Director general de la Fundación SM

Javier Palop

Vínculos educativos

“La profesión de maestro es la más importante del mundo”


El director de la Fundación SM comparte su perspectiva sobre la situación del mundo educativo en tiempos de confinamiento

Martes, 26 de Mayo de 2020
Estos días, el confinamiento hace que millones de niños y niñas de todo el mundo tengan que ir la escuela sin poder ir a la misma. Es uno de esos muchos cambios que nos cogieron desprevenidos. Con Javier Palop, responsable de una de las instituciones de referencia en materia educativa, analizamos el calado y las consecuencias de estas transformaciones.

"Una de las cosas que pido a los políticos de España y de América Latina es que la educación no se convierta en un arma política arrojadiza entre partidos"

"En el confinamiento hemos aprendido que hay que recuperar el valor del trato personal, porque no podemos construir una humanidad basada en pantallas y colectivos impersonales"

"Necesitamos generar una mirada más clara y consensuada, porque si no, en la educación todo se convierte en opinable"

"Hoy estamos convencidos de que no es posible educar si no construimos un verdadero equipo educativo, que incluya a alumnos, profesionales de la educación y a familias"

"Cuando termine el confinamiento será muy bueno que, como padre o madre, te sigas coordinando con los profesores de tus hijos"

"En los últimos meses casi el 90% de los docentes han logrado integrarse absolutamente en el uso de las tecnologías. Hay que levantarse y aplaudir"

"De lo que no se habla en casi ningún foro es de cómo se acompaña a niños y jóvenes y a familias con problemas en casa. O a los niños que sufren algún tipo de violencia o de conflicto"
Usted dirige la Fundación SM, una entidad especializada en educación que está presente en numerosos países. Si el COVID no hubiera sucedido, ¿cómo definiría el sector?
Comenzaría diciéndole que la educación suele asociarse a la escuela, pero que debemos ser conscientes de que la educación se produce no únicamente en la escuela. En la última década el mundo educativo está poniendo en valor que la educación se produce en todos los ámbitos de la vida. Hay quienes dicen, incluso, que se han roto los muros de la escuela.

Toda una revolución
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Bueno, quienes dicen eso lo dicen porque no le ven sentido a que formemos a nuestros futuros ciudadanos de manera aislada, como si estuvieran en una burbuja. En las escuelas todo está pensado para que exista control y programación y para que todo funcione sin imprevistos. Pero la realidad es muy distinta, más compleja, con imprevistos, como hemos podido ver. Nosotros llevamos más de diez años hablando de una nueva mentalidad y de un nuevo paradigma educativo.

Muchos crecimos y nos formamos con los libros de SM. Pero el mundo ha cambiado desde entonces. ¿Cómo definiría la propuesta educativa actual de SM y de la Fundación SM?
Nos sentimos una organización educativa que ofrece soluciones a todas las necesidades que plantea la educación en el mundo. Es cierto que empezamos siendo una editorial y una cosa muy importante es que, en origen, SM no tuvo una intención empresarial en el sentido de crear un negocio rentable para unos accionistas. Eso no fue así…

¿Entonces, cómo fue?

SM fue la respuesta a una vocación de unos cuantos maestros y educadores. Concretamente, la de los religiosos marianistas de España. Habían construido los primeros colegios de su congregación y, pocos años después, de estos comenzaron a salir hornadas de profesores –algunos laicos, otros religiosos–, que se pusieron a escribir materiales que ni siquiera vendían: los utilizaban para sus alumnos y sus clases.

¡Qué apañados!

Pero pronto llegaron otros educadores, otras escuelas y otras congregaciones también dedicadas a la educación que vieron que aquellos apuntes tenían una calidad excelente. Así que les propusieron comprárselos. Aunque siempre hemos dicho que los primeros libros con el sello de SM datan de 1937, la realidad es que no fue hasta 1974 que SM tuvo a su primer director comercial. Esto es una prueba más de que en nuestro ADN se encuentra más el elemento de servicio a la educación que el de venta y beneficios.
 
Es una historia muy interesante…
Desde nuestro origen tenemos la gran vocación de buscar soluciones para la educación. Y, por este motivo, en cada década hemos ido transformando nuestras propuestas. Por decirle algo, durante los primeros 70 años de nuestra historia fuimos reconocidos como una editorial. Pero en los últimos 10 o 12 dimos un salto importantísimo hacia lo digital.
 
