Impulsor del programa Preventcard

Víctor Oliveras

Corazones prevenidos

“Podríamos evitar más del 80% de los infartos que se producen” 


El Dr. Oliveras desarrolla un innovador programa predictivo y preventivo de las enfermedades cardiovasculares en la mediana edad.

Martes, 11 de Febrero de 2020
Hoy tenemos ante nosotros a un médico especializado en la prevención de los (verdaderos) males del corazón. Tras años de investigar y acumular resultados, se ha decidido a lanzar una startup que convierta en eficaces todas las recomendaciones científicas.

“En la medicina del futuro, el sistema debe cambiar, pero sobre todo, debe cambiar la participación del paciente en la gestión de su propia salud”
 
“Todos los pacientes que he tenido con una enfermedad cardiovascular subclínica han conseguido una calidad de vida excelente y no han tenido el más mínimo problema. Su vida ha seguido mejor de lo que estaba antes”
 
“Yo creo que lo fundamental es la innovación. La formación, la calidad, la investigación, si no gravitan en torno a la innovación, es puro inmovilismo y resistencia al cambio”
 
“En África están viviendo un cambio muy fuerte en los hábitos de consumo y dietéticos, así que allí las enfermedades cardiovasculares también se convertirán en la principal causa de muerte prematura”
 
“El proyecto en el que hemos trabajado tanto tiempo demuestra que la hipertensión arterial en las edades medias es la principal causa de muerte e invalidez”
Usted es médico de familia, pero a lo largo de los años se ha especializado también en patologías universales.
Así es. Y especialmente en la prevención cardiovascular. Tal vez forma parte de un cambio cultural. A la pregunta de “¿cuál es la especialidad de la medicina sobre la que mayor impacto tiene la prevención cardiovascular?”, la respuesta es la medicina familiar. El médico de familia debe poder hacer un diagnóstico precoz. Al fin y al cabo, la enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de mortalidad prematura, así que no debería sorprendernos tanto.
 
¿Y esto es igual en Occidente que en los países en desarrollo?
En los países en desarrollo creo que va a ser peor. En África, por ejemplo, están viviendo un cambio muy fuerte en los hábitos de consumo y dietéticos, así que allí las enfermedades cardiovasculares también se convertirán en la principal causa de muerte prematura.
 
Por ejemplo, la hipertensión arterial es la principal causa de muerte evitable en el mundo y mi proyecto viene a decir que es como el “toro Miura” del riesgo vascular de muertes prematuras y de la vulnerabilidad.
 
Comúnmente se tiene la idea de que, si uno es un poco obediente y pone orden en sus hábitos, también puede controlar la hipertensión. ¿Es así?
Creo que estamos equivocados. Muy equivocados. De hecho, el proyecto en el que hemos trabajado tanto tiempo demuestra que la hipertensión arterial en las edades medias es la principal causa de muerte e invalidez. Y voy a darle algunos datos sobre la dimensión del problema, si me lo permite.
 
Por favor.
La principal causa de muerte por enfermedad coronaria es la muerte súbita cardíaca. Más de la mitad de los pacientes fallecen por esta razón. Pero la concentración de estas muerte prematuras en la mediana edad es altísima. Si es por enfermedad coronaria, en varones entre los 45 y los 55 años, podríamos evitar más del 80% de los infartos que se producen y, en cambio, no lo hacemos.
 
El cambio cultural pasa por aquí: si has de esperar a que vengan terceros a mejorar tu salud, es esperar mucho. En la medicina del futuro, el sistema debe cambiar, pero sobre todo, debe cambiar la participación del paciente en la gestión de su propia salud.
 
Así pues, usted prevé un panorama completamente distinto en la sanidad del futuro.
Efectivamente. Las cuatro tendencias que deben configurar su futuro inmediato son las cuatro “pes”: una medicina mucho más participativa, mucho más predictiva, mucho más preventiva y mucho más personalizada…
 
Su proyecto facilita este control más exhaustivo de un paciente. ¿Nos puede explicar en qué fase se encuentra?
En el momento actual acabamos de hacer una prueba piloto, pequeña, sobre personas de una multinacional tecnológica. Hemos estudiado a una población joven, de menos de 40 años, y hemos encontrado un dato sorprendente: la tasa de obesidad y sobrepeso es del 30%. Altísima. En el futuro estas personas van a ser diabéticas, hipertensas, con riesgo cardiovascular y riesgo de muerte súbita cardíaca.
 
