Presidente de Lead To Change

Xavier Marcet

Esencia o periferia

“La inteligencia artificial ha llegado tarde a esta crisis. Ojalá no se retrase en la siguiente”

 
La crisis del coronavirus acelerará los cambios que ya se estaban produciendo en las organizaciones

Martes, 19 de Mayo de 2020
El coronavirus lo ha transformado todo: el modo de relacionarnos, el de cuidarnos, el de consumir y el de trabajar. Hoy compartimos charla con el consultor, profesor y ensayista Xavier Marcet para ayudarnos a perfilar el alcance de todos esos cambios.
“Hay una gran lección en todo esto y es que es muy importante aportar cosas que tengan que ver con lo esencial. Si eres periférico, a la que viene un vendaval te quedas fuera”
 
“La inteligencia artificial cambiará el mundo al igual que internet lo cambió en su día. Pero lo que no sabemos es cuándo”
 
“Un fenómeno como el coronavirus es completamente nuevo. Hemos tenido que parar el mundo o, cuanto menos, dejarlo al ralentí”
 
“Habrá que adaptarse sin que la edad sea excusa. Todos sabemos que podemos hacer cosas cuando tenemos 20 años y cuando tenemos 65”
 
“No creo que nos quedemos sin trabajo. Lo que deberemos hacer es adaptarnos a una nueva relación entre personas y máquinas”
 
“Estamos conociendo el impacto que para los enfermos tiene estar ingresados en una UCI. Con la economía sucede igual”
 
“Más que pensar en un antes y en un después, deberíamos pensar en qué cosas ya se venían incubando y tendrán mayor desarrollo a partir de la crisis del coronavirus”
¿Usted cree que los cambios causados por la pandemia han llegado para quedarse o cree más bien que serán pasajeros?
Relativamente. No soy de los que se arriesgan a decir que todo lo que estamos viviendo ahora va a representar un antes y un después. Eso lo veremos mejor en un par de años. De lo que sí estoy convencido es de que todo esto va a acelerar las cosas. Por ejemplo, veremos organizaciones mejor distribuidas, una sociedad con un mayor número de profesionales autónomos, lógicas nuevas en relación con el consumo… Todos ellos son procesos que ya se veían venir, pero que ahora van a adquirir mayor velocidad.
 
A algunos les irá mejor que a otros.
A Amazon, a Alibaba y a las organizaciones online de todo el mundo, las cosas no les están yendo mal en estos días. Algunas tendencias se verán reformadas. Pero, insisto, más que pensar en un antes y en un después, deberíamos pensar en qué cosas se venían incubando y tendrán un mayor desarrollo a partir de la crisis del coronavirus.
 
Pensábamos que la tecnología podía vencer casi todos los obstáculos. Pero ni con todos los avances vimos venir el virus. 
Justamente esta es una de las cosas que más me han dado que pensar en estos días. Hace poco terminé de escribir un libro sobre el impacto de la inteligencia artificial en las empresas. En él planteo, y no sin cierta ironía, que la inteligencia artificial cambiará el mundo al igual que internet lo cambió en su día. Estoy seguro. Pero lo que no sabemos es cuándo. 
 
Bueno, pero en algo nos ayudará. ¿O no?
Veamos: a todos nos va a venir muy bien que la inteligencia artificial nos ayude a analizar y a formular previsiones de cuándo aplanaremos las curvas y de cuándo llegará la solución del coronavirus, eso está claro. Pero lo determinante hubiera sido que nos hubiera ayudado a evitarlo. La inteligencia artificial ha llegado tarde a esta crisis. Ojalá no se retrase en la siguiente. En general, creo que vivimos en una gran sobredosis de tecnología.
 
¿Por qué lo dice?
Cuando aparece cualquier nueva tecnología, se generan expectativas y mucho ruido; muchos decibelios, me atrevo a decir. Pero después, cuando intentamos implementarla, su capacidad de aplicación resulta que es mucho menor. Y, encima, la capacidad que las organizaciones tienen para absorber esa tecnología es aún más baja. Esto explica, por ejemplo, por qué el 85% de las startups fracasan. En la tecnología es importante lo que se corea en aquella canción tan popular: “¿Cuándo, cuándo, cuándo?”
 
