David Blanquez

CEO y socio fundador de MJN-Neuroserveis

Emprendedor coraje

«Hasta no hace mucho la epilepsia era una enfermedad escondida»

MJN-Neuroserveis ayuda a los pacientes de epilepsia a anticipar ataques y a ponerse en situación de seguridad
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Un progenitor es capaz de hacer cualquier cosa por sus hijos. Incluso reorientar la carrera profesional, emprender un nuevo proyecto y alcanzar el éxito. Este es el caso de David Blanquez, fundador y CEO de MJN-Neuroserveis y de su pelea contra los efectos de la epilepsia.

Usted es un ingeniero informático que había trabajado toda su vida en el sector industrial. Pero un día se pasó a la tecnología médica.

Di un giro completo a la carrera. Intenté aprovechar 20 años de mi expertise, trasladándolos al proyecto actual, en un sector distinto, donde los mismos criterios son difíciles de aplicar. 

Y aprendió todo lo necesario sobre la epilepsia sin hacerse médico. ¿Cuál fue el secreto? 

Mi hija Marina, que nació en 2002. En 2004 comenzó a sufrir crisis de epilepsia que han venido repitiéndose con más o menos intensidad desde entonces. La enfermedad nos ha causado muchos problemas y eso nos movió a buscar información, a hablar con muchos médicos, a compartir experiencias con otras personas para entender mejor. En 2006 pasamos por una época especialmente dura.

En 2004 mi hija comenzó a sufrir crisis de epilepsia que han venido repitiéndose con más o menos intensidad desde entonces. 

¿Y eso provocó algún cambio?

Nuestra necesidad de conocimiento aumentó todavía más. En 2009, junto a un socio, comenzamos a pensar en alternativas que nos ayudaran a anticipar a las crisis epilépticas. Una de ellas fue la de simular el comportamiento que tienen los perros guía que han sido entrenados para actuar cuando se produce alguna. El proyecto no tuvo éxito.

Pero no se desanimaron.

No. Desde 2010 hasta 2014 me dediqué a leer gran cantidad de artículos académicos, de libros, de artículos de prensa, de materiales científicos… Quería saber cómo funciona la epilepsia y cómo podrían actuar los dispositivos que ayudarían a los pacientes a regular mejor su vida. En ese momento lanzamos la idea de crear un aparato auricular, que es con lo que estamos trabajando ahora.

¿En qué consiste, exactamente, su proyecto?

Nuestra idea siempre fue la de ayudar al paciente desde su propia experiencia y punto de vista. Así que nos enfocamos en crear un sistema de monitorización que fuera discreto, portátil y cómodo para los usuarios. De ahí nació un auricular hecho a medida de cada persona y que registra la actividad del cerebro a través del canal auditivo. Así podemos monitorizar continuamente. Y, con la ayuda de unos algoritmos de inteligencia artificial, elaboramos una valoración permanente del riesgo de padecer una crisis.

Nos enfocamos en crear un sistema de monitorización discreto, portátil y cómodo para cualquier usuario.

El objetivo final es el de avisar al paciente entre uno y tres minutos antes de que sufra un ataque de epilepsia. De esta manera le evitaremos accidentes, caídas, lesiones o la incertidumbre que padece.

El objetivo es avisar al paciente entre uno y tres minutos antes de que sufra un ataque de epilepsia. Así le evitamos accidentes, caídas, lesiones o la incertidumbre que padece.

Ciertas actividades, incluso cotidianas, se pueden volver muy peligrosas si se sufre un ataque.

Sólo le diré que la palabra “epilepsia” viene del griego y que originalmente significa “ataque por sorpresa”. Hasta ahora se había pensado que los ataques eran imposibles de predecir. Y esto causa mucha incertidumbre en la vida de estas personas, porque nunca saben en qué situación se encontrarán cuando les alcance el próximo episodio.

La palabra “epilepsia” viene del griego y significa “ataque por sorpresa”. Hasta ahora se había pensado que los ataques eran imposibles de predecir.

A veces se encuentran en lugares tan habituales como la cocina o el lavabo de casa, que pueden ser peligrosos. Ya no digamos si la crisis le encuentra a uno cruzando la calle o conduciendo ante un semáforo… Nuestra pretensión es poner a todas estas personas en una situación segura, avisándolas a tiempo y haciendo que puedan pararse, sentarse en el sofá o en el suelo, o bien avisando a alguna persona cercana.

Así pues, los usuarios de su sistema disponen de unos minutos para prepararse. 

