Joan Ramon Castelló

Liderazgo magistral

“No todo es el progreso por el progreso. El confinamiento ha mostrado que hay que volver a los orígenes”


En abril de 2020, durante la pandemia, Emagister logró facturar un 30% más que el mismo mes, un año antes

Martes, 16 de Junio de 2020
En estos tiempos, todavía de pandemia, el interés de las personas por invertir en formación se ha disparado. Hoy hablamos con una de las voces más autorizadas en este ámbito. Joan Ramon Castelló cofundó el portal Emagister, el buscador líder en España de opciones para la educación.

"Más que unas profesiones estratosféricas y futuristas, lo que tendremos serán profesiones que asentarán los grandes pilares de la sociedad"
 
"El Grupo Intercom no solo nos hizo de inversor, sino que nos ayudó a crear y lanzar el proyecto. Todavía lo hacen hoy"
 
"Pasamos por una época en la que los cursos gratuitos eran importantes para captar a muchos usuarios. Pero nos dimos cuenta de que no tenían la calidad suficiente para estar en nuestro portal y los fuimos dejando de lado"
 
"Nuestra oferta consiste en un millón de cursos y en 100.000 centros de formación que ponemos a disposición de los usuarios"
 
"Alguna vez hemos pensado en ser nosotros mismos centros de formación, porque tenemos acceso a los contenidos y a los públicos, pero entonces el modelo se nos complicaba mucho"
 
"Los únicos usuarios que pueden calificar un curso son los que realmente lo han realizado. En otras plataformas cualquiera puede decir cualquier cosa sobre algo. Aquí verificamos que quien opina sabe de lo que habla"
Vayamos por el principio. ¿Cómo se fundó Emagister?
Creamos la compañía en el año 2000. La fundamos tres primos y la novia de uno de ellos. Era casi un proyecto de final de carrera: los cuatro estábamos terminando nuestros respectivos estudios de ingeniería informática y ADE. Entonces nos encontrábamos en plena burbuja de internet y veíamos que en Estados Unidos ya existían webs famosas que entraban a cotizar en Nasdaq y que se compraban y vendían por un montón de dinero. Así que pensamos: “vamos a probar nosotros, a ver qué pasa”.

Bueno, ¿y qué pasó?
Estudiamos lo que existía en internet en España y en el extranjero y descubrimos que había una gran oportunidad en el campo de la formación. Buscamos modelos en Norteamérica y nos fijamos en uno que se adecuaba bien a lo que nosotros esperábamos. Definimos el proyecto y comenzamos a buscar el capital necesario, porque acabábamos de salir de la universidad y no teníamos recursos para materializarlo nosotros.

Y lo encontraron.
Afortunadamente, dimos con el Grupo Intercom, que es una incubadora de negocios de internet muy potente. La casualidad hizo que fuera una firma geográficamente muy cercana a donde nosotros estudiábamos y vivíamos. Fuimos a verlos, les explicamos el proyecto, les gustó y decidieron invertir. Allí comenzamos nuestra aventura.

Firmas como Intercom fueron de las pioneras y más importantes en España y Cataluña.
Correcto. De allí salieron otros grandes proyectos como Infojobs, Softonic, Bodas… A nosotros nos ayudaron mucho. Teníamos las ganas, la ilusión y podíamos poner todo el esfuerzo, pero necesitábamos a alguien que nos guiara y nos diera el soporte para crear la empresa, porque nuestro interés estaba en dedicarnos a la actividad formativa, pero no podíamos dedicarnos a los temas legales y de gestión. Nos dieron muchos consejos y, justo cuando llevábamos un año y vimos que teníamos más ganas que conocimientos, descubrimos que trabajar en familia no terminaba de cuajar. Les pedimos ayuda.

¿Qué hicieron?
Uno de los socios de Intercom, Joaquim Falgueras, vino a hacernos de CEO. Nos lideró y puso orden y enfoque en el proyecto. Nosotros teníamos 22 y 23 años y todavía no sabíamos cómo hacer las cosas. El Grupo Intercom no solo nos hizo de inversor, sino que nos ayudó a crear y lanzar el proyecto. Todavía lo hacen hoy.

