Marc Trepat

Arquitecto y socio director de BTA

Función y estética

“Nuestro objetivo es que las personas dependientes y sus cuidadoras vivan mejor»

Marc Trepat es un arquitecto pionero en el diseño de residencias confortables
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La pandemia puso a las residencias de personas mayores y dependientes en la primera plana mediática. Fue una desgracia. Desde hace años, el arquitecto Marc Trepat reclama un nuevo diseño de estos espacios para garantizar el bienestar de sus usuarios. Hoy hablamos con él.

Usted y su despacho están especializados en diseñar residencias para personas mayores y con dependencias.

Los edificios destinados a atender a personas con dependencias son proyectos especiales. En nuestro caso, tenemos una manera de pensar en la arquitectura que es un poco distinta. Entre otras cosas, porque creo que existen tantas definiciones de arquitectura como arquitectos hay en el mundo.

Personalmente, opino que me ha costado 30 años entender exactamente lo que quiero hacer. Y he definido la arquitectura como aquella disciplina que se encarga del diseño del entorno de las personas con el objetivo de mejorar sus condiciones de vida. No perseguimos ganar premios ni salir en las revistas… Lo que buscamos es que las personas que vivan en nuestros edificios vivan mejor.

No perseguimos ganar premios ni salir en las revistas… Buscamos que las personas que vivan en nuestros edificios vivan mejor

¿Y eso cómo se logra?

De entrada hay que entender que las personas que van a las residencias no suelen ir de manera voluntaria. A menudo llegan ahí porque no tienen otro remedio y porque necesitan recibir cuidados y atención. Por lo tanto, hay que pensar que suelen tener algún tipo de dependencia, ya sea física o mental.

Por otro lado, la longevidad de las personas es cada vez mayor: vivimos cada vez más años, pero también acumulamos algunos problemas, con especial incidencia de las demencias. Me he pasado muchos años viendo cómo tratan estos problemas en los países nórdicos, en Estados Unidos y en Alemania, que son lugares donde las posibilidades técnicas y económicas son más elevadas. Y he querido aprender cosas de ahí que pudiéramos aplicar aquí. He descubierto algunas importantes.

¿Por ejemplo?

Pues, por ejemplo, la importancia que tiene reducir los estímulos negativos de los espacios desordenados, o exceso o falta de luz, o muy densificados o con exceso de ruido.

Lamentablemente, este tipo de espacios abundan en residencias de aquí. Y, además, mucha gente coincide en los mismos lugares, en un ambiente muy institucional y poco cómodo.

Nosotros hemos pensado en reducir justamente estos espacios y distribuir las residencias en unidades de convivencia más pequeñas, como si se tratara de pisos compartidos por parte de diversas personas. Pero siempre en un número alrededor de los 20. De esta manera, reducimos los estímulos que generan la intranquilidad y ansiedad.

Para las personas con dependencias, es importante reducir los estímulos negativos de los espacios desordenados, o exceso o falta de luz, o muy densificados o con exceso de ruido

Crear hábitats más cómodos y apacibles.

Una persona con demencia, por ejemplo, no entiende lo que sucede en su entorno. Y su grado de angustia y de estrés son muy elevados, porque mantienen sus sentimientos, a pesar de que no tengan la facilidad de expresarlos. Si se les sonríe, te sonríen. Pero si les muestras una cara enfadada, se pondrán tensos, porque detectarán el enfado, aunque no sepan qué es lo que lo está causando.

Una persona con demencia no entiende lo que sucede en su entorno, pero mantiene sus sentimientos

Vayamos al inicio. ¿Cómo llegó a practicar este tipo de arquitectura?

Actualmente tengo 60 años y, como arquitecto, he vivido dos crisis muy fuertes. Yo acabé la carrera en 1988 y en 1993 pasó lo que pasó: una gran crisis que llegó a nuestro sector después de los Juegos Olímpicos. Todo cayó de golpe. Por aquel entonces tenía 30 años y un hijo. Y el despacho no progresaba.

Afortunadamente, entré en el Departament de Benestar Social de la Generalitat de Catalunya en la función de inspección. Tuve oportunidad de visitar centenares de residencias de todo tipo. A veces era porque hacíamos visitas técnicas, y a veces porque revisábamos los cuidados. El nuestro era un equipo pluridisciplinar. Ahí entré en contacto con el ámbito geriátrico, aunque por aquel entonces pensé que era una labor que me agobiaba bastante y que yo no me había preparado para acometer. Opté por no presentarme a unas oposiciones a la función pública y volver a la práctica de la arquitectura.

