Economista y profesor en la UB

José María Gay de Liébana

ESPECIAL COVID-19

Recesión depresiva

“Es el momento de que la banca limpie su leyenda negra tras la crisis de 2008”

 
Gay de Liébana prevé contestación sociopolítica y replanteamiento de la globalización al terminar la crisis del coronavirus

Viernes, 03 de Abril de 2020
Didáctico, pedagógico y preclaro. Así es José María Gay de Liébana. En esta entrevista, realizada desde el confinamiento telefónico, el profesor desgrana la situación económica actual y anticipa posibles escenarios tras la COVID-19. La conclusión: habrá que trabajar duro.
 
“Tengo la impresión de que nos gobiernan unos aficionados. El problema que tenemos en España y en Cataluña es que no tenemos a personas que sepan realmente de gestión”
 
“La austeridad se ha aplicado en el recorte de salarios sanitarios, de educación, y de necesidades fundamentales. Pero el gasto público ha crecido”
 
“De todo el dinero que se ha dicho que se va a movilizar, el Estado, de momento, no pone nada. En otros países sí, pero en España, como máximo, van a poner 17.000 millones de euros”
 
“La economía española tiene una estructura económica muy sensible. Dependemos muchísimo del turismo y los servicios. Y poco de la industria. Además, se ha movido en estos años y se ha abierto a mercados exteriores que ahora resulta que tienen que hibernar también”
 
“Ahora nos damos cuenta de que si, en vez de enviar las a fabricar China, las mascarillas se fabricaran en Cornellà, tardarían 5 minutos en llegar a los hospitales”
 
“No sé qué va a pasar con Europa. Hay una división entre el norte y el sur, entre los que han sido rigurosos con los números y los manirrotos y dadivosos”
En Economía, dicen que las expectativas son un factor fundamental. Pero nadie se esperaba la irrupción del coronavirus. 
El virus lo ha cambiado todo. Y, encima, no podemos prever ni los próximos 5 minutos. Todo el mundo va a remolque. Y desde el punto de vista económico, cada 5 minutos pasa algo nuevo. Ahora lo que prevalece en nuestras vidas es el efecto coronavirus: el daño que está haciendo y sus consecuencias.
 
Ahora es tiempo de médicos y hospitales. Cuando acabe el confinamiento, ¿los héroes serán los economistas?
Bueno, lo seremos todos. No solamente los economistas. En primer lugar, hay que hacer muchísimo caso a los médicos, enfermeros, investigadores, epidemiólogos, virólogos y científicos. Este va a ser el eje fundamental. A partir de ahí, nos encontraremos con una vertiente económica del problema: deberemos dotarnos de recursos para combatir en esta guerra, porque la economía va a quedar debilucha y la tendremos que reconstruir entre todos. 
 
Creo que también habrá un poco de movimiento social y político y, dentro de ese contexto global, entraremos en planteamientos serios sobre la globalización y sobre reindustrializar otra vez los países avanzados que habían dejado de ser industrializados. Y todo ello, en una economía de guerra y con un problema de deuda y de víctimas económicas que vamos a asumir entre todos.
 
Usted es muy pedagógico. ¿Puede ayudarnos a entender cómo es posible que de una situación de austeridad y recortes hayamos pasado a una inyección de miles de millones de euros en liquidez? ¿La emergencia ha sacado el dinero a la luz?
Déjeme comenzar por lo de la austeridad. Esa ha sido la fotografía que nos han vendido los políticos. Pero cuando uno tiene las cuentas públicas delante, como es mi caso, lo que ve no es otra cosa que aumento del gasto público. 
 
La austeridad se ha aplicado en el recorte de salarios, precisamente, de sanitarios, de educación, de lo que eran necesidades fundamentales. En otros países no ocurre. Si el gasto público ha aumentado, pero no han crecido los recursos destinados a sanidad, educación y protección social, es que hay alguna partida que no acaba de cuadrar. 
 
¿Alguna hipótesis de a dónde ha ido a parar el dinero?
Me imagino que esas partidas están relacionadas con el desmesurado gasto de la industria política. ¿Qué sucede? Pues que, si hasta ahora se aludía al déficit, a la disciplina y al rigor presupuestario, a partir de ahora, con las alertas que tenemos, hay que movilizar todo el dinero posible. Pero me gustaría puntualizar algo.
 
Claro, hágalo.
De todo el dinero que se ha dicho que se va a movilizar, el Estado, de momento, no pone nada. En otros países sí, pero en España, como máximo, van a poner 17.000 millones de euros.
 
Pero el Gobierno dijo que iba a mover 200.000.
Todo ese dinero corre a cargo del sector privado. Es decir, el Estado va a poner avales por valor de 100.000. Pero avalar no significa poner dinero, vamos a ser precisos con los términos.
 
