Socio fundador de Cabiedes&Partners

Luis Martín Cabiedes

“He aprendido que el futuro es impredecible y no se puede adivinar”


Martín Cabiedes cree que el ideal del emprendedor de startups está socialmente sobrevalorado

Martes, 09 de Junio de 2020
Luis Martín Cabiedes lidera el fondo Cabiedes&Partners, junto a José, uno de sus hermanos. La firma invierte en startups tecnológicas en fase temprana. Hoy nos volvemos a encontrar con él para preguntarle qué opina del futuro que nos espera tras el COVID.
 
"Quién me iba a decir a mí, cuando estudiaba la teoría del conocimiento kantiana, que acabaría invirtiendo en productos tecnológicos de internet"
 
"Acepté incorporarme a la empresa familiar a condición de poder hacer cosas nuevas y emprender"
 
"Otras personas vieron las posibilidades de Internet en los 90, pero una de las ventajas de trabajar para la empresa familiar es que no tuve que pedir permiso"
 
"No es que haya buenos o malos riesgos, es que hay riesgos bien pagados y mal pagados"
 
"No manejo compañías, sino inversiones. Cuando entro en un consejo, mi pregunta es si meto más dinero o si lo retiro"
 
"Para mí es importante que los emprendedores sepan que estoy en el mercado y que si tienen una buena idea y necesitan dinero pueden venir a hablar conmigo"
 
"Algunos amigos invierten 12 millones en una fábrica, contratan a 160 personas y no reciben el menor reconocimiento por parte de la prensa económica. Se habla demasiado de emprendimiento startup"
Hace nada menos que 11 años que le entrevistamos por primera vez (entrevista anterior). Nos llamó la atención que usted tuviera una profesión tan alejada de su formación en filosofía. 
Muchas personas saben desde pequeñas lo que quieren ser de mayores. Pero imagínese quién me iba a decir a mí, cuando estudiaba la teoría del conocimiento kantiana, que acabaría invirtiendo en productos tecnológicos de internet, cuando ni siquiera sabía nada de tecnología, o no existía internet, o no me interesaban ni la economía ni la empresa…
 
La vida me ha llevado por este camino y estoy encantado. Uno siempre acaba aplicando la filosofía. Por ejemplo: en lo de los límites del conocimiento en entornos inciertos. Esta parte de la ciencia siempre me interesó: creo que invierto mejor por haber estudiado filosofía.
 
Ya puestos, ¿cuál es su filósofo favorito?
Dentro de la filosofía hay tres grandes temas: uno es la teología y la cosmología, es decir: “¿qué cabe esperar?” Otro es la ética y la estética, es decir: “¿qué debo hacer?” Y la tercera es: “¿qué puedo saber yo?”, el estudio de los límites del conocimiento. Es la que más me interesó. Quizás por este motivo el filósofo más relevante para mi fue Kant, el gran mago de la teoría del conocimiento. Al final he terminado dedicando mucho tiempo a la lógica matemática, la teoría de la ciencia, el positivismo lógico y la teoría del lenguaje.
 
En algún momento decidió usted realizar un master en IESE. ¿Fue antes o después de querer dedicarse a los negocios?
Pues la verdad es que le estoy muy agradecido a IESE. Como le digo, yo estaba muy contento con haber estudiado filosofía, pero una vez terminé la carrera vi que no me gustaba el empleo de filósofo. A mi me gustaba la ciencia. Pero como tenía cierta vinculación familiar con el mundo empresarial, pensé que podía estar bien como medio de vida. Envié mi solicitud al IESE sin tener ni idea de negocios…
 
¿Y qué pasó?
El primer día apareció un profesor y, con algo de sorna, nos dijo: “aquí quizás hay gente que no sabe cuánto es el 30% del 20%”. Y yo pensé: “desde luego que no”, porque por aquel entonces no le daba ninguna importancia a calcular esas cosas, a pesar de saber algo de lógica matemática. Menos mal que pronto conocí a una ingeniera que me ayudó mucho. Con el tiempo se convertiría en mi mujer. Le pregunté cuánto era el 30% del 20% y ya llevamos casados treinta y tantos años… 
 
Lo que son las cuentas… Su familia fundó la agencia Europa Press. Y usted se integró en la organización al poco tiempo de terminar sus estudios.
Mi padre fue una persona extremadamente inteligente. Jamás me dijo si yo estaba destinado a estar en la empresa. De hecho, dentro de la familia teníamos la norma de que debías estar por lo menos 5 años fuera de la compañía, aprendiendo y equivocándote, antes de dedicarte a ella. Así que, ciertamente, había un diseño previo que yo desconocía.
 
