Dídac Lee

¡Puños fuera!

“Barcelona no necesita ser el Silicon Valley del sur de Europa para ser competitiva”


A pesar de sentirse emprendedor “en serie”, Didac Lee cree que Galdana Ventures será su proyecto definitivo

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Hoy entrevistamos a un emprendedor nato, y a uno de los referentes en el mundo de las startups digitales en el Empordà, en Catalunya y en España. Didac Lee es el managing partner de Galdana Ventures, un fondo de fondos que invierte por todo el mundo. También es directivo responsable del Área Digital del FC Barcelona y creador de 30 empresas. En su despacho nos llama la atención una sensacional colección de figuras del popular robot Mazinger Z.

Su nombre de pila, Dídac, es la versión catalana de “Diego”. Viniendo de una familia de taiwaneses es, cuanto menos, infrecuente. ¿De qué manera le llamaron, al nacer?

Es una historia curiosa. Mis padres son taiwaneses y vinieron a estudiar a España. Él, Sociología y Políticas en la Complutense de Madrid y ella un doctorado en la Universidad de Salamanca. Se conocieron en Madrid y, antes de volver a casa, pensaron que sería bueno hacer algo de turismo por España. Descubrieron el Empordà y se quedaron viviendo allí. De eso, hace cincuenta años. Montaron el primer restaurante chino de la zona. Mi hermano y yo nacimos ya en Figueres.

La tesis doctoral de mi madre versaba sobre un jesuita llamado Diego de Pantoja. Fue el primer español que fue a evangelizar a China. En su honor me llamaron Diego. Y, con el tiempo, los de Figueras me catalanizaron el nombre.

¿Cuándo decidió que se dedicaría a la tecnología?

Mi plan original era ser futbolista. No quería ser emprendedor, ni dedicarme a la tecnología: quería ser jugador del Barça. Como fui el primer gerundense de otra raza, cuando jugaba al futbol me sentía más integrado con los demás. La gente olvida tu aspecto cuando practicas deporte. Así que quería jugar. Descubrí que era muy malo. No llegué a formar parte de ningún buen equipo. Ni destaqué en el del colegio. Descartada esa opción, pasé a la segunda cosa favorita.

Mi plan original era ser futbolista. No quería ser emprendedor, ni dedicarme a la tecnología: quería ser jugador del Barça

¿Y esa opción era…?

Ver los dibujos animados de Mazinger Z. Esas figuras, que todavía colecciono, me inspiraron a entrar en el mundo de la tecnología. De pequeño veía a científicos creando robots para salvar el mundo. Decidí que era lo que quería hacer de mayor. Desde los 10 años me manejé con un ordenador, un Commodore-64. Me quedé impresionado con todo lo que podía hacer. De mayor comencé a estudiar ingeniería en la universidad. Pero como no me gustaba mucho, hacía muchas “campanas”, o pellas.

Ver Mazinger-Z de pequeño me inspiró a adentrarme en el mundo de la tecnología

¿Y a dónde iba?

A descubrir Internet. Cuando entré en la universidad yo quería crear productos innovadores y venderlos por todo el mundo. Tal vez debí haber estudiado ADE. En ingeniería me encontré con cosas distintas. Muchas matemáticas. Me saltaba las clases. Pasé tres años matriculado en la universidad hasta que, en 1995, decidí abandonarla para comenzar mi primera empresa de Internet.

Hoy en día es habitual que un joven decida emprender en Internet. Pero hace 25 años no. ¿Contó con algún apoyo?

Fue una experiencia desastrosa al principio. Para una familia china los estudios son sagrados. Cuestión de honor. Mi madre tiene un doctorado, mi padre dos carreras y mi abuelo era catedrático de Física y Química. Cuando dije que abandonaba la carrera para comenzar una empresa en un sector que ellos todavía no entendían, les pareció muy raro, como si fuera de otro planeta. Cogieron un rebote impresionante. Es lógico: querían que terminara la carrera y les dije que no.

Para una familia china los estudios son sagrados. Cuando dije que abandonaba la carrera para comenzar una empresa en un sector que ellos no entendían cogieron un rebote impresionante

Así que conseguí un crédito personal de unos 18.000 euros. Entonces no existía el concepto de capital semilla. De ahí surgió todo lo demás.

¿Cuál fue su primer negocio?

Mi primera empresa fue un servicio de provisión de internet. Adquirí los derechos de franquicia de Intercom, cuando aún estaban en Cerdanyola del Vallès. Tenían, y siguen teniendo, a todos los grandes del inicio de Internet en España: Antonio González Barros, Quim Falgueras, Tomas Diago… Aquello es un gran vivero. Entonces buscaban a franquiciados y yo propuse crear Intercom Girona.

Mi negocio equivalía a lo que hoy en día es el acceso a la fibra óptica. Pero en unas circunstancias prehistóricas: ahora llegamos a las 1000 megas, entonces teníamos accesos de 28 ks. Da vértigo. El modelo era como el de un gimnasio: la gente pagaba cuotas y cuando llegué al break even, comencé a ganar algo de dinero. Fue una sensación muy bella cuando lo logré.