No es un panorama muy halagüeño. ¿A qué cree que se debe?
Estas personas viven en un entorno muy competitivo. Las nuevas generaciones tienen unas grandes dosis de flexibilidad cognitiva y, por lo tanto, ciertos temas les influyen sobre la salud. Por ejemplo, la gran competitividad les obliga a horarios laborales muy extensos, a vidas sedentarias, a dietas que son muy mejorables y a acumular obesidad y sobrepeso. En el futuro tendrán un problema porque el deterioro ya ha empezado. Deberían tratarlo en el presente.
 
Por eso dice usted que es tan importante la prevención. Otro de los problemas es el de la microcirculación y las cardiopatías isquémicas… ¿También puede prevenirse?
En la actualidad, la microcirculación es algo muy experimental desde el punto de vista diagnóstico. En los laboratorios no es algo que se lleve de forma directa. Sobre todo, hay sistemas de detección indirectos. Uno de ellos es el denominado “índice tobillo-brazo”, ya sea de manera agregada o individual.
 
A nivel individual, si se es de mediana edad e hipertenso, la gran pregunta es si ya se tiene la enfermedad en su fase asintomática o no. Actualmente podemos responder a la pregunta con mucha fiabilidad. En más de un 90% de las ocasiones sabemos si se tiene o no se tiene la enfermedad.
 
Cuando sabemos que tenemos un problema, tenemos también un margen amplio de facilidades para resolverlo. Me refiero aquí a los tratamientos farmacológicos efectivos, que no solo se basan en reducir las cifras de tensión arterial, sino también la inflamación, que es el proceso que ya está en marcha.
 
Cuando alguien piensa que puede tener esta enfermedad, ¿hay esperanzas de revertirlo?
Todos los pacientes que he tenido con una enfermedad cardiovascular subclínica han conseguido una calidad de vida excelente y no han tenido el más mínimo problema. Su vida ha seguido mejor de lo que estaba antes.
 
Muy bien. Su proyecto entonces es tan médico como de negocio. ¿Cómo explicaría el paso desde la investigación médica a una startup?
Es la culminación lógica de todo un proceso. En mi caso, ha sido la acumulación de una trayectoria profesional en distintas etapas y sectores. No solamente como médico, sino como gestor químico, en la industria farmacéutica, en el sector asegurador y en el mundo asistencial. 
 
Yo creo que lo fundamental es la innovación. La formación, la calidad, la investigación, si no gravitan en torno a la innovación son puro inmovilismo y resistencia al cambio. El motor de todo proceso es la búsqueda de innovación.
 
En su caso, ¿innovar para conseguir qué?
Pues para lograr una medicina tecnológicamente superior, pero con los mismos procedimientos de siempre. O una medicina instrumental con el objetivo de mejorar los parámetros de la salud poblacional. Creo que este es el gran cambio cultural. No siempre a mayor sofisticación y procedimientos más avanzados se mejoran los parámetros de salud poblacional.
 
Hablaba usted de la competitividad que instala un permanente sentimiento de lucha contra el otro y el estrés.
Sí, pero esto es especialmente importante en las personas hipertensas y en la mediana edad. Es como una epidemia, porque el 25% de los pacientes hipertensos ya tienen la enfermedad. Por eso fallecen mucho más por muerte súbita cardiaca.
 
Los varones de entre 40 y 55 años tienen un riesgo altísimo, normalmente por enfermedad coronaria. En las mujeres hipertensas, cuidado: es a partir de los 50 y hasta los 65 años. También es clave, pero en la forma de ictus, que es la principal causa de muerte o invalidez en España.
 
