Los ordenadores en la escuela: ¿un medio o un fin?

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Una de las aportaciones más interesantes que tuvieron lugar en el último Desayuno Feedback Today del pasado 18 de febrero en el Hotel Condes de Barcelona y que estaba centrado en la persecución del éxito escolar, fue la (ahora truncada) incorporación de las nuevas tecnologías a las escuelas, especialmente en lo que se refiere a los ordenadores personales. 

Al margen de la controversia generada por el recorte de presupuestos que ha anunciado el Govern, el tema de debate aún continúa siendo la necesaria incorporación (o no) de las nuevas tecnologías en los centros escolares. Y aquí se ha abierto un debate tan demagógico como inútil: aquellos que han vuelto a cuestionar la conveniencia de los ordenadores individuales han sido acusados de retrógrados, mientras que aquellos que han aceptado estas incorporaciones han recibido los reproches de entender estas nuevas tecnologías como un fin y no como un instrumento.  

Raramente se encuentran argumentos que sean absolutos pero lo que sí es cierto es que, aunque parezca obvio, la tecnología debe ser un medio y no una finalidad. El esfuerzo de razonar, de exponer argumentos, y de ordenar ideas no debe salir de ninguna página de internet, sino de las propias clases que, y en eso sí que deben entrar los ordenadores, en todo caso para que puedan los alumnos encontrar un auxilio a su aprendizaje. Dicho de otro modo: de poco nos servirá que los alumnos hagan un trabajo sobre Shakespeare consultando la wikipedia si no leen por su cuenta fragmentos de su Hamlet

Sólo hemos franqueado las puertas de una nueva era que empezó hace justo una década, y que cambiará –ya está cambiando- los parámetros sociales, educaciones y antropológicos de nuestro mundo. Pocas, muy pocas cosas que estaban presentes en nuestro mundo no sufrirán cambios ni mutaciones. Así que no podemos –ni tenemos que pretender- resistirnos a estas transformaciones con el argumento de que su validez se sustenta en el socorrido argumento de que “siempre se ha hecho así”: Pero tampoco podemos echar por la borda el inmenso patrimonio de pensamiento de nuestra cultura.

Y es que en el fondo, la idea es la de siempre: aprovechar lo mejor de cada época: los conocimientos del pasado y la tecnología del presente para obtener, eso sí, el mejor futuro.

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