Agustín Peralt

Experto en productividad directiva

Tempus fugit

«Hemos asumido por error que para ser directivo de cierto nivel hay que renunciar a una vida equilibrada»

En su nuevo libro, Agustín Peralt ayuda a las personas a entrenar “el músculo de la resiliencia”
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Hace pocos días salió a la venta “Los 6 pilares de la resiliencia”, un libro que quiere ayudar a las personas a estar más preparadas ante cambios que no siempre son agradables ni benignos. Agustín Peralt, su autor, es quien es hoy, en parte, por uno de esos cambios. Le preguntamos.

Se le tiene a usted por un coach que ayuda a personas muy ocupadas a organizarse mejor el tiempo. Pero hace diez años no tenía esa faceta, sino otra.

Trabajaba en el mundo de la empresa. Pero en 2012 tuve que reinventarme personal y profesionalmente. Cuando terminó la crisis me di cuenta de que había perdido casi todo y de que tenía muchas cosas que hacer. Alguien de mi entorno me dijo que era imposible realizar todo lo que me proponía, pero comencé a estudiar sobre productividad personal. Muchísimo. Y llegaron las conferencias y luego las asesorías… Un cliente me recomendaba a otro, y a otro más…

Logró un doctorado, en ese tiempo, y además un método de trabajo… Lo llamó “Método FASE” y publicó un libro de éxito.

Como durante esa reinvención tuve tiempo para estudiar, lo dediqué a sacarme un doctorado en Administración y Empresa. El background académico y la exigencia de ser profesor en instituciones tan importantes como ESADE me vino muy bien para desarrollar un buen método, que eleva la perspectiva. Hay muchas horas de trabajo detrás de todo eso. A veces mis hijos recuerdan los tiempos del doctorado: papers y más papers académicos para leer y escribir.

El background académico y la exigencia de ser profesor en instituciones tan importantes como ESADE me vino muy bien para desarrollar un buen método, que eleva la perspectiva.

Parece usted que quiso ser profesor de universidad, tras esa reinvención.

Así es. Salí tan quemado de mi anterior experiencia que quise ser docente para ayudar a otras personas a que no cometieran mis mismos errores. En una universidad de mi tierra (soy valenciano) me dijeron que había dos condiciones para ejercer como docente: poder impartir en inglés (lo hago) y poseer un doctorado. Me di a ello.

Pero luego la vida te lleva por cauces inesperados y comencé a venir a Catalunya un par de días a la semana. Pedí una excedencia en cuanto vi que con dos no había suficiente y tenía que venir cuatro. Finalmente perdí la plaza en la universidad valenciana y ahora estoy dedicado en exclusiva a este proyecto profesional.

Salí tan quemado de mi anterior experiencia que quise ser docente para ayudar a otras personas a que no cometieran mis mismos errores.

Y, de todas las cosas posibles, ¿por qué la productividad personal? ¿Cómo vio que ese tema podía ser su especialidad profesional?

Afortunadamente tengo un entorno de personas sabias con las que tengo conversaciones frecuentes y muy enriquecedoras. Al principio, cuando comencé a diseñar la metodología, la fui compartiendo con compañeros y conocidos. Me decían que la idea les era útil. Incluso algunos me dijeron que ahí estaba escondido un “productazo” del que hay mucha necesidad. Un compañero mío de ESADE me lo pidió para él mismo y se convirtió en mi primer cliente. Así que fui promoviendo más conversaciones con otras personas con criterios y experiencia y me fueron confirmando lo mismo.

Actualmente la productividad personal está en boca de todo el mundo, pero llevo hablando de ella desde 2012. Y poco a poco me fui especializando en ayudar a personas de alta dirección con agendas verdaderamente muy complicadas. Siempre he dicho que esta metodología la he co-creado con mis clientes. De cada director general, o abogado, o periodista, o cocinero de tres estrellas Michelin con quien he estado, he obtenido lecciones que se han integrado perfectamente en el modelo.

En esta vida todo el mundo se reinventa de vez en cuando. ¿A qué hay que renunciar para lograrlo?

Ahí tenemos una idea muy importante. Y es que muchas personas tienen un problema: el de pensar que hay un nivel por debajo del cual no aceptamos estar. Es lo que complica la reinvención. En mi caso lo perdí casi todo y no me importó recomenzar desde muy abajo. Iba a clases, incluso los sábados por la mañana… Otros podrían haber dicho que no estaban dispuestos a sacrificarse, o que querían una solución más acorde con sus expectativas… Creo que hay que tener bastante humildad para poder empezar desde cero otra vez.

En mi caso lo perdí casi todo y no me importó recomenzar desde muy abajo.

