Consejero de la Fundación Damm

Ramon Agenjo

Filantropía sostenible

"Las sociedades que apuestan por la cultura son mejores" 


Fútbol formativo, pádel y colaboraciones en el campo de la cultura son las principales aportaciones de una fundación con 20 años de historia.

Martes, 03 de Marzo de 2020
En las instalaciones de la Antigua Fábrica Damm, en pleno corazón de Barcelona, nos recibe Ramon Agenjo, persona clave en el grupo que lleva el apellido de su bisabuelo. Con él hablamos de filantropía y de los proyectos de la Fundación Damm.
 
“Las fundaciones tienen ciertas ventajas fiscales, pero hay quien solo las constituye para aprovecharse de ellas y eso es un gran error”
 
“La Fundación Damm nació hace 20 años, pero la compañía hace 144. Hemos hecho acciones filantrópicas y de mecenazgo desde siempre”
 
“Yo soy empresario y secretario del consejo de la Fundación. Tengo muchos gorros, como suelo decir. Uno de ellos es el de la Fundación Damm. Es un trabajo que me encanta y al que dedico el tiempo de verdad”
 
“En España hay casi dos millones de personas que juegan una o dos veces por semana al pádel. En algunos momentos del año, la cifra sube a cinco millones. El crecimiento es exponencial”
 
“Dos o tres veces cada día, de media, nos llaman a la puerta pidiendo que patrocinemos algún proyecto. Pero nos mantenemos fieles a los nuestros”
 
“Cacaolat fue una oportunidad que surgió y que nos planteamos en Damm. También se la planteó la familia Daurella, dueños de Cobega, y dijimos: ‘¿Por qué no lo hacemos juntos?’”
 
“La sostenibilidad es uno de los ejes vertebradores del plan estratégico de la compañía. Y de algún modo impactará en la Fundación”
¿Cuál es la actividad de Ramon Agenjo, responsable de la Fundación Damm? ¿En qué distribuye su tiempo?
Tengo muchos gorros, como suelo decir. Uno de ellos es el de la Fundación Damm. Es un trabajo que me encanta y al que dedico el tiempo de verdad. Yo soy secretario del consejo de la Fundación. Además, soy consejero presidente de casi todas las filiales del grupo Damm, así que mi labor es la de empresario. Formo parte de la cuarta generación de la compañía. Mi bisabuelo fue José Damm, el fundador. Un día, mi presidente y ejecutivo número uno, que es Demetrio Carceller, me dijo: “Mira, Ramon, además de ocuparte de la secretaría y de los consejos, también te dedicarás a la Fundación, junto a Ramon Armadás, otro consejero”.
 
Me dio este trabajo, que era pequeñito. Comencé con el fútbol, con la Damm, como presidente. El proyecto ha ido creciendo y ahora, la verdad, me ocupa muchísimo tiempo. Pero lo hago encantado de la vida, porque me gusta. Me pagan más por ser consejero, secretario o empresario. Pero lo otro me ocupa mucho tiempo, porque es casi como un hobby para mí.
 
La Fundación cumple 20 años, tiempo más que suficiente para ver cómo la sociedad cambia. Las Naciones Unidas pusieron en marcha la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. ¿También Damm tiene un hilo conductor así?
La Fundación Damm nació hace 20 años, pero la compañía hace 144. Hemos hecho acciones filantrópicas y de mecenazgo desde siempre. En 1954 creamos un club de fútbol formativo porque, en aquel momento, los niños tenían que jugar en la calle. También eran otros tiempos: no había tantos automóviles circulando. Pero en los años 50 comenzaron a haberlos y mi abuela, María Damm, dijo: “Tenemos que hacer algo para estos niños”. Montamos un club de fútbol que ahora cumple 66 años y que sigue funcionando. Si lo tuviéramos que hacer ahora, cambiaríamos algo. Pero mantenemos el Club de Fútbol y el Club de Pádel. Hemos hecho muchas otras cosas, que han ido variando según el momento.
 
¿Las fundaciones corporativas de hoy tienen un propósito claro o son más bien el resultado de intereses fiscales? ¿Qué opina?
Es una excelente pregunta, porque hay mucha gente que no lo tiene claro. Lo importante es hacer la actividad. La Fundación es un órgano de gobierno para dirigir lo que ya estás haciendo. Si haces muchas cosas, como en nuestro caso, es conveniente constituir una. Pero lo importante no es el concepto administrativo, sino las acciones. La Fundación es un buen vehículo, con muchas complejidades y muchas responsabilidades. Ayuda a administrar todas las acciones que hagas en tu compañía que no tengan contrapartida. 
 