Así es. Nosotros no podemos hacer nada para evitarles las crisis. Pero sí que les damos la posibilidad de activar algún protocolo de seguridad. A veces, es algo tan sencillo como sentarse en el suelo y así evitar caídas y lesiones. Es cierto que estamos colaborando con un centro de Estados Unidos para estudiar medicinas que se puedan administrar en ese momento y que eviten incluso las crisis. Pero, por ahora, no podemos hacerlo.

¿Y el tiempo disponible es siempre el mismo para todos los pacientes?

Nuestro objetivo inicial era el de dar a cada paciente entre 15 y 30 segundos antes del ataque para que se pusiera en situación segura. Eso era lo que yo pedía para mi hija. Pero superamos el objetivo ampliamente y pasamos del minuto. Y más adelante, en los ensayos más recientes, ya hemos obtenido una media de 7,9 minutos de antelación. Así que nos hemos avanzado mucho. Le damos una posibilidad al paciente de prepararse y reaccionar.

¿Cómo reciben el aviso los pacientes?

El dispositivo va colocado en el oído, de manera muy discreta, y está permanentemente conectado al teléfono móvil del usuario. Cuando se aproxima la crisis, el teléfono comienza a vibrar, hacer ruido y a avisar a través de la pantalla. Hasta que el paciente no confirma que ha recibido el aviso, no para de hacer ruido. También es posible avisar automáticamente a cuidadores, familiares, etcétera, para que acudan si es necesario.

Vuelvo a la faceta de emprendedor. Usted tuvo que combinar el trabajo profesional por cuenta ajena con su propio proyecto. ¿Fue duro?

Lo fue. En nuestro caso la transición de una situación a otra se produjo en dos etapas. La primera fue en 2014, cuando constituimos la empresa. Yo trabajaba en el proyecto todas las tardes, noches y fines de semana. La segunda fue en 2016, cuando abandoné mi trabajo previo y me centré en el nuevo proyecto. Estuve un año y medio trabajando sin ningún salario.

¿Cuándo comenzó a ver en que el proyecto podía ser viable?

El punto de inflexión fue en 2014. Habíamos hecho algunas pruebas, ideas y bocetos previamente, pero aquel año vimos que el proyecto era viable, que podíamos constituir una empresa y que podíamos llegar a todo el mundo, ayudando a muchas otras personas además de a mi hija.

La epilepsia ha sido una enfermedad muy oculta y estigmatizada, ¿verdad?

Así es. Hasta no hace muchos años era una enfermedad escondida. A nadie que la padeciera le gustaba admitirla. Además, se había confundido históricamente con temas sobrenaturales como la brujería o las posesiones. Algunos países, actualmente, siguen prohibiendo ciertas actividades a los pacientes.  

A nadie que padeciera epilepsia le gustaba admitirla. Además, se había confundido históricamente con temas sobrenaturales como la brujería o las posesiones. 

Como empresa social que somos, nos hemos propuesto acudir a todos los foros y charlas imaginables a explicar qué es la epilepsia y cuál es nuestro proyecto. Así que cumplimos con una función de concienciación que llevamos a cabo ante escuelas y docentes, para que todo el mundo conozca más y mejor.

¿Se sabe a cuántas personas afecta la epilepsia?

Los números son siempre confusos cuando se habla de epilepsia. Lo que se acepta generalmente es una estimación de un 1% de la población mundial. Pero en 2013 se publicó un estudio que situaba esa cifra en un 1,8% de la población española. Y otros estudios llegan a cuantificarla en más del 2%.

La epilepsia debuta generalmente en los niños pequeños. Pero cada vez vemos a más gente de entre 30 y 50 años a quienes les aparece la epilepsia por primera vez. Puede deberse a razones diversas: el estrés, el estilo de vida… En el caso de los niños, las causas no hay que buscarlas tanto en la genética como en las malformaciones cerebrales, ya sean de nacimiento o debidas a golpes o sangrado.

La epilepsia debuta generalmente en los niños pequeños. Pero cada vez vemos a más gente de entre 30 y 50 años a quienes les aparece la epilepsia por primera vez.

¿Y hay medicinas para controlar la epilepsia?

Las hay. Pero de la población que la padece, hay un 30% que son farmacorresistentes. Nosotros nos enfocamos a esos casos, especialmente. Son los casos de epilepsia refractaria. Porque aunque toman las medicinas y siguen el tratamiento, no logran controlar todas sus crisis.

¿Qué es lo que hace que su algoritmo funcione?

