Anna Fornés

Directora de la Fundació Factor Humà

Talante y talento

©FeedbackToday/Nacho Roca

«Antes de la pandemia, la pobreza era femenina. Ahora lo es más»

El desarrollo personal, la salud mental y la adaptación son las tres prioridades actuales de la Fundació Factor Humà
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Cuando la entrevistamos por primera vez, hace once años, hablamos de si las organizaciones estaban perdiendo el toque humano. Pero el mundo ha cambiado desde entonces, y vale la pena preguntarle a Anna Fornés, directora de la Fundación Factor Humà, qué puede hacerse para recuperarlo.

Dirige usted una entidad a medio camino entre el tercer sector y el ámbito corporativo…

Así es. Y es muy importante recordar que es una fundación con 23 años de historia. Hemos superado dos crisis (la de 2008-2014 y la actual) y la muerte de nuestra fundadora, Mercè Sala. Nuestro proyecto tiene que ser útil y necesario, o, de lo contrario, no hubiéramos llegado hasta aquí.

A Mercè Sala la recuerda como una persona con grandes inquietudes.

Su desaparición representó un momento durísimo emocionalmente hablando. Además, coincidió con lo peor de la anterior crisis. También nos repusimos. Demostramos que todo lo que ella había definido se podía hacer. Poco tiempo después creamos los premios “Factor Humà – Mercè Sala”, con los que nos propusimos preservar y dar a conocer su legado. Pronto celebraremos la edición XII.

Recuérdenos ese legado: ¿cuál es la misión de la Fundación?

Somos una comunidad de conocimiento. En realidad, somos un grupo enorme de personas que comparten la voluntad de ayudarse las unas a las otras en la gestión de las relaciones humanas. 

Es algo muy básico y, a la vez, muy complejo: todas las organizaciones se basan en las relaciones. Y Mercè siempre decía que “tras un conflicto en una organización siempre se esconde un conflicto en las relaciones humanas”. Siempre hemos pensado que la forma de gestionar ese conflicto es lo que lo puede transformar en una fuerza creativa o en algo maligno para la organización.

Somos un grupo enorme de personas que comparten la voluntad de ayudarse las unas a las otras en la gestión de las relaciones humanas.

¡Claro! ¿Cuántos son, compartiendo esa visión?

Actualmente son 79 las empresas que forman parte de nuestra comunidad y hacen posibles las actividades. Mayoritariamente son del ámbito catalán, pero con la digitalización también estamos expandiéndonos geográficamente. Nuestros interlocutores cotidianos son los directores de personas…

…Lo que antaño eran los “Recursos Humanos”, vaya…

Preferimos hablar de “personas”, más que de “recursos humanos”. Las personas no somos recursos y esto es algo que cada día cobra más importancia. Le diré que muchas de las empresas que colaboran con nosotros han decidido cambiar el nombre de su departamento de “Recursos Humanos” por el de “Organización y Personas”. Y es que creemos, sinceramente, que las palabras crean realidades.

También hablamos de “personas” porque nuestra pretensión es la de humanizar las empresas. Uno de nuestros valores y aportes principal es la mirada humana, que aplicamos desde la innovación y la integridad. También aportamos una visión global. Nos dirigimos a empresas que genuinamente desean hacer lo posible por adoptar y llevar esa mirada humana a sus actividades.

Preferimos hablar de “personas”, más que de “recursos humanos”. Las personas no somos recursos y esto es algo cada día más importante.

Durante los últimos años se han regido ustedes por una especie de decálogo.

En 2013, durante los últimos coletazos de la anterior crisis, publicamos el “Manifest Factor Humà” de las organizaciones responsables con el valor de las personas. En aquel momento se comenzaban a cruzar algunas líneas rojas con consecuencias durísimas. Una de ellas fue la de la reforma laboral.

Hicimos un trabajo precioso para definir los 10 principios que guiarían nuestras actuaciones y que servirían de relato para inspirar a otras organizaciones. Ahora lo estamos renovando.

Hicimos un trabajo precioso para definir los 10 principios que guiarían nuestras actuaciones y que servirían de relato para inspirar a otras organizaciones.

¿Por qué razón?

Porque el mundo ya no es el mismo desde marzo de 2020. Antes de la pandemia ya teníamos la sensación de que nuestro Manifiesto original no recogía ciertos fenómenos recientes. Pero el COVID cambió todo y aceleramos nuestro deseo hacia mediados de 2020.

