Robert Casajuana

Cisnes negros

“No es momento de debates. Necesitamos liquidez y rapidez para evitar la mortandad empresarial”

 
El economista Robert Casajuana recuerda que, a pesar de la crisis, algunos agentes económicos sabrán encontrar oportunidades

Martes, 28 de Abril de 2020
Tras superar lo más duro de la crisis sanitaria, las economías se plantean cómo hacer compatible la reactivación económica con la seguridad de las personas. El economista Robert Casajuana analiza para Feedback Today las diversas opciones existentes.
“A mí la palabra “gurú” no me gusta, porque los economistas nos equivocamos bastante y no tenemos la posibilidad de ver el futuro”
 
“A principios de este año daba la opinión propia y la de nuestro despacho sobre las perspectivas económicas y está claro que todo lo que entonces decía ya no vale para nada”
 
“Es momento de que el Banco Central Europeo haga política monetaria e inyecte toda la liquidez necesaria”
 
“A veces digo: ‘Tal vez el dinero que hemos gastado en tantas rotondas hubiera sido mejor gastarlo en sanidad o en sistema educativo, ¿no?’”
 
“Hay personas que en estos momentos se ven afectadas por una pérdida humana, pero si la mortalidad empresarial es demasiado elevada, cuando salgamos de ésta probablemente habrán perdido también sus medios de subsistencia”

“Me ha sorprendido el sistema sueco, que ha hecho un confinamiento muy selectivo para intentar que su economía siguiera funcionando. El tiempo dirá si ha sido un buen modelo para la economía y la salud”
 
“Debido a las caídas de muchas acciones a nivel global, quien disponga de un buen músculo financiero tendrá una oportunidad única de comprar a otras empresas de su competencia a unos precios muy bajos”
Hace veinte años los economistas eran unos profesionales muy serios que apenas salían en la tele. Actualmente, salen ustedes por todas partes. ¿Se han vuelto unos gurús?
Bueno, yo creo que eso comenzó a pasarnos durante la crisis de la deuda europea, sobre todo entre 2010 y 2012, cuando nadie del común de los mortales sabía lo que era la prima de riesgo. Pero desde aquel momento casi todo el mundo lo sabe o le suena. Lo cierto es que entonces estuvimos cerca del abismo y que los economistas comenzaron a ser muy mediáticos y seguidos en lo que decían… Aunque a mí la palabra “gurú” no me gusta, porque nos equivocamos bastante y no tenemos la posibilidad de ver el futuro. Pero, por lo menos, sí que tratamos de analizar lo que sucede cada día.
 
Ahora ya nadie se conforma con que un economista analice el pasado. Se les pide que anticipen el futuro. Keynes y Galbraith decían que ustedes conducen el futuro mirando el retrovisor.
Con la popularidad que los economistas vamos adquiriendo, la población nos pide que nos mojemos cada vez más y que demos nuestra opinión acerca de lo que puede pasar en el futuro. Desgraciadamente, aunque podamos analizar muchas series estadísticas y aplicar la econometría, siempre puede aparecer lo que nosotros llamamos un ‘cisne negro’, es decir, una situación inesperada…
 
Como el coronavirus.
Como el coronavirus. A principios de este año yo estaba impartiendo conferencias y entrevistas, dando la opinión propia y de nuestro despacho sobre las perspectivas económicas y está claro que todo lo que entonces decía ya no vale para nada en este momento. El escenario ha cambiado completamente. En 2008 el ‘cisne’ fueron las subprime, aunque ese era un fenómeno que se veía venir.
 
Algunos economistas lo olieron.
Exactamente. Nosotros debemos dar opiniones acerca del futuro, a partir del análisis que podemos hacer y de la creación de escenarios. Pero insisto en que los economistas podemos explicar con todo lujo de detalles todo lo que dijimos que iba a suceder y que finalmente no ha sucedido.
 
¿Quién manda ahora en el pensamiento económico, los que piensan en liberal o los más intervencionistas?
Es cierto que todos nosotros tenemos una cierta tendencia y apego a una escuela de pensamiento económica. Para resumir, hay 3 que son las más seguidas: está la keynesiana (por John Maynard Keynes), la Escuela de Chicago o monetarista (de Milton Friedman) y la de Austria (que es el modelo de Hayek).
 