Acepté incorporarme a la empresa familiar a condición de poder hacer cosas nuevas y emprender. Me interesaba más eso que gestionar los negocios ya existentes. Así que pronto me ocupé de los nuevos soportes, como lo era internet en aquel momento.
 
No sea modesto: a primeros de los 90 usted fue de los primeros en ver las posibilidades de internet como negocio...
Pues sí… y no. Yo vi claro que internet era un sistema perfecto para un productor de contenidos como lo es una agencia de noticias. La razón era que reducía mucho los costes económicos de transmisión y distribución de noticias y que abría mucho nuestro mercado. Hasta entonces sólo servíamos noticias a los medios de comunicación, pero ahora ya podíamos hacerlo a cualquier ordenador de cualquier negocio vinculado al mundo de la información. Por ejemplo, a la banca.
 
Seguro que también lo vieron otras personas y compañías, pero una de las ventajas de trabajar para la empresa familiar es que no tuve que pedir demasiados permisos: decidí qué periodistas se venían conmigo a trabajar a internet y nadie me cuestionó. No es que yo fuera más visionario que otros, es que pude aterrizar mi visión más pronto que muchos otros.
 
Algunos de esos periodistas pioneros que le acompañaron están fundando diarios digitales actualmente. Como buen inversor que es, ¿ha participado en alguna de esas iniciativas?
La verdad es que no. No tenía sentido invertir en actividades que pudieran competir con Europa Press. Por otra parte, fui abandonando el negocio de los medios para pasar a otros que me parecían mejores, como el e-commerce, la economía colaborativa, las fintech… 
 
Así que usted un día se marchó del negocio familiar y fundó Cabiedes and Partners.
Bueno, estoy allí con mi hermano, así que seguimos siendo una empresa muy familiar.
 
¿Podría decirse que es una rama de Europa Press, entonces?
Bueno, Europa Press es nuestro mayor inversor. Posee un 30% del fondo. Así pues, más que un gestor del dinero de otros, yo soy gestor del patrimonio propio y del de la familia. Tras la operación con Olé decidimos que yo me encargaría de buscar negocios en Internet. Mi padre mismo me lo dijo: “tú dedícate a buscar el próximo Olé”. Al principio invertíamos con dinero de Europa Press. Luego con dinero propio. Finalmente nos convertimos en un fondo de capital riesgo. Llevamos haciendo lo mismo desde el 2001, aunque con distintos modelos y nombres.
 
Usted ha dicho alguna vez que, de cada diez inversiones, hay dos buenas que pagan las pérdidas de las ocho malas…
Exacto. La ventaja es que estas dos suelen salir muy buenas y cubren el dinero que metiste en el total de las diez. Es un negocio muy peculiar: tienes alto riesgo y alta tasa de mortandad del negocio, pero también un potencial altísimo. No es que haya buenos o malos riesgos, es que hay riesgos bien pagados y mal pagados. No hay que confundirlo con una apuesta, pero digamos que si yo jugara a la ruleta y me pagaran 36 veces lo apostado en caso de éxito, me compensaría jugar 36 partidas, fallando en 35.
 
Mencionó antes el capital riesgo. Pero no es ese exactamente el modelo de Cabiedes & Partners, ¿verdad?
Nosotros somos un angel fund, o también un super angel, como lo denominan técnicamente. Y existen dos diferencias entre lo que hacemos nosotros y lo que hace un fondo de capital riesgo. La primera es que un porcentaje muy notable del dinero invertido es propio, en vez de ser dinero de otros. El capital riesgo suele gestionar dinero de otros, mayoritariamente. La segunda es que entramos en fases muy iniciales del proyecto, incluso antes de generar las primeras ventas. En cambio, el capital riesgo suele entrar en el negocio un poquito más tarde.
 