Muchos editores han dicho que lo digital mató a lo editorial.
Bueno, si una editorial piensa que “digital” significa convertir todo lo que antes se publicaba en papel en algo que pueda leerse en pantalla, entonces sí. Pero nosotros nunca nos conformamos con eso. En 2006-2007 todos nuestros contenidos ya estaban en formato digital. Pero, a partir de ese momento, lo que nos hemos venido planteando es: ¿cómo la cultura digital está transformando los modelos de enseñanza de niños y jóvenes? Y ¿cómo cambian los modelos de relación entre los docentes y los alumnos? ¿Y la relación con las familias? ¿Cómo cambia?

Pues díganos qué han averiguado…

Pues que el modelo de escuela que conocimos desde los años 60 y 70 era el de un centro muy desconectado de las familias. Al final, las familias pudientes, que podían costearse un colegio privado, lo buscaban. Y las que no podían, se buscaban buenos colegios públicos. En ambos casos, al niño se le “depositaba” en un centro y se le recogía a la hora de salida. Pero, en general, muy poco de lo que sucedía en el colegio trascendía en casa o en la familia.
Hoy estamos convencidos de que no es posible educar si no construimos un verdadero equipo educativo, que incluya a alumnos, profesionales y a familias. Por eso promovemos movimientos de sensibilización para (y entre) unos y otros.

Otra revolución.
Todo lo que ha pasado durante el confinamiento, por lo menos en mi opinión, ha sido un éxito de la educación. Hablo con muchos profesores que me dicen: “he descubierto que hay muchísimas familias muy comprometidas con la educación de sus hijos”.

Y a estas alturas también habrá familias con ganas de volver a “depositar” a sus hijos. Dicho esto con cierta ironía…
Lo cierto es que los padres hemos sufrido las tareas que les han puesto a nuestros hijos durante estos meses. Las familias hemos tenido que hacer un trabajo de regulación porque, al inicio de la crisis, las escuelas dijeron: “no podemos dejar colgados a los niños, hay que darles tareas”. Hasta el punto de que había niños que no llegaban a hacerlo todo…
Por esta razón las familias se han involucrado, han hablado con los profesores, con la dirección de los colegios, han hecho equipo. Para mi es un ejemplo a seguir. Cuando termine el confinamiento será muy bueno que, como padre o madre, te sigas coordinando con los profesores de tus hijos.
 
Seguramente, desde el grupo SM deben haber desarrollado algún proyecto especial para estos días tan complejos…
Aportamos soluciones de todo tipo. Por ejemplo, operamos un ecosistema educativo denominado SM Educamos, que ha sido clave para los 1.000 colegios que lo utilizan habitualmente, y de forma más intensiva durante los días de la pandemia. Tenemos alrededor de un millón de alumnos operando cerca de 6 horas al día en una plataforma que ha funcionado perfectamente todas estas semanas. Ha resistido en todos los aspectos, incluso cuando todo el mundo se conectaba a la vez. Además, es muy sencilla de utilizar. Pero también ofrecemos espacios donde damos formación y capacitación online de profesores y maestros. Entre España y América Latina tenemos a miles de ellos formándose.

Se confirma pues que SM ya no fabrica solamente libros.
Como le explicaba, estamos dedicados a la educación en todas sus vertientes. Sí que hacemos libros, claro. Recordará, por ejemplo, que en el ámbito de la literatura infantil y juvenil somos muy reconocidos por los sellos Barco de Vapor y Gran Angular, con premios de mucho prestigio. Aunque lo más importante para nosotros es lograr un movimiento cultural en torno a las culturas infantiles y juveniles. La venta de libros nos facilita el sostenimiento de las tareas y los proyectos de la Fundación y todos los ingresos se reinvierten en proyectos socioeducativos o de investigación.
Pero la preocupación de SM, con casi 2.500 personas trabajando en todo el mundo, tiene mucho que ver con lo que está pasando a nuestro alrededor. Creo que hemos logrado crear un grupo humano profesional con mucha sensibilidad hacia lo que está ocurriendo en nuestro entorno. Y ahora mismo nos estamos planteando muchas de las preguntas que también se están haciendo los educadores, las instituciones educativas y las administraciones implicadas.
 
