Xavier Triadó

Profesor y Vicerrector de Transformación Digital de la UB

500 grados universitarios

©FeedbackToday/Nacho Roca

«Los jóvenes están a un clic de cualquier cosa, y si no les interesa lo que dices, se van a otra parte»

La universidad debe ayudar a la gente a utilizar conocimientos de manera integradora, defiende el Dr. Triadó
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A pocos días del inicio del curso académico, nos hemos citado con alguien que lleva 30 años dedicado a investigar, enseñar, innovar y gestionar en la Universitat de Barcelona. Xavier Triadó nos explica algunas de las transformaciones por las que pasa esta institución actualmente.

Cómo vicerrector, ¿podría explicarnos la fotografía actual de su Universidad? 

La nuestra es una entidad muy importante dentro del sistema educativo. Todo lo que hacemos aquí marca tendencia y tiene un gran impacto sobre lo que hacen en otras universidades. También tenemos un profesorado muy amplio y desarrollamos mucha investigación. Aunque es necesario ponerse al día: cuando nuestro equipo de gobierno llegó al rectorado hace unos meses, teníamos claro que esta institución, y el sistema universitario en general, necesitan cambiar en algo.

Todo lo que hacemos en la UB marca tendencia y tiene un gran impacto sobre lo que hacen en otras universidades.

¿En qué?

Pues en que tenemos que hacer que la universidad esté al servicio de la sociedad, no al margen de ella. A veces parece que vivimos en un mundo aislado, como si estuviéramos centrados en el siglo XIX. Pero lo que necesitamos es estar en el siglo XXI, liderando el cambio. Tras la pandemia, la sociedad no es la misma que antes. Los alumnos necesitan otras cosas. Los profesionales y los investigadores, también. Hay que transformar la sociedad transformando la universidad.

Tenemos que hacer que la universidad esté al servicio de la sociedad, no al margen de ella.

Hablemos de transformaciones, pues. ¿Cree que las clases presenciales han dejado de ser el paradigma dominante?

La cuestión es que hay conocimientos que no requieren de clases magistrales. Seguro que los alumnos pueden llegar a esos mismos conocimientos de manera asíncrona, así que lo que deberíamos hacer es pensar cómo ponérselos a su alcance para que, cuando estuvieran preparados, pudieran acudir a una clase presencial donde aprender a ver un poco más allá o descubrir nuevos retos. Lo cierto es que sigue habiendo clases magistrales repletas de gente, porque ayudan a pensar.

La cuestión es que hay conocimientos que no requieren de clases magistrales.

Usted hace años que se dedica al mundo académico. ¿Se veía trabajando en esto, cuando era estudiante?

Al acabar la carrera de Económicas, me planteé trabajar en el mundo de la empresa. Pero me ofrecieron la posibilidad de quedarme en la universidad y pensé que era una buena opción para cambiar las cosas. Lo que yo quería era contribuir a la reflexión para el cambio y trabajar con gente joven. Dentro de la universidad siempre me han ofrecido responsabilidades como las de jefe de estudios, director del Área de Gestión y Dirección de Empresas, director de turismo en el CETT (Escuela de Hostelería y Turismo), etcétera. 

Además, llevo 12 años en el Instituto de Desarrollo Profesional, donde ofrecemos formación continuada a todo el profesorado para que esté al día y no se quede solo en lo que aprendió durante su formación… Los jóvenes están a un clic de cualquier cosa, y si lo que les dices no les interesa, se marchan a otra parte. Tenemos la responsabilidad de ayudarles a reflexionar sobre la sociedad que quieren.

También es el responsable de la Transformación Digital de la universidad. ¿Cuál es su hoja de ruta?

Más que nada debemos transformar la cultura digital. Mire: utilizar Zoom o cualquier otra aplicación parecida no es transformación digital. De lo que se trata es de saber por qué utilizar estas herramientas, cómo y con qué intención. Y, sobre todo, saber qué es lo que se puede lograr colaborando entre muchos con esa herramienta. La transformación digital también tiene un gran reto en cuanto a la personalización…

Utilizar Zoom o cualquier otra aplicación parecida no es transformación digital. De lo que se trata es de saber por qué utilizar estas herramientas, cómo y con qué intención.