Nosotros, por ejemplo, no tenemos al Fútbol Club Barcelona dentro de nuestra Fundación. La relación con ellos la tenemos en el ámbito de los negocios, porque nos ayuda empresarialmente. En cambio, la labor con los niños del barrio del Raval, o el club de pádel adaptado, son cosas que, si abandonáramos, apenas nos cambiarán las ventas. Las fundaciones tienen ciertas ventajas fiscales, pero hay quien solo las constituye para aprovecharse de ellas, únicamente, y eso es un gran error. ¿Se lo explico?

A ver, que lo entendamos.
Suponga que tiene una fundación y que dispone de 10 euros para hacer alguna actividad. Usted pone 10 euros a trabajar y se descuenta el 40% en concepto de ahorro de impuestos. En realidad, de los 10 solo puso 6, porque recuperó 4 por impuesto. Pero si no haces nada y te metes los 10 en el bolsillo, te siguen quedando 10. Si las matemáticas no me fallan, 10 es más que 6.

Aritmética pura.
Por lo tanto, si lo que quiere es ahorrar en impuestos, mejor no haga nada. En cambio, si tiene vocación de mejorar la sociedad, o ayudar a la investigación médica, es bueno que haga filantropía, aunque en términos de desgravación fiscal no gane nada. Si lo que realmente quiere es ahorrar, no haga nada.
 
Así pues, no haría falta comunicar mucho el bien que se hace. Hay quien hace poco, pero lo cuenta mucho.
Así es. Nosotros hacemos 100 proyectos al año. Algunos son muy pequeñitos, pero los hacemos porque están en el ADN de la compañía. Nuestros compañeros del consejo, que son los propietarios, el presidente, etcétera, lo sienten como algo suyo. Es lo que hemos hecho siempre.
 
Un día me preguntaron: “¿Tú estás en el Palau de la Música?”. “Sí, claro”, respondí. Pero es que el primo de mi abuela y mi abuela ya estuvieron cuando las obras del Palau, poniendo los cuatro duros que en aquel momento tenían. Nos ha gustado hacerlo así toda la vida. Otros hacen cosas igual de maravillosas, y tal vez mucho mejores. Pero a nosotros nos va esto.
 
¿Quién autoriza el presupuesto de la Fundación? ¿El propio consejo?
Así es. El consejo es propietario de la compañía. Una vez al año, los propietarios dicen: “Hemos ganado tanto. Este dinero va a repartirse entre los accionistas y, un trocito, para la Fundación”. Es dinero que sale del bolsillo de los propietarios. Por eso le decía que, si quiere ahorrarse impuestos, lo mejor es no hacer nada. Nosotros vehiculamos los proyectos y nuestra gente los dirige. El Club de Fútbol Damm, que es únicamente formativo, es un equipo de alta competición y gratuito. Un caso único en España. Antiguamente estaban el de Kelme y el de la Fundación de Ferran Martorell, pero desgraciadamente solo quedamos nosotros. El mismo sistema empleamos para el Club de Pádel, con iguales valores, principios y filosofía.
 
El pádel se ha convertido en un deporte de gran crecimiento. Y ya no tiene aquella imagen tan elitista…
En este momento creo que es el tercer deporte organizado más practicado de España. Somos los propietarios del World Padel Tour, y además lo presido y conozco los datos. En España hay casi dos millones de personas que juegan una o dos veces por semana al pádel. En algunos momentos del año, la cifra sube a cinco millones. El crecimiento es exponencial. Hace unos días, en la última prueba del Tour, en Barcelona, acogimos a 10.000 espectadores diarios. Y si hubiéramos puesto más sillas, más personas hubieran venido. Mucha gente quedó en la puerta y sin entrada.
 
Además, es un deporte jugado en muchos países del mundo. Damm puede aprovechar eso para expandir su proyecto.
La verdad es que vamos muy bien, pero sobre una base pequeña. Aquí debemos ser muy humildes. Estamos intentando internacionalizar el pádel. Lo estamos logrando, pero vamos despacito. Este año tenemos dos pruebas en Suecia, dos más en México, una en Argentina, otra en Brasil, otra más en Portugal y creo que dos en otros lugares de Europa. Y por supuesto España. Es el país número uno en pádel. Luego viene Argentina, y detrás va el resto.
 
Con Navarro o Lebrón ya nos damos cuenta… Belasteguín juega como si tuviera 20 años, pero está claro que pasados los 40 ya no es lo mismo. 
Es un súper-jugador, su estrategia es increíble. Es un maestro de maestros, el mejor de la historia. Pero hay que decir que Lebrón y Paquito Navarro llevan la sangre española y es increíble ver cómo levantan al público de las butacas. 
 
En el ámbito femenino las jugadoras españolas están también arriba.
Espectaculares. Tenemos a Marrero, a Salazar, son unas jugadoras increíbles. Es uno de los deportes en que el nivel masculino y femenino es igualmente espectacular. 
 
