Casimir de Dalmau

Director de Operaciones de Phenix Spain

Generando impacto

©FeedbackToday/Nacho Roca

«Cada día se tiraban kilos de comida a la basura y se rociaban con lejía… ¿Cómo era posible?»

Phenix ofrece a los usuarios una app para luchar contra el desperdicio de comida
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En los últimos días de primavera barcelonesa, tenemos la suerte de reunirnos, en un tejado con vistas a la Sagrada Familia, con Casimir De Dalmau. Es el responsable en España de Phenix, una organización concienciada con el problema de la distribución de alimentos.

Según hemos conocido, usted fue consultor en una de las firmas “majors”. Pero cambió el traje y la corbata por la informalidad, una camiseta y el aire libre…

Tras mis estudios universitarios dediqué siete años a trabajar en Deloitte. Fue una gran escuela. Allí aprendí a gestionar proyectos, cumplir objetivos, liderar a personas… Sin embargo, hace dos años sentí que no quería seguir estando en una empresa tan grande y, por otra parte, que quería generar un impacto social que allí no estaba logrando.

Fue entonces cuando Phenix se cruzó en mi camino. En ese momento estaban abriendo su unidad en España y me vine con ellos.

Hace dos años sentí que quería generar un impacto social que allí no estaba logrando.

El nombre de la empresa nos recuerda a la mítica ave renacida del fuego. ¿Cuál es el origen del proyecto?

Nació en 2014, en París. Sus fundadores, Jean Moreau y Baptiste Corval, eran profesionales de sectores completamente ajenos a todo esto, pero les llamaba la atención (y les asustaba) ver la cantidad de alimentos que se desperdician en todo el mundo. Se movilizaron: abandonaron sus trabajos y se pusieron manos a la obra en la búsqueda de una solución al problema, basándose en la tecnología.

Jean Moreau y Baptiste Corval abandonaron sus trabajos y se pusieron manos a la obra en la búsqueda de una solución al problema, basándose en la tecnología.

Es que es un tema grave. El mundo produce más de lo que necesita y, paradójicamente, hay personas que se mueren de hambre.

Moreau y Corval veían como en las puertas de los supermercados se tiraban cada día kilos y kilos de alimentos a los contenedores. Comida que todavía se podía consumir. Pero la rociaban con lejía para que nadie pudiera ir a buscarla … ¿Cómo era posible aquello? Fue de esa paradoja de donde salió la idea y las ganas de buscar soluciones al problema.

Y en su caso, como dice, optaron por la tecnología.

Así es. En España contamos con una aplicación de teléfono móvil. Su objetivo es hacer que cada persona pueda aportar su granito de arena en la lucha contra el desperdicio de alimentos.

¿Y cuál es su funcionamiento?

Fundamentalmente conecta a los comercios de barrio con las personas que tengan la aplicación descargada. Previamente, eso sí, nosotros contactamos con comercios y les explicamos que todo aquello que les sobre y que no quieran poner a la venta al día siguiente, pueden venderlo a través de la aplicación a un precio un poco reducido.

De esa manera, el comerciante tiene la posibilidad de dar una salida a una mercancía que, de otra manera, se echaría a perder o se tiraría a la basura. Y, por otro lado, un usuario que esté geolocalizado con su aplicación, puede encontrar comercios cercanos que hacen ofertas. En ese caso, puede comprar productos fácilmente, con solo dos clics, e ir a buscarlos a ese establecimiento.

Además de la aplicación, no obstante, también tienen otras soluciones en marcha.

Así es. También trabajamos las donaciones de alimentos. De hecho, esta es la actividad original de Phenix en Francia y, todavía, sigue siendo la principal. Es como una especie de banco de los alimentos. Nosotros hablamos con grandes superficies comerciales y les decimos que nos donen todos aquellos productos que suelen tirar cada día, porque se les caducan o por la razón que sea. Son productos que no se pueden vender, cierto. Pero sí se pueden comer.

