Directora general de Cóndor

Roser Ramos

Tradición y proximidad

"Entre las empresas del sector nos animamos a ser más sostenibles" 

 
En 2019 Condor fabricó y vendió 500.000 docenas de calcetines y leotardos en 63 países

Martes, 31 de Marzo de 2020
Cóndor es la marca popular de Aretex, una empresa fundada en 1898 en Arenys de Mar y dedicada al textil. Hoy en día es sinónimo de calcetines y moda infantil en más de 60 países del mundo. Hablamos con su directora general, Roser Ramos.
 
"Hemos pasado por momentos delicados y complicados, pero ninguno nos ha hecho tambalear o pensar que tendríamos que cerrar"

"Tengo 63 años, pero no pienso jubilarme porque me encanta trabajar y tengo muchos proyectos"

"Hay quien todavía nos pregunta cuándo decidimos volver a Catalunya o a España a fabricar. La respuesta es que nunca nos marchamos"

"Seguimos fabricando como hace 122 años, de la misma manera y con el 100% de producción en Arenys de Mar"

"En los medios convencionales te ve poca gente y tienes que ser muy machacón, con lo que hay que hacer un gran desembolso"

"Si pudiéramos ver la cantidad de vida microscópica que hay en un zapato, igual no volveríamos a calzárnoslo sin calcetín"

"Muchas escuelas de diseño 'fabrican' diseñadores profesionales como churros. A la hora de la verdad, muy pocos triunfan. Como Messi, Nadal o Armani, solo hay uno cada tanto" 
Cóndor se creó como una empresa familiar. Hoy día lo sigue siendo, aunque forma parte de un grupo empresarial más amplio, también catalán.
Así es. Forma parte de la Corporación Empresarial Valls, conformada por seis compañías, tres de ellas dedicadas a las artes gráficas y las otras tres al textil. Y, dentro de estas, tenemos una dedicada a la hilatura de poliamida, otra que es Punto Blanco y nosotros. Por lo tanto, formamos parte de una empresa familiar al 100%, que fue fundada por los hermanos Valls, de Igualada, ambos ya fallecidos. Ellos se fueron a las Américas y cuando volvieron montaron sus empresas. Manuel lanzó Punto Blanco y en 1975 compró Aretex, que en aquellos momentos estaba tratando de superar una crisis causada por un incendio sufrido en 1971.
 
Aretex también era una compañía familiar.
Sí, era propiedad de la familia Riera, originaria de Arenys de Mar. Aquel incendio les quemó media fábrica. La habían montado con una docena de señoras del pueblo, dedicadas a la costura. Cuando Valls la vio pensó que era una fábrica muy bien organizada e interesante. Él era un buen industrial y le encantaban las máquinas. Decidió comprar la empresa. Si las cosas no le salían bien, la liquidaría y tendría un competidor menos. Pero si funcionaba, dispondría de una nueva planta productiva.

Y salió bien.
Manuel Valls envió a personas de su confianza a Arenys de Mar y las puso al frente. Durante los primeros años pasaron por ciertas dificultades, pero lograron poner el proyecto a flote. Y, llegado el momento, la actividad siguió de manera independiente. Durante un tiempo ambas compañías compitieron un poco entre sí. Pero hoy en día ya no es como antes, cuando las empresas hacían un poco de todo. Nosotros nos hemos especializado en un mercado concreto, de manera que llegamos a un público específico en 63 países de todo el mundo. Somos una referencia y nos está yendo bien.
 
Aunque tuvieron que superar crisis a lo largo de los años.
Como todas las empresas. Hemos pasado por momentos delicados y complicados, pero ninguno nos ha hecho tambalear o pensar que íbamos a tener que cerrar. Trabajamos con un equipo muy bueno, con personas que tienen mucha experiencia y personas muy jóvenes. Los mayores se nos jubilan. Yo misma tengo 63 años, pero no pienso hacerlo porque me encanta trabajar y tengo muchos proyectos. Y la gente con sabia nueva nos pone las pilas a todos. Es una mezcla muy buena.

En los años de la internacionalización del textil, ¿ustedes siguen fabricando aquí?
Hay quien todavía nos pregunta cuándo decidimos volver a Catalunya o a España a fabricar. La respuesta es que nunca nos marchamos. Nunca fuimos a China. Como mucho fuimos a visitar las fábricas de calcetines de allí, pero observamos que ninguna de ellas hacía lo que nosotros hacíamos, ni con nuestra fórmula ni con nuestro nivel de calidad. Seguimos fabricando como hace 122 años, de la misma manera, en Arenys, el 100% de producción. Excepto el hilo que nos llega de fuera, todo lo demás nos lo hacemos en casa.
 
