Informes verdes: cómo medir la sostenibilidad 

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Informes verdes

Las cero emisiones netas y el desarrollo sostenible son objetivos ambiciosos. ¿Cómo se abordan desde la perspectiva de Contabilidad y Control? En esta entrevista, Gaizka Ormazabal, titular de la Cátedra Grupo Santander de Dirección de Instituciones Financieras y Gobierno Corporativo del IESE, arroja luz sobre el tema. Lo hace a partir de su investigación sobre informes de sostenibilidad y otras iniciativas ambientales, sociales y de gobierno (ESG, por sus siglas en inglés).

Antes de la cumbre COP26 recomendó, junto a otros académicos destacados, hacer obligatorios los informes sobre emisiones de carbono en el camino a las cero emisiones netas. ¿Por qué?

Reducir las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI) hasta lo más cerca posible de cero para 2050 requiere medir las emisiones desde este momento, e informar sobre ellas. Medir e informar parecen tareas mundanas, pero son extremadamente importantes para avanzar. Aquí estamos, en 2022, y la gran mayoría de las empresas que cotizan todavía no reportan sus emisiones de carbono. Entre las demás, las tasas son aún más bajas.

Por ello, propusimos hacer obligatoria la divulgación de las emisiones de carbono en todo el mundo, pero centrándonos únicamente en las emisiones directas, aquellas que provienen de las instalaciones de una empresa (las conocidas como Alcance 1 del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero). Excluimos así las emisiones indirectas, aquellas relacionadas con el consumo de electricidad de la empresa (Alcance 2) o con su cadena de suministro (Alcance 3). La verdad es que pensamos que sería demasiado complicado obligar a las empresas a informar de sus emisiones indirectas, de momento, y que la divulgación obligatoria del Alcance 1 haría, al menos, que las empresas comenzaran a elaborar informes.

Eso parece sencillo. ¿Hay resistencia?

Sí. Tenemos que reconocer que para una empresa es costoso elaborar informes sobre semisiones. Los directivos tienen que aprender a hacerlo correctamente en cuanto a los procedimientos contables, que no son triviales, y en cuanto a un componente técnico, como ocurre con la información financiera. Además, las divulgaciones sobre el carbono pueden tener consecuencias reales en el mercado, afectando las valoraciones de las empresas. Algunas no quieren hacerlo porque sus emisiones son altas; razón de más para obligarlas y aumentar los incentivos para que hagan limpieza en sus operaciones.

¿Cree que veremos divulgaciones obligatorias? ¿Están preparados los directivos?

Con más y más presión procedente del mundo académico y la sociedad en general, así como de los inversores de Wall Street, esa es la dirección en la que nos dirigimos. Sucederá más pronto que tarde.

Para los directivos, es un gran problema. La introducción de cualquier regla de divulgación lo es, en general. Siempre hay quejas y consecuencias no deseadas. Para implementarse a nivel mundial, una regla así requerirá una buena coordinación. Con los desarrollos geopolíticos recientes, los que toman las decisiones han desviado su atención a otros temas. El mundo no está muy bien coordinado, pero tengo esperanza.

Pasando a los aspectos sociales y de gobierno corporativo, ¿qué puede decirnos de otro artículo suyo coescrito con su colega del IESE Pietro Bonetti, sobre cómo incentivar la inversión internacional gracias al papel de los expertos en gobierno corporativo?

Estudiamos una iniciativa en el sudeste asiático para promover la inversión extranjera y el desarrollo. Conocida como Corporate Governance Initiative, fue lanzada en 2011 por el Asian Development Bank y el ASEAN Capital Markets Forum (ASEAN significa, por sus siglas en inglés, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, y sus miembros son: Brunei, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam). Básicamente, es una lista de las principales empresas que, según evaluadores independientes, cuentan con las mejores prácticas de gobierno corporativo.