¿A qué se refiere?

A que a los docentes se nos valora más por la investigación que hacemos que por la docencia y, a veces, no podemos atenderla como quisiéramos. Creo que la transformación digital nos facilitará llegar a las personas de una manera más cercana y sistemática. A muchos de los que estamos aquí enseñando nos preocupa lograrlo.

La transformación digital nos facilitará llegar a las personas de una manera más cercana y sistemática.

Dicen que va a llegar una gran cantidad de dinero europeo para temas como la transformación digital. ¿Qué esperan hacer con él?

Pues lo cierto es que hay mucha gente que está esperando ese dinero, así que va a ser un poco como la ‘pedrea’ de la lotería de Navidad: será mucho, pero no le va a tocar una gran cantidad a nadie. Esta universidad es enorme: tiene 70.000 personas en total, unas 50.000 de ellas son estudiantes, y hay muchos espacios que no se han adecuado en años. Así que nos pasará con ese dinero como con el agua cuando se riega un terreno muy grande: por mucha que viertas, poca llegará al fondo.

(Los fondos europeos) serán como la ‘pedrea’ de la lotería de Navidad: será mucho dinero, pero no le va a tocar una gran cantidad a nadie.

Interesante reto, en todo caso.

Hay un par más. Uno es el de diagnosticar cómo estamos. Cuando hablamos de digitalización hablamos, también, de competencias parecidas a las que se tienen al hablar idiomas extranjeros. Es decir, que cada persona tiene sus propias capacidades. Hay personas que enseguida aprenden el idioma y otras a quienes les cuesta más. Y hay que ayudar a todos. Por ello estamos diseñando unas encuestas que nos ayuden a entender mejor cómo ayudar al profesorado a avanzar. 

¿Y el otro?

Las bibliotecas. Son un recurso importantísimo para los investigadores. Y estamos buscando el modo de poder publicar en abierto, para que las revistas no tengan que ser de pago para poder acceder al conocimiento. Lo llamamos “acuerdos transformativos”. No solo se trata de pagar por leer, sino por publicar. Y una vez publicado el artículo académico, que quede al alcance de todos y el conocimiento no tenga barreras.

En la mayoría de los rectorados españoles, una parte de la decisión ha sido delegada al alumnado. Ese es un cambio importante, ¿no cree?

Al igual que todos los colectivos implicados, el alumnado tiene una parte ponderada del voto. Son personas que, en su mayoría, suelen estar durante cuatro años en la universidad y, justamente cuando están más integrados en ella, se tienen que marchar. Creo que debemos atenderles bien, porque si dejamos a los alumnos al margen, desaparecen de la decisión o hacen intervenciones críticas desde el desconocimiento. Una parte importante de mi trabajo, dado que estoy en diversas comisiones con alumnos, es hacer que entiendan los problemas y que nos ayuden desde su visión, que es muy interesante.

Hay quien critica que hay un exceso de oferta formativa universitaria. Demasiados grados, demasiados estudiantes y, curiosamente, mucha demanda de oficios sin cubrir. ¿Quién debería solucionar esto?

El futuro deberemos gestionarlo entre todos. También desde la política. Actualmente tenemos más de 500 grados universitarios donde elegir… si uno se va a un restaurante a comer y de menú le dan a elegir entre 500 platos, seguro que se pierde. Creo que deberemos poner racionalidad y orientación para resolver esto. Incluso desde los institutos, durante las tutorías, se debería poder hacer algo. Muchos de los alumnos entran en una carrera y se encuentran con que no es lo que esperaban. Entonces cambian de carrera o comienzan a ausentarse.

El reto es dar buena orientación. Y luego buen seguimiento. En los institutos de secundaria hay un gran cuidado por acompañar a los alumnos, pero cuando llegan a la universidad se tienen que hacer responsables de las cosas ellos mismos. Y no todos saben cómo hacerlo.