Recuerdo que tanto Punto Blanco como Cóndor fueron marcas pioneras en la publicidad televisiva. Muchos aún recordamos aquellos anuncios de calcetines. ¿Siguen teniendo esa vena publicitaria o ha cambiado su forma de promocionarse?
Hemos cambiado. Y lo hemos hecho por cuestión de costes. Hace unos años invertimos en un spot publicitario que se emitió en televisiones de Catalunya. Pero, más allá de esto, en los medios convencionales te ve poca gente y tienes que ser muy machacón, con lo que hay que hacer un gran desembolso. 
 
Actualmente tenemos un gran despliegue en redes sociales. Por ejemplo, tenemos a una persona que dedica toda su jornada a gestionar nuestro perfil de Instagram, donde nos siguen más de 100.000 personas de todo el mundo. Además, están las cuentas creadas por nuestros distribuidores y agentes locales en diversos países. Esto tiene un coste, pero ni de lejos es el de la publicidad tradicional. Como mucho, requiere trabajo.

Es que el consumo de publicidad ha cambiado.

Mi hija, por ejemplo, tiene 33 años. Ella ve televisión a través de streaming: series, eventos deportivos, lo que sea. Pero no hace el mismo uso que yo. Por otra parte, también creo que es difícil situar un anuncio de calcetines en una franja horaria en concreto. Los niños no son los clientes: lo son las mamás y las abuelas. 
 
Así que hace unos 3 o 4 años decidimos ser muy activos en las redes sociales y, dentro de estas, nos centramos en Facebook e Instagram, donde tenemos a un montón de personas que nos siguen y que aportan contenidos y fotos. Con ello generamos nuevos clientes, ya sean consumidores finales o distribuidores en todo el mundo.
 
Los calcetines son una prenda universal. ¿Hasta qué punto son sensibles a las modas?
Recuerdo que hubo una época en la que algunos caballeros optaron por llevar calzado cerrado, del tipo Oxford o mocasín, pero sin calcetín. Eso cambió, afortunadamente. Porque, de entrada, tengo que decir que llevar calcetín es algo higiénico…

Bastante lógico.
Partimos de la base de que nuestros pies aguantan el peso de nuestro cuerpo durante todo el día y eso hace que suden. Los de los niños, todavía más. Si pudiéramos ver la cantidad de vida microscópica que hay en un zapato, igual no volveríamos a calzárnoslo sin calcetín.  

Así es, pero me decía usted algo sobre la moda.
Hay modas, así es. Hace muchos años vivimos el boom de los calcetines calados. Luego fueron vistos como demasiado clásicos. Ahora, de golpe, se han vuelto a poner de moda en el norte de Europa y los países escandinavos. Los llaman crochet y los consideran como si los hubieran hecho a mano (en realidad no es así) porque recuerdan al ganchillo tradicional. La moda saltó de Europa a Estados Unidos, y a Australia y a medio mundo. Está siendo un éxito total.
 
Le digo esto porque siempre estamos pendientes de lo que va a venir. Por ejemplo, en materia de colores, cada temporada tenemos 70 colores en activo. Cuando el año es de azules, nosotros hacemos más azules. Cuando es de amarillos, lo mismo.
 
Hace muchos años se hablaba del hilo de Escocia. Era muy caro y bueno, o eso decían. Algunos puristas siguen distinguiéndolos de otros, diciendo que están hechos de hilo. ¡Claro, no están hechos de madera! En un calcetín todo es hilo, ya sea grueso o fino. Pero el llamado hilo de Escocia es uno muy fino, 100% de algodón y mercerizado, es decir, que no tiene ni poro ni escama. De ahí que con él se puedan fabricar calcetines que son prácticamente como una segunda piel: ajustables, frescos, agradables… Muy indicados para verano y para caballeros. Se trata del hilo más refinado y estirado y, al tejerlo, forma una malla pequeña y prensada, muy bien realizada. Como consume tanto hilo, su elaboración es también más cara.
 
Entendido. Y, aprovechando, a mí siempre se me caen los calcetines pantorrilla abajo. Pero no soporto las gomas elásticas. ¿Alguna solución para eso?
Es muy difícil. Los calcetines no se hacen a medida. Las piernas, pantorrillas y tobillos de cada persona son distintos y los hay más o menos grandes y más o menos estrechos.  
 
Lo que sabemos es que hay personas a quienes no les importa que los calcetines les aprieten, y de ahí la moda de los calcetines técnicos, que se utilizan para correr, pero que nunca se caen. Pero si no quieres que aprieten, se te suelen caer. Es como cuando quieres una camisa de algodón, pero no quieres planchar… Es imposible.
 