¿Y usted entra a formar parte del consejo de administración de esas compañías participadas?
Depende. Algunas veces sí. Según si quiero ver cómo se desarrolla el negocio. Pero no puedo estar en todos ellos. Si tengo 100 inversiones, no puedo estar en 40 consejos, porque eso no sería ser un buen administrador responsable. Me concentro en los primeros meses de la compañía porque ahí es donde se puede tantear qué aspecto tiene el negocio y cómo se desarrolla. También en aquellos que tienen una importancia y volumen más significativo.
 
Pero mi interés al entrar en un consejo no es el de gobernar la sociedad, sino el de enterarme de cómo están las cosas y poder tomar la decisión más importante.
 
¿Qué decisión es esa?
Saber si voy a estar en la siguiente ronda de inversión o si venderé mi participación a la primera oportunidad. Yo no manejo compañías, sino inversiones. Cuando entro en un consejo, mi foco está en mi inversión y mi pregunta es si meto más dinero o si lo retiro. Por lo tanto, soy de la opinión de que hay que dejar que el emprendedor lleve el timón de la empresa. Alguna vez puedo soltar alguna idea, o una voz de alarma, si es que veo algún peligro, pero los emprendedores suelen saber muchísimo más que yo de esos negocios.
 
Antes de internet, personas con su profesión apenas salían en las páginas de economía. Ahora es más habitual. ¿Es importante que se conozca su presencia en esas operaciones que usted maneja?
Con cierta moderación, seguramente. Para mí es importante que los emprendedores sepan que estoy en el mercado y que si tienen una buena idea y necesitan dinero pueden venir a hablar conmigo. Yo tengo que dedicar mucho tiempo a intentar conseguir que mi mensaje llegue a todos los emprendedores de España diciéndoles que existo. Dicho lo cual, también tengo la sensación de que últimamente se habla demasiado del emprendimiento.
 
No me diga.
Tengo amigos que invierten 12 millones en una fábrica, contratan a 160 personas y no reciben el menor reconocimiento por parte de la prensa económica. Sin embargo, un chaval que se compra un billete para ir a Disneylandia sale en la prensa tildado de “emprendedor español con un acuerdo estratégico con Disney”. Y lo único que ha hecho es ir a verlos…
 
Yo creo que se nos da más importancia de la que nos corresponde y eso genera expectativas un poco peligrosas. Si una gran empresa industrial se resfría puede dejar en la calle a 25.000 personas. En cambio, todas las startup de España juntas no creamos todo ese empleo ni en un año. Pero si lees la prensa parece que sea al revés. Y no es así, somos una prioridad marginal.
 
También en estos días de pandemia la sociedad busca el criterio de sabios, visionarios y expertos. ¿Alguna idea sobre cómo será el mundo tras el COVID-19?
Estamos ante un cambio significativo de actitudes y conductas. Mi sensación es que nadie puede saber lo que vendrá. Yo estoy bastante acostumbrado a eso, tal vez por mi formación filosófica o por mis 20 años de invertir y confundirme tanto… He aprendido que el futuro es impredecible y no se puede adivinar. Es más: tampoco tiene mucho sentido intentarlo. Lo que hay que hacer es estar atentos, tener los ojos abiertos y orientarse hacia las oportunidades y la acción. Muchas veces no es tanto detectar anticipadamente la oportunidad como ejecutarla cuando la tienes delante.
 
No tengo ni idea de por dónde irán las cosas, pero sé que las cosas cambiarán. Y lo que más valoro en los emprendedores es que vengan a verme con cosas que han visto, probado y testado, más que con una visión de cómo será el futuro. No me creo demasiado las visiones.
 
Pero algunas tendencias ya son realidad.
Es obvio que lo digital es una macrotendencia que ha sido acelerada por la pandemia. Pero, más allá de vaguedades, ¿en qué se va a traducir? Pues esto lo tendrán que descubrir los emprendedores. Y lo harán. Más por tener los ojos abiertos y actuando que por ser unos visionarios.
 
