RSC y objetivos de negocio: más allá de la filantropía

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La empresa es tan sensible como un sismógrafo a los movimientos de la sociedad, y esta reacciona y condiciona los de aquella. No son para nada compartimentos estancos y nunca lo han sido. Es así desde los orígenes del libre mercado. Ya el padre del capitalismo moderno, Adam Smith, identificaba la importancia de la responsabilidad social como motor del liberalismo. Según el economista Aldo Olcese, “fue el primero en hablar del interés privado como herramienta para generar interés público”, lo que lo convierte en precursor de la moderna Responsabilidad Social Corporativa.

Este concepto está experimentando una reformulación en los últimos tiempos. Durante décadas, la RSC se ha relacionado con la filantropía o las donaciones, pequeñas acciones para revertir en la sociedad los beneficios empresariales a través de actuaciones aisladas. En los años 50 es cuando se empezó a instaurar esta área en las grandes corporaciones, pero su filosofía corría paralela a los objetivos de dirección, aunque sin atravesarlos.

Invertir en RSC para ganar el futuro

Las nuevas tendencias en RSC empiezan a colocar los objetivos y las estrategias sociales en el centro del negocio o, al menos, conecta de manera transversal todos los procesos y áreas. Muchas son las empresas surgidas al calor de la RSC cuyos principios se alinean totalmente con la sostenibilidad, el comercio justo, los derechos humanos o la ética. Otras ya existentes han ido tomando cartas en el asunto y privilegiando la responsabilidad social.

Para los expertos, no hay otro camino que colocar la RSC en el centro de las actuaciones y apostar decididamente por la transformación que demanda la sociedad. Solo así los objetivos de negocio podrán converger con los nuevos valores de sostenibilidad y comercio justo. Esto implica invertir en Responsabilidad Social del mismo modo que han hecho las compañías con la digitalización: una inversión importante y una apuesta decidida para maximizar la competitividad en el futuro.

Un objetivo por cada parte de la cadena

Los usuarios tienen más capacidad de acceso a la información y opinión crítica que nunca. No valen medidas cosméticas de cara a la galería. Hoy en día se aplaude y se fomenta una implicación mayor con los objetivos sociales. Las propias empresas, asumiendo la importancia de la transparencia en este asunto, ponen en valor sus aportaciones a un proceso de producción sostenible.

La nueva RSC aspira a intervenir en toda la cadena de fabricación y suministro. Se pueden reducir costos energéticos, en agua y materias primas, fomentar la sostenibilidad en cada una de las áreas implicadas, ampliar el campo de la Economía Circular, apoyar la producción local, los salarios justos, etc.

Claves para maximizar los KPI sociales

Los KPI de las empresas no hablan solo el lenguaje de los números. Ya son muchas las compañías que incluyen objetivos de RSC en sus planes e integran esta área en sus equipos de dirección. Estas son algunas claves para hacer de la Responsabilidad Social un activo:

Inversión: La RSC requiere una implicación decidida que se demuestra apoyando acciones independientemente del costo para recibir beneficios sociales y de alineamiento con los intereses de los usuarios.

Transparencia: ¿En qué y cómo ayuda mi empresa al planeta y a la economía social? El acceso a la información es enorme actualmente. No vale decir que somos “verdes” y tratar de ocultar nuestra aportación.

Oportunidad: La economía circular y el desarrollo sostenible deben ser vistos como un aliado de la operatividad y viabilidad empresarial. Además, hay que poder captar las oportunidades de la RSC en cada fase del proceso de producción.

Pedagogía: Las empresas tienen un gran impacto social y cuentan con un altavoz de primera. Es importante que sepan comunicar sus aportaciones para fomentar la sostenibilidad en todos los ámbitos y entre sus clientes y proveedores.

Evaluación: Los objetivos sociales entran ya en la cuenta de resultados. Es importante poder monitorizarlos y sacar conclusiones para analizar qué se ha hecho y qué se ha conseguido y actuar en consecuencia.

El círculo virtuoso de la RSC

Los ejecutivos de Responsabilidad Social Corporativa saben que la mejor manera de hacer efectivos los cambios es que la cultura del desarrollo sostenible cale en todos los departamentos y en la visión estratégica de la compañía. Se trata de articular una cultura, más que de promover acciones concretas. Incluso aunque contemos con todo un plan elaboradísimo, no es suficiente si no hay implicación. La RSC exige su silla en los consejos de dirección.

La ciudadanía puede fomentar la confluencia de las empresas con los objetivos sociales, tanto como las empresas pueden educar al cliente en hábitos más sostenibles. Entre ellos se generará una dinámica de círculo virtuoso donde entran todos los implicados. Por ejemplo, los proveedores. La presión de las compañías a las que suministra ayuda a sumarlos a nuevos modos de hacer y producir. De esta manera, toda la cadena se convierte en propagandista hacia el interior y el exterior de valores de reciclaje y circularidad, comercio justo, derechos humanos y desarrollo sostenible.

La RSC debe, además, integrar todo tipo de empresas. Las grandes han ido invirtiendo y amoldándose a las demandas sociales en materia sostenible o de diversidad, pero las pequeñas y medianas empresas pueden sumarse en su esfera a los objetivos de hacer un mundo más justo y viable.

Fuente: EAE Business School

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