¿Sabe si se ha reducido la brecha digital en la educación? ¿En qué ayuda la Fundación SM a los gobiernos en este sentido?
Nosotros estamos convencidos de que el futuro pasa por una colaboración total entre lo público y lo privado. Por lo pronto, hay que generar las condiciones estructurales necesarias. Por decirlo de alguna manera, en muchos pueblos de España todavía no hay cobertura de banda ancha. Y en los alrededores de Ciudad de México hay zonas con un wifi nulo. Seguro que grupos como Telefónica están pensando en ello y aportando soluciones. Pero está claro que, si la industria de las telecomunicaciones no despliega mejores infraestructuras, será difícil crear las condiciones para que los niños vulnerables puedan llegar a la educación. Pero también hay otra parte...

¿Cuál?
Es la de cómo se produce el aprendizaje y la enseñanza a través de esos dispositivos tecnológicos. Nosotros creemos que nunca vamos a poder sustituir la fuerza que tiene lo presencial, lo relacional. Al final, la educación de una persona se logra mediante una serie de interacciones educativas significativas. Y estas interacciones se dan entre las personas. Las tecnologías pueden contribuir a mejorar las relaciones, e incluso a acelerar algunos procesos, pero la formación nunca va a poder darse exclusivamente a través de la tecnología, porque se perdería mucho por el camino.

El colectivo de docentes, sobre todo quienes no son nativos digitales, ha tenido que adaptarse para no perder el tren del S.XXI. Esto se ha notado mucho en los días de confinamiento.

Yo creo que hay que levantarse y aplaudirles. En los pasados dos meses casi el 90% de los docentes han logrado integrarse absolutamente en el uso de las tecnologías. Lo he visto de cerca en mi casa, con mi hijo pequeño, que está en 4º de la ESO, pero también en muchos centros educativos que nos lo explican: hasta aquellos profesores más reticentes, hasta el profesor que se va a jubilar dentro de dos años, se ha puesto las pilas con la tecnología y ha aprendido las cuatro cosas que necesita para poder dar su clase virtual.
Hoy ya es muy frecuente que todo el mundo hable un lenguaje muy tecnológico. Y la industria de las plataformas también se ha puesto las pilas. Hemos visto cómo, durante las primeras semanas de la pandemia, había plataformas que se caían y que no terminaban de funcionar, y cómo en apenas dos semanas más han mejorado, han lanzado actualizaciones con más seguridad y ya estamos teniendo experiencias de trabajo colaborativo cercanas al tú a tú, al exponer en clase, al hacer preguntas…

Estas semanas todos hemos descubierto el poder de media docena de plataformas que ni sabíamos que existían.

Asistimos a un cambio metodológico, quizás a la fuerza, pero en el que los profesores han estado muy a la altura de las circunstancias. Han respondido con una profesionalidad destacable. Pero nos queda todavía pendiente cómo esa parte de la enseñanza tecnológica encuentra un complemento necesario en el acompañamiento personal, en la cercanía…
 
De lo que no se habla en casi ningún foro es de cómo se acompaña a niños y jóvenes y a familias con problemas en casa. O a los niños que sufren algún tipo de violencia o de conflicto … Donde nos jugamos el futuro de muchas personas, familias y niños es en cómo la escuela acompaña situaciones que no son las más deseables. Y esto es muy importante. Hablamos de vulnerabilidad, de género… De muchas cosas a las que tenemos que hincarle el diente cuando salgamos de esta. De una educación mucho más personalizada y orientada a construir competencias para la vida, relacionadas con la gestión emocional…

Usted conoce muy bien cómo es el sector en España y en la América Latina. ¿En qué se parecen y en qué se distinguen?
En España nos encontramos con unos niveles de éxito escolar que se comparan más con los países de la región europea que con los países de la región iberoamericana. Aquí, cuando tenemos un éxito escolar inferior al 70%, es decir, cuando el 30% de los alumnos no terminan la ESO o el bachillerato, lo consideramos un resultado desastroso. En América Latina esas mismas magnitudes comienzan a considerarse muy preocupantes cuando están en el 50%, cosa que aquí sería inadmisible.
 
