Oriol Segarra

Fundador y CEO de Bûmerang

Envasado retornable

«Debemos aspirar a un consumo que alargue la vida útil de las cosas; no al usar y tirar»

España “lleva cuatro años de retraso” en economía circular y gestión de residuos
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Bûmerang es una startup fundada en Barcelona que pretende un cambio de hábitos a gran escala: dejar de consumir en envases de un solo uso. Hoy conversamos con su fundador, Oriol Segarra.

Usted se formó como ingeniero industrial. Pudo haber entrado a trabajar en cualquier empresa y diseñar soluciones para sus empleadores.

Lo cierto es que cuando acabas la carrera, la mayoría de las empresas te quieren fichar para que hagas ingeniero. Pero en aquella época lo que más me llamaba era desarrollar proyectos fotovoltaicos en África y cosas así.

Al terminar los estudios lo que más me llamaba era desarrollar proyectos fotovoltaicos en África y cosas así.

Se había enamorado de la naturaleza años antes. 

Sí. Yo practiqué muchos deportes. Algunos de ellos, como la escalada, el running o el surf, me pusieron en contacto con el medio ambiente. Desarrollé un vínculo con él y quise aplicar mis conocimientos a la resolución de los problemas ambientales.

¿Y terminó yendo a África?

No. Concluí mis estudios en Alemania y me salió una oportunidad laboral en una fundación que había conocido como practicante de surf: The Ocean Cleaner. Se dedican a limpiar los océanos del plástico mediante soluciones tecnológicas. Con ellos descubrí el concepto de la economía circular, que es en lo que se basa Bûmerang.

¿Y en qué consiste?

Es la idea de que podemos crear un sistema económico y productivo que nos permita prosperar económicamente sin agotar los recursos naturales del planeta Tierra. Todo ello, a partir de la reutilización de productos.

Podemos crear un sistema económico y productivo que nos permita prosperar económicamente sin agotar los recursos naturales del planeta Tierra.

Como los boomerangs, que siempre vuelven.

Tenemos que aspirar a consumo que no sea de usar y tirar, sino de alargar la vida útil de las cosas.

Volvamos a su labor en la ONG.

Estuve allí seis meses de prácticas. Luego vinieron otros 18 de viaje por el sudeste asiático y Nueva Zelanda. Allí me formé de manera autodidacta y leí todo lo que pude sobre la economía circular, la sostenibilidad y las empresas con impacto positivo. Todo aquello resonó con mis valores y con el camino que quería tomar.

Así que, a la vuelta, quise trabajar y entré en una de las pocas consultoras especializadas en el tema que había en España. No quise estudiar más porque ya no quería más formación reglada. Durante dos años, con un cierto ímpetu emprendedor, monté proyectos paralelos centrado en el consumo sin residuos. Hasta hicimos un crowdfunding para crear una app de búsqueda de tiendas de productos a granel. Seguí a caballo del trabajo por cuenta ajena y del de emprendedor hasta finales de 2019.

Leí todo lo que pude sobre la economía circular, la sostenibilidad y las empresas con impacto positivo. Todo aquello resonó con mis valores y con el camino que quería tomar.

Y entonces vino Bûmerang. ¿Cuál es el modelo de negocio?

Fundamentalmente, el de transformar un producto (que son los envases de un solo uso) en un servicio (que son los envases reutilizables). La propiedad del envase es siempre de la empresa restauradora (nuestro cliente) y nosotros pasamos a ser una especie de partner suyo, que le aporta valor al tiempo que él nos hace mejorar.

¿Cómo se monetiza? 

Pues es algo a lo que todavía le queda recorrido y en lo que estamos iterando. Hay que entender, ante todo, que nuestra propuesta requiere de un cambio muy grande en la mentalidad de la gente.

Pero, básicamente, nosotros le cobramos al restaurante (nuestro cliente) cuando uno de sus clientes se lleva uno de nuestros envases. Y esto sucede solo cuando el cliente final está preparado para hacer ese cambio. Así que nuestro éxito va muy de la mano de un cambio de hábitos de la sociedad.

Nuestra propuesta requiere de un cambio muy grande en la mentalidad de la gente.

Y, seguramente, tampoco es fácil que los restaurantes les compren ese servicio.

Es difícil. Y más, con la complejidad de estos dos últimos años. La gente no está preparada para un cambio de hábitos en el consumo cuando lo que le preocupa es sobrevivir.

Hemos intentado algo que nadie más en España hace y que, por desgracia, nadie nos pide con urgencia en este momento. Así que los restaurantes y establecimientos hosteleros tampoco nos lo pide mucho. 

La gente no está preparada para un cambio de hábitos en el consumo cuando lo que le preocupa es sobrevivir.

Y eso que, con la pandemia, el delivery ha crecido.

Sí. Pero el de envases de un solo uso. La gente quiere que el delivery llegue a su casa y rápido. Pero no espera que venga con un envase reutilizable.

Le diré que, mientras tanto, todo el mundo nos felicita por la idea y nos dicen que esto es el futuro. Pero que volvamos a visitarles cuando la sociedad lo pida o cuando la ley lo exija.

Todo el mundo nos felicita por la idea y nos dicen que esto es el futuro. Pero que volvamos a visitarles cuando la sociedad lo pida o cuando la ley lo exija.

¿Y cómo está la ley, en este sentido?

Hace unos días, el BOE anunció la nueva ley de residuos. Y le diré que no es exactamente lo que esperábamos. Creíamos que iba a ser más ambiciosa. Además, estaba prevista para lanzarse en 2020 y ser efectiva en 2021, de manera que vamos dos años tarde. Súmele a ello, dos años más en relación con el resto de Europa. Si nos comparamos con Alemania, llevamos cuatro años de retraso en economía circular y gestión de residuos.