La inteligencia artificial falló en prever la crisis. ¿Cree que las personas de las empresas podrían haberla anticipado?  
La respuesta es no. Existen mil planes de contingencia, mil aspectos y detalles. Existe hasta un amplio desarrollo de la compliance. Pero un fenómeno de este calibre es completamente nuevo. Hemos parado el mundo o, cuando menos, lo hemos dejado al ralentí. No digo que fuera algo inimaginable, porque en algunas organizaciones ya se planteaba y estoy seguro de que las aseguradoras deben haber formulado escenarios así. Pero en las compañías más habituales, e incluyo aquí las grandes empresas que facturan muchos miles de millones con las que trabajo, la respuesta es que no.
 
Cuentan que uno de los impactos más importantes se manifestará en la forma que tienen las empresas de organizarse a partir de ahora.
Sí. Una de las cosas que nos están pasando, y que el coronavirus está acelerando, es que la forma de las organizaciones cambiará porque cambiarán los sistemas de trabajo. Esto se va a ver a lo largo del primer tercio de siglo. Y es un ámbito muy interesante que cada vez atrae la atención y el estudio de más expertos.
 
¿Cómo cree que cambiará el trabajo con todo esto?
Veremos un creciente impacto de algunas tecnologías. Para explicarlo mejor, imagínese un esquema conformado por cuatro vértices: la “sensorización” de las cosas (que nos proporcionará muchos datos), el big data (que nos ayudará a trabajar con esos datos), la inteligencia artificial (que hará operativo el big data) y los robots, que en ciertos casos materializarán la inteligencia artificial. Los datos son la gasolina del sistema.
 
Ya lo imagino.
Este “cuadrado” tendrá un impacto muy importante en la organización del trabajo. Aunque no soy pesimista: no creo que nos quedemos sin trabajo. Lo que deberemos hacer es adaptarnos a una nueva relación entre personas y máquinas. Pero ya lo veníamos haciendo… Recordará cuando comenzamos a tener los primeros teléfonos móviles, allá por los años 90…
 
Perfectamente.
Y el WordPerfect y los primeros softwares de trabajo en ordenador… Ya hace tiempo que estamos adaptándonos. Pero tendremos que hacerlo más. Cosas que hasta ahora hacíamos las personas, pasarán a ser realizadas por máquinas. 
 
¿Y qué papel tendrán las personas?
Las personas haremos otras cosas. Y tendremos que adaptarnos, sin que la edad pueda ser una excusa. Todos tenemos una experiencia suficiente como para saber que podemos hacer cosas cuando tenemos 20 años y también cuando tenemos 65. Yo conozco a personas de 70 que están absolutamente al día y cuya adaptación es equivalente a la de personas mucho más jóvenes.
 
Los expertos vaticinan una enorme caída de la riqueza y un gran aumento del paro. ¿Usted también?
Dependerá mucho de lo que tardemos en encontrar un antiviral o una vacuna. Estos días estamos conociendo el impacto que para los enfermos tiene estar ingresados en una UCI. Con la economía pasará igual. Lo crítico será el tiempo que estemos parados. Quizás, si tuviéramos la suerte de que la epidemia aminorara con el verano, y teniendo todo el cuidado del mundo, podríamos pensar en reanudar la actividad con cierta alegría. Es algo psicológico.
 
En cambio, si nos pasamos un año y medio en la misma situación actual, nadie sabe lo que puede pasar, porque nadie ha estado parado hasta el punto en que lo estamos ahora. Hay cosas fundamentales para funcionar que se han roto. Por ejemplo: la cadena de aprovisionamiento.
 
