Presidente de Casesa y multiempresario

Detlef Fahle

 El triunfo del empresario heterogéneo

 "El éxito está en vender las cosas de siempre como si fuesen nuevas"

 Fahle preside Casesa, gestiona negocios hosteleros, negocios inmobiliarios, es piloto, patrón de barco y proyecta invertir en espectáculos de ópera para el gran público.

Martes, 15 de Noviembre de 2005
 Hay hombres de negocios que se concentran durante toda su vida profesional en un solo campo. Estos, son la mayoría. Otros, en cambio, deciden probar un mercado y cuando logran tener éxito, prefieren explotar otro que puede llegar a ser completamente distinto. Sin duda es arriesgado. Pero también emocionante. A este segundo grupo podría pertenecer Detlef Fahle, un polifacético hombre de negocios que ha trabajado en muchos campos y en el que su último proyecto parece el más prometedor de los que ha llevado a cabo. Su entusiasmo lo delata.  
 
“Hace tiempo que los norteamericanos están concienciados de lo necesaria que es la comida sana. Y en Estados Unidos hay una excelente oferta y calidad, no sólo están los fast food."


“El secreto está en hacer familiar aquello que es nuevo. Y no hay riesgo. La gente sabe qué es lo que puede encontrar."


Si haces un restaurante con un nombre muy concreto, la gente no lo conoce. Por ello es mejor hacer algo más uniforme”.


“Me gusta hacer cosas nuevas pero uno debe ser consciente que mantener las empresas puede resultar mucho más costoso que crearlas”


 Vamos a ver. Usted empieza con el boom del turismo en la España de los sesenta...
 
Sí, primero estuve desarrollando un proyecto turístico para un importante touroperador alemán. Cuando se abrió una delegación en Italia, en el Lido de Iesolo, también estuve allí, pero no me gustó, así que regresé a España. Me independicé empresarialmente pero continué con actividades relacionadas con el turismo. 
 
 
¿Como cuáles? 
 
Hice de todo: organicé excursiones a caballo especiales para turistas, excursiones en barco, organizaba fiestas al aire libre con cenas y bailes...
 
 
Hasta que quiso cambiar... ¿Qué le llevó a constituir Cajas de Seguridad S.A. (Casesa)?
 
En el año 1978 vendí todos estos negocios e invertí todo lo ganado en la creación de un proyecto sobre cajas de seguridad. Durante todos los años en que había trabajado en el sector del turismo, me había fijado que los hoteles tenían su propia caja de caudales pero era única, es decir, los huéspedes que tenían objetos de valor debían depositar en manos del encargado correspondiente aquello que querían proteger. Pues bien, creo que por mucha protección que tuvieran, nunca se lograba la total confianza de los clientes. Así que pensé que lo mejor era ofrecer un servicio de cajas fuertes personalizado, con ganancias para el hotel y que además no tuviera que realizar ninguna inversión. 
 
 
Y triunfó...
 
Sí, porque era muy original. Conocía el mercado y conocía a los clientes. Así que aprovechando el auge hotelero que hubo aquellos años, junto con un servicio técnico eficaz, conseguí que en casi treinta años pudiera colocar 44.000 cajas de seguridad instaladas en más de 400 establecimientos hoteleros. Aún hoy, después de tantos años, se utiliza el mismo sistema. 
 
 
¿Qué le hizo expandir negocio? 
 
La rentabilidad de la propuesta y la voluntad de servir a nuevos mercados. A partir de los años 90, nos introducimos en la República Dominicana bajo el nombre de Caseca. Actualmente tiene una oferta muy atractiva. Hay poca competencia y nos encontramos muy a gusto allí. Veo aquella zona con mucho futuro. También estamos en las Antillas y en las Bahamas. Pero en las islas pequeñas no hay tanto mercado como en los países grandes. 
 
 
También expandieron el mercado a Francia ¿Por qué ese país y no otro?
 