El resto lo pondrá el sector privado…
Por un lado, están las entidades financieras, que van a tener que ajustarse. Yo creo que es el momento de que la banca limpie lo que era su leyenda negra de la crisis de 2008. Ahora está muy dedicada a dar soporte y ayuda monetaria al mundo empresarial. Evidentemente, tienen que cobrar, porque ese es su negocio, pero también va a tener un papel fundamental. Hay unos grandes contribuyentes que, a la vez, son grandes damnificados: las empresas y los trabajadores.
 
Los de siempre.
Si un bar no abre las puertas, no tiene clientes. Y no tiene ingresos. Ni dinero en metálico. Así que va a tener que hacer ajustes a la fuerza, porque tampoco podrá mantener a sus camareros y cocineros. Y, lamentablemente, esa actividad desaparecerá. Por otra parte, hay personas sujetas a ERTEs actualmente que, por desgracia, en una segunda parte, van a perder sus empleos y tendrán que reajustar sus gastos también. Contribuyentes y empresas: los grandes damnificados.

En la historia económica mundial reciente, ¿se recuerda algún evento parecido al de la crisis actual? Lo digo por si existe algún remedio que ya se haya puesto en práctica.
Hoy mismo la ONU comparaba la crisis actual con las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial. Me llamó la atención. Incluso el torneo de Wimbledon, que es el campeonato por antonomasia, se ha suspendido. Esto solo sucedió una vez, durante ese conflicto bélico.
 
Lo mismo dicen del Tour de Francia. 
¡Exacto! Esto nos viene a indicar que estamos en una situación de hecatombe mayúscula. Yo creo que nos habíamos acostumbrado muy bien. Y usted y yo somos hijos de esos tiempos bonancibles, en los que no hemos tenido problemas severos a nivel social, como sí los tuvieron nuestros padres y abuelos, que ahora, pobrecitos, sufren nuevamente. Ellos pasaron por la Guerra Civil, la Mundial, la reconstrucción europea…
 
En aquellos tiempos, fue de sentido común el que había que aportar muchos recursos. Este vuelve a ser un periodo excepcional. Y en circunstancias excepcionales, se necesitan recursos extraordinarios. Ahora no podemos estar ajustando el déficit público ni limitarlo a un porcentaje del PIB. Eso sí, hay que tener en cuenta que cuando alguien se endeuda es porque otros le están prestando el dinero. En el caso de España, mientras la Unión Europea y el Banco Central Europeo estén detrás, nos dejarán el dinero. Pero si nos fallan, vamos a quedar con un atraso.
 
Durante el confinamiento se han ido tomando medidas de política económica de manera escalonada. ¿No le parece que han sido un poco improvisadas?
Yo particularmente tengo la impresión de que nos gobiernan unos aficionados. Son la masa rugiente de los estadios, pero no son profesionales de la gobernanza ni, fundamentalmente, gestores. El problema que tenemos en España y en Cataluña es que no tenemos a personas que sepan realmente de gestión, digo a nivel empresarial, y que sepan qué hay que hacer. Esto ha sobrepasado a todo el mundo. Así que sí, están improvisando y son conscientes de que no tienen el dinero necesario. Creo que el Gobierno está más perdido que un pulpo en un garaje. Están totalmente descolocados…
 
Le van a acusar de estar en contra del Gobierno.
Yo siempre me meto con el Gobierno. No importa si es de un color u otro. Lo que no puede ser es que un decreto ley vaya a entrar en vigor y que, hasta un cuarto de hora antes, no se sepa cómo queda redactado. Además, no dan la talla, no están suficientemente preparados y es ahora cuando realmente necesitaríamos tener a mujeres y a hombres que no solo vieran el momento, sino que supieran lo que hay que hacer a continuación… 
 
Hay que pensar ya en reconstruir. ¿Y qué le pedimos a las empresas? ¿Qué paguen sus impuestos? Pues vamos a destruir tejido empresarial… Y es un tejido que desaparecerá, lo enterraremos. No es lo mismo mantener a alguien para que luego se reanime y vuelva a ser quien era, que matarlo esperando a que haya nuevos nacimientos.
 
Se ha mencionado la idea de entregar liquidez directamente al contribuyente: el cheque. ¿Qué le parece?
Donald Trump puede ser un poco bruto, pero lo puso en marcha a su estilo: 2 billones de dólares. Un plan brutal. Lo elogio totalmente.
 
A todos los lectores nos preocupa cómo será el día después de esta guerra. ¿Cómo debería ser para normalizar la situación en los distintos sectores?
En primer lugar, le advierto que seguiremos en un bache económico y que esto puede provocar cierto malestar social. Eso, entiendo yo, puede dar lugar a una crisis de carácter sociopolítico. La gente se empezará a preocupar por cómo se ha gestionado el dinero público y comenzaremos a pedir responsabilidades de los unos, de los otros, de los aumentos alegres de las pensiones… Vamos a ver qué pasa. Pero, por otro lado, también nos ayudará a pensar qué sector público queremos y empezaremos a discutir los recortes en sanidad. Mientras tanto, como entre los políticos no hay ningún ERTE, se va a generar más malestar.
 