Un keynesiano como yo es muy difícil que cambie su postura. En cambio, uno de la escuela austriaca sí que cambia de posición, porque cuando el mercado funciona y todo va bien, son muy austríacos y dicen que no hay que interferir en el mercado porque ya es eficiente. Sin embargo, en momentos como los actuales, todos piden ayuda a los gobiernos y se vuelven keynesianos. Es una paradoja de esa escuela.
 
Vaya. Por cierto, como keynesiano, ¿usted qué medidas propondría para paliar la precariedad que se cierne sobre la economía española?
Cabe distinguir entre las medidas a corto y a largo plazo. Y, en este sentido, me remito a la importancia de los Pactos de la Moncloa, liderados por el economista Leal, que contemplaban medidas a corto y a largo plazo y de los que mucho se ha venido hablando últimamente.
 
Veamos, a corto plazo es momento de que el Banco Central Europeo haga política monetaria e inyecte toda la liquidez que sea necesaria. También hay un aspecto bastante olvidado en los últimos años, a pesar de que Mario Draghi lo ha reclamado en todas sus comparecencias…
 
¿Cuál?
Que los estados mejoren sus políticas fiscales. Creo que deben ser mucho más productivos en priorizar en qué aplican el dinero que recaudan. Si quiere, le puedo poner un ejemplo de algo que me parece demencial. Como economista me encanta hacerlo, porque si no, se creen que somos unos técnicos raros.
 
No se prive.
Mire, yo soy un enamorado de viajar en coche. A veces viajo por el interior de España y me encuentro con pueblos semiperdidos encabezados por una rotonda espectacular, con grandes monumentos y jardines que requieren un mantenimiento. Todo eso es muy bonito, pero yo digo: “Tal vez el dinero que hemos gastado en tantas rotondas hubiera sido mejor gastarlo en sanidad o en sistema educativo, ¿no?”
 
Pues sí. Hubiera sido mejor.
Bueno, pues esto es lo que yo le achaco a cualquier gobierno de cualquier color de este país. Creo que debemos ser más productivos en las prioridades del dinero público. Y, si quiere, tengo otro ejemplo del ámbito educativo.
 
Por favor.
Mientras trabajaba y estudiaba en Londres aprendí que la conexión entre el mundo de la ‘City’ financiera y las universidades era total. Ya por aquel entonces las universidades sabían perfectamente qué necesitábamos en la ‘City’ y nos mandaban a chicos y chicas de primer año, como becarios, que venían ya con todos los ‘skills’ y herramientas requeridos. En España creo que existe una elevada desconexión entre el mundo de la universidad y la formación profesional y el del sistema productivo real. Y ese ‘gap’ es muy importante.
 
Otro de los temas que se plantean en todas partes es el equilibrio entre confinamiento y paralización económica. ¿Existe algún criterio a la hora de elegir entre la salud y la producción?
Mi visión es que, ante la disyuntiva, lo que hay que priorizar obviamente es la salud. Pero también creo que, si bien al principio es importante que las restricciones sean severas, también lo es el que, al cabo de una serie de semanas, dependiendo del país, se pueda volver a la actividad. 
 
Es que la parálisis de la economía global es muy peligrosa y, como nos decía Mario Draghi, hay personas que en estos momentos se ven afectadas por una pérdida humana, pero si la mortalidad empresarial es demasiado elevada, cuando salgamos de ésta probablemente habrán perdido también sus medios de subsistencia.
 
No todos los países saldrán igual, porque no todos toman las mismas medidas. Hay mucha comparativa. ¿Cree que hay quien lo hace mejor o peor?
Me ha sorprendido el sistema sueco. Han hecho un confinamiento muy selectivo para intentar que su economía siguiera funcionando. El tiempo dirá si ha sido un buen modelo para la economía y la salud. También dirá si el modelo italiano, de confinamiento estricto, ha valido.
 