¿Y cree que la crisis tendrá rápido repunte?
Es difícil de pronosticar: si el parón no es duradero, experimentaremos una crisis en forma de “V”, o de “U”, con una base un poco más ancha. Pero seguramente en sectores como el turístico la crisis tendrá forma de “L”. 
 
Ciertamente, las circunstancias son críticas para el turismo.
Digamos que se encuentra en la “zona cero” de la crisis. No sabemos cuándo podremos ponerlo en marcha de nuevo. Además, en España se ha dado una acumulación de problemas: la crisis de 2008 impactó en el sector de la construcción y en el inmobiliario. La de 2020 está afectando al turismo. Ambos son sectores clave para la economía del país y un refugio para muchas personas que necesitan trabajos que no requieran mucha formación. Todo esto puede tener grandes implicaciones sociales. El problema es muy grave.
 
Otra de las grandes tendencias empresariales recientes fue la RSC. ¿Cree que puede convertirse en un eje de adaptación para muchas empresas?
Mire, la Responsabilidad Social Corporativa es un concepto que ha evolucionado mucho y que ha tenido diversas acepciones en los últimos años. Para hacérselo corto, voy a citarle tres.
 
Muy bien.
Una de las definiciones dice que una empresa que gana dinero, de manera legal y haciendo cosas sin dañar a la naturaleza, decide destinar una parte de sus ganancias a ayudar a la sociedad promoviendo algún tema que le interese: cultura, deporte, lo que sea... Este es un primer estadio que muchas empresas siguen haciendo incluso hoy en día.
 
Entendido. 
El segundo estadio lo aportó el profesor Michael Porter, de Harvard Business School. Dijo que “hay otras cosas igualmente importantes aparte del negocio: los shared values” (los valores compartidos). La idea es que no es solamente relevante tener sensibilidad hacia la sociedad, sino también compartir unos valores que la sociedad misma tiene por relevantes. Por ejemplo: el respeto entre las personas, el aprecio a la diversidad, el equilibrio de género, etcétera. En esta versión, unos asuntos que hasta entonces solo se encontraban en la sociedad, pero no en la empresa, pasan a formar parte de la empresa a través de sus valores corporativos. 
 
De acuerdo. ¿Y la tercera definición?
Personas de muy distintas perspectivas están explicando que las empresas, con su propia actividad, a partir de lo que producen, deben generar algún beneficio social. Es decir, que además de generar beneficios económicos (porque si no los tienen, tendrán que cerrar), las empresas pueden generar beneficios sociales generando empleo o riqueza. Esto nos trae la idea de una doble cuenta de explotación (la corporativa y la social) que cada vez más empresas se toman en serio.
 
Usted, precisamente, ha dedicado mucho tiempo a estudiar este tipo de fenómenos. ¿Cómo ha sido su trayectoria, profesionalmente hablando?
Soy un consultor que trabaja fundamentalmente con empresas. Y, dentro de estas, me especializo en dos ámbitos: estrategia e innovación. A veces también trabajo para administraciones y universidades. A lo largo de mi vida he sido director general de empresas, directivo de universidad y, desde hará unos 20 años, lidero Lead To Change, una consultora que fundé en 2002. Inicialmente, mi formación fue humanística. Más tarde completé mis estudios en distintas escuelas de negocio, básicamente en España y en Estados Unidos.
 
También es docente y autor. Sus libros y sus columnas son muy celebrados. 
Son artículos de trinchera. Escribo más de lo que leo y de lo que digo. Aunque a veces me toca leer mucho. Pero la verdad es que haber tenido experiencia en la universidad, en el sector público y en la empresa, siempre enriquece.
 
Cuando volvamos a la normalidad, si es que lo hacemos, ¿espera recibir muchas peticiones de ayuda y consejo?
A los consultores nos pasa lo mismo que a las empresas. Si aportamos algo esencial nos contratan. Y si somos muy periféricos nos contratan poquito. Hay una gran lección en todo esto y es que es muy importante aportar cosas que tengan que ver con lo esencial. Si eres periférico, a la que viene un vendaval te quedas fuera. Esa es la realidad.