¿Cuántas veces llaman a la puerta de la Fundación y le piden que patrocine un proyecto?
Dos o tres veces al día, más o menos. Es la media. Nosotros queremos seguir siendo fieles a nuestros proyectos. Evidentemente los que gestionamos nosotros son intocables: fútbol y pádel. Los demás, que se dividen entre cultura, deporte, sociedad, medicina... Digamos que son proyectos que hacemos en colaboración con otros. No los asumimos directamente. Es el caso de la música. Ahí estamos en el Palau, en el Liceu, en el Auditori de Barcelona, en el de Sant Cugat, en el de Granollers, en el de Vic… 
 
Además, Barcelona Global me nombró presidente de Barcelona Obertura, que reúne a las tres entidades musicales más importantes de Barcelona: Palau, Liceu y Auditori. Colaboran durante 15 días para hacer conciertos juntos en marzo. Y luego, con el apoyo del Ayuntamiento y de Turismo de Barcelona, hacen 40 conciertos más en todos los lugares de la ciudad. Todos gratuitos. Nos encanta el mundo de la música, el teatro, la ópera… La cultura nos entusiasma.
 
¿Y utilizan estos eventos para firmar contratos de exclusividad de producto?
Vendemos cerveza en el festival Sónar, en el Voll Damm de Jazz… Pero en el Auditori o en el Teatro Real no vas a vender muchas cervezas. Así que es insignificante. Si vemos que va a haber un negocio importante, entonces dejamos que sea el departamento de patrocinios de la compañía quien hable.
 
Damm ha sido una marca que siempre ha destacado por sus campañas promocionales y por el dominio de lo audiovisual. Nos encantan sus relatos. Hay que felicitar a quien inventó el concepto.
Coincido. Creo que son unos profesionales muy buenos y la campaña de este año fue totalmente rompedora. Porque todo el mundo está esperando la canción del verano. En publicidad, como dice mi compañero y amigo Ramon Armadàs, todo está inventado en el mundo de las bebidas: música, gente que lo pasa bien, producto… Haciendo esto durante años hemos tenido éxito. Y los culpables son el departamento de comunicación. El director de marketing, Jaume Alemany, ha sido premiado por la Generalitat. Y luego está Fede Segarra, con su equipo, detrás. Han roto los esquemas y han hablado de sostenibilidad y de tener unos mares que hay que cuidarlos.
 
¿Damm ha conseguido ser una marca estatal y no solo catalana? 
Somos un producto social y la verdad es que tenemos fábricas y nuestra sede social en Barcelona. Pero también estamos en Valencia, en Murcia, en Portugal, en Cuenca… Tanto de cerveza, como de agua, en Huesca, y Cacaolat en Santa Coloma…
 
Ahora que lo menciona, repescaron la marca Cacaolat. ¿Cómo fue?
Cacaolat fue una oportunidad que surgió y que nos planteamos en Damm. También se la planteó la familia Daurella, dueños de Cobega y dijimos: “Por qué no lo hacemos juntos?”. Y pusimos dinero y la cosa funcionó muy bien. Dimos un gran paso. La marca se vendía a través de administración judicial, pues Ruiz Mateos estuvo ahí. La compramos y ahora funciona la mar de bien. Y nuestros socios son un lujo.
 
¿Qué dice su plan estratégico para la Fundación a cinco años vista?
Como le comenté, vamos a mantener nuestros propios proyectos, que son el fútbol y el pádel. Esos son intocables. Los demás, lo iremos viendo. Estamos enfocados en temas de sostenibilidad. Ese es uno de los ejes vertebradores del plan estratégico de la compañía. Esto quiere decir que de alguna manera impactará en la Fundación. Probablemente haremos los mismos proyectos, pero dándoles un nuevo enfoque. Seguro que en el Fútbol de la Damm miraremos la sostenibilidad con lupa. Y en los demás sitios, ya sean de música, teatro o deporte, convenceremos al resto de actores involucrados de que hay que ser más sostenibles.
 
El equipo de fútbol de la Damm es una gran escuela. ¿No se les ha ocurrido convertirlo en un equipo profesional, compitiendo en ligas superiores?
Lo podríamos hacer mañana mismo. Pero preferimos ser cabeza de ratón que cola de león. Somos un referente en fútbol formativo. Alguna vez nos hemos planteado ser profesionales, porque tenemos una cantera estupenda. Pero nos encanta tener a niños y niñas. Eso nos apasiona. Nuestras chicas ganaron la Copa Catalunya y la Liga el año pasado. Y ahí está el Barça y el Espanyol, grandes equipos, en el juvenil. Nos encanta que los niños salgan bien educados, grandes personas. El plan A son sus estudios, el plan B el fútbol. Ahora damos becas de libros escolares para personas con necesidades, tanto en pádel como en fútbol. Queremos que estudien. Y si luego juegan bien y se lo pasan bien, y llegan a ser profesionales, pues ya lo aplaudiremos. Pero si llegan a ser buenos taxistas, o químicos o abogados, o operarios, també estaré encantado.
 