Hay muchas diferencias, quizás porque, para mí, en España hubo también un gran acierto durante la Transición Política, que fue el de la implantación de las escuelas concertadas. Es decir, cuando los gobiernos y el sistema público educativo apoyan, aunque sea parcialmente, a escuelas con una determinada orientación, ya sea o no religiosa.

Aunque hoy en día vuelven a ser un tema de debate en lo político.

En España la potencia de la escuela concertada, junto con la mejora continua de la escuela pública, nos ha traído un sistema educativo que, cuando lo comparamos con Iberoamérica, es razonablemente saludable. Si esto me lo oyen decir los profesores o los sindicatos dirán que no tengo ni idea de lo que está pasando en España. Pero la verdad es que sí que tengo una idea, y soy muy consciente de que hace falta reforzar la capacidad del sistema educativo, atender mejor las necesidades educativas especiales, atender la enorme diversidad que hay…
 
Pero el sistema educativo español es inclusivo y obliga a que todo niño o joven que reside en España tiene que asistir a la escuela, y eso, en algunos países de Iberoamérica, todavía no se ha logrado. Allí, se estima que el 20% de la población todavía no asiste a la escuela. Habría que valorar la situación de cada país, no obstante.

Son realidades muy diversas, marcadas por políticas y gobiernos de distintos signos.
Una de las cosas que pido continuamente a los políticos de España y de América Latina es que la educación no se convierta en un en un arma política arrojadiza entre partidos. Es necesario que tenga unas bases comunes y que los sistemas educativos perduren entre una legislatura y la siguiente. No digo que no se produzcan cambios o adaptaciones, pero ciertos elementos del sistema deben permanecer.
Otra cosa en la que estamos invirtiendo mucha energía desde la Fundación es en la medición, evaluación y valoración del progreso de nuestros sistemas educativos.

Decía el barón de Kelvin que lo que no se mide no puede mejorar. Eso implica medir el desempeño de todos los actores.
Sí, pero no hablo solo de evaluar a los alumnos o a los profesores, también a las familias. Necesitamos generar una mirada objetiva de todo esto, porque si no, en la educación todo se convierte en opinable. Hace 23 años creamos IDEA, siglas que responden al nombre de Instituto De Evaluación Educativa y Asesoramiento. En él lideramos investigaciones, encuestamos a profesores, equipos directivos, instituciones en todas las etapas educativas y alumnos desde la secundaria… Nos interesa mucho conocer ese tipo de opiniones, porque así sabemos cómo ven y viven todo lo que tiene que ver con la educación los distintos actores.
No olvidemos que la profesión del maestro es la más importante del mundo, porque es la que hace posible que se formen los ciudadanos del futuro. Y un país que no invierte en la capacitación de sus maestros tiene muy poco futuro: los alumnos salen mal formados, la calidad de la educación se resiente.

Por otra parte, cada vez que publican un informe PISA se nos cae el alma al suelo…
PISA es un tipo de evaluación muy referencial. Nosotros hemos colaborado con la OCDE y con PISA y hemos hablado mucho con su director, Andreas Schleicher. Nos dijo que ellos hacen una especie de “cata” del terreno. Pero lo que no hacen es acompañar ni asesorar continuamente al proceso educativo. Por esta razón, en la Fundación SM decimos que los datos de PISA no son definitivos, sino que complementan la visión de la educción y nos proporcionan algunas pistas.
 
¿Por ejemplo?
Hay países que, en la lógica de los informes PISA, han hecho una evolución muy llamativa, como es el caso de Portugal, Singapur o Finlandia, este último el caso más emblemático y conocido. Son países que tienen unas condiciones de sociedad, población, presupuestos, modelo económico, etcétera, que les permiten destinar una parte muy importante de su PIB a la educación. Son países que han tomado decisiones de inversión muy importantes y muy a largo plazo, porque consideran la educación como una parte esencial de su estrategia como país.
 
Así que, con independencia de los gobiernos y de los colores políticos han mantenido una gran inversión en educación. Cuando les llega el siguiente informe PISA siempre ven cómo sus indicadores mejoran. La pregunta es: ¿y qué han hecho? La respuesta es, obviamente, invertir más energías, recursos y creatividad y, especialmente, convertir la educación en una estrategia de país. A mí, eso me parece fundamental y es una recomendación que le haría a todos los gobiernos que tuviéramos en España.
 