Algunos critican el papel de economías del norte el seno de Europa. Se oponen a los ‘coronabonos’ y a otras fórmulas de financiación o rescate. Mucha gente de la calle no lo entiende. ¿Puede aclarárnoslo usted?
Puedo intentarlo. Mire, por un lado, está la vía propuesta por los países del norte de Europa –Alemania y Holanda–, que es el Mecanismo Europeo de Estabilidad, o MEDE. Este es el sistema que está funcionando y que tiene implicaciones negativas para quien lo utiliza. Holanda quería que el dinero fuera prestado con el requisito de que el país receptor emprendiera una serie de reestructuraciones económicas, pero no lo ha conseguido.
 
La otra vía, promovida por Italia, Francia y España, especialmente por Italia, es la de los ‘coronabonos’. Estos consisten en una emisión de bonos que se ofrece a los mercados financieros y que los inversores, que pueden ser europeos o de todo el mundo, adquieren a cambio de un interés. La idea es que con el dinero recaudado por la venta de bonos se disponga de liquidez para aplicar a la economía. Pero estos bonos son especiales.
 
Ah, ¿sí?
La gran diferencia entre un ‘coronabono’ y un bono del Tesoro español es que la respuesta del primero es solidaria por parte de todos los emisores. En un bono del Tesoro, si España no pudiera pagar al vencimiento, el inversor perdería el valor de lo invertido. Pero en el ‘coronabono’, si España no pudiera pagar, respondería Alemania, Holanda, Italia o cualquier otro país de la zona euro.
 
Entendido. ¿Y cree que los dimes y diretes entre países pueden poner en peligro el proyecto europeo?
Yo creo que en este momento Europa debe decir lo que quiere ser. Si quiere ser un ente promotor de la integración entre países, entonces la respuesta debe ser más solidaria de la que está ofreciendo. En cambio, si quiere ser mucho más puntillosa en el quién hace qué, probablemente se convierta en una Unión Europea aguada y en una lenta decadencia.
 
Dicho esto, también quiero aclarar que todos tienen sus razones. Los países del norte de Europa llevan razón al decir que España, después de crecer a más del 3% durante un trienio, tiene que haber acumulado recursos. “Y esos recursos, ¿dónde están?”, dicen los holandeses. Pero a mi modo de ver no es el mejor momento para el debate. Ahora necesitamos liquidez y rapidez para que no se produzca una mortandad empresarial irreversible en la economía europea.
 
También es cierto que algunos sectores han podido capear mejor la pandemia que otros. ¿Se refleja eso en los mercados?
Así es. Los precios de los mercados financieros de las diversas bolsas mundiales lo muestran con claridad. Por ejemplo, una compañía como Carnival, que se dedica a los cruceros de lujo, ha visto caer su cotización de una manera espectacular. Quien tuviera 100.000 euros invertidos en ella hace un año, ahora mismo solo tendría 15.000. 
 
En cambio, hay otras que han sabido adaptarse a la nueva situación. Le pongo el caso de Teladoc Health, una compañía americana que cotiza en NASDAQ, dedicada a la telesalud y que ofrece diagnósticos por videoconferencias y llamada telefónica. Ese será el futuro cuando pasemos el coronavirus, porque todo lo que sea descongestionar los servicios sanitarios presenciales en el mundo será una alternativa muy clara.
 
Ante obstáculos y adversidades siempre aparecen innovadores y startups con buenas ideas.
Sin duda. Cualquier crisis ofrece una serie de oportunidades. Y, en esto, la actual no es distinta. Los verdaderos emprendedores encuentran estas oportunidades, salen al mercado de capital-riesgo y buscan rondas de financiación para llevarlas a cabo. También creo que, en este momento, debido a las caídas de muchas acciones a nivel global, quien disponga de un buen músculo financiero tendrá una oportunidad única de comprar a otras empresas de su competencia a unos precios muy bajos… Aquí le pongo por ejemplo a Cellnex, la compañía de torres de comunicaciones radicada en Barcelona, que tiene un balance muy sólido y buenos recursos. Se le abren oportunidades con la crisis.