O una cosa o la otra, claro. Y en cuanto a la exigencia de sostenibilidad, ¿ha cambiado mucho la manera de hacer?
Mire, el consumidor final, que es quien nos marca la pauta, está yendo lento en esto. Hay una parte de la población muy sensibilizada en estos temas, pero la gran mayoría todavía no. Yo pienso que esto ha llegado para quedarse y que, a medida que los niños se vayan educando y vean las animaladas que hemos hecho con los plásticos y demás, se irán concienciando.
 
Las empresas y los individuos sentimos la necesidad de hacer algo, aunque sea poco. Entre las empresas del sector nos animamos a ser más sostenibles. Nos preguntamos, por ejemplo, qué hay que hacer para certificarnos en el uso de algodón orgánico, o de tintes ecológicos, etcétera. Esto cada vez irá a más. Pero, por ahora, la gente compra pensando más en el precio.
 
¿Elaboran ustedes algún producto sintético?
Muy poco. Cada vez menos. Antes teníamos el tejido acrílico, que sustituía la lana. Algún cliente todavía nos lo pide. Pero fuera de España ya no te lo compra nadie. Volvemos a las lanas. Pero, en contrapartida, hemos lanzado un producto de poliéster que, cuando lo tocas, apenas notas diferencia con un calcetín de algodón.
 
¿Puede darnos un cálculo de cuántos miles de calcetines se fabrican en Cóndor?
Nosotros los contamos por docenas, como en el negocio de los huevos. En 2019 hemos fabricado 500.000 docenas de calcetines y leotardos. Así que haga el cálculo. Además, esa es la cantidad de calcetines que vendemos, porque trabajamos con stocks continuos. La ventaja de tener la empresa en Arenys, organizada verticalmente, es que somos de proximidad. No solo para Barcelona o Madrid, sino también para Francia, Alemania, Italia, etcétera. Ese es nuestro éxito: poder servir un pedido a casi cualquier parte del mundo en tiempo récord.

En 2014, y durante unos años, presidió el clúster Modacc, dedicado a la moda. Dicen que en Catalunya esta industria ha perdido gas. ¿Qué opina?
Sigo en la junta directiva de Modacc. Allí tenemos más de 120 socios entre los que se encuentran empresas textiles, productores, especialistas en imagen, transporte, etcétera. En resumen, tenemos todo el ecosistema del textil y la moda.
 
Catalunya siempre ha sido textil y se mantiene buena parte del calor, pero muchas empresas han desaparecido y otras se fueron a fabricar a China, los países del Este, Marruecos, Portugal… Creo que volver a industrializar todo ese textil aquí sería muy difícil por los grandes costes que tendría, pero también debido a que se ha perdido mucho talento de nuestra industria. 
 
¿En qué sentido lo dice?
Verá, tenemos muchas escuelas de diseño que “fabrican” diseñadores profesionales como churros. Son personas muy bien preparadas, pero, a la hora de la verdad, muy pocos triunfan. A la gente joven le digo lo mismo: como Messi y como Nadal, solo hay uno. En el ámbito del diseño, solo hay un Armani cada tantos años, pero pocos más. 
 
No me malentienda, mi queja no es en contra de la abundancia de diseñadores, sino de la ausencia de profesionales en la fábrica. Falta quien cosa, quien remalle, quien haga de patronista o quien esté a pie de máquina. Y tenemos un problema, porque la gente joven no está por la labor de dedicarse a eso.
 
Permítame una confianza. Por la ropa con la que la veo vestida, su estilo me recuerda mucho al de Sita Mur. También era originaria de Igualada.
Igualada fue -y todavía tiene mucho de- referente en cuanto a género de punto y tricotosa. El Maresme lo había sido más bien en el género circular. Yo siento una gran admiración por Sita Mur. Toda la vida la he considerado como la mejor diseñadora de este país, como una bellísima persona y como una gran profesional. Nos dejó hace un tiempo, pero su huella sigue ahí. Sus hijos y su familia siguen haciendo cosas que me encantan.
 
¿De dónde viene el nombre de su empresa?
Lo desconocemos. No nos ha llegado ninguna constancia escrita de por qué el Sr. Riera llamó a la empresa de esta manera. Una hipótesis es que, tan solo unos años antes de que él la pusiera en marcha, en Alemania se había creado una gran empresa de calcetines llamada “Falke” (halcón en español). 
 
Quizás optó por un nombre de ave por esta misma razón.
Quizás en la América andina, de donde es el cóndor es originario, se sorprendan por nuestro nombre. Pero sé que, en muchos países del resto del mundo, cuando mencionas “cóndor”, piensan enseguida en calcetines y no en el ave. Como cuando dices “Mango” y piensas en la marca de moda. Al final, el nombre que tienes es el que la gente te da. Siempre digo que tenemos la suerte de vender calcetines y leotardos, pero que, en realidad, eso es una filosofía y una manera de mostrar al mundo lo que somos y la responsabilidad que tenemos. La gente se enamora de ello.