Dentro de su metodología, ¿qué palabras o conceptos son los clave?

Hay diversas, pero le hablaré de las cuatro haches, que se refieren a la parte de la actitud de las personas. La primera es la “humildad”, que le conté hace un momento. La segunda es el “hambre”, o la motivación. Tiene que ver con el para qué queremos ser más efectivos… Si es para tener más tiempo, o para estar con la familia, o para alcanzar ciertas metas… Siempre hay que tener un por qué.

La tercera es la “honestidad” con uno mismo: todos podemos caer en la autoexcusa y la trampa. Todos decimos, de alguna manera, que “esto no funciona para mí porque tengo un caso especial…”. La última hache es el “hacer”. La metodología no es física cuántica. Es algo sencillo de entender, pero lo más importante es interiorizarla y llevarla a la práctica para cambiar los hábitos.

¿Se ha encontrado con clientes insatisfechos?

Por fortuna he tenido muy pocos fracasos. Un par, a lo sumo, de entre más de 400 clientes. Y siempre son personas con un perfil similar. 

Por fortuna he tenido muy pocos fracasos. Un par, a lo sumo, de entre más de 400 clientes. Y siempre son personas con un perfil similar. 

¿Cuál?

Aquellas que, por algún azar favorable de la vida, no han necesitado de ninguna disciplina para que las cosas les fueran bien. Son personas bastante anárquicas e incapaces de cumplir con cualquier mínimo rigor. También son especialistas en intentar convencerte de que el problema es externo a ellos. Pero, por otro lado, hay cosas muy buenas que me dicen los clientes satisfechos.

¿Como cuáles?

A veces, las parejas de mis clientes me dicen que están felices porque ahora disponen de tiempo de calidad para pasar en familia y que todos disfrutan. Creo que estamos cambiando el concepto de conciliación. No se trata de una cuestión de horarios, es más bien que, cuando dejas de trabajar, dispongas de una tranquilidad que te permita disfrutar al cien por cien de tu vida personal. Y es lo que me propongo conseguir con cada cliente.

A veces, las parejas de mis clientes me dicen que están felices porque ahora disponen de tiempo de calidad para pasar en familia y que todos disfrutan.

Es la idea del directivo agresivo que debe saber templarse en casa.

Durante mucho tiempo hemos asumido erróneamente que si eras empresario o directivo de cierto nivel debías renunciar a una vida equilibrada. Pero creo que lo que hay que hacer es aprender a trabajar mejor, no más. Además, la solución de trabajar muchas horas siempre termina con crisis de adicción al trabajo. Como me pasó a mí. 

La solución de trabajar muchas horas siempre termina con crisis de adicción al trabajo. Como me pasó a mí.

¿Mujeres y hombres se adaptan a los cambios de manera diferente?

Si le soy sincero, de mi experiencia he aprendido que las mujeres son más disciplinadas y cumplidoras. En ESADE hay un programa llamado “Promociona” que capacita a sus alumnas para la alta dirección. El perfil de las usuarias es el de personas que tienen mucha capacidad en el trabajo, que en muchos casos han sido madres y que lideran a sus familias, tienen un rol protagonista en el cuidado de sus padres y que, además, pueden dedicar tiempo a causas sociales…

¿Y tendrán tiempo para dormir?

Siempre les digo que deben encontrar tiempo para ellas, para cuidarse y disfrutar de las amistades, del deporte…

Pero el día tiene nada más que 24 horas. Tendrán que hacer un reparto escrupulosísimo del tiempo.

No es una cuestión de reparto de horas. Creo que el tiempo da mucho de si y que lo que necesitamos es destinar frecuencia y consistencia en el tiempo a las cosas más importantes. Todos tenemos unos pilares fundamentales en nuestras vidas: el trabajo, la familia, las amistades, el yo personal, el cuidado físico… Se trata de tener una metodología que le ayude a uno a organizarse y disfrutar de cada cosa.

Todos tenemos unos pilares fundamentales en nuestras vidas: el trabajo, la familia, las amistades, el yo personal, el cuidado físico… Se trata de tener una metodología que le ayude a uno a organizarse y disfrutar de cada cosa.

¿Diría que organizarse mejor el tiempo le permite a la persona ser más empática con los demás?

Sí, claro. Actualmente tengo a un cliente que es un CEO de una empresa catalana muy importante. Es una persona muy organizada, seguro que porque lo aprendió de sus padres. Me dijo que, siguiendo mi programa, la principal ganancia no sería tanto para él mismo sino para aquellos a quienes él dirige. Actualmente hay una sensibilidad muy grande por parte de las direcciones generales y de las direcciones de personas para que la gente tenga una vida más equilibrada. Saben que si no la tienen, el talento se les marcha.

