Luis Ribó

Cofundador y director de marketing de Circoolar

Uniforme circular

«Hay que cambiar la dinámica a la que nos ha llevado el fast fashion»

Circoolar elabora y distribuye uniformes y ropa de trabajo con criterios 100% sostenibles
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La empresa Circoolar nació hace 3 años, poco antes de la pandemia, de la mano de Luis Ribó y de su socia Celina Tamagnini. Pretenden cambiar el paradigma textil desde el B2B.

Cuéntenos su origen profesional. ¿Siempre se ha dedicado a la sostenibilidad?

Yo provengo del “lado oscuro”, que es como denomino a la publicidad. Pero hace unos 12 o 13 años decidí hacer un cambio profesional importante y me quise dedicar a la sostenibilidad cuando el concepto no era ni siquiera entendido. Cree mi propia consultoría y la hice crecer hasta que conocí a Celina, mi actual socia, y me contó su idea para crear Circoolar. Me enamoré de la posibilidad de crear un proyecto con impacto social y medioambiental. Arrancamos ahora hace tres años.

Me enamoré de la posibilidad de crear un proyecto con impacto social y medioambiental.

¿Cómo venció el miedo a emprender, si lo tenía?

Pues saliendo de la zona de confort. Cuando te das cuenta de que esa zona no te da lo que buscas, te das cuenta de que el cambio es un poco más sencillo. 

También es cierto que te encuentras con otra realidad, con ausencia de comodidades y con muchos retos. Pero como soy de ir siempre hacia adelante, sin dar marcha atrás, aquí estoy.

Crearon Circoolar unos meses antes de la pandemia. ¿Les afectó mucho eso en sus inicios?

Nosotros nacimos en 2019 con la idea de producir y comercializar ropa laboral, especialmente para los sectores de la hostelería y la restauración. Al poco tiempo, como usted dice, todo estaba cerrado. Así que, sí, fueron unas semanas de crisis, en las que tuvimos pensar en qué habíamos hecho y hacia dónde queríamos ir. Nos salvaron las mascarillas.

¿En qué sentido lo dice?

Las mascarillas se volvieron, en esos meses, unos elementos necesarios para la protección de la salud. Pero también veíamos que ponían en peligro el medio ambiente, porque había montones de ellas tiradas por todas partes. Así que, de la mano de un proveedor, apostamos por distribuir mascarillas sostenibles y reutilizables. Eran homologadas, así que protegían bien y además podían utilizarse hasta 50 veces seguidas, con lo que pudimos seguir dedicados a nuestra misión de sostenibilidad. Aquel fue nuestro salvavidas del momento.

Las mascarillas ponían en peligro el medio ambiente, porque había montones de ellas tiradas por todas partes.

Y luego volvieron a la actividad normal.

Al año siguiente, la facturación fue similar. Pero cambió su composición. Las mascarillas dejaron de ser las protagonistas y lo fue la ropa laboral para las empresas que nos habían probado y que habían quedado satisfechas.

Vemos, en su catálogo, que las ropas sostenibles no están reñidas con el estilismo. 

¡Para nada! Aunque hay personas que no conocen el tema y que, de entrada, cuando les decimos que hacemos ropa con polyester reciclado de botellas, piensan que nuestras prendas son rígidas y encorsetadas.

Pero, como podrá observar, nuestros diseños son equiparables a los de la moda convencional. Apostamos por vestir de forma ética, sostenible y responsable, sí, pero también elegante. Y de una manera que responda a los cánones de estilo e imagen corporativa de cada empresa y a los valores que quiera transmitir.

Hay personas que piensan que nuestras prendas son rígidas cuando les decimos que hacemos ropa con polyester reciclado de botellas. No es así.

¿Rivalizan con ustedes los grandes fabricantes textiles?

No. Lo que estamos viendo es que la moda sostenible está creciendo a marchas forzadas en el sector B2C, es decir, con los clientes finales. Ahí se encuentran marcas de referencia que ya hacen una buena labor de concienciación y que cambian los paradigmas de la moda.