¿Y qué pasó después?

Que pronto utilicé el dinero que ganaba para crear otros negocios vinculados a Internet. Veía claro que el acceso lo acabarían ofreciendo los grandes proveedores: Telefónica, Vodafone, etcétera. Nosotros aprovechamos una ventana abierta, pero el negocio no era sostenible a largo plazo, porque nada impedía a Telefónica hacer lo mismo que yo.

Así pues, pasé a hacer proyectos de internet cuando todo estaba todavía por hacer. Cree hasta 12 compañías. Algunas salieron bien y otras no. Hoy siguen funcionando 8 de ellas.

Cree proyectos de internet cuando todo estaba todavía por hacer. Fundé hasta 12 compañías. Algunas salieron bien y otras no. Hoy siguen funcionando 8 de ellas

¿Y Galdana Ventures es la matriz de todo?

Bueno, digamos que soy un emprendedor en serie. Cuando creo un negocio y madura, busco otro socio para que lo gestione. Hoy me dedico a Galdana, pero es un proyecto que no tiene relación ya con los demás. Es un fondo de inversión que invierte en otros fondos de inversión situados en Silicon Vlley, China y otros países. Es mi proyecto más reciente y, sin duda, será mi último proyecto. No creo que vuelva a emprender nada tras Galdana, dado que tengo a unos fantásticos socios y un equipo fabuloso.

¿Se va a quedar viviendo aquí?

Eso espero.

Usted viaja mucho por todo el mundo. ¿Cree que Barcelona es, como dicen, el Silicon Valley del sur de Europa?

Buena pregunta. Tengo sentimientos enfrentados con esto. El Silicon Valley es como la NBA: algo impresionante, con los mejores del mundo y con algunos factores clave. Por ejemplo, tienen un ecosistema capaz de atraer el mejor talento del planeta. Hoy en día hay otro epicentro de la innovación en el mundo, que es China. Ahora están a la par, pero ya verá como China será el próximo Silicon Valley.

A todo esto, Europa se está quedando atrás en comparación con los dos. Pero mi reflexión es que tampoco necesitamos ser el Silicon Valley para ser competitivos. Antes del COVID yo iba a California cada dos meses, pero, con franqueza, sigo pensando que el mejor sitio para vivir es aquí: Barcelona, Catalunya, España, el Empordà… El sur de Europa es fabuloso.

Antes del COVID yo iba a California cada dos meses, pero, con franqueza, sigo pensando que el mejor sitio para vivir es aquí: Barcelona, Catalunya, España, el Empordà… El sur de Europa es fabuloso

Tenemos cosas que allí no tienen.

Seguro que allí te pagan mucho. Pero si aquí ganas casi lo mismo y tu familia está feliz, ¿para qué te vas a ir? Y, además, no todos los Estados Unidos son como San Francisco o New York. Barcelona tal vez sea el Silicon Valley del sur de Europa. Pero si no lo es, no pasa nada. Lo importante es que cada año sea mejor que el anterior, con más empresas globales y más capacidad de atraer talento internacional. Yo no cambio esto por nada.

Usted conoce cosas del futuro tecnológico que el resto no sabemos. ¿Hay sorpresas?

En internet las noticias circulan tan rápido que poco hay ya que pueda sorprendernos. Quizás lo más interesante que he visto en mis últimos viajes a Silicon Valley ha sido que la innovación ya no es puramente tecnológica, sino que está en la aplicación de tecnología a sectores que no nos esperamos. Por ejemplo, el sector agrario, en sistemas de cultivo que ya no necesitan apenas riego.

Nosotros invertimos indirectamente en uno de esos proyectos. Me parece fabuloso que en medio de un desierto puedas plantar tomates. También hay compañías que hacen carne de origen vegetal. Y me parece impresionante el transporte ecológico. Hay tendencias fabulosas, pero lo más sorprendente es la tendencia a mejorar el bienestar: salud, mejoras de consumo… La tecnología es un gran facilitador.

Hay palabros que aparecen por todas partes: “IA”, “Big Data”, Economía Circular… ¿Conoce alguna otra que vaya a ser importante?

Yo creo que lo más importante es dejar de hablar de esas tecnologías y que hablemos de su aplicación. Todas tienen que contribuir a un único objetivo. Y ese es mejorar la calidad de vida de las personas. Son una herramienta. Muchas veces confundimos el objetivo con los medios y nos olvidamos de lo realmente importante.

Lo más importante es dejar de hablar de las tecnologías y hablar de su aplicación. Todas tienen que contribuir a un único objetivo: mejorar la calidad de vida de las personas

Con la pandemia algunos sectores indestructibles se han hundido y otros se han relanzado. ¿Qué le parece?

Que en cualquier situación de crisis se aceleran cosas que habrían sucedido de forma natural. Hace años que comenzó la digitalización y el COVID lo ha acelerado. Algunas compañías ya lo habían logrado (por ejemplo, las de formación online) y esas se han ido arriba. Otras lo han sufrido más. Y algunas, por mucho que se digitalicen, dependen de cosas que son muy complejas de gestionar. Por ejemplo, quien tiene un hotel, por digitalizado que esté, lo tiene mal estos días.

