Inflación: cómo te afecta la subida de los precios

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En las calles, en el telediario, en la prensa… La palabra “inflación” ha pasado a ser de uso corriente aunque muchos no entiendan su significado real. Hasta hace poco, era un término que apenas salía de los círculos económicos y no despertaba una sensación de amenaza en Europa. En los últimos meses, en cambio, nos hemos ido familiarizando con sus efectos.

Desde finales de 2021, la inflación ha ido creciendo de manera inexorable en las principales economías del mundo. En la Eurozona se sitúa ya en el 8,6%, cifra similar a la de Estados Unidos; en España supera el 10%. Pero, ¿qué significa una inflación elevada? ¿Cómo afecta a las empresas y a la economía doméstica? ¿Cómo puede combatirse?

1. ¿Qué es la inflación?

Según el diccionario Oxford, la inflación es un “proceso económico provocado por el desequilibrio existente entre la producción y la demanda; causa una subida continuada de los precios de la mayor parte de los productos y servicios, y una pérdida del valor del dinero para poder adquirirlos o hacer uso de ellos”. El desajuste entre lo que se produce y la cantidad de dinero en el mercado es la causa de la inflación.

La inflación por sí misma no es mala. Los expertos indican que por debajo del 2% es saludable y beneficia al ciclo de la economía. Ahora bien, por encima de ese índice el dinero empieza a perder valor. Pasa lo mismo cuando se produce el caso inverso, la deflación, una disminución prolongada de precios.

Varios han sido los desencadenantes de la actual situación. La inyección de dinero en el mercado durante la pandemia se ha topado con problemas en la fabricación y logística de suministros desde entonces, por lo que la producción y la cantidad de dinero se han desajustado y acabamos pagando más de lo que recibimos. A esto se suma posteriormente la crisis energética y de suministros desencadenada por la invasión de Ucrania por parte de Rusía.

2. ¿Cómo pueden combatirla los bancos centrales?

a) Coeficiente de caja:

Para evitar que la cantidad de dinero que se cree sea infinita y garantizar su solvencia a corto plazo, los bancos están obligados a mantener cierto importe sobre los depósitos. Esto obliga a las entidades a reducir el dinero que pueden prestar, pone límites a las hipotecas. A través de este coeficiente, los reguladores pueden controlar la cantidad de dinero en circulación en el mercado. Por ejemplo, con un coeficiente de caja del 1%, el banco tiene que mantener una reserva legal de 1 euro y podrá invertir únicamente 99.

b) Operaciones de mercado abierto:

Se trata de la compraventa de títulos de deuda que hacen los bancos centrales. Una de las primeras medidas adoptadas por el Banco Central Europeo (BCE) cuando la inflación dio la cara fue proponer una reducción del programa de deuda, que se había disparado con la pandemia ante los problemas de liquidez. Con posterioridad, este exceso de dinero en el mercado ha explotado cuando se ha resentido la productividad mundial, lo que obliga a los reguladores a cambiar la estrategia monetaria.

c) Tipos de interés:

Es el más conocido por la gente Se podría definir como el precio que tenemos que pagar por pedir un préstamo. Si sube el tipo de interés, necesitamos más recursos. El tipo de interés se aplica por parte de los bancos a empresas y ciudadanos, pero también por parte de los bancos centrales a los bancos, que acuden a él para financiarse.

Después de décadas sin subir los tipos de interés, recientemente tanto la Reserva Federal americana como el BCE han realizado una subida histórica. Esto hace que el dinero sea más caro y suban los préstamos. Aunque el efecto inmediato es un freno a la inversión y el consumo, los reguladores esperan “pinchar” la inflación desbocada.

3. ¿Cómo afecta la inflación a mi negocio?

La inflación tiene un efecto directo sobre los precios de venta, lo que significa que si podemos aumentar los precios al ritmo que suben los costes, mantendremos los estándares. Pero no siempre es posible repercutir el alza en el cliente y dependerá de la facilidad que éste tenga para buscar alternativas más baratas. En ese caso, será más difícil mantener beneficios.

En la coyuntura actual, todos los costes de producción han subido. Proveedores e inventario tienden a aumentar. Lo que antes costaba 1 ahora nos cuesta 2, de manera que invertir, crecer y endeudarse se hace más complicado. Esto incide en la creación de nuevos proyectos empresariales y en la valoración de las compañías. A la larga, la economía se resiente en su conjunto, ve paralizada su progresión.

4. ¿Y a mi economía doméstica?

Un hogar no funciona de manera muy distinta a una empresa. Las familias son ahorradoras netas y, a su vez, potenciales inversores.

Aún así, dada la situación actual, se aconseja que se haga un mayor esfuerzo para que este ahorro aumente. Poniendo especial foco de atención a las personas hipotecadas, pues son quienes pueden sufrir más riesgos.

El alza de precios repercute en su poder adquisitivo si no se produce un aumento correlativo de los salarios. Actualmente, todo cuesta más caro: alimentación, transportes, restauración, electricidad, etc.

La vivienda, que es el gran refugio patrimonial de las familias, experimenta una bajada ante la subida de tipos de interés. Lo mismo sucede con bonos y acciones. A largo plazo el capital pierde valor, las familias pierden poder adquisitivo, sobre todo si no tienen capacidad de resistir las circunstancias sin vender. Con una economía estructurada y diversificada, sobrevivir a la inflación será mucho más sencillo.

La inflación conlleva pérdida de poder adquisitivo y ralentiza la economía; los banco centrales trabajan en medidas de ajuste que abaraten el precio del dinero.

Artículo elaborado en colaboración con Javier Fernández-Pacheco, Family Banker en Banco Mediolanum y profesor de Finanzas en EAE.

Fuente: EAE Business School

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