Rafael Vilasanjuan

Director de Análisis y Desarrollo Global de ISGlobal

Comunicación y salud

“La COVID estaba anunciada, pero se coció a fuego lento y su manifestación fue abrupta”


Desde ISGLOBAL advierten que el cambio climático tendrá consecuencias inesperadas y que no se están tomando las medidas necesarias

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La COVID nos ha hecho ver a todos los países de qué manera estamos interconectados en lo bueno y en lo malo. En opinión de nuestro entrevistado, es necesario considerar la salud como una preocupación global y única. Ese es su trabajo en ISGLOBAL, desde Barcelona.

Usted ha desarrollado una impresionante carrera profesional en grandes organizaciones vinculadas a la salud. Pero su formación es la de periodista. ¿Ha ejercido como tal?

La verdad es que siempre me he sentido más comunicador que periodista. No he sido nunca de los que piensan que el periodismo consiste en lograr una exclusiva y darla en primicia. Hace poco, en un programa de radio, me recordaron que yo comencé como periodista deportivo y que tuve algún protagonismo con el famoso caso del “motín del Hesperia”.

No he sido nunca de los que piensan que el periodismo consiste en lograr una exclusiva y darla en primicia. Prefiero dejar que la información repose lo suficiente y explicársela bien a la gente

Recordamos el caso. Fue en 1988, ¿verdad?

Así es. Pero, más allá de exclusivas, en general prefiero dejar que la información repose lo suficiente y explicársela bien a la gente. Eso es para mí lo que tiene que hacer un comunicador. Y a eso me he dedicado siempre.

Bien, pues: ¿cuál ha sido su recorrido profesional como comunicador en organizaciones?

Mi primera experiencia más o menos corporativa fue durante los Juegos Olímpicos de Barcelona, en la famosa Radio Televisión Olímpica. Fui el director de comunicación, haciendo el trabajo de transmitir las bambalinas del evento a las otras televisiones. Aprendí allí que lo importante no es tanto disponer de la mejor información, sino de aquella que la gente necesita. Porque cada cual necesita algo distinto.

Y de unos Juegos Olímpicos pasó a los organismos internacionales.

Siempre tuve curiosidad por lo que se hacía en el resto del mundo y me incorporé a una actividad que me había llamado la atención desde la carrera. Entré en Médicos Sin Fronteras, lanzando un proyecto que me pareció que era espectacular: comunicar de qué manera lográbamos llegar a situaciones críticas tales como la Guerra de Somalia o el genocidio de Ruanda. Había que transmitirle a la sociedad que todo aquello también formaba parte de nuestro mundo. Generalmente, nuestra opinión pública piensa que ese tipo de cosas no nos van a pasar aquí.

En Médicos Sin Fronteras descubrí las grandes diferencias que hay entre el lugar donde se toman las decisiones y el lugar donde ocurren las consecuencias de esas decisiones

Pero pasan.

En ese trabajo descubrí las grandes diferencias que hay entre el lugar donde se toman las decisiones y el lugar donde ocurren las consecuencias de esas decisiones. Son lugares muy alejadas. En el caso de Ruanda, las cosas se decidían desde Nueva York, pero sin conocer muy bien lo que estaba pasando en África.

Nuestra función fue la de llevar la información y el mensaje a quien tenía que tomar decisiones. Ya sabe usted que a los periodistas no nos corresponde llevar las respuestas, pero sí las preguntas.

En todo ese proceso, además de comunicar, aprendió usted a liderar.

Pues sí. Tuve que gestionar muchas cosas en contextos muy difíciles. Llegué a ser el Secretario General de Médicos Sin Fronteras, el equivalente a director general mundial. Nuestro presupuesto era de 2.000 millones de euros, con 10.000 personas colaborando por todo el mundo. La gente no sabe que MSF es una unión de médicos y de periodistas. Y yo tuve la suerte de ser el primer periodista en dirigir la entidad. Además del primer no francés y no médico.

«Llegué a ser el Secretario General de Médicos Sin Fronteras, el equivalente a director general mundial. Nuestro presupuesto era de 2.000 millones de euros, con 10.000 personas colaborando por todo el mundo»

Además, poco antes de acceder a ese cargo nos dieron el Premio Nobel de la Paz y el movimiento se hizo muy importante. Por ese motivo decidieron poner a un médico como presidente y a una persona de perfil ejecutivo -yo mismo- como gestor. Una serie de suertes me pusieron en esa situación. Desde luego, ha sido el trabajo que más he agradecido en la vida: tenía mucho poder real. Podíamos meternos en lugares a los que nadie llega nunca y cambiar muchas cosas.

Estuvo allí un lustro.

Afortunadamente, el mandato está limitado. Fueron cinco años intensos. Solo podía ver a mi familia una vez al mes y tenía que viajar por todo el mundo, gestionando situaciones muy complejas, tales como secuestros, conflictos con guerrillas o gobiernos que nos expulsaban de sus países. Profesionalmente fue una tarea muy enriquecedora. Pero en cuanto a la vida privada, era una labor que castigaba mucho. Así que me pasé al sector de la comunicación corporativa.