En estos 20 años, ¿qué ha cambiado de la idea original?
Pues mire, desde el principio teníamos claro que queríamos ser un lugar donde se pudiera encontrar toda la formación posible y ofrecérsela al usuario. Queríamos ser el referente de formación en España. Y cuando Google no existía de la manera que existe ahora, los centros de formación ni siquiera tenían una web. Así que, en inicio, fuimos nosotros los que íbamos a esos centros a pedir información en formato digital. Generalmente, eran los centros más tecnológicos y las escuelas de negocio.

Y luego fueron creciendo.
Así es. Pasamos también por una época en la que los cursos gratuitos eran importantes para captar a muchos usuarios. Pero nos dimos cuenta de que no tenían la calidad suficiente para estar en nuestro portal y los fuimos dejando de lado. Actualmente tenemos cursos subvencionados, sí, pero siempre son reglados y académicamente pertinentes.
Una constante de estos años ha sido que nos hemos dirigido a un público masivo y que queríamos contener todas las opciones de formación. Tenemos desde cursos sobre gestión del tiempo libre hasta MBAs. Quizás sea más difícil encontrar en nuestro catálogo cursos muy caros y muy especializados. Pero cada año vamos ampliando el abanico.

Y pronto se implantaron también en otros países.
Así es. Tras 4 años de vida comenzamos a expandirnos internacionalmente. Hoy en día operamos en 14 países. Vivimos una aventura en los Estados Unidos, donde tuvimos abierta una oficina durante 2 años en Boston. Desde allí abrimos oficinas en todos los países donde operamos, excepto en los propios Estados Unidos. Lo vimos un proyecto tan grande y difícil de gestionar que optamos con aprender todo lo posible y volvernos a casa. Ahora es distinto, pero entonces en Norteamérica todo iba 4 o 5 años por delante de nuestro mercado.

Siempre han sido intermediadores (o brokers) de formación. ¿No se han planteado ser ustedes mismos los proveedores de servicio de formación?
Como usted dice, somos intermediarios. Nuestra oferta consiste en un millón de cursos y en 100.000 centros de formación que ponemos a disposición de los usuarios. Alguna vez hemos pensado en ser nosotros mismos centros de formación, porque tenemos acceso a los contenidos y a los públicos, pero entonces el modelo se nos complicaba mucho. Lo más lejos que llegamos es a matricular a los usuarios a los cursos, pero siempre siendo intermediarios.
Creo que tenemos un muy buen conocimiento y comprensión de las necesidades de los usuarios, pero hemos creído que ser juez y parte no nos ayudaría y que haría que muchos de los centros que ponen su oferta en nuestras manos desconfiarían de nosotros. Actualmente Amazon ha optado por hacerlo (competir con lo que venden sus afiliados) y tal vez eso cambie el paradigma. Pero nosotros seguimos pensando que hay que ser los mejores en una cosa en concreto, más que en abrir demasiado el espectro de actividades.

Han optado por no competir con los centros, pues. Pero ¿y cuando los centros compiten entre ellos? Lo que ustedes puedan valorar o sugerir de cada curso puede elevar a unos a los altares y a otros hundirles. ¿Cómo lo manejan?
Nosotros hemos optado por ser lo más imparciales posible. Así pues, en vez de calificar los cursos por nuestros medios, lo que hacemos es pedirles a los usuarios que lo hagan. Tenemos más de medio millón de calificaciones en los cursos. Los usuarios mismos los juzgan. Y nosotros no tenemos que ponernos de una parte o de otra.
También nos ocupamos de que los únicos usuarios que pueden calificar un curso son los que realmente lo han realizado. En otras plataformas cualquiera puede decir cualquier cosa sobre algo. Aquí verificamos que quien opina sabe de lo que habla. Es por este motivo que nosotros podemos afirmar que los usuarios recomiendan tal o cual curso.
Igualmente nos preocupamos mucho de contar con el mayor número posible de características descriptoras de cada curso. Lo que a un usuario le resulta útil, a otro no. Si un curso solo se realiza de lunes a viernes por las tardes, puede ser óptimo para cierto perfil de personas. Si ese mismo curso sólo se celebra en fin de semana, puede ser bueno para otras personas. Todo eso también influye mucho en las recomendaciones que hace la gente.