Cuando desembarcamos allí, no había nada parecido a lo que hacíamos: el sistema de cajas de seguridad que España tenía desde hacía años allí no lo conocían, así que nos ofrecía un mercado por explotar. Creamos Cofrotel y actualmente tenemos más de 14.000 cajas en explotación conjunta. 
 
 
¿Qué le llevó a aventurarse en un sector tan sobrado como el de la restauración? 
 
Animado por el éxito de las Cajas de Seguridad, decidí ampliar mis actividades, entrando en el negocio de los restaurantes que ya había tratado indirectamente de joven. Abrí hace veinte años un primer local en Benidorm, “El Corral del Pollo”. Admito que el nombre no es muy afortunado porque no sólo hay pollo, pero desarrollamos una fórmula de cocina popular de calidad. Ya sabe, una buena materia prima, elaboración artesanal, grandes locales y cocinado al fuego de leña. Ha sido un éxito y está en plena expansión, con varios locales repartidos por toda España y más de 300.000 clientes.  
 
 
Y ello le ha llevado a preparar tiendas del “take away”...
 
Sí, también tenemos tiendas que venden todos nuestros productos. Y ahora estoy madurando “Comida futura”, una boutique, en la que venderemos comidas de primerísima calidad, envasadas al vacío. Alimentos empaquetados como si fueran cajas de bombones. Será comida casera e irá dirigida a un tipo de público de mediana edad de renta media-alta. Queremos imprimir elegancia. Y ya tenemos preparados unos 30 platos. Es una iniciativa muy novedosa que estará afincada en Barcelona.   
 
 
¿Por qué se ha metido en el terreno de la restauración en los Estados Unidos, un país estigmatizado por su mala calidad alimenticia?
 
Hace tiempo que los norteamericanos empiezan a concienciarse de lo necesaria que es la comida sana. Y en Estados Unidos hay una excelente oferta y calidad, no sólo están los fast food. En este sentido, los tópicos son verdaderos, pero hasta cierto punto. Como en muchas partes, la gente con bajo poder adquisitivo, recurre a este tipo de comida. Pero la gente acomodada o con cierto nivel, tiene tiempo de cocinar y comer sano. 
 
 
La ventaja de este tipo de comida es que los restaurantes son todos iguales... 
 
Sí, y esta es una idea que se puede aprovechar. Que las grandes cadenas son todas iguales, pero en el fondo es lo que la gente prefiere. Siempre nos inclinamos por ir a sitios que conocemos o de los que tenemos alguna referencia. Así que el secreto está en hacer familiar aquello que es nuevo. Y no hay riesgo. Saben qué es lo que pueden encontrar. Si haces un restaurante con un nombre muy concreto, la gente no lo conoce. Por ello es mejor hacer algo más uniforme.
 
 
¿Tiene algún otro proyecto empresarial entre manos? 
 
Soy piloto y mis contactos en el mundo de la aviación me han llevado a plantear la posibilidad de montar alguna cosa en Norteamérica, pero uno que tiene medir sus fuerzas y por el momento, lo descarto. En cambio, en Europa aún no está del todo preparado. Ahora empieza. Pero en cambio he ido diversificando mis actividades: estoy en temas inmobiliarios para crear pequeñas urbanizaciones e invertir en proyectos de índole cultural.
 
 
Es usted un todoterreno...
 
La ópera es mi último gran proyecto. Tengo mucha ilusión y estoy organizando un tipo de espectáculos de ópera de grandes superficies. El objetivo es llevar el espectáculo a Miami. Luego ya veremos. Me gusta hacer cosas nuevas, pero uno debe ser consciente que mantener las empresas puede resultar mucho más costoso que crearlas. 
 
 
¿Y qué prepara más? 
 
Tengo otros proyectos, que desarrollaré con otras personas. Pero también quiero aprovechar mi tiempo libre y navegar mucho en barco.