea masiva y que todo el mundo se ponga a ayudar. Nosotros (mi hijo y su pareja) iniciamos un proyecto de crowdfunding llamado #YoMeCorono. Es un proyecto que sigue funcionando y que ha recogido 2,5 millones de euros para financiar las primeras fases de la investigación. Pero hay que saber que diseñar una fase 1 de la vacuna cuesta unos 15 millones. Es mucho dinero. Aunque no es nada comparado con muchos gastos inútiles.

Cuando hablamos de la gripe, los científicos suelen saber qué cepa va a llegar el próximo invierno y ya preparan la vacuna. Van por delante. ¿Alguna vez iremos por delante del COVID?

Para ir por delante tendríamos que estudiar más la salud humana, la salud animal y el calentamiento global. Lo que denominamos como “Salud Global”. Por ejemplo, los murciélagos tienen múltiples infecciones por coronavirus, de muchos tipos. Si, por ejemplo, hubiéramos estudiado correctamente los virus que les causan enfermedades, habríamos podido desarrollar vacunas preventivas.

Como sabe, hubo un coronavirus en 2002 (SARS) y otro en 2012 (MERS). Y era fácil que llegara este tercer coronavirus. Los dos primeros no se transmitieron tanto por el mundo. Este sí, a causa de su contagiosidad. Pero un virus contagioso se transmite por el mundo a causa de la globalización. En un día puedes ir de una punta a la otra del mundo y trasladar el virus si lo tienes.

Así pues, hay que destinar mucho dinero a prevenir las nuevas epidemias que vendrán. Para ello hay que diseñar vacunas que puedan anticiparse a cómo pueden ser los nuevos coronavirus y esto se puede hacer estudiando hoy los virus que almacenan los murciélagos.

Y lo mismo vale para otros virus, como el zika, el dengue, el chikungunya… Todas estas enfermedades han quedado acantonadas, bien porque tienen poca contagiosidad o porque matan mucho y eso mismo impide que se generalicen. Pero el día que muten y se conviertan en otro virus que sea fácilmente trasladable todos estaremos otra vez en riesgo.

Es un panorama inquietante.

Pero creo que es muy importante que se haya podido demostrar la amenaza que para el mundo y la economía supone no destinar suficiente dinero a investigar en salud humana, animal y ambiental. Aquí es donde hay que poner el dinero.

Eso es mejor.

Pero lo malo es que nos vamos a olvidar y que lo que hemos pasado no servirá de nada. Y habremos pasado un año terrible y los políticos volverán a priorizar otras cosas y no destinarán los recursos necesarios. Hace falta una mayor sensibilidad.

La página web del IRSICaixa, entidad de la que es director, explica que el Dr. Bonaventura Clotet se formó en la UAB y que se doctoró en 1981 con una tesis sobre enfermedades autoinmunes. También explica que durante su residencia en el Hospital de la Vall de Hebrón coincidió con el primer caso de SIDA descrito en España. Eso le llevó a dedicarse en cuerpo y alma al estudio y conocimiento de esa terrible enfermedad. Fue jefe de la unidad de VIH del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona (1987-2015) y fundó y preside la Fundació Lluita contra la SIDA. En 1995 impulsó la creación del Institut de Recerca de la SIDA (IRSICaixa), con el apoyo de La Caixa y del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya.

Actualmente es jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Germans Trias i Pujol y asesor científico de dos spin-offs generados en IRSICaixa, como son Aelix Therapeutics y AlbaJuna Therapeutics.

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