Hablemos de la situación actual. ¿Qué han aprendido de estas semanas de confinamiento?
Pues muchas cosas, y muy curiosas. Al estar en 14 países a la vez hemos podido observar los comportamientos de cada uno, y hemos detectado los mismos patrones en todos, comenzando por Italia que fue el primero de los que se nos confinó.
En todos ellos el comportamiento de los ciudadanos fue el mismo: durante la primera semana todo el mundo entra en schock: la gente deja de buscar opciones de formación, el tráfico nos cae un 70% y las búsquedas se concentran en maneras de pasar el tiempo: yoga, inglés, cuentacuentos… La gente se tira a por el ocio y el entretenimiento, dado que se encuentra encerrada en casa y con la familia dentro.

Pero llega un momento en que las cosas cambian.
Sí. Es cuando la gente se da cuenta de que esto va para largo y abandona el yoga para buscar formación. Especialmente se concentran en temas de enfermería y enseñanza. Una cosa curiosa también es que dejan de buscar cursos presenciales (los centros formativos están cerrados) y buscan opciones online. Lo vimos cuando nos cayeron las búsquedas de formación presencial a la mitad y se multiplicó por tres la online.
Otro dato relevante es que normalmente tenemos un componente estacional: la gente suele utilizar nuestro portal durante la semana y desde el trabajo, pero en fin de semana las búsquedas caen. Ahora, de repente, los fines de semana tienen igual de utilización que durante la semana. 

Curioso, ciertamente. ¿Algún otro aprendizaje?
Antes del confinamiento la gente accedía a nuestro portal a través de un teléfono móvil en 7 de cada 10 ocasiones. Ahora lo hacen desde el portátil en 7 de cada 10 ocasiones. Están en casa, sentados ante el sillón. Es lógico. También vemos que, a medida que se fueron pasando fases y se abrían horarios para ir a hacer deporte, las búsquedas caían en esas horas concretas. Y, finalmente, cuando hemos pasado a la fase 2 y a la 3, hemos recibido otra vez peticiones de formaciones presenciales. Creo que es un tema psicológico, porque en todos los países ha pasado igual.

¿Esta locura por la formación online suplementaria se universalizará?
Seguro. Nosotros creemos que el cambio ha venido para quedarse. Los centros de formación convencionales, con sus clases presenciales, han tenido que reinventarse durante la pandemia y entrar a jugar en el ámbito de lo online. Han descubierto los beneficios del nuevo medio y será muy difícil que se echen atrás. Seguramente desarrollarán programas híbridos y blended que combinen las formaciones presenciales y las virtuales. Como también ha llegado para quedarse el teletrabajo. Nosotros lo hemos vivido en primera persona.

Ah, ¿sí?
Somos 140 personas que trabajábamos en una oficina. Ahora estamos disgregados. Pero hemos visto que, con ciertas pautas, no solo no reducimos la productividad, sino que la aumentamos. Este mes de abril hemos aumentado la facturación en un 30% con relación al mes de abril de 2019. Ha sido algo impensable.

Entonces no han recurrido a los ERTE.
No. Hemos tenido más trabajo del habitual. Los primeros días de la crisis tuvimos que plantearnos todas las opciones, incluso los directivos nos redujimos el salario para poder superar el bache. Pero pronto vimos que no había necesidad de hacer ERTEs ni tomar otras medidas. Es más, vimos que mejorábamos los números del año anterior. Así que lo que apuntaba a unas pérdidas enormes, se convirtió en unos mayores beneficios. No estamos contentos, entiéndame: el problema para la salud de las personas es grave y queremos volver a la normalidad, pero sí podemos decir que la educación es uno de los sectores que más éxito han tenido en estos días.

Con todo lo que saben tras acompañar a millones de usuarios a formarse, ¿puede darnos alguna pista de cómo serán las profesiones del futuro?
Todavía es un poco difícil, porque son 10 años de pronóstico. Pero estamos viendo un crecimiento de ciertos campos de interés como el de las energías renovables, la pedagogía, la tecnología de la información y los estudios de gestión empresarial. Pensamos que la metodología de formación cambiará y que nuevas profesiones surgirán. Pero lo que nos ha demostrado el confinamiento es que quizás no todo es el progreso por el progreso, y que hay que volver a los orígenes en muchos campos.
 
¿En qué sentido lo dice?
En que necesitamos a buenos profesores, y que necesitamos alimentaciones buenas, a partir de comidas saludables, y no de píldoras mágicas. Más que unas profesiones estratosféricas y futuristas, lo que tendremos serán profesiones que asentarán los grandes pilares de la sociedad.