Se supone que la universidad también debería estar preparando a los profesionales del futuro. ¿Cuáles serán las habilidades que necesitarán?

En el mundo no hay retos simples. En biomédica, por ejemplo, cualquier problema suele conjugar aspectos biológicos, legales, económicos, éticos… Como universidad lo que debemos hacer es “estructurar las cabezas”. Es decir, debemos ayudar a la gente a pensar de una manera integradora. ¿Por qué no enseñar a las personas a trabajar en equipos con enfoques integradores, en vez de compartimentar el conocimiento?

Creo que las personas críticas son las más capaces de entender las relaciones que existen entre los elementos de un problema, y también las más capaces de saber qué hay que potenciar en cada momento.

Otra de las cosas que puede haberse visto afectada por la pandemia son los programas de intercambio. ¿Es bueno que la gente se vaya a estudiar fuera?

Creemos que ir al exterior enriquece muchísimo a nuestro alumnado y es algo que promovemos. Conocer otros lugares, contextos y formas de pensar es beneficioso. Vuelven distintos: ven las cosas de una manera más integrada, entienden nuevas culturas e idiomas…

Pero sin embargo, muchos científicos tienen que marcharse al extranjero para ganarse la vida, a pesar de formarse aquí.

No siempre tenemos la posibilidad de retener el talento. Muchos de nuestros investigadores acaban yéndose a trabajar a Inglaterra porque aquí no les podemos pagar. Es una cuestión política. Otro reto.

Dirige el Master en Gestión Económica de Entidades Deportivas, un programa que se inició en 1991, antes de los Juegos de Barcelona. ¿Qué les motivó a ponerlo en marcha?

La intención inicial, que mantenemos actualmente, era ayudar a las personas que estaban en el mundo del deporte a ser mejores profesionales. Había practicantes y amantes del deporte que necesitaban unos mejores conocimientos en economía y empresa para poder sacar adelante sus propios proyectos.

Al principio se trató de un curso de extensión universitaria, que no tenía apenas requisitos de acceso. Pero al cabo de dos años vimos que nos venían muchos licenciados y lo convertimos en un postgrado, manteniendo la posibilidad de que un 10% de los alumnos proviniera del mundo profesional. Diez años después creamos un segundo máster. En cualquier caso, siempre hemos intentado promover la emprendeduría y la aplicación práctica de los conocimientos. Una de las cosas que pedimos a los alumnos es una tesina que lleve a los alumnos a estudiar y desarrollar procesos que puedan implantarse en la sociedad. De ahí nació, por ejemplo, la Media Maratón de Sabadell, o empresas dedicadas a distintas cosas.

En muchas disciplinas deportivas, los practicantes se retiran a los 35 años. ¿Qué pueden hacer, a partir de entonces?

Pues, por lo pronto, invitamos a que esas personas accedan a nuestra extensión universitaria. No somos excluyentes y para eso tenemos un precio público muy asequible, porque no queremos ganar dinero con ello. Aquí tenemos a gente que ha estado en el Centro de Alto Rendimiento deportivo de Sant Cugat, o que han estudiado INEF, o que han terminado su vida deportiva. Les ayudamos a integrarse en una vida que desconocen y que es ajena a la de la competición y al deporte. También tenemos un convenio con la Asociación de Antiguos Jugadores del Barça para que algunos de ellos puedan emprender con nosotros.

Xavier Triadó es doctor en ciencias económicas y empresariales. Profesor titular de universidad, adscrito al Departamento de Economía y Organización de Empresas, en el Área de Economía y Organización de Empresas de la Universitat de Barcelona. También es responsable del Área de Gestión y Dirección de Empresas, así como director de diversos másteres y postgrados, entre los que destaca el de Gestión Económica de Entidades Deportivas. Durante más de 30 años ha sido un promotor de la innovación educativa en la entidad y un activo gestor de la misma. Actualmente es el vicerrector de Transformación Digital de la Universidad y dirige su Instituto de Desarrollo Profesional.

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