Periodista de La Contra

Víctor Amela

 El entrevistador entrevistado

 "Entrevisto a personas, no a personajes"

 El periodista de La Contra de La Vanguardia expone su singular visión sobre el mundo de la comunicación y su oficio.

Martes, 15 de Noviembre de 2005
 La Contra de La Vanguardia es uno de esos espacios periodísticos que hacen de los periodistas que lo trabajan, un referente en el noble oficio de informar. La desazón de muchos diarios, redactores y plataformas de comunicación a la hora de buscar historias y contenidos que despierten la curiosidad y aviven el bagaje ilustrativo del lector, ha hecho que La Contra haya despuntado, merecidamente, como una de las propuestas periodísticas de mayor valor de la prensa española. Víctor Amela, es uno de los artífices de este formato de entrevista que toca sensibilidades, aniquila patrones estilísticos anquilosados y enseña. Sobretodo enseña. En enero de 2006 se cumplirán 8 años de esta ventana al mundo, a las personas. Una ventana a la que conviene asomarse, si no día a día, de vez en cuando. Para seguir aprendiendo.
 
"Los que miramos la tele con ojo crítico queremos que nos sorprendan, pero los cambios son más lentos"


"La prensa vive un momento delicado, la gente lee menos porque cubren su demanda informativa con la televisión, la radio e internet"


"Como plataforma comercial, el diario gratuito, es un producto inteligentísimo"


"La química de La Contra es que el lector aprenda, que pueda aplicarse algo dicho por otro a su vida."


"Seguimos teniendo un pensamiento mágico en el siglo XXI, en plena revolución tecnológica, y eso es muy gracioso"


 Qué bueno eso de tener  carta blanca a la hora de buscar entrevistados para La Contra...
 
Buenísimo.  Pero al principio, cuando comenzó La Contra, recuerdo trabajar muy duro en la búsqueda de entrevistados. Había desconocimiento del proyecto y tenía que predicar la naturaleza de las entrevistas.
 
 
Eso me suena...
 
Sin embargo, ahora me quedo sentado y cada día me llegan hordas de e-mails y mensajes al contestador ofreciéndome entrevistas. 
 
 
Los gabinetes de comunicación deben dejarse la vida por satisfacer sus intereses con una entrevista en La Contra...
 
Ahora mi trabajo se basa en hacer de filtro, decidir qué entra y qué no. La dirección del diario nos deja decidir, y eso, hoy día, es formidable. Que un diario deposite tanta confianza en tres redactores, es muy insólito. ¡Y un orgullo!
 
 
¿Cómo nació La Contra?
 
El anterior director de La Vanguardia, Juan Tapia, nos propuso a Lluís Amiguet, Ima Sanchís y a mí para diseñar un formato de entrevista para la contraportada del diario. Decidimos confeccionar un tipo de entrevista basada en preguntas y respuestas muy cortas y dinámicas, fáciles de leer y en el que el personaje hablara de lo que nunca había hablado en otras entrevistas. 
 
 
Pero por La Contra no sólo desfilan famosos, usted ha llegado a entrevistar al inventor de la fregona...
 
Hay miles de personas anónimas que han hecho cosas muy interesantes en su vida pero no tienen la suficiente relevancia mediática como para aparecer en las páginas de los periódicos. Esto le da a La Contra horizontes infinitios. Siempre se pueden encontrar personajes y sentencias de los que podemos aprender algo. 
 
 
¿Quién lee las entrevistas?
 
No sé cual es nuestro target, ¡debería saberlo!. Lo que si sé es que nuestras entrevistas han jugado un papel muy importante en la captación de lectores jóvenes. Es un gran qué para un diario, el hecho de ganar lectores desde abajo.
 