Y volvió.

Fue en 1997. Entre ese año y 2007 hubo un boom de la construcción y nos llegaban muchísimos proyectos para diseñar vivienda. Si nos entraba algún proyecto de residencia, nos lo tomábamos como una especie de premio, pero no salíamos a buscarlos porque eran los clientes los que nos venían a buscar a nosotros.

La segunda crisis por la que pasé llegó en 2011 o 2012. Era el resultado de la de 2007, pero nos llegó un tiempo después, porque llevábamos inercia. Los proyectos escasearon y comenzamos a reducir estructura. Tuvimos que redefinir el tipo de arquitectura que podíamos hacer y, con esa reflexión, llegó la especialización.

¿Y cómo siguió?

Comencé a formarme y a ir a jornadas y eventos de arquitectura especializada en la gente mayor. Vi que había muy poca cosa y que si nadie me enseñaba, yo mismo me buscaría la vida para aprenderlo y enseñárselo a los demás cuando lo hubiera logrado. Contacté con un excompañero de la Administración pública, Josep de Martí, que estaba gestionando una web especializada en el tema (inforesidencias.com). Una de las cosas que estaba promoviendo era la organización de viajes a los lugares del mundo donde se dan las mejores prácticas en la atención a los mayores en residencias. Desde 2016 y hasta 2019 hice cinco viajes a distintos países donde aprendí muchísimo.

Comencé a formarme y a ir a jornadas y eventos de arquitectura especializada en la gente mayor

¿Y actualmente?

En estos últimos años hemos analizado el modelo asistencial de los países nórdicos. Hemos aprendido sus fortalezas y sus objetivos. A partir de aquí hemos aplicado todo lo que hemos podido a nuestro propio modelo asistencial teniendo en cuenta nuestra economía y nuestra cultura mediterránea.

Actualmente tenemos un modelo propio y estamos convenciendo al sector asistencial del país de que las unidades de convivencia son viables. Y ha sido difícil.

Hemos analizado el modelo asistencial de los países nórdicos. Hemos aprendido sus fortalezas y sus objetivos

¿Por qué?

Porque una cosa es saber cómo tiene que ser una residencia para que ofrezca calidad de vida a sus habitantes y otra bien distinta es lograr que se apueste por este modelo.

A pesar de que se diga que las residencias son un gran negocio, la realidad es que dan muy poco beneficio y que son de muy difícil rentabilización. Cuesta mucho esfuerzo, tiempo y dinero gestionarlas y si les explicas que quieres reducir las unidades, los propietarios lo ven como una manera de reducir los ingresos. No creen que sea viable.

Aunque se diga que las residencias son un gran negocio, la realidad es que dan muy poco beneficio y son de muy difícil rentabilización

¿Y cómo lo logra?

Ante la duda, lo único que puedes hacer es convencerles. Nosotros tuvimos que buscar formas creativas para lograrlo a través de la remodelación de espacios preexistentes, de manera que no les hiciéramos perder ingresos a las residencias y, en cambio, hiciéramos ganar calidad de vida y funcionalidad a las personas que vivían allí. Utilizamos, por ejemplo, tabiques móviles que permitían crear ese tipo de espacio aislado del que hablamos hace un rato.

A todo esto vino la pandemia y las residencias entraron a formar parte de las primeras páginas de los periódicos y los noticiarios. De manera que todo lo que habíamos estado trabajando todos estos años se convirtió en algo normativo.

Estos espacios que diseñan ustedes están orientados a reducir ese estrés.

Y también sabemos que si estas personas están más tranquilas, necesitan menos farmacología. Y que, como consecuencia, las personas que les asisten mejoran las actividades profesionales de atención. Ese es nuestro objetivo, mejorar la vida de todas las personas, residentes, asistentes y familias.

¿Y esos principios de construcción servirían para cualquier otro colectivo?

Deberían ser aplicables al 100% de la población, ya sea en oficinas, en calles, en escuelas o donde sea. Lo cierto es que hay que poner a la persona en el centro del diseño. Si haces una calle, o un hospital, o un cualquier edificio, tiene que ser para la persona.