Pero en lo referente a moda laboral, todavía hay un nicho de mercado en el que hay camino que recorrer. Por ahora, creemos que todavía se está dando poco valor a la sostenibilidad en el campo de la uniformidad laboral.

Todavía se está dando poco valor a la sostenibilidad en el campo de la uniformidad laboral.

¿En qué se diferencian ustedes de otras opciones también sostenibles, si las hay?

Hay grandes marcas dedicadas a la uniformidad que apuestan ya por materiales sostenibles. Pero carecen de esa vertiente de circularidad por la que nosotros apostamos. Por ejemplo, nosotros trabajamos con talleres de inserción social y empoderamiento femenino, o luchamos contra los residuos textiles que se generan. Y lo hacemos tanto en la fase del diseño, que es “eco”, como en la recogida tras la vida útil. La industria del tejido ha creado una gran amenaza para nuestra sociedad.

Trabajamos con talleres de inserción social y empoderamiento femenino y luchamos contra los residuos textiles que se generan.

¿Tan seria es?

Para que se haga una idea, en España se generaron el año pasado un millón de toneladas de residuos textiles. Es el equivalente a una caravana de camiones de carga larga como desde el centro de Barcelona al centro de Madrid. 

Ante esto, estamos esperando nuevas normativas para 2025, con recogidas selectivas de textiles, o leyes de responsabilidad del productor. El Estado se está poniendo las pilas; las empresas se las tendrán que poner y los consumidores nos obligarán a todos a ponérnoslas.

En España se generaron el año pasado un millón de toneladas de residuos textiles. Equivale a una caravana de camiones desde el centro de Barcelona al centro de Madrid. 

¿En qué materiales desarrolla ustedes la sostenibilidad?

Hay diversas posibilidades. Pero siempre buscamos materiales que sean sostenibles y que tengan gran durabilidad, porque la exigencia a la que se someten las indumentarias laborales es mucho mayor que la que sufren las prendas de calle.

Así que trabajamos con cuatro materiales. Por un lado, el polyester reciclado. En segundo lugar, el algodón que reciclamos de otras prendas preexistentes. En tercer lugar, el algodón orgánico, que se obtuvo con un reducido impacto ambiental en términos de emisiones, energía y agua.

Finalmente, tenemos los materiales provenientes de las mermas sufridas por los grandes productores. De otra manera irían a parar a vertederos o incineradoras, así que las utilizamos nosotros.

Interesante.

Además, como antes le decía, nos preocupa mucho quién y cómo confecciona la ropa. Así que trabajamos con talleres locales que promueven el empoderamiento femenino y la inserción social de personas en riesgo de exclusión.

A veces, cuando tenemos grandes pedidos y los talleres no tienen capacidad de asumirlos, buscamos otros talleres de proximidad en Portugal y Marruecos, pero nos aseguramos de que esas personas tienen unas condiciones de trabajo digno. En el sector hay una especie de esclavismo del siglo XXI que hay que evitar.

Finalmente, dedicamos el 10% de nuestros beneficios a favorecer la labor de los talleres locales, mediante formación y maquinaria, para que puedan asumir proyectos de mayor entidad cada vez.

Dedicamos el 10% de nuestros beneficios a favorecer la labor de los talleres locales, mediante formación y maquinaria.

¿Cuándo piensa usted que el sector adquirirá una plena consciencia sobre la sostenibilidad?

A la larga. Yo creo que son cada vez más las empresas que adquieren compromisos y que dedican presupuesto a ello. Además, se priorizan algunos temas por encima de otros. Hace un tiempo fueron las emisiones de CO2. Luego fue el plástico. Pero en lo referente a residuo textil, poco a poco comenzaremos a ser conscientes del daño que hace la industria. Se dice que es la segunda o tercera, a nivel mundial, que más contamina. Y una de las que más desigualdades sociales genera.

No es un tema de moda o de marketing: hay que actuar y cambiar esta dinámica a la que nos ha llevado el fast fashion. Los clientes y las marcas serán cada vez más conscientes. Y, además, si eres una marca o una persona comprometida, lo lógico es que termines vistiendo como piensas.

Hay quien piensa que ya llegamos tarde a los objetivos de 2030.

