Jordi Mas

RES Program Officer del Barcelona Supercomputing Center

Gemelos digitales

©FeedbackToday/Nacho Roca

«¡Con datos, un modelo y una máquina se puede prever el futuro!»

El National Competence Center apoya a científicos y empresas desde la supercomputación
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En noviembre de 2020 conocimos el Barcelona Supercomputing Center y el Mare Nostrum, el ordenador con mayúsculas. Hoy nos interesamos por cómo la Red Española de Supercomputación (RES) lo utiliza para el proyecto NCC. Nos recibe Jordi Mas, su coordinador.

Dado que usted es microbiólogo de formación, seguro que sabrá respondernos: ¿qué es la vida?

Pues, la verdad, es una pregunta que todavía no tenemos muy clara. Me entusiasmó durante muchos años y me dediqué a estudiar el tema desde la microbiología, como pudo haber sido la genética. Incluso hice mi tesis doctoral en la Universidad de Barcelona. Pero entonces descubrí que otra de mis pasiones era la gestión de la investigación.

Motivo por el cual trabaja en el Barcelona Supercomputing Center.

De hecho, impulso la Red Española de Supercomputación (RES), de la que el ordenador Mare Nostrum forma parte. Ofrecemos sus recursos a la comunidad científica para que los utilicen en sus investigaciones.

Siempre que hablamos con científicos les preguntamos si creen que se destinan suficientes recursos a la investigación.

Pues la verdad es que no. Y nos hemos dado mucha más cuenta de ello durante el COVID, lamentablemente. No somos conscientes de lo importante que es conocer cómo y porqué pasan las cosas. Y creo que acabaremos pagándolo como especie. Pero, como todo en la vida, es cuestión de prioridades. Si el dinero no se destina a una cosa, será porque se destina a otra.

No destinamos suficientes recursos a la investigación. Y nos hemos dado mucha más cuenta de ello durante el COVID.

Quizás quien tiene el dinero piensa que no es rentable dedicarlo a la ciencia. Pero hay que sembrar para luego poder recoger…

Y lo cierto es que recoger es posible. De hecho en el BSC, actualmente, se están creando empresas spin-off muy interesantes, que canalizan mucha investigación hacia la explotación comercial. Es como si cerraran el círculo: toman inversión en ciencia y la convierten en riqueza de esa que crea puestos de trabajo.

Empresas spin-off de BSC toman inversión en ciencia y la convierten en riqueza de la que crea puestos de trabajo.

¿Entre sus labores está conjugar la ciencia con los negocios?

En parte. Justamente es lo que hacemos desde el National Competence Center (NCC). Este es un proyecto de origen europeo en el que cada país se organiza a través de unos socios. Nosotros tenemos ocho, que son los centros de supercomputación de Zaragoza, Cantabria, Extremadura, Galicia, Catalunya, Castilla y León y Canarias. Todos liderados desde Barcelona.

Una de nuestras competencias es la de buscar el matching entre los investigadores y el mundo de la empresa. Emprender a partir de la supercomputación es muy interesante. Es una tecnología que puede utilizarse para innovar hasta en lo más cotidiano. Pero todavía hay muchas empresas que lo desconocen y nuestro trabajo es darlo a conocer.

Una de nuestras competencias es la de buscar el matching entre los investigadores y el mundo de la empresa.

¿De qué modo?

Los centros de nuestra red ofrecen su capacidad tanto a los científicos como a las empresas. Si una empresa dispone de datos y quiere hacer una prueba para ver cómo optimizar sus procesos, le ofrecemos pruebas gratuitas (un testbed, en lenguaje técnico) y le proporcionamos a personal y soporte experto.

Si una empresa dispone de datos y quiere hacer una prueba para ver cómo optimizar sus procesos, le ofrecemos pruebas gratuitas.

Se dice que el Big Data será el petróleo del siglo XXI. ¿Qué perfiles profesionales serán más necesarios en los próximos años?

Pues matemáticos, físicos y personas de mente abierta. El Big Data tiene la particularidad de ser muy transversal, porque hay datos en todos los sitios. La administración pública, por ejemplo, genera cantidad de ellos que están publicados y disponibles en régimen de gobierno abierto. Es decir, son datos públicos y accesibles por ley, para quien los quiera utilizar. Algunos de estos datos son impresionantes y esconden oportunidades de negocio increíbles. Le pongo un ejemplo.

El Big Data tiene la particularidad de ser muy transversal, porque hay datos en todos los sitios.

Venga.

Ahora mismo el NCC está haciendo una base de datos con todos los cursos y formaciones existentes en España sobre Big Data, inteligencia artificial y HPC (Computación de Alto Rendimiento, en inglés). Si detectamos algún vacío relevante, diseñaremos cursos específicos para empresas juntamente con la Universidad de Cantabria.

Este tipo de cosas ya se están haciendo por toda Europa. De hecho, la UE reconoce que el Big Data, la supercomputación y la ciberseguridad serán ejes de competitividad futura y está destinando muchos recursos a la inversión en tecnología y a formar talento que la sepa manejar.

La UE reconoce que el Big Data, la supercomputación y la ciberseguridad serán ejes de competitividad futura.

Estas tecnologías de alto rendimiento no dejan de sorprendernos. Cuéntenos algún proyecto verdaderamente rompedor.