Nuestra economía estará tocadilla y con esto quiero decir que nos habremos gastado mucho dinero y que nos habremos endeudado todos: el Estado, las empresas, los particulares, etcétera. Además, habrá que plantear el reto de la globalización.
 
¿En qué sentido lo dice?
Yo creo que vamos a ir hacia una desglobalización y una reindustrialización de los países avanzados y, por tanto, de los países de Europa. O sea, ahora nos damos cuenta de que si, en vez de enviarlas a fabricar China, las mascarillas se fabricaran en Cornellà, tardarían 5 minutos en llegar a los hospitales. Y no sé qué va a pasar con Europa y lo digo porque hay una división entre el norte y el sur, entre los que han sido rigurosos con los números y los manirrotos y dadivosos.
 
Menudo panorama…
Y también nos plantearemos el hecho de que la industria manufacturera solo representaba un 11% del PIB en España. Yo lo he venido diciendo, pero no hacíamos caso. Creo que alguien dirá “nos equivocamos con el tema de la industria”. A partir de ahí, las políticas serán de refuerzo del sistema sanitario y de valorar a las personas que trabajan en él. Tendremos una ventaja, no obstante.
 
Por fin, una buena noticia. ¿Cuál?
Esto va a generar una buena siembra. Los chavales de hoy habrán vivido una guerra y esa guerra les hará fuertes. Yo pienso en mis alumnos de la facultad. Hasta ahora no habían tenido problemas, más allá de la crisis de 2008. Ahora están confinados. Desde el rectorado nos están diciendo qué tenemos que hacer con las clases. Yo creo que va a ser una cicatriz que hará que todos nos superemos.
 
La gripe aviar, el SARS, el MERS… fueron otras epidemias, que no llegaron hasta este punto. Pero esta sí. ¿Estaremos ante el inicio de un nuevo paradigma?
Efectivamente. Mire, esto es como una película de Netflix. Con esas epidemias, nosotros estábamos viendo la película. Pero con la actual, la estamos protagonizando. El cambio ha sido brutal. A partir de ahora vamos a tomar precauciones y a desarrollar ciertos miedos, y estos irán en contra de nuestro modelo económico, porque está basado en el turismo, en los servicios, en el salir a la calle… Ahora la gente va a tener cierto repelús de estar confinados. Así que no creo que todo el mundo quiera salir a la calle de golpe. Así que sí, será un nuevo paradigma que implicará una higiene mental importante.
 
Hay quien estima la caída del PIB español en un 5 o un 10% este año. ¿Usted es más bien optimista o más bien pesimista, en ese sentido?
No tengo ninguna base para opinar si va a ser el 5 o el 10%. Hace pocos días salió publicado el informe de previsiones económicas del Banco de España y ni ellos mismos se atrevían a prever nada, porque no sabían lo que iba a ocurrir. Evidentemente, preveían una caída… A mí lo que me preocupa de esta caída es ver si es de las que te caes y te pones de pie enseguida, o si cuando te caes te quedas noqueado y tiene que venir a buscarte la ambulancia, llevarte al hospital, ingresarte y hacer convalecencia luego. Eso marcaría la diferencia entre una recesión y una depresión.
 
¿Es una diferencia sensible?
En una recesión, bueno, pues te has caído y enseguida te levantas. Pero en una depresión te caes y tienen que darte pastillas, ir al psiquiatra, ir aquí, allá… Ese es el problema. La recesión sería lo que los economistas decimos una caída “en forma de V”: caes, tocas fondo y te levantas. Pero también puede ser una “U”, o una “L”, que va ganando adeptos… Vemos la caída, pero nos quedamos abajo durante largo tiempo. 
 
La economía española tiene una estructura económica muy sensible. Dependemos muchísimo del turismo y los servicios. Y poco de la industria. Además, se ha movido en estos años y se ha abierto a mercados exteriores que ahora resulta que tienen que hibernar también, así que nos encontramos ante un dilema tremendo: no vendemos fuera lo que vendíamos y, además, alguien de fuera vendrá a vendernos y va a desplazar a nuestra industria. Las lecturas son bastante contundentes, pero hay que tener optimismo… Soy del Espanyol y sé lo que es esto, créame.

Un confinamiento sin fútbol es más confinamiento.
Sí, pero ya me parece bien, porque la Liga está neutralizada y no saben lo que van a hacer. Todo el mundo reconoce que sería injusto y poco equitativo dar la Liga por acabada, pero, qué quiere que le diga… Habría que resetear la competición y volver a comenzar otra vez la próxima temporada. Y el Espanyol, a volar alto.