Volvió usted a Barcelona.

El Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona valoró mucho mi experiencia y conocimiento en materia de conflictos. Allí estuve trabajando hasta que presenté mi solicitud al Instituto de Salud Global de Barcelona, que se estaba creando por aquel entonces (le hablo de finales de 2010 o principios de 2011). En un primer momento tenía la vocación de ser un centro de investigación público, y se dedicaba a investigar y publicar ciencia. Pero pasó a hacer algo nuevo: lograr un impacto social, además de publicar ciencia.

Para competir con centros de referencia como Oxford, Harvard, o la Swiss Tropical Medicine, necesitábamos llevar esa investigación a la sociedad. Así que pude poner en práctica muchas de las cosas aprendidas en mis anteriores experiencias.

Un proyecto de referencia aquí en Barcelona.

Sí, aquí tenemos la sede. Inicialmente también estábamos orientados a las enfermedades infecciosas, pero nos hemos fusionado con otra organización, pasando a ser un centro de salud y medio ambiente, aparte de las enfermedades infecciosas.

Si hoy en día visitas el Hospital Clínic de Barcelona, verás que la mayoría de los pacientes graves que no tengan la COVID sufren enfermedades crónicas derivadas de factores medioambientales: deficiente calidad del aire, del agua, la polución, etcétera. Esa confluencia actual, entre las enfermedades infecciosas y el medio ambiente, nos ha hecho ponernos a la vanguardia de los centros de investigación y traslación científica de Europa. Seguramente somos el segundo de estas características tras la London School of Hygiene and Tropical Medicine. Hay que reconocerle el mérito al doctor Pedro Alonso, quien convenció a La Caixa para que pusiera los recursos.

Hace diez años, hablar de salud global en Europa era poner los ojos en países menos desarrollados. Ahora es todo lo contrario. ¿Cómo ha cambiado la orientación de su centro?

Pues mucho. Actualmente se ve al ISGLOBAL como una parte de la solución a los problemas de salud pública, vigilancia epidemiológica y preparación para emergencias. Eso ya es una parte de lo que hacíamos, pero antes estábamos más en África y en América latina que aquí. Nos habíamos creado una barrera y una ilusión falsas.

¿Cuáles?

La barrera era que decíamos que aquí teníamos recursos para pagar la cura de cualquier infección. La ilusión era creer que todas las enfermedades se podían erradicar. No es así. Nos hemos dado cuenta de que las enfermedades infecciosas podrían llegar y que han llegado.

Creíamos que aquí teníamos recursos para pagar la cura de cualquier infección. Y que todas las enfermedades se podían erradicar. No es así. Nos hemos dado cuenta de que las enfermedades infecciosas podrían llegar y que han llegado

Para nosotros el concepto de salud global es amplio. Significa que la salud pública no se contiene en ninguna frontera y que los riesgos son compartidos. Hay que hacer estrategias de salud pública para todo el globo, y no para una sola región. Lo estamos viendo ahora con la COVID y la vacuna.

Dicen que todos deberíamos vacunarnos a la vez para erradicar el dichoso virus.

Pongamos que vacunamos a toda la ciudadanía española, pero que en países del norte de África o de América Latina no tienen posibilidad de hacer lo mismo. Entonces deberemos cerrar las fronteras, porque, de lo contrario, aunque estemos vacunados al 100%, no estaremos protegidos al 100%. Además, el virus podría viajar a países de personas no vacunadas y mutar. Y si esa mutación vuelve aquí, quizás la vacuna no le hace efecto. Lo más inteligente es pensar globalmente y llevar la vacuna a todos los países para aplacar el virus en todas partes. Si lo hacemos, recuperaremos la estabilidad.

En estos años también se habla mucho de bienestar personal y psicológico como parte de la salud. ¿También lo ven ustedes así?

Lo vemos como algo importantísimo. Y lo venimos diciendo desde hace tiempo. Con las crisis económicas se generan muchos problemas de salud mental. En el caso de la COVID se están agravando. Y no solo por unas condiciones económicas angustiantes. En países que pasan grandes conflictos, como fue el caso de Chechenia o de Ruanda, la gente deja de ver la luz al final del túnel en el pico del conflicto. Y, entonces, el principal problema de quien no está afectado por el virus o la guerra es la salud mental.

El confinamiento quizás nos salva la vida, pero nos afecta.

El confinamiento genera un impacto muy importante en la economía y en las relaciones sociales. Y, al final, eso genera problemas de salud mental a los que debemos enfrentarnos cotidianamente. Todavía más si se trata de colectivos sociales vulnerables, como los de la gente mayor o personas que viven solas… No tengo estadísticas, pero tengo la percepción de que hay más divorcios y separaciones ahora.

En Europa, y particularmente en España, hemos estado muchos años sacando pecho con nuestro sistema sanitario y de la garantía de una salud universal. ¿Habrá que buscar otros sistemas?