¿Quién lleva el ámbito formativo?
En el fútbol hay un organigrama con una junta directiva. Yo soy el presidente. Luego está Carles Domènech, la persona perfecta, porque ha llevado muchos años la comunicación del fútbol y de la formación. Además, es que sabe mucho de fútbol y ha jugado un montón de años en la Damm. Se ha formado allí dentro y es un gran trabajador.
 
Perdimos a un buen periodista.
Ustedes perdieron a un gran periodista. Pero él hace también retransmisiones de los partidos del Barça en Catalunya Radio. Es una persona que sabe muchísimo y yo le nombré director y principal ejecutivo del club. 
 
¿Y el entrenador?
El entrenador del primer equipo es Luis García, que fue futbolista del Espanyol. Y después tenemos a 100 empleados para cuidar a estos 220 chicos y chicas. No hay una ratio tan potente así en toda España. Tenemos nuestro propio equipo médico. Cuando algún chico se lesiona, le operamos nosotros mismos y seguimos de cerca su lesión. El vicepresidente del club, Carlos Barcons, es también jefe médico. Cuidamos todo esto con lupa. La estructura del club es profesional.
 
También tienen instalaciones propias.
Tenemos una instalación propia que prácticamente no utilizamos. Estamos utilizando lugares de alquiler y ahora estamos intentando desplazarnos a otro lugar y montar nuestra propia ciudad deportiva.

Mucha gente del mundo del fútbol, grandes profesionales, dicen que se formaron allí con orgullo.
Esto es lo que yo quiero. Lo que me apasiona es cuando oigo a David López, a Sergio García, o a Carles Pérez decir: “Yo estuve tres años en la Damm y tengo un buen recuerdo”. Ojalá un día piensen: “Yo jugué en la Damm cuando era joven y me trataron bien, y mi familia no tuvo que hacer ningún esfuerzo para que yo estuviera ahí dentro e hiciera amigos”. Mi sección favorita del club de fútbol son los prebenjamines, los más pequeñitos. Y también me gustan los veteranos. Los hay de 30 a 60 años. Cuando los veo y les recibo, les pregunto: “Oye, ¿qué ha sido de tu vida?”. “Pues monté una pequeña frutería, me ha ido bien y tal…”, pues algo habremos hecho bien. 
 
De su familia, de los Damm, ¿cuántos siguen en el negocio?
De momento, solo estoy yo. Vine a hacer unas prácticas de verano aquí, cuando tenía 21 años. Pensaba estar tres meses. Llevo 41 años. nunca pensé que me quedaría tanto tiempo. 

¿Usted es el único descendiente directo?
Así es. Lo que pasa es que hay otros descendientes de los primeros propietarios, desde los socios originales, la familia Carceller, los Oetker, Armadàs, nosotros… Yo tengo tres hijas y me gustaría que alguna se involucrara en la compañía. No tienen idea de fútbol y tienen otras profesiones. Pero me encantaría que, con el tiempo, se fueran involucrando. Si el Consejo de Administración lo permite, me gustaría de veras.
 
Sabemos que usted tiene otras pasiones. Particularmente, la gastronomía. 
Me encanta ese mundo. Estoy en la Academia Catalana de la Gastronomía y me encanta cocinar. Hay una frase que digo siempre: “En la vida hay dos cosas que me gustan. La primera es comer y la segunda es cenar”. Damm cuenta con un departamento solo para el mundo de la gastronomía y sus responsables visitan a los cocineros. En algunos casos hasta los patrocinamos. Ayudamos a escuelas de hostelería y damos premios en el sector. La compañía además ha visto que la cerveza no estaba dentro del mundo de la alta gastronomía. Y ahora, gracias a Ferran Adrià, y a Albert Adrià y a otros, ya lo está. 
 
Además de trabajar en consejos, ¿puede dar alguno a las empresas?
Hagan cosas para los demás. Háganlas. Cualquier compañía. Si es grande, pues que haga una fundación grande. Y si es pequeña, como las hay a miles, que dé dos duros para hacer cosas, porque la sociedad lo necesita. Evidentemente es más importante comer y tener salud. Las sociedades que apuestan por la cultura son sociedades mejores. 
 
 

Ramon Agenjo
Ramon Agenjo
Consejero de la Fundación Damm
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