Y llegamos a su libro actual, el de los pilares de la resiliencia. ¿Por qué tratar la resiliencia? ¿Por la COVID?

En los últimos meses me han llamado personas con mucha urgencia. Me decían que no se sentían productivas y que, además, tenían el nivel de estrés por las nubes, y que cuando llegó la pandemia se rompieron personalmente.

Lo que he descubierto es que se puede trabajar la productividad personal y, seguidamente, la resiliencia. Porque sé que van a llegar otras crisis, ya sean tan generales como la del COVID o crisis más puntuales y personales, como cuando pierdes el trabajo, o se te muere alguien cercano. Si trabajamos el músculo de la resiliencia, estaremos preparados para cuando lleguen esas crisis.

Como si se tratara de hacer ejercicio.

Creo que se nos avecinan grandes cambios y que hay que estar preparados, porque adaptarse a los cambios requiere mucha energía. Y como no podemos evitar los cambios de entorno, lo que podemos es fortalecer el músculo de la resiliencia. 

A veces me da por pensar que la resiliencia y la adaptación se viven de manera distinta según la generación a la que se pertenezca. ¿Cree que nuestros hijos serán más resilientes con todo lo que nos está pasando?

Yo creo que la situación actual es una especie de regalo para ellos. En mi caso tengo dos hijos, de 19 y 20 años. Y he visto cómo han desarrollado la paciencia en cosas que yo mismo, a su edad, no hubiera logrado hacer, como por ejemplo quedarse en casa sin ver a los amigos.

Creo que estarán preparados. Pero nosotros, como padres, tenemos dos papeles importantes a jugar. Uno es el de ser modelos de comportamiento para ellos. Y otro es buscar mejores estrategias para hablar con ellos de todo este tipo de cosas. Hay que ser un poco empresarios en el hogar y hablar con los hijos del mismo modo que hablaríamos con los clientes, dedicándoles un tiempo y unas buenas formas, o llevándolos a comer. 

Interesante.

El equipo más difícil de liderar es el de los propios hijos. Pero se puede hacer. Yo cometí el error de pensar que mis hijos no querían hablar de estas cosas, cuando realmente lo querían. Y también el de hablarles de estas cosas, a veces, con torpeza, es decir: con enfado, o hartura. Sé que hay padres que sabrán aprovechar la situación actual para hacerlo bien.

Algunas de las cosas que más disrumpen la convivencia interior y familiar son la tecnología, las redes sociales, los teléfonos móviles…

Las nuevas tecnologías son dinamita. Podría decirse que tenemos un cuerpo físico y una tecnología que está pegada al cuerpo. Hay personas que en 24 horas del día no se separan jamás a mas de un metro de la tecnología. Y eso termina generando adicciones y afectando a nuestra capacidad de dedicar atención plena a las cosas. Buscamos estímulos ficticios todo el rato, y eso puede tener consecuencias para las relaciones o la atención.

Tal vez nuestros hijos lo sufran o, como propongo, puedan aprender de ello. Creo que hay que negociar con ellos unos límites. Y que, como padres, debemos ser ejemplares en el cumplimiento de esos límites. La motivación y la fuerza de voluntad son importantes, pero el control del entorno, todavía más.

¿A qué se refiere?

A cosas tan simples como poner reglas que, por ejemplo, nos digan que siempre que almorzamos en casa, debemos dejar todos el teléfono móvil en una bandeja especial, en otra habitación. Esto sería un hito muy importante, porque dispondríamos de un entorno favorable para no estar conectados mientras comemos. Así nos pondríamos a charlar y, poco a poco, terminaríamos disfrutando de unas sobremesas fantásticas.

Agustín Peralt es Doctor en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad Politécnica de Valencia. Posee un Full Time MBA de ESADE y es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales. Trabajó para multinacionales tan importantes como Hasbro y Danone, y para empresas familiares orientadas a la internacionalización, donde fue directivo responsable de las ventas y el marketing, como de la gerencia.

En 2012 vivió una reinvención profesional que le llevó a aprender y a formarse en desarrollo directivo, especialmente en el campo de la eficacia personal, el liderazgo y la resiliencia. Actualmente es conferenciante, coach acompañante de directivos, profesor visitante de ESADE y colaborador académico de ESADE Alumni. Ha publicado dos libros, hasta la fecha. El primero, “Lidérate: Método FASE”, dedicado a la eficacia personal. El segundo, “Los 6 pilares de la resiliencia”, tan solo hace unos días. 

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