Hay uno muy interesante llamado Digital Twin (Gemelo Digital), que se basa en crear una réplica digital de una organización, por ejemplo una fábrica o un hospital. Imagínese que tiene usted la fábrica en la realidad y que simula otra desde la supercomputadora, en la que todos los elementos funcionan de la misma manera… 

Suena a videojuego.

Ya. Pero como el ordenador va más rápido que la realidad, de algún modo es posible anticipar errores, fallos de suministro, problemas… Te permite ver el futuro. 

¡Interesante! ¿Y no se podría crear un doble digital de Messi, por decir algo?

Eso es más difícil de modelizar. Pero, para seguir con el ejemplo, le diré que también podríamos llegar a generar dobles digitales de los animales de laboratorio. Dado que la sociedad es muy crítica con la experimentación animal, que por otro lado es necesaria, imagínese que simuláramos el funcionamiento de un organismo y pudiéramos testear fármacos sin tener que sacrificarlo. Por lo menos, podríamos detectar los productos más prometedores y ahorrarnos muchas vidas en el proceso.

Pues sí. En los países bálticos llevan muchos años trabajando en digitalización. ¿Nosotros podemos recuperar terreno?

Pues creo que sí. Ya en 2006, el BSC y su entonces director, Mateo Valero, tuvieron la visión de crear la Red Española de Supercomputación, que va por delante de muchos países. También tenemos tradición, expertos y mucho futuro. Lo que tiene que pasar es que las empresas entiendan que simular procesos puede ser muy ventajoso para ellas, en cuanto a innovación. 

Póngame algún ejemplo.

Imagínese la compañía Boeing, por decir algo. Para desarrollar alas para sus aviones, podría construir 70 prototipos reales y estudiar su aerodinámica. Eso le costaría una fortuna y muchas horas de trabajo. También podría simular las 70 a través de una supercomputadora y analizar su desempeño. Llegarían a la misma solución, pero se ahorrarían mucho tiempo y dinero.

Para llegar a ese nivel de exactitud en la simulación hay que invertir en modelos, algoritmos y programación, pero es muy rentable.

Una discusión lateral es la de la ética. ¿La supercomputación está reñida con la seguridad de nuestros datos?

El tema es muy importante y requiere de un acuerdo social. Personalmente, aceptaría que me rastrearan el teléfono móvil si con eso evitáramos contagios y muertes durante la pandemia. Pero cada cual tiene su opinión.

Personalmente, aceptaría que me rastrearan el teléfono móvil si con eso evitáramos contagios y muertes durante la pandemia.

Es el ideal del estado vigilante.

Creo que más bien es el ideal del uso racional de la información. Fíjese: una tarjeta de crédito también contiene muchos datos acerca de su propietario. No existen ya muchos secretos.

Hablando del virus. ¿Le han dado ganas de volver a la investigación microbiológica en estos meses?

Un poco. De hecho, sigo impartiendo clases de microbiología en la Universitat Autònoma de Barcelona y una de las cosas que propuse a los alumnos fue la experimentación sobre el funcionamiento y la eficiencia de las mascarillas.

¿Y qué? ¿Funcionan?

¡Perfectamente! Filtran entre un 99% y un 99,5% de todas las bacterias que se encuentran en el aire. ¡Utilicémoslas, porque son nuestra salvación! Aunque, por otra parte, me ha extrañado que no haya habido mucha más innovación tecnológica en los últimos meses. Siguen siendo pedazos de tela con un filtro y unas gomas para sujetarlas… Creo que hay un campo impresionante de innovación aquí.

¿La supercomputación podría ayudar en ello?

Pues sí. Hay mucha aplicación. El próximo septiembre celebraremos la jornada de usuarios de RES y tendremos muchas ponencias en este sentido. De un lado tendremos a investigadores que nos hablarán sobre la dispersión del virus en el aire a partir de modelos simulados. De otro tendremos quien nos hable de cómo diseñar una vacuna in silico empleando computadoras y ahorrando horas de laboratorio. Hasta hablaremos del funcionamiento de la proteína Spike… La supercomputación nos ayuda a ver desde lo más pequeño hasta lo más grande. Hay quien estudia el sol con ella.

¿Nos avisarán de si llega la llamarada que nos churrusque?

De momento estudiamos si eso pasará algún día. Desde el Laboratorio de Astrofísica en Canarias, por ejemplo. Yo siempre le digo a la gente que cada vez que vemos el parte meteorológico en TV debemos recordar que se basa en datos, modelo y maquinaria. Si nos creemos la previsión meteorológica, también podemos creer lo que nos diga la máquina para nuestra empresa o nuestra ciudad… Con datos, un modelo y una máquina, se puede prever el futuro. ¿No le parece increíble?

Si nos creemos la previsión meteorológica, también podemos creer lo que nos diga la máquina para nuestra empresa o nuestra ciudad…

Bastante. Oiga, el año pasado nos hablaron del Mare Nostrum V, que está a punto de aterrizar en Barcelona. ¿Es grande la criatura?

No más que el anterior. El cambio más importante es que consumirá mucha menos electricidad. Cada vez somos capaces de realizar más cómputos, pero la tecnología está optimizada para que necesite gastar menos energía. Estamos muy comprometidos con el medio ambiente.

Jordi Mas Castella es doctor en Microbiología por la Universitat de Barcelona y, desde hace unos años, se ocupa de gestionar la I+D en el Barcelona Supercomputing Center. Su línea principal de trabajo se centra en dar vida a la Red Española de Supercomputación, de la que el ordenador Mare Nostrum es parte integrante.

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