Analizamos el encefalograma del cerebro. Los médicos lo hacen visualmente y nosotros tratamos estadísticamente el comportamiento de diversas señales. Viendo cuatro o cinco características podemos identificar y estudiar hasta 150 parámetros de cada señal. Buscamos pequeñas variaciones de la actividad eléctricacerebraly laprocesamos con algoritmos. Eso nos ayuda a generar unos mapas muy personalizados para cada uno de los pacientes. Cada cerebro es distinto y cada crisis epiléptica también.

¿Y sabe si la cirugía es una buena opción, actualmente?

La tecnología médica ha avanzado mucho. Actualmente existen tres tipos de cirugías que se aplican a esta patología. La abierta o completa (que es la tradicional), la de los electrodos profundos (que es mucho menos invasiva) y la tecnología por láser (en la que se apunta a un lugar concreto del cerebro y se hace una ablación). Lo cierto es que se abren nuevas esperanzas para los pacientes. Por lo menos, para mejorar su calidad de vida.

Su hija Marina también es usuaria del dispositivo, claro…

Ella tiene hoy en día 19 años. Ha convivido toda la vida con la epilepsia y podría decirse que ha sido el conejillo de indias del proyecto. Hicimos con ella las primeras pruebas en casa, aprovechando actividades habituales. Hasta que vimos que funcionaba. En la calle no lo hemos podido utilizar hasta no contar con todos los certificados y requisitos legales. Ahora que ya los tenemos, ya podemos servir a todos los pacientes.

La de ustedes es una solución de aplicación universal. ¿En qué países planean venderla?

Por ahora hemos resuelto todos los trámites regulatorios necesarios para operar en el mercado CE, es decir, la Comunidad Europea. El mes pasado iniciamos la distribución en España y tenemos acuerdos en Holanda y Reino Unido para lanzar nuestros servicios desde enero. El próximo verano aplicaremos al sistema alemán y, luego, hemos programado ya países del resto de Europa como Italia o Francia.

El mes pasado iniciamos la distribución en España y tenemos acuerdos en Holanda y Reino Unido. En verano aplicaremos al sistema alemán y, luego, hemos programado Italia y Francia.

Además, el año pasado iniciamos el proceso para pasar las regulaciones de la FDA y así poder vender en Estados Unidos. A partir de 2022 estaremos allí.

Usted habla en primera persona del plural cada vez que menciona el proyecto.

Es que formo parte de un equipo. Somos 14 personas trabajando en diversos ámbitos. Al principio éramos muy técnicos porque teníamos que enfocarnos en los algoritmos y elaborar mucha programación. Pero actualmente tenemos departamento comercial, de regulación, etcétera. Todos los ámbitos de la compañía se tienen que desarrollar y crecer más. Estamos planteando el proyecto como de alcance global.

¿Tienen competencia?

La competencia ofrece por ahora productos que solamente detectan las crisis epilépticas cuando suceden. Eso es bueno para poder hacer conteos y dar mejor información a los médicos. Pero no evitan la ansiedad, o el estrés, o los accidentes. Nosotros, en cambio, hacemos una detección y un aviso precoz que los evita. Esa fue la petición que nos hicieron los pacientes.

Díganos: ¿se mantendrán en un producto únicamente, o ya están pensando en soluciones para otras enfermedades?

Desde nuestros inicios, la misión era ayudar a mejorar la calidad de vida de los pacientes de epilepsia mediante un dispositivo. Pero nuestra visión fue la de ser referente en el campo de la neurología y en las enfermedades neurológicas. El año pasado, por ejemplo, aplicamos a un proyecto español y recibimos una subvención de 2,1 millones de euros para iniciar un proyecto dirigido a los enfermos de Alzheimer. Esperamos ayudarles a detectar la enfermedad un año y medio antes de que se den los primeros síntomas. Así pues, iremos ampliando nuestros conocimientos al campo del Parkinson, el TEA, los trastornos bipolares, los neurológicos…

David Blanquez es ingeniero informático. Dedicó los primeros 20 años de su vida profesional a desarrollar proyectos de robótica industrial, de visión artificial y de todo tipo de maquinaria. Pero en 2012 decidió dar un salto que le llevaría a un territorio nuevo y desconocido: el de los dispositivos médicos. Al principio pasó años compaginando su idea con su trabajo profesional y, más tarde, ya como emprendedor, sin sueldo durante muchos meses, consiguió lanzar MJN-Neuroserveis con la misión de mejorar la calidad de vida de las personas con epilepsia. Había una razón de peso: su hija Marina comenzó a sufrir ataques a la tierna edad de dos años. Lo que no haga un progenitor por su prole, no lo hace nadie. Hoy el proyecto ve la luz como emprendimiento social y con algo más que un interés crematístico.

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