Start-up y demás inventos (Por Jordi Mercader)

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«Hola, me llamo José María, soy Master del Mundo Mundial y CEO de la empresa Sompetits, SL.», «Hi, my name is Rigoberto, I studied in the most important University in the Univers. I’m CEO, General Manager and President of Board. My company is Asicomonosvessomodeleganes, SL. »Y así hasta cuatrocientas quince compañías.
 
Cuatrocientos quince proyectos que la Administración pública ha ayudado a montar. De éstos, sólo cinco facturan más de dos millones de euros. Doscientos han derrumbado antes del tercer año de vida, y el resto malviven. Eso sí, cuatrocientos quince CEO supertitulados. No, no lo estamos haciendo bien. No vale la pena apoyar aventuras en solitario, porque el resultado obtenido es el de una microempresa que apenas da de comer al fundador y a un par más. Hemos dado tanta importancia al proceso emprendedor que ahora quien le explica al fundador de una pequeña empresa, y que se autodenomina CEO, que lo que ha creado, si no se une a otro y se queda él en minoría, no tiene demasiadas posibilidades de salir adelante. No, no tenemos un problema de dinero para las start-ups. Ni de locales (que, por cierto, sobran). Ni de incubadoras. Ni de aceleradoras. No. Tenemos un problema de gestión de vanidades. Alguien le debe decir al fundador que ni es tan brillante, ni lo que tiene es único e inimitable (y por tanto no vale un millón de euros).
 
Alguien le debe decir al fundador que se olvide de ir mendigando dinero para foros con un mensaje caduco. Alguien le debe decir al fundador que busque empresas con las que pueda tener sinergias comerciales y tecnológicas, y que mire de llegar a acuerdos de fusión. Alguien le tiene que decir que hay que ser generoso, creativo y no pensar que quienes le rodean son inferiores a él, oh gran CEO de la empresa de base tecnológica!
 
Una empresa, para salir de ella, debe contar con un mínimo de diez personas. ¿Y por qué diez? -Nos preguntaremos. Hagamos números: un gestor de miserias (ex-CEO), un comercial, un administrativo-contable, cinco personas que trabajan (y que facturan), una persona en I + D + i, y una persona en el mercado exterior. Si nos movemos en cifras de personal más bajas, descuidamos el mercado exterior y la I + D + I (porque son los últimos lugares que se han creado). Si la empresa ya es sólo de tres cuartos, tenemos un gerente que hace como aquel extremo de fútbol que centra el córner y corre al área a rematar. Y, claro, no llega a tiempo. Si la tasa «natural» de creación de empresas de un país como el nuestro no llega al 10% (según el GEM), ¿qué haremos con este excedente de falsos emprendedores que se ha creado en los últimos tiempos? (Dicen, ahora, que un 25% de la gente quiere emprender). Y es que estar en el paro no muda nada, pero ser CEO de una microempresa que no vende nada, pero que tiene muchos proyectos, es bien admirado.

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