Usted también es mentor de emprendedores. ¿Cómo un o una joven emprendedor/a puede dar con usted?

Ahora ya por serendipia. Cada vez me cuesta más, por mi trabajo en Galdana, porque mi tiempo y mi mente se dedican a ese proyecto. Pero hasta ahora, siempre que he tenido tiempo libre, he intentado ayudar a otros emprendedores. Creo que todos tenemos una responsabilidad social y que hay que contribuir de alguna forma.

En los últimos 25 años todo lo que he hecho ha sido crear startups. Lamentablemente no sé hacer otra cosa. Así que cuando veo a alguien empezando un proyecto intento darle tutela o apoyo financiero a partir de mi experiencia. Creo que estas personas tienen vértigo y cierta sensación de soledad. Yo la tuve. Que alguien que haya pasado por la situación te ayude es bueno. Creo que en los últimos años habré invertido en unas 28 startups.

¿Y se queda en el accionariado o se marcha?

Depende. Si me voy es una buena noticia. Suena contradictorio, pero quiere decir que hay otro inversor más grande que entra detrás de mí. He podido salir de 4 de esos proyectos y he recuperado el dinero invertido. Pero ese es un dinero que vuelvo a invertir, como si fuera una labor social. Tal vez algún día cree una fundación.

Es una idea.

Cuando ayudo a un emprendedor a lograr sus hitos, me siento más feliz que cuando yo lo hacía por mi mismo. También sé que estas 28 compañías han creado 4.000 empleos y que yo tengo una porción, pequeñita, de la culpa.  Si uno emprende, puede mejorar su situación personal y la de quienes le rodean. Pero si haces de business ángel, trasciendes a ese impacto.

Entró en la directiva del Barça. Eso también le debe traer a usted una buena cantidad de horas de trabajo.

Este será mi undécimo año en la junta del Barça. Fue cuando salió el IPhone. Entonces decidimos aprovechar la democratización de las nuevas tecnologías para digitalizar el club, crear un área tecnológica y otra de contenidos. El Barça es mi pasión. No pude ser futbolista y lo más cercano a eso es ser directivo de la entidad.

¿Dónde se encuentra el Barça en los rankings de digitalización?

Pues en cabeza. En todos los rankings está en el número 1 o 2 y se debe a una marca muy potente, a que llevamos muchos años creando contenidos digitales y a que, en mi modesta opinión, vamos un paso por delante de muchas organizaciones.

Hablando de deportes y tecnología, ¿cree que los e-sports serán alguna vez un deporte de alta competición?

Es un fenómeno muy interesante. Reconozco que cuando oí hablar de esto por primera vez, pensé que no era un deporte. Pero al final, es igual de deportivo que el ajedrez. No todos los deportes son de esfuerzo físico.

También aprendí que en este mundo se organizan equipos, se realizan entrenamientos de la condición física y mental, se estudian estrategias. Así que los e-deportistas son como pilotos de Formula 1, aunque sea chocante para nuestra generación. Es un fenómeno que está aquí para quedarse.

Y con audiencias crecientes.

En Asia las audiencias superan a las de muchos deportes tradicionales. Creo que el motivo es que cuando ves a alguien haciendo algo en un videojuego tú tienes la sensación de que podrás emularlo también. Y hay un montón de videos y tutoriales que te dicen cómo hacerlo. Y cuanto mejor lo haces, mejor te lo pasas. Eso empuja a muchas personas. Genera el engagement.

Además, los e-sports son bastante sociales. Curiosamente, antes tú jugabas solo contra una máquina. Ahora los chavales se hablan entre ellos a través del juego.

Mejor les iría si se juntaran en un bar o un parque. Bueno, cuando se marche el COVID, claro.

Los videojuegos no lo sustituyen. Y seguro que los excesos son malos. Pero es algo que sin duda hay que ver con una mentalidad abierta.

¿Cuántos Mazinger-Z tiene su colección?

Al comenzar el confinamiento tenía 32. Dediqué tiempo a buscar en todas las plataformas de aquí, de China y de Japón. Hay un montón de fabricantes y ediciones. Ahora tengo unos 235. Tengo de los años 70, 80, 90… tengo ediciones especiales. Piense que hay mercado para esto. Las piezas se revalorizan y nunca falta quien quiere comprarlas.

Hijo de taiwaneses y nacido en Figueres, en plena Costa Brava, Didac Lee quiso ser futbolista, pero vio que no llegaría lejos. Fue entonces cuando descubrió el poder de la tecnología de la mano de Mazinger Z, un auténtico ídolo de los niños nacidos a primeros de los 70. Estudió ingeniería pensando que podría crear productos y venderlos, pero descubrió internet y decidió que ese sería su mercado. De eso hace 25 años. Emprendedor autodidacta, o casi. Ha fundado numerosas compañías de éxito y acompañado a jóvenes talentos a hacerlo. Ahora gestiona un gran fondo de inversiones dedicado a invertir en sectores de gran crecimiento. Con el tiempo, digitalizó el Barça y lo llevó a ser campeón de la liga tecnológica.

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