¿Cuántas inversiones maneja directamente en 2020, por ejemplo?
Pues no lo he contado. A veces hay proyectos a los que no dedicas tiempo durante unos meses, y luego de repente sale una operación concreta de venta o de capital y le tienes que dedicar más. Seguramente debería tener una lista, pero creo que mi hermano está en unos 10-15 proyectos y yo en otros 10-15. Habrá entre 20 y 30 empresas en las que estamos realmente encima; quiero decir: sabiendo lo que pasa en ellas y en contacto mensual con el emprendedor. Y hay otras en las que es necesario hablar cada día porque el momento lo requiere.
 
Durante estos dos meses y medio de confinamiento, ¿le han seguido llegando ideas de emprendedores?
Tal vez algunas menos de lo habitual. Probablemente por mi culpa. Quizás he estado un poquito más distante de la industria. Lo que sí que es cierto es que atiendo a muchos de los que se me acercan. Hablo con ellos por Skype o por Zoom, pero al final soy incapaz de mandar un cheque a una persona a la que no he podido ver cara a cara… Prefiero ver dónde trabaja, cómo anda, cómo se sienta y tener esas sensaciones de primera mano. Lo que hacemos funciona cuando te conoces con el otro. Pero cuando no, las cosas no van muy bien.
 
Igual es que ya soy un poco mayor, pero no soy capaz de invertir con distanciamiento. Otra cosa es gestionar. Eso sí lo puedo hacer. Al final estoy todo el día de consejos y hablando con emprendedores, pero ya los conozco perfectamente. Y nada más me cogen el teléfono, por la voz ya sé qué están pensando…
 
¿Suele usted repetir con un emprendedor, cuando la relación es buena? 
Continuamente. Hay emprendedores, como Jesús, con quien llevo ya 6 o 7 proyectos, o Josep, con 2. Es algo muy normal. De hecho, cuando una startup funciona, siempre intento mantener el contacto con ese emprendedor e insistir en que debemos hacer más cosas juntos. Pienso que, además, cuando conoces al emprendedor y él a ti, tienes mucha ventaja de salida. 
 
Pero, cuidado, también funciona con emprendedores con quienes no tuviste éxito en el primer proyecto. Hay un chico llamado Carlos, con quien hemos invertido dos o tres veces… La primera salió fatal. Perdimos todo y él también. Pero no fue culpa suya: él hizo bien su trabajo. Sé que no es lo mismo invertir que jugar a los dados, pero la aleatoriedad y la suerte siempre están ahí…
 
A estas alturas de la película usted habrá visto todo tipo de ideas y proyectos donde invertir. ¿Sigue habiendo proyectos interesantes o ya es siempre un poco de lo mismo?
Al contrario. Recibo muchas buenas ideas. Una de las cosas por las que más me gusta mi trabajo es porque llegan ideas nuevas continuamente. A veces no parecen geniales (la mayoría de las ideas de startups no lo son al principio), pero terminan siendo buenas. 
 
Recuerdo que allá por el año 2009, cuando la economía colaborativa todavía no era conocida, vinieron a hablarme de Blablacar. Entonces no creí posible que pudiera generarse un negocio a partir de montarse en el coche de otro. Pero funcionó. Y como ese caso, muchos otros que también salieron muy bien. En general mantengo cierta distancia de las ideas porque me cuesta enamorarme de ellas. Prefiero ver cómo funciona el emprendedor, cómo maneja el negocio, etcétera.
 
¿En estos días de pandemia ha podido mantener sus rutinas y aficiones?
Tengo muchos hobbies y muchos de ellos son al aire libre. El que más me gusta de todos es navegar. Lo hago tanto como puedo y, en estos días, no lo he podido hacer. Afortunadamente he podido salir a correr y eso me gusta. También me gusta mucho la lectura. En cuanto al trabajo, nunca he hecho jornadas de 8 horas, sino de bastantes más. Y en estos días me estoy acostando muy tarde, trabajando, porque creo que no es una etapa de vacaciones para nadie.  No me puedo quejar del confinamiento, porque sería irresponsable: tengo trabajo, salud, comodidad y una casa como Dios manda…