Las nuevas generaciones ya han nacido con esta idea en la cabeza. Lo importante es caminar. Poco a poco. Pero moverse. Venimos de dónde venimos y vamos avanzando. Los pequeños cambios son poderosos y a veces hay que empezar sin necesidad de ser tan ambiciosos.

A muchos clientes les decimos que no es necesario que cambien todos sus uniformes. Simplemente, que comiencen por un par o tres de prendas y que luego establezcan un plan gradual. Lo importante es avanzar.

Uno piensa en la gran cantidad de sectores profesionales en los que se utilizan los uniformes. Eso es un gran impacto.

Sabemos que en Inglaterra, uno de cada tres empleados viste ropa laboral. Pensamos que el dato es parecido en España. Además, cada empleado tiene diversas mudas para los distintos días de la semana. El volumen es enorme. Súmele a ello las prendas de merchandising que suelen hacer las empresas para su marketing y eventos…

Sabemos que en Inglaterra, uno de cada tres empleados viste ropa laboral. Pensamos que el dato es parecido en España.

¿Ustedes tienen visión de operar internacionalmente o se quedarán en España?

Por ahora picamos piedra en España. Es un trabajo duro, porque vender sostenibilidad y tratar de cambiar el paradigma es difícil. Pero, por qué no, las miras están en el extranjero también. Hay países como Holanda y Alemania donde la ropa laboral sostenible ya es una realidad desde hace diez o más años.

En Barcelona hay muchos funcionarios y funcionarias trabajando con uniformes. ¿No cree que la administración pública podría hacer algo por convertir esas vestimentas en sostenibles?

Al respecto le haré un comentario positivo y otro negativo. Hemos hablado ya con el Ayuntamiento de Barcelona y con la Generalitat. Y es cierto que cada vez se añaden más cláusulas de sostenibilidad en la contratación de servicios públicos. Esto es bueno y enriquecedor.

Ahora bien, como startup nos encontramos con que, para optar a una licitación, debemos acreditar un nivel de facturación que todavía no tenemos. Así que eso nos impide acudir a ellas, como un pez que se muerde la cola.

Lo bueno es que hace cinco años, nada de esto se movía. Ahora, sí. Comenzamos a caminar, como antes le decía.

Como startup nos encontramos con que, para optar a una licitación pública, debemos acreditar un nivel de facturación que todavía no tenemos.

Lo biodegradable y lo reciclado… ¿son mundos distintos?

La biodegradación de los residuos significa dejarlos abandonados para que desaparezcan poco a poco. El reciclaje es darle una segunda vida. Actualmente aparecen alternativas de textiles biodegradables, pero se dedican al consumidor final. Son tejidos hechos a partir de fibras de coco o piña, para la moda fashion. En la indumentaria laboral todavía no tiene cabida.

Nosotros pensamos que la circularidad comienza desde el principio y no solo cubre el final de la prenda. Hay que considerar, desde el mismo diseño, que no tenga impacto y que pueda ser reutilizada. Esto marcará el tipo de fabricación, los materiales, etcétera. Nosotros podemos ir reciclando algo muchas veces, pero si lo que sale son prendas que duran tres días cada vez, acabaré teniendo residuos. Sin embargo, si hago una prenda que dura tres veces más de lo normal, no generaré tantos.

Ya solo les falta participar en el Fashion Week o en el 080 Barcelona Fashion.

Sería uno de los objetivos. Antes hablábamos de la evolución de la moda. Las pasarelas apuestan cada vez más por la ética y la sostenibilidad. ¿Por qué no puede participar en alguna de ellas una empresa de ropa laboral?

Se hizo profesionalmente en el mundo de la publicidad. Hace 12 años emprendió un fuerte cambio profesional que le hizo abandonar “el lado oscuro” de la industria para dedicarse a la sostenibilidad, con una empresa propia. Conoció a su socia Celina Tamagnini que le contó la idea de Circoolar, una empresa dedicada a crear uniformidades profesionales a partir de principios de circularidad y recuperación. Se enamoró de la posibilidad de crear un impacto social y medioambiental y, hace 3 años, arrancaron el proyecto.

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