Pero lo cierto es que la gente mayor constituye un perfil un poco más estandarizado y sus necesidades como colectivo son menos diversas que si se tratara de las de usuarios de viviendas, porque en este último grupo hay todo tipo de gente, de todas las edades y con formas de vida diferentes. Poner a la persona en el centro del diseño es más sencillo en ciertos tipos de edificaciones que en otros. Pero en el caso de las residencias geriátricas es fundamental.

Poner a la persona en el centro del diseño es más sencillo en ciertos tipos de edificaciones que en otros. Pero en el caso de las residencias geriátricas es fundamental

¿Dónde queda la estética en este tipo de construcciones?

La funcionalidad y la estética deben combinarse. Ambas cosas son fundamentales y deben convivir. Una de las mayores funcionalidades es la de lograr un entorno lo más doméstico posible, así que los materiales que escojas tienen que ser de fácil limpieza y mantenimiento. A la vez tienen que dar una imagen que permita concebir que aquel espacio recuerda a un hogar y que te haga sentir a gusto, no extraño. Por lo tanto, pensamos más bien en materiales que recuerden a la madera, o en colores que no sean estridentes.

Otro tema importante es saber combinar las reflexiones de la luz entre distintos planos verticales y horizontales, porque las personas que tienen dificultades visuales deben evitar darse golpes contra una pared.

¿Por qué tiene que ver eso con la reflexión de la luz?

Porque si los suelos y las paredes se parecen mucho en el color, las personas con dificultad de visión no saben dónde comienza uno y termina el otro y pueden tener dificultad a la hora de andar o apoyarse. Por la misma razón evitamos utilizar pavimentos que brillen, porque con una contraluz hasta el suelo puedes llegar a generar la sensación de que hay un agujero. Las personas con dificultades visuales adquieren miedo e inseguridad y van pegadas a la pared para desplazarse. Nuevamente, se genera estrés. Y queremos evitarlo.

¿Las empresas constructoras entienden esos conceptos?

Cada vez son más sensibles. Pero normalmente no es un problema para ellas, porque este tipo de características suele venir muy bien definido en el proyecto arquitectónico y ellas colocan los pavimientos que han sido designados. El trabajo de estas empresas, hay que recordarlo, es construir, no diseñar.

Cuanto más económico, mejor para el cliente. Pero también está la cuestión de la calidad. ¿Cómo compiten las promotoras hoy en día?

Depende. Al final, todas las cosas tienen su precio. Y la capacidad de una constructora para defender un precio bajo depende de su capacidad de resolver los problemas de la obra, o por hacerla en menos tiempo que su competencia, o para encontrar alternativas de producción más económicas.

Creo que no solo importa confiar en las personas, sino en las capacidades que puedan tener. Tú puedes encontrarte trabajando con una constructora muy grande, con muchos recursos, pero que no los pone a disposición del proyecto, sino que se los guarda para sí.

La capacidad de una constructora para defender un precio bajo depende de su capacidad de resolver los problemas de la obra

Pero la inflación actual afecta a los materiales de construcción.

Mucho. Y si trabajas diseñando y construyendo viviendas, es relativamente sencillo aumentar el precio de venta al público y trasladar el coste al cliente final. Pero en las residencias eso no es posible.

Y entonces, ¿cómo lo hacen?

Pues peleando muchísimo. Hemos tenido que reducir el uso de según qué tipo de materiales que habíamos empleado en proyectos anteriores. Por ejemplo, tenemos que poner aislamientos algo más económicos, que también garantizan la sostenibilidad, o buscar estructuras más sencillas.

Así las cosas, cuando los costes aumentan un 15% o un 20%, es muy complicado bajar el presupuesto tanto, y al final no tienes más remedio que colaborar con la empresa constructora para que busque lotes de materiales que estén a un precio más económico. No es nada fácil.

Socio director de BTA (Batllori & Trepat Arquitectos), Marc Trepat es un arquitecto especialista en el diseño de proyectos de espacios para personas mayores o con necesidades asistenciales. Entre 1993 y 1997 fue inspector del departamento de Benestar Social de la Generalitat de Catalunya y conoció la realidad de estos centros y su evolución en los últimos 30 años. Se ha formado, y mucho, en las necesidades específicas de personas con dependencias. Actualmente defiende un modelo propio, inspirado en lo aprendido en los países más avanzados del mundo.

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