Tom Weseloh

Country Manager Spain de ClimatePartner

Transición ecológica

©FeedbackToday/Nacho Roca

«Los jóvenes ya entienden que sólo tenemos un planeta tierra y que no hay plan B»

Climate Partner abrió su última oficina en España y ya está presente en 10 países
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Altas temperaturas, incendios y sequías han caracterizado este verano de 2022. Según Tom Weseloh, responsable en España de ClimatePartner, nos encontramos a escasa distancia de un punto de no retorno, en el que las cosas solo podrán empeorar.

ClimatePartner es una organización orientada a facilitar la transición energética. ¿Cuál es su posicionamiento?

ClimatePartner existe desde hace 16 años. Siempre nos hemos dedicado a ayudar a las empresas a tomar las decisiones adecuadas. Por ejemplo, les ayudamos a calcular la huella de carbono actual, a definir objetivos de reducción y a compensar las emisiones restantes.

Cuando empezó la pandemia, los fundadores decidieron expandir mucho más la empresa, porque sabían que el tema ambiental estaría encima de la mesa. De las 120 personas que trabajaban en el grupo hace dos años, hemos pasado a ser más de 500. Hemos contratado a 40 personas al mes desde 2020. Es mucha gente. Además, España es el décimo país en el que tenemos presencia. Ahora nos estableceremos en Estados Unidos.

Ayudamos a nuestros clientes calcular su huella de carbono actual, a definir objetivos de reducción y a compensar las emisiones restantes.

Más allá de la apariencia de ser sostenibles, ¿a sus clientes les renta hacer el esfuerzo de contratarlos?

Totalmente. Para mí, la sostenibilidad siempre ha sido una inversión. Hay muchas empresas que todavía piensan que es un coste, pero el retorno es muy grande. Primero porque hay un incremento de valor para la marca. Segundo porque comienza a ser obligatorio en muchos sectores. Además, cada vez hay más grupos de interés que exigen acciones más allá de las palabras y que aprietan a las empresas.

Para mí, la sostenibilidad siempre ha sido una inversión.

Es un punto interesante. Decir es fácil, hacer no lo es tanto.

Conozco un estudio que dice que, de más de 1.500 empresas, el 95% declaran tener el objetivo de reducir sus emisiones de carbono. Pero de estas últimas, solo un 9% lo están haciendo realmente. Existe una brecha entre el ambicioso objetivo y la actividad. Lo mismo sucede con la clase política… Según el Acuerdo de París, deberíamos trabajar para contener el aumento de temperaturas por debajo de los 2 grados, pero actualmente vamos camino de aumentarlas en 2,5 grados. La ola de calor de este verano es una prueba palpable.

Hay quien es negacionista del cambio climático.

Hay personas que todavía dudan. Pasó mucho en Estados Unidos, con el expresidente Trump. En Brasil sucede igual: quemar el Amazonas, el pulmón del mundo, es terrible… Pero los científicos del Grupo de Cambio Climático, que son miles, han comprobado la relación entre el aumento de la temperatura y los efectos de la actividad humana.

Y, además, con la crisis energética que se nos viene, hay países que recuperan el carbón. ¿Cómo se entiende?

Estamos en una situación de emergencia desde hace años. Nos queda muy poco para llegar al punto de no retorno. Los expertos dicen que en siete u ocho años estaremos ahí. A partir de ese momento, tanto el permafrost como los casquetes polares se derretirán progresivamente y los efectos económicos y sociales serán catastróficos. Pasarán cosas que nunca habíamos pensado que fueran posibles.

Estamos en una situación de emergencia desde hace años. Nos queda muy poco para llegar al punto de no retorno.

¿Por ejemplo?

Veremos Londres a 40 grados, Alemania con inundaciones… Ya está pasando. Y nunca había pasado. Lo peor de todo será la sequía permanente. Tendrá impacto sobre el suministro de materias primas y hará aumentar los precios. Todo eso exige acciones por parte de los políticos y las autoridades.

Lo peor de todo será la sequía permanente. Tendrá impacto sobre el suministro de materias primas y hará aumentar los precios.

¿La generación más joven todavía piensa a la antigua, o ya lo ve de otra manera?