Los cuadros de mando de gobernanza y los datos que intervinieron en la creación de la lista de las 50 mejores no se divulgaron al público en general. Nos involucramos en el proyecto a través de un contacto del IESE: el profesor visitante Jesús (Jess) Estanislao, un economista que había trabajado en el Gobierno de Filipinas. Gracias a que nos puso en contacto con los reguladores y otras personas relevantes en el sudeste asiático, obtuvimos un acceso especial a los datos protegidos que utilizamos para el estudio.

Demostramos que la lista es una poderosa herramienta para la inversión internacional. A las empresas de la lista les fue mejor en el comercio, y atrajeron a más inversores de todo el mundo. Impulsar la inversión es clave para el desarrollo regional, y fomenta cambios positivos en la gobernanza de las empresas que desean mejorar en la clasificación.

Eso subraya la importancia del gobierno corporativo.

Sí, la investigación tiene un mensaje fuerte y positivo. También muestra que hay una demanda de ese tipo de evaluación, independiente y experta, de las prácticas de gobierno corporativo. La lista sirve como una especie de certificado.

¿En qué más trabaja?

Tengo artículos en curso sobre el uso de métricas ESG en contratos de compensación, sobre la contabilidad de los derechos de emisión de carbono, sobre la demanda de los inversores de información corporativa sobre el riesgo climático, y, acerca del green premium, sobre objetivos de adquisición.

¿Qué problemas de contabilidad le preocupan?

Existe un debate sobre si los números contables son menos informativos ahora que en el pasado. En los balances y cuentas de resultados de las empresas, las cifras contables puede que signifiquen menos porque tenemos una nueva economía, que se basa más en el capital humano y los intangibles, alejándose de los activos y las inversiones fijos.

Ese es un debate importante, debido a nuestro conservadurismo contable tradicional y las preguntas sobre las mediciones del valor razonable. Seguir un principio de prudencia o precaución tiene sentido por muchas razones, pero tiene limitaciones: no puedes poner algo en tus libros si es incierto o no lo suficientemente tangible, pues el auditor no lo permitirá.

¿Deberíamos hacer la contabilidad menos conservadora para adaptarnos a nuestra nueva economía? La contrapartida es que los números pueden ser más relevantes, pero también menos confiables, porque se basan en estimaciones y suposiciones sobre el futuro. Para contabilizar mejor los activos intangibles o la incertidumbre, necesitamos otro sistema de información más allá del sistema contable actual.

¿Nos dirigimos hacia un sistema de este tipo?

Las iniciativas de sostenibilidad y ESG ciertamente nos están moviendo en esa dirección. Muchos dicen que deberíamos considerar un horizonte mucho más largo que el actual para el rendimiento financiero. Dado que la sostenibilidad es muy prospectiva, es difícil de medir. ¿Cómo podemos hablar concretamente de riesgo climático cuando no sabemos en qué podría materializarse dentro de 10 años? ¿Quién sabe cuándo habrá algún tipo de desastre? Cuando hablas de lo social, bueno, algunos aspectos son aún más difíciles de medir que en el medio ambiente. Mirar hacia el futuro complica mucho las cosas y plantea muchos desafíos. De eso trata la contabilidad en este momento.

Además de eso, ¿cómo debemos regularlo? ¿De qué debemos obligar a las empresas a informar? Es decir, de entre los millones de cosas que pueden ser importantes, ¿qué debería divulgarse?

Dada la amplitud del tema y las múltiples dimensiones en juego, no sorprende que los que establecen los estándares y los reguladores aún no hayan llegado a ningún acuerdo. Es difícil predecir cómo terminará todo, así que hay mucho material que analizar.

+ INFO: «Mandatory corporate carbon disclosures and the path to net zero«, de P. Bolton (Columbia), M.T. Kacperczyk (Imperial College London), C. Leuz (Chicago Booth), G. Ormazabal (IESE), S.J. Reichelstein (Mannheim y Stanford) y D. Schoenmaker (Erasmus Rotterdam).

«Boosting international investment: the role of expert assessments of corporate governance» de G. Ormazabal y P. Bonetti.

Fuente: IESE Insight

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