Ahora trabajamos en el nuevo documento. No le puedo desvelar mucho, pero sí decirle que lo presentaremos en sociedad el próximo 7 de julio, coincidiendo con la ceremonia de entrega de los Premios Mercè Sala. Será un acto híbrido para 120 personas, en el Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona, con todas las medidas de seguridad necesarias.

Alegra ver que hay quien comienza a planificar eventos (también) presenciales.

Estamos muy animados y contentos. Es muy importante poder practicar una de las cosas que tanto nos ha caracterizado hasta ahora: el networking. A nuestra gente le apetece muchísimo volver a encontrarse más allá de una pantalla.

A nuestra gente le apetece muchísimo volver a encontrarse más allá de una pantalla.

Si le pregunto sobre las tres principales preocupaciones de la Fundación en la actualidad, ¿qué me respondería?

La primera es el desarrollo personal y profesional. Hoy se está utilizando la palabra reskilling para definir la manera en la que cada uno se prepara para el futuro laboral y, también, el modo en el que la empresa ayuda a mantener la empleabilidad de cada uno de sus empleados. Aunque es cierto que también habrá personas que deberán reinventarse.

Entiendo. Siga, por favor.

La segunda es la salud mental. Y es todo un problema. En 2013 ya estábamos pidiendo que hubiera más equilibrio entre la salud física y mental de las personas que trabajan en las organizaciones. Pero en este momento la preocupación es grandísima. Es un tema muy relevante y cuesta hablarlo con ciertos directivos pero, afortunadamente, está dejando de ser un tema tabú.

Cuesta hablar de salud mental con ciertos directivos pero, afortunadamente, está dejando de ser un tema tabú.

¿Y la tercera preocupación?

La flexibilidad y la digitalización. Es importante ver cómo la gente se adapta al cambio o, mejor, cómo se transforma. Desde marzo de 2020 tengo clarísimo que la vida ha cambiado radicalmente y que nos tocará pasar por procesos de adaptación que habrá que asumir, aunque serán dolorosos. Y que cada persona tendrá ante sí la responsabilidad individual de asumirlos.

En su experiencia, ¿diría que hay colectivos sociales más penalizados que otros por culpa de todos estos cambios?

Puedo comenzar hablándole de las mujeres. Si antes nos ocupaban en la Fundación, ahora todavía más. La pobreza era femenina antes de la pandemia, pero ahora lo es más. Recibimos muchos datos (por ejemplo, de los Observatorios de la Cambra de Comerç y otros) que nos dicen que las desigualdades se están agudizando.

Podríamos hablar mucho de este problema, pero una de las causas del sesgo es que las niñas siguen decantándose por carreras no tecnológicas. Se están desarrollando iniciativas para revertirlo, pero, por ahora, las estudiantes se siguen formando en ámbitos que tienen difícil encaje en el mercado laboral. También nos preocupa lo que sucede con los jóvenes.

No abunda el trabajo para ellos.

Tenemos un 40% de paro juvenil. Es una lacra que el país no se puede permitir. Es como hablar de una generación perdida. Encima de la mesa tenemos diversos proyectos con la voluntad de influir en las empresas y de acompañar a los jóvenes cuando deciden qué van a estudiar. 

Uno de estos proyectos consiste en facilitarles mayor autoconocimiento y autoestima. Para lograr un puesto de trabajo ambas cosas son importantes y en estos tiempos, precisamente, es algo que falla en todas las edades.

Tenemos un 40% de paro juvenil. Es una lacra que el país no se puede permitir. Es como hablar de una generación perdida.

Desde que se creó la Fundación, ¿sus colaboradores han sido constantes, o han variado?

En nuestros inicios éramos 19 organizaciones. Todas ellas se convirtieron en patronas, junto a cuatro más, hasta llegar a las 23. Son grandes empresas que han hecho siempre lo imposible para que la Fundación pudiera avanzar. El índice de fidelidad ha sido impresionante: hubo momentos difíciles para todos, en los que, sin embargo, ninguna de esas empresas se cuestionó abandonar la entidad. No puedo sino reconocérselo.