Ven que deben luchar. Nuestra generación es responsable de que ellos no tengan las mismas oportunidades que nosotros. Entiendo el movimiento de Greta Thunberg: nosotros estamos en una situación cómoda y viviendo la vida en colores. Cuando ya no estemos, los que queden se encontrarán con el problema. Y eso no es justo. Los jóvenes ya entienden que sólo tenemos un planeta tierra y que no hay plan B. Así que la educación es un tema básico, e integrar todo esto en la formación de las escuelas es importante. Nosotros ya estamos trabajando en eso.

¿Qué hacen?

En materia de educación tenemos dos temas. Uno es una academia gratuita, online, para estudiantes en colegios y universidades. Este año tenemos a 25.000 inscritos de todos los países. Otro es una plataforma online que desarrollamos en colaboración con una universidad alemana. Los empleados de nuestros clientes pueden instruirse en sostenibilidad. El programa consta de ocho módulos y cada persona puede elegir su perfil y su itinerario formativo en la materia. Es algo que ayuda a las grandes empresas a ponerse las pilas.

Háblenos un poco de usted. ¿Cómo un alemán de Hamburgo termina trabajando en soluciones medioambientales en Barcelona?

Mi historia viene de lejos. Yo estudié Economía y business development y hace más de veinte años trabajé en la oficina de Hamburgo de KPMG. Luego pedí el transfer para venir a Barcelona. Una vez aquí cambié de rumbo profesional y me convertí en experto en procesos financieros. Me fui a trabajar al grupo MediaMarkt Saturn, con sede en El Prat. Estuve allí dos años más, hasta que mi jefe de entonces me propuso ir a Ingolstadt, Alemania, para fundar un nuevo departamento de procesos internacionales. Fui, pero soñaba con volver a Barcelona porque esta ciudad siempre me encantó. 

¿Y cómo volvió?

Me di cuenta de que esa nueva posición no me satisfacía. En cierto momento, mi hija, que entonces tenía cinco años, me preguntó por qué me pasaba todo el día trabajando fuera de casa. Aquella fue una pregunta detonante. Ni yo mismo lo sabía. Así que comencé a buscar una alternativa.

En cierto momento, mi hija, que entonces tenía cinco años, me preguntó por qué me pasaba todo el día trabajando fuera de casa. Aquella fue una pregunta detonante.

Y la encontró.

Buscaba una vocación personal, más que otra cosa. En Google encontré muchos temas sobre medio ambiente y apareció el de la sostenibilidad. Como si fuera una misión personal, me fui a ver al CEO del grupo MediaMarkt y le dije que, o me ponía de responsable de sostenibilidad o me marchaba.

Le dije al CEO del grupo MediaMarkt que, o me ponía de responsable de sostenibilidad o me marchaba.

¿Y qué pasó?

Que me contrató para hacerlo. Fue en el año 2013 y cambié mi carrera profesional en finanzas por otra en sostenibilidad, sin tener mucha idea de ello. Pero aprendí todo lo necesario y me convertí en el responsable de la sostenibilidad de un negocio con 22.000 millones en ventas.

Me convertí en el responsable de la sostenibilidad de un negocio con 22.000 millones en ventas.

Aunque cambió otra vez.

De MediaMarkt Saturn salí y busqué otro reto. Había ayudado a una startup alemana y siempre tuve contacto con ClimatePartner, puesto que me tenían a mí como su cliente. Así que tuve contacto con el fundador y le dije que si alguna vez iban a abrir una oficina en España, que me llamaran. Era 2015 o 2016. Pasaron cuatro años y me llamaron para confirmarme que lo iban a hacer. Me apunté. El año pasado llegué a Barcelona otra vez.

Tom Weseloh fue jugador de futbol en su Hamburgo natal. Delantero centro, por más señas. Y llegó a las categorías profesionales hasta que una lesión en la cadera truncó su carrera. Pasó luego a ser entrenador, con licencia de coach deportivo. También estudió Economía y finanzas. Eso le permitió trabajar durante cinco años en KPMG y luego, aprovechando una estancia en Barcelona, dedicarse al gran consumo en MediaMarkt Saturn. Hasta que descubrió la sostenibilidad. Fue el responsable del tema en esa multinacional. Desde hace unos años es a lo que se ha dedicado. Su última aventura, en ClimatePartner, le ha permitido aunar dos de sus pasiones: su profesión y Barcelona, ciudad de la que él y su familia están enamorados. Desde aquí dirige la filial española.

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