 
Como crítico y aficionado a la literatura ¿Qué opina del momento mórbido por el que atraviesa el mundo de la promoción editorial? Hay casos que hablan por si solos: la actitud de Juan Marsé en la elección del Premio Planeta, la polémica de Michel Houllebecq y la secta de los Raelianos en Francia a raíz de su nueva novela , la mercantilización del fenómeno de "El Código Da Vinci", la proliferación de la literatura post-11M...
 
Hay una tendencia a la espectacularización en todos los campos de la sociedad. La televisión ha puesto de moda un modelo que está siendo extensible a muchas áreas. Un modelo similar al de la revista Interviú de los años 70: cualquier caso daba pie a una controversia desmedida. El mundo de la edición lo ha descubierto hace poco y lo está explotando. Hay multitud de casos, y lo peor de todo es que no es necesario que nadie los maquine.
 
 
Se ha convertido en una dinámica.
 
Juan Marsé dice lo que piensa, la otra no se corta y entonces la mesa del jurado del Planeta se convierte en un programa del corazón. 
 
 
Y luego eso repercute en un mayor torrente de ventas. Un marketing muy eficaz.
 
Los medios se convierten en altavoz, y un acto que hasta ahora presentaba glamour, planificado y dirigido a espíritus selectos, se convierte en una polémica equiparable a las del corazón. Todo se iguala. Es un fenómeno atribuible a la televisión, pero también es debido a que está en todas partes. Y agradece que pasen estas cosas...
 
 
Hace cinco o seis años comenzamos a vivir el fenómeno de los reality shows, un formato que comienza a dar sus últimos coletazos ¿Hacia dónde debe ir la televisión ahora?
 
El formato reality es caduco para alguien que mira la televisión con criterio y análisis, pero esa mirada no es la del consumidor. Estos programas se siguen produciendo porque atraen la suficiente audiencia como para que las cadenas cumplan sus aspiraciones comerciales. Se dejarán de lado cuando no sean rentables.
 
 
Entonces ¿es complicado darle una vuelta de tuerca a la tele o importar buenas ideas foráneas?
 
Tarde o temprano habrá que sorprender al público con algo nuevo. Antes de que naciera Gran Hermano, la gente veía otras cosas... A las televisiones también les cuesta importar patrones de programas y series extranjeras porque no quieren arriesgarse a perder dinero. Los que miramos la tele con ojos analíticos queremos que nos sorprendan, pero los cambios son más lentos.
 
 
La prensa se está viendo amenazada por varios factores: la intrusión de los periódicos gratuitos, la falta de lectores jóvenes ¿Qué deben hacer los diarios convencionales para mantener su estatus?
 
Vivimos un momento delicado para la prensa, todos los indicadores apuntan a que  la gente lee menos diarios porque su demanda informativa se ve cubierta con la televisión, la radio e internet; además de forma gratuita. Pero...
 
 
¿Pero?
 
La prensa en Europa existe desde hace 300 años y en España hay diarios centenarios. Creo que hay suficiente cultura periodística como para que los diarios encuentren la forma de fidelizar a sus lectores y consigan nuevos. El gran reto de la prensa, ahora, es conseguir lectores jóvenes.  Me consta que los grandes diarios están reflexionando sobre esto.
 
 
¿Cuál es la tendencia a presentar por el periodismo del siglo XXI?
 
Se habla mucho de ofrecer al lector opinión e interpretación de las noticias. Muchos jóvenes carecen del background necesario para comprender porqué está sucediendo un hecho, por eso sería necesario.
 
 
¿Qué opinión le merecen los diarios de difusión gratuita?
 
Como plataforma comercial, el diario gratuito, es un producto inteligentísimo. He comparado diarios entre si. Hay algunos que se me caen de las manos, que no me aportan nada. En otros encuentro cosas interesantes. Por eso creo que son peligrosos para los diarios convencionales, los que se sufragan, en parte, por la compra en los quioscos.
 
 
Como periodista ¿qué le aportan las entrevistas a empresarios?
 