Mas adelante comenzamos a invitar a sus directores generales a que vinieran a una cena anual. La acompañamos con un buen contenido lectivo. Es algo que hemos hecho durante 8 años y que nos ha ayudado a darnos a conocer ante las altas direcciones. Así entienden mejor nuestra razón de existir. Hoy ya somos 79 entidades colaborando, como le comenté.

Cuando la entrevistamos en 2010 nos dijo que no esperaba superar las 50.

Obviamente, me equivoqué. Ahora estoy convencida de que necesitamos ser más para poder hacer más cosas.

Todas esas empresas financian las actividades de la Fundación. ¿Qué tipo de programas realizan?

Ayudamos a sensibilizar a losequipos humanos de todas esas empresas. Y lo hacemos a través de programas de formación muy cuidados, escuchando y entendiendo lo que estas personas necesitan y proporcionándoles las soluciones más adecuadas.  

Todas nuestras formaciones se imparten en horario laboral y eso es porque se integran en el presupuesto del departamento de Personas de cada una de las empresas. Cualquiera que dirija un equipo debería estar muy bien asistido en todo lo que eso conlleva. Y nuestra voluntad es la de llegar a toda la organización.

¿Y están contentas estas empresas?

Aplicamos unos niveles de calidad y exigencia altísimos. Sabemos que es lo único que nos permite seguir existiendo. Todo lo que llevamos a la Fundación, incluidos los 70 u 80 ponentes anuales, se evalúa. Y acertar con todo siempre es un reto. Pero hemos conseguido generar una red de expertos muy poderosa, con personas que saben mucho, y que tienen mucho talento y talante.

Hemos conseguido generar una red de expertos muy poderosa, con personas que saben mucho, y que tienen mucho talento y talante.

Una red selecta…

Si esos expertos, por buenos que sean, no poseen una actitud ética, generosa y de aportación, no nos interesa invitarles. Y eso ha construido nuestra reputación. El índice de fidelidad es altísimo y el crecimiento es sostenido. Puede decirse que no todas las empresas pueden venir con nosotros. Solo las que tienen ese talante. Y sabemos, además, que hay algunas que nunca nos pedirán ser socias nuestras porque no comparten nuestros valores… ¡Mejor! No nos gusta el greenwashing.

¡Caramba!

Queremos ser influyentes. Nuestra red de contactos directos está formada por 2.500 personas de compañías muy importantes y el nivel es elevadísimo. Y siempre digo que cada mes de enero pasamos por una reválida. Es entonces cuando los socios renuevan sus membresías.

Así que no buscan a patronos a cualquier precio.

Ya le digo que no. Por eso somos tan influyentes. Además me hace especial ilusión decir que desde hace más de un año nuestro presidente es un director general de organización. En este caso, Manuel del Castillo, director general del Hospital de Sant Joan de Déu en Barcelona. Es una persona de referencia que tiene muy clara cuál es la aportación de la Fundación a la sociedad.

Usted es pedagoga de formación. ¿Entre tanta empresa y organización, no echa de menos la profesión de educar?

Pues lo cierto es que no. Una de las posibilidades que me da la Fundación, por ejemplo, es la de ser mentora de chicas adolescentes de barrios desfavorecidos de Barcelona para que no dejen de estudiar. Es un proyecto muy bonito que lidera la Fundación Everis. También me he podido certificar como coach. Así que siento que estoy haciendo cosas muy pedagógicas y de alto impacto.

La última. Dentro de 10 años, cuando volvamos a entrevistarla, ¿se atreve a decirnos dónde la encontraremos?

¡Quién sabe!  No sé dónde nos llevará el futuro, pero yo me estoy preparando para seguir disfrutando de lo que hago y para hacerlo cada día mejor. Nuestro equipo sigue creciendo y el reto, como ha visto, es permanente.

Pedagoga por orgullo y formación, Anna Fornés está convencida de que la educación ayuda a hacer mejores a las personas y a construir sociedades más inclusivas y justas. Fue educadora en centros de protección de menores y de personas con capacidades diferentes. Dedicó años a formar a profesionales en una multinacional. Finalmente, recaló en la Fundació Factor Humà desde la que proyecta esa visión de mayor humanidad en las relaciones dentro y fuera de las organizaciones. Por lo pronto, su equipo y 79 grandes compañías le ayudan a conseguirlo prestando su apoyo y ejemplo público. 

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