Vaya. Si finalmente el cliente del restaurante adquiere una comida con sus envases, ¿qué sigue?

Nuestro sistema está diseñado para maximizar el retorno de los envases. Tenemos un índice de devolución del 99%. Cuando esa persona se lleva el envase a casa, no paga nada por él. Pero a través de la plataforma digital logramos asignar el paradero del envase al consumidor y, si no lo devuelve en 15 días, se le cobran seis euros. Además, le enviamos una serie de recordatorios o notificaciones push durante ese periodo. Finalmente, casi todos terminan devolviendo antes del plazo para evitarse el pago. 

Aunque devolver las cosas sigue siendo una barrera. En este país la gente ya no está habituada a devolver nada. Lo último que devolvimos eran los VHS en los videoclubs. Pero de ello hace muchos años ya.

Nuestro sistema está diseñado para maximizar el retorno de los envases. Tenemos un índice de devolución del 99%.

Entonces, ¿cómo piensan hacer despegar su proyecto?

Pues, de momento, mediante sinergias e integraciones con grandes players del delivery como Glovo, con los que estamos tratando de hacer cosas. Y también haciendo más común y cómodo el envase reutilizable, añadiendo más puntos de devolución.

Hoy día, la pizza la seguimos recibiendo en envases de cartón.

Le diré que los envases de pizza retornables se están desarrollando muy rápidamente en Alemania, Suiza y Francia. En esos países la ley está comenzando a exigir que cualquier sitio de comida para llevar dé la opción del envase reutilizable. Y eso sí crea una buena base para el cambio de hábitos sociales y para que surjan nuevas ideas y negocios. Empresas que antes fabricaban envases de un solo uso, ya están comenzando a fijarse en los reutilizables.

En España no tenemos ningún cliente en el sector de las pizzas porque no quieren ellos y porque ni el gobierno ni la sociedad se lo exige… La gente está satisfecha con el cartón y tiene muy interiorizado un mensaje erróneo.

Empresas que antes fabricaban envases de un solo uso, ya están comenzando a fijarse en los reutilizables.

¿Cuál?

Ciertos activistas y ONGs han metido en la cabeza de la gente la idea de que el plástico es malo. Y no lo es. Solo es malo el uso que le das y dónde termine.

Una afirmación sorprendente, aunque si viene de usted, se la compro. ¿Cree que lograremos cumplir con los objetivos marcados en la Agenda 2030?

Pues no. Porque la procrastinación es muy fuerte. Es nuestra forma de ser. Ya puedes dar todas las conferencias y charlas que quieras, que no logras cambiar casi nada. Uno solo no logra esos cambios… Son necesarios todos los actores públicos, coordinados: ciudadanía, empresas, tercer sector. Al igual que Bûmerang: somos una empresa con un buen marketing y un buen producto, pero necesitamos una base social y apoyo político.

Como en Alemania.

Aquí estamos viéndolo con la carne vegetal. Hace 10 años, empresas como las que triunfan ahora eran impensables. Pero se han dado las condiciones necesarias para el cambio y la sociedad está ahora preparada para consumir este tipo de productos.

Viendo el showroom de sus envases, diría que sus tupperwares son muy bonitos.

Los seleccionamos pensando en quién los va a utilizar. La restauración, por ejemplo, dispone de poco espacio para almacenarlos. Además, necesitan poder lavarlos y secarlos bien y rápidamente. Hasta no hace mucho no había empresas que fabricaran este tipo de envases, pero desde hace dos años, sí.

¿Dónde los compran?

Nuestro proveedor está en Holanda y Alemania. Nos fabrica, por ejemplo, un vaso de café pensado para ser reutilizable, bonito para que sea visible en un restaurante, pero no lo suficiente como para que el cliente final se lo quiera quedar. Y el tupperware también. Hasta hace poco, estaba diseñado solo para el consumo doméstico, pero hay que pensar en que también debe poder apilarse en los restaurantes.

A esta empresa le costó tomar la decisión de fabricar este tipo de productos, pero lo hizo. Y no porque España sea pionera, sino porque en Alemania comenzaba a ser obligatorio.

Cuéntenos más sobre la organización de Bûmerang.

Somos ocho personas y pronto se incorporará alguna más. Hicimos una ronda de inversión inicial entre los amigos, familiares y fans, que nos generó 88.000 euros. Y la acompañamos de un préstamo ENISA por la misma cantidad. Con ese dinero pudimos vivir el primer año y medio. Luego llegó el grupo industrial sueco Duni, dedicado a fabricar mantelería, cubiertos y otros útiles para la hostelería. Tienen una línea de envases de un solo uso y compostables, y ven que el mercado va en esta dirección. Así que quisieron convertirse en socios estratégicos para acompañarnos en el desarrollo de nuestro business plan.

Con tanto trabajo, ¿se acabaron sus viajes y el surf?

El surf no. Sigo practicándolo en el Mediterráneo. En el sur del Maresme hay buenas olas.

Pero las playas están desapareciendo.

La erosión del litoral siempre ha sido algo natural. Pero ahora, con la subida del nivel del mar y las tormentas extremas, tal vez vaya más rápido. Pronto desaparecerán las vías de tren y habrá que viajar en autobús.

Oriol Segarra Nació en Calella, en el Maresme. Estudió Ingeniería Industrial y practicó deportes variados como el hockey, el surf, el running o la escalada. Desarrolló un vínculo con la naturaleza que le llevó a pensar en cómo aplicar sus conocimientos ingenieriles a la resolución de los problemas del medio ambiente. Se define como una persona con mente curiosa a quien le gusta retar al statu-quo. Descubrió la economía circular en la fundación The Ocean Cleaners y, a la larga, encontró en esa filosofía una forma de juntar su pasión con sus habilidades.

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