Lo cierto es que el desarrollo económico es muy difícil si no existe una cobertura universal de salud. En África lo vemos claro: a más enfermedades, menos posibilidades de desarrollo económico. En Latinoamérica, la malaria es una enfermedad importante. Y, a lo largo de su vida, un ciudadano contagiado puede pasarse un mes en la cama, incapacitado para trabajar, unas 30 o 40 veces. Eso significa que no puede contribuir ni a su economía doméstica ni a la riqueza de su país.

Todo el mundo dice que la forma de desarrollar el mundo es a través de la educación y la salud. En la educación hay menos debate. En la salud, más. Y lo que se debate es si, allí donde es necesaria la salud, debe ser el sector público o el privado quien la lleve. El problema es que, sin riqueza, el sector público no puede hacerlo, y el privado no tiene incentivo en hacerlo.

¿En qué ámbitos geográficos opera el ISGLOBAL?

Contamos con dos centros en Barcelona (el Parc de Recerca Biomèdica y el Hospital Clínic), donde tenemos a 400 personas trabajando. Pero también contamos con muchas personas por todas partes del mundo, en Europa, en América Latina… Yo tengo que viajar muy a menudo a Ginebra porque, a raíz de la COVID, fui nombrado representante del Comité Mundial de la Vacuna en el seno de la alianza GAVI, una entidad creada para llevar vacunas a los países que no se las pueden permitir. Desde ahí establecemos acuerdos con la OMS, por ejemplo.

Además de la COVID, ¿estamos expuestos a otras pandemias en el futuro?

Como le dije antes, en ISGLOBAL tenemos también una parte de investigación y divulgación sobre el impacto en lo medioambiental. Estos profesionales nos están diciendo que sometemos, cada vez más, al planeta a un estrés que hace que el problema no esté ya en nuestras manos. Vamos a generar más consecuencias. La crisis actual estaba anunciada, pero se coció a fuego lento y, como se ha visto, su manifestación ha sido abrupta.

Yo creo que sabemos lo que está pasando con el cambio climático, pero que no estamos tomando las medidas adecuadas. Un dato: sabemos que el évola y el SIDA tienen mucho que ver con el estrés al que hemos sometido las masas forestales en África. La proximidad de los primates y los seres humanos ha hecho que el virus saltase de unas especies a otras. Nuestros virólogos dicen que hoy existen 300.000 virus conocidos residiendo en mamíferos y que son potencialmente traspasables al ser humano.

Yo creo que sabemos lo que está pasando con el cambio climático, pero que no estamos tomando las medidas adecuadas

¡Caramba!

Los países occidentales nunca habíamos pensado que nos pudiera pasar algo así. Pero pasa. Por esta razón hay que crear mecanismos de vigilancia y de preparación de emergencias. Hace poco escuché a un dirigente político que dijo que esto pasa una vez cada cien años. Pensar así es un error.

Los políticos deberían comunicar mejor las cosas.

Creo que deberíamos educarlos mejor en la comunicación. En primer lugar, debemos ser claros con la gente. No se pueden utilizar términos que la gente necesite buscar en un diccionario. Tenemos que dar ideas fáciles y sencillas de las que estemos convencidos: en comunicación, lo más importante es que el que tienes delante te vea como que sabes muy bien de lo que hablas.

A los políticos de hoy les ha tocado vivir el peor momento que les podía haber tocado. Ninguno de nosotros estábamos preparados y eso les causa tensión. Pero a veces dicen cosas sin base alguna y la gente lo nota, si no hoy, mañana. Cuando dicen que “el final de la pandemia lo veremos el próximo verano”, y llega el verano y tenemos una siguiente ola, la gente termina por no creer en nada. Debemos ofrecer mensajes claros, sencillos y cortos, que sean tan útiles como honestos. Todo lo demás, destruye la comunicación.

Cuando los políticos dicen que “el final de la pandemia lo veremos el próximo verano”, la gente termina por no creer en nada. Debemos ofrecer mensajes claros, sencillos y cortos, que sean tan útiles como honestos. Todo lo demás, destruye la comunicación

Rafael Vilasanjuan es el director del Departamento de Análisis y Desarrollo Global de ISGlobal desde marzo de 2011. Es periodista de formación y pasó por Médicos Sin Fronteras, donde dedicó 12 años de su vida a divulgar la labor de los sanitarios y profesionales de la medicina que forman parte de la red. Dirigió primero la sección española y, posteriormente, alcanzó el cargo de Secretario General de la entidad, que desempeñó hasta 2005. Conoció de primera mano los problemas de Chechenia, Somalia, Sudáfrica, el Congo y Colombia, y se ocupó de trasladarlos a la opinión pública y a los principales centros de decisión política mundial. Posteriormente recaló en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde estuvo hasta 2011. Forma parte de numerosos comités internacionales de evaluación y asesoramiento a gobiernos y entidades en materia de salud pública internacional. También es miembro del Patronato de GAVI, la Alianza Global de Inmunización por Vacunación. Seguramente le habrán visto, estos días, en televisión o en la prensa, proporcionando eso que sabe hacer tan bien: dar información concreta, precisa, clara y útil, de una manera que todo el mundo entienda

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