Nosotros los recogemos y, por otra parte, contactamos con las entidades y asociaciones que se dan de alta en Phenix. Les decimos lo que tenemos, ellos hacen sus reservas y nos los vienen a buscar cuando quieren. Con eso reaprovechamos la comida y se la hacemos llegar a gente que la necesita y no puede permitírsela. Por otra parte, la empresa es consciente de que no está tirando nada y, además, se puede desgravar el importe de los productos donados.

La empresa es consciente de que no está tirando nada y, además, se puede desgravar el importe de los productos donados.

Aparentemente, todo son ventajas. ¿Algún comercio tiene miedo de que sus clientes no vayan durante el día, y solo vayan cuando estén los productos rebajados? 

Nos hemos encontrado con alguna pregunta de ese tipo. Pero finalmente cada tienda pone en la cesta los productos que quiere. En ningún caso hemos venido a quitarle el negocio a ese comercio. Nuestro equipo comercial explica bien a esas tiendas lo que hacemos. Y saben que si tienen algún excedente que tengan que tirar, pueden ponerlo a la venta a través de la aplicación. Y si no lo tienen, no lo venden, claro.

Cada tienda pone en la cesta los productos que quiere. En ningún caso hemos venido a quitarle el negocio a ese comercio.

En estos dos años, ¿cómo ha sido su relación con la matriz de la empresa, en París?

Phenix es una compañía que tienen un ambiente de trabajo especial. Le diré que en enero de 2020 nos pusimos en marcha en Barcelona, con un equipo de 5 personas. Pero a los dos meses llegó la pandemia y tuvimos quedarnos todos en casa: nosotros, nuestros usuarios y los comercios, que cerraron las persianas. Así que, de repente, la app quedó huérfana de tráfico.

Aún con eso, la matriz nos ha acompañado en todo momento. Nos hemos adaptado a reunirnos a través de videoconferencias. Hasta que, hace justo un mes, mantuvimos al fin nuestro primer team meeting entre los respectivos equipos de gestión… En París son conscientes de la situación por la que pasamos. A ellos también les ha afectado. Pero tras el confinamiento las cosas nos están yendo muy bien.

A los dos meses llegó la pandemia y tuvimos quedarnos todos en casa: nosotros, nuestros usuarios y los comercios, que cerraron las persianas. La app quedó huérfana de tráfico.

¿Cómo es su equipo? ¿Quién lo conforma?

En Phenix Spain trabajamos 13 personas. Al mando estamos Marilú Tomaselli, que es la directora comercial, y yo mismo. Tenemos un equipo de 8 personas en el departamento comercial, que se reparten entre Barcelona y Madrid. También hay una persona más en Valencia. Finalmente tenemos dos personas más en Marketing y Comunicación.

¿Diría que la sensibilidad de los usuarios es la misma en todas partes?

Es muy parecida en todas las ciudades, especialmente si son grandes. La cuestión de no tirar comida está muy interiorizada. Aparte, al tratarse de una aplicación de teléfono móvil, es algo que gusta bastante. Las cosas nos van bien en Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao y Sevilla.

La sensibilidad de los usuarios es muy parecida en todas las grandes ciudades.

Oiga, a todo esto ¿cuál es su modelo de negocio? ¿Con qué ganan ustedes?

Fácil: somos comisionistas. Nos llevamos un euro por cada cesta que se vende a un cliente. El precio medio en España por cada cesta es de entre 4 y 4,5 euros.

¡Pues les deseamos que vendan muchas!

Tenemos una gran ambición y muchas ganas de seguir creciendo. Y, claro, de generar impacto.

Nacido en Bélgica, hijo de un español y una portuguesa, a los cinco años se instaló con su familia en Barcelona. Se formó en un colegio francés y estudió ADE. Participó en un programa Erasmus y entró a trabajar en Deloitte, donde pasó 7 años desarrollando una prometedora carrera profesional y aprendiendo a gestionar proyectos. Hace dos años tuvo la sensación de que su trabajo, a pesar de ser apasionante, no generaba suficiente impacto social. Por esa razón recaló en Phenix.

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