Siempre digo que yo hago entrevistas a personas, no a personajes. No entiendo de distinciones profesionales, porque cada persona es única. Algunos son un poco hieráticos y poco flexibles en su discurso, pero intento aplicar una transacción. Les dejo que me expongan sus ideas para luego adentrarme en sus motivaciones, en su lado humano, que es lo que realmente me interesa.
 
 
De esta forma se ve el poso real...
 
Uno descubre si la familia ha empujado a esa persona, si en realidad ese individuo tiene una pulsión por cambiar el mundo...
 
 
¿Qué le sugieren los fastbooks para empresarios que tanto éxito están cosechando en los últimos tiempos? 
 
Me parece otro gran acierto comercial de las editoriales. Se han dado cuenta de que el mundo de la empresa está desorientado, la competencia es feroz y el empresario espera aprovechar cualquier grieta para optimizar resultados. Esta locura en buscar una luz, un faro, los mejores trucos; ha provocado un alud de ediciones de libros de como triunfar en la empresa.
 
 
Salen muchos... Muchos.
 
Simboliza la competencia tan dura en la que vive sumergida el mundo de la empresa, esa ansiedad reinante. Un libro como "La Buena Suerte", que ha triunfado en la comunidad empresarial, demuestra algo muy gracioso: seguimos siendo supersticiosos en el siglo XXI. Aunque resulte paradójico, seguimos buscando el dichoso trébol, seguimos teniendo un pensamiento mágico, y eso, en plena revolución tecnológica, es muy gracioso.
 
 
¿Usted escribirá ficción algún día?
 
Tan sólo llego a recopilar mis trabajos en forma de libro. Sé que suena a excusa: si no tengo tiempo es porque no quiero. No siento una pulsión suficientemente poderosa para escribir.
 
 
Quizá será porque está saturado de escuchar buenas historias. ¿Sigue sorprendiéndose como el primer día? Supongo que habrá perdido todo resquicio de mitomanía...
 
Mitómano no lo he sido nunca. De jovencito sólo un poco, de Elvis Presley. De todas formas, como no soy mitómano igualo a las personas famosas y no famosas, lo cual es una ventaja, porque siempre me sorprendo con sus historias. Siempre encuentro alicientes. Pero, quizá sí, el escuchar día a día tantas historias me aparta de la que me gustaría contar a mi...
 
 
Uno de los logros de La Contra es que los periodistas que la escriben dejan entrever su personalidad en la entrevista. Participan, dan visibilidad a sus opiniones y sensaciones...
 
Acordamos que debía ser así. Pactamos en que nos convertiríamos en confidentes del lector. Por eso mismo, porque somos los que firmamos la entrevista y los que enseñamos la cara en el ribete de arriba, porque dejamos entrever nuestros tics en cada entrevista. Cada uno de nosotros utiliza ciertos estigmas. El mío son mis hijos, siempre hago preguntas que puedan obtener una respuesta que ayude a las personas que son padres, como yo.
 
 
Lo he comprobado, sus estigmas son sus hijos, y también la sexualidad.
 
¿Sí? Vaya, me está descubriendo mis obsesiones (risas). Lo que hay que tener claro es que las preguntas no las hace una máquina o un ente despersonalizado. Las preguntas siempre las realiza una persona desde una experiencia. Uno elige lo que pregunta en función de todo lo que le inquieta, por lo tanto fingir neutralidad, imparcialidad, objetividad, es mucho fingir. Por eso decidimos actuar así.
 
 
¿A quién le gusta entrevistar?
 
Me gusta mucho entrevistar a científicos, son los que merodean por las fronteras del conocimiento. Esa gente, la que pisa las penumbras del saber: de dónde viene la vida, el funcionamiento de la conciencia, la mente humana... ¡Me parece fascinante!. No son personas con nombre y apellidos célebres, pero sí individuos que invierten en la difusión del conocimiento, algo que me estimula e intento aplicar en mis entrevistas. Porque la química de La Contra es esa, que el lector aprenda, que pueda aplicarse algo dicho por otro a su vida.