Cambio de tercio, completamente. Con la crisis del coronavirus, ¿la fundación que dirige ha tenido que ajustar sus presupuestos? ¿En qué les ha afectado?
Bueno, este año hemos tomado decisiones muy prudentes. El patronato de la Fundación me pidió algo que me parece muy ejemplar y que consiste en no dejar a nadie en la estacada. Así que no vamos a cancelar ninguno de los convenios del año 2020, especialmente en lo que tiene que ver con colectivos vulnerables que no podrían seguir formándose si les cortamos la ayuda. También hemos prorrogado un año más los convenios de investigación. Pero, en ciertos ámbitos, hemos tenido que reducir o recortar algunos proyectos y gastos de operación, como es lógico.
En general trabajamos con programas plurianuales. Y lo que hemos hecho en estos casos es interrumpir algunas de las aportaciones porque queremos concentrar los recursos en lo que es más urgente. Ya estamos pensando en 2021.

¿Y qué fotografía tienen en mente, por ahora?
Sabemos que vamos a poner las necesidades de los alumnos en el centro de la reflexión. Ya estamos desarrollando algunos seminarios online con instituciones educativas y con profesores, y lo primero que les estamos pidiendo es que nos ayuden a hacer una identificación de los daños. Debemos hacer un diagnóstico de cómo volverán los niños y niñas a la escuela. Cómo están, cómo han vivido el confinamiento, qué impacto socioemocional ha tenido en ellos, etcétera. Y desde ahí podremos reconstruir los lazos con las familias y buscar, como le decía antes, un modelo de educación mucho más colaborativo. Estoy convencido de que lo que nos viene es un trabajo con mucha más participación de toda la comunidad educativa.
 
¿Qué va a pasar con la educación de 2021 en adelante?
Es la pregunta que se nos hace en muchas entrevistas y foros de debate. Todo el mundo quisiera tener a un gurú al lado o una bola de cristal con la que anticipar el futuro. Lo que hemos aprendido de esta pandemia es que debemos prepararnos para la incertidumbre. La cuestión no es tanto qué va a pasar sino cómo nos vamos a posicionar, venga lo que venga.
En la Fundación tratamos de dar respuestas a esta segunda pregunta. Pensamos en lo que vamos a hacer, en construir redes de aprendizaje entre educadores y entre países distintos, en generar conversaciones de intercambio y de aprendizaje. Ahora más que nunca es crítico generar vínculos en un movimiento educativo que quiere avanzar. Hemos aprendido muchas cosas en este confinamiento.
 
Compártanos alguna, por favor.
Pues que el acompañamiento personal es también posible sin necesidad de estar todo el día desplazándose de un lado a otro. Durante la pandemia, muchos de los servicios tecnológicos han mejorado y seguirán mejorando, porque hay cada vez más demanda y más uso. Pero, también hemos aprendido que hay que recuperar el valor del trato personal, individuo a individuo, porque no podemos construir una humanidad basada en pantallas y colectivos impersonales. Las relaciones se hacen en el tú a tú y en el codo con codo.

Hablando de lo cual, ¿cómo ha vivido usted el confinamiento?
Pues la verdad es que bien. Me da algo de pudor decirlo porque hay muchas personas que lo han vivido con mucho sufrimiento. Pero para mí y la red de personas que me rodea ha sido una experiencia importante, que marcará nuestras vidas y nuestros formatos de trabajo. Hemos aprendido a comunicarnos de una manera nueva y hemos mejorado en eficiencia.
También hemos ahorrado mucho tiempo en viajes, reuniones y encuentros. Hemos logrado mantener sesiones de trabajo con 28 colaboradores de 10 países simultáneamente y no hemos gastado dinero en billetes, o tiempo y salud en viajes largos. Hasta ahora, no podíamos evitar agotarnos viajando tanto en avión.

Usted habrá encontrado un cambio con ese nuevo tiempo disponible.
Ciertamente. He encontrado tiempo para leer e investigar. Pero en esto, la disciplina personal es importante. No hay que estar pegados a la pantalla todo el día, porque enloquecemos. Y, eso sí, el encuentro físico no lo sustituye nada y ya estamos todos con unas ganas enormes de salir de nuevo y encontrarnos.