¿Tiene el Doctor Oliveras algún decálogo de recomendaciones para lograr una vida saludable?
Yo más bien hablaría de lo que nos es conocido. Dentro del estilo de vida, está el concepto de los factores psicosociales. Y, dentro de estos, hablaría de dos que son muy tóxicos: la urgencia y la impaciencia, que significa vivir en una urgencia ininterrumpida en la que hay que hacerlo todo muy rápido y nunca hay tiempo para nada. También está el factor de la hostilidad.
 
Unos y otros tienen una correlación positiva con la enfermedad coronaria. Además, nos olvidamos de los factores positivos. En nuestro proyecto nos hemos dado cuenta de que hay un factor psicosocial protector que tiene una gran asociación con la presión arterial. Y es que, aunque un paciente viva en una gran urgencia continua y el entorno le sea hostil, la presencia de este factor puede reducirle el riesgo.
 
¿Y qué factor es ese, tan conveniente?
Uno tan importante que no solo afectaría a la salud, sino también al tejido económico industrial, porque tiene que ver con el liderazgo y la capacidad de innovación. Es el cambio cultural que nos hace falta.
 
Todas las personas de las que le hablaba son personas muy implicadas y comprometidas. En su sistema de valores el trabajo es muy importante, pero no ven su dimensión social. Creo que todos podemos cambiar. A mayor compromiso social y culturalización, más fácil es controlar y revertir los factores de tipo tóxico.
 
Hablemos ahora del negocio. ¿Cree que nunca se es demasiado viejo para emprender en proyectos innovadores?
Exacto. En mi caso, mi doctorado fue muy largo pero también hice una autocrítica de cómo había desarrollado mis anteriores fases. Antes le dije que hoy sabemos que es posible reducir en más de un 80% el número de infartos de miocardio y un 90% de los ictus. La cuestión es basarse en una buena implementación. Las técnicas diagnósticas ya las conocemos, pero nos hacía falta aprender cosas distintas.
 
Por ejemplo, creo que hemos de concentrarnos en la mediana edad, aunque solo sea por responsabilidad social. Ahora estamos introduciendo elementos que permiten al paciente modificar sus conductas y, a la vez, al profesional ajustar mejor sus diagnósticos. Es aquí donde entra la tecnología avanzada. A mayor volumen de pacientes, mayor cantidad de datos disponibles y mayor seguridad, porque la inteligencia artificial aprende de sí misma.
 
Su idea de negocio es la de implementar un modelo de acciones asequibles para el público, para transformar la ignorancia en conocimiento, ¿verdad?
Necesitamos dar el salto hacia el trabajo en red. Por ejemplo, uno de los temas por los que durante décadas ha fracasado la prevención cardiovascular ha sido por su falta de transversalidad. Nuestro modelo de negocio, sin embargo, ha sido pensado para ser global. Tendrá un punto de partida en Barcelona, pero debe extenderse globalmente, porque no puede funcionar de otra manera, y porque es la garantía de la implementación que antes le decía.
 
En nuestro caso, el propietario de la información será el propio paciente, quien autorizará a cada uno de los distintos profesionales sanitarios, sean o no médicos, a hacer su cambio real.
 
¿Qué quiere decir?
Le pongo un ejemplo: un individuo de mediana edad, con hipertensión, acudirá a su médico. Con nuestro modelo, el médico tendrá un apoyo de inteligencia artificial. Seguidamente, este mismo paciente acudirá a su gimnasio y hablará con su entrenador personal. En la actualidad, el entrenador no dispone de la evolución de los datos antropométricos (las cifras de tensión arterial) del paciente. Y debería tenerlos, para conocer sus antecedentes y toda la información adecuada.
 
Así que el paciente autorizará al entrenador a poseerlos y éste le podrá ayudar mejor. Y lo mismo con el farmacéutico. Además, si la persona viaja mucho, la información debe ser globalmente compartida, porque los estilos de vida son muy globales…
 
¿Cuenta su proyecto con algún partner tecnológico?
Hemos comenzado priorizando la experiencia. Después queremos desarrollarlo a nivel embrionario en unas cuantas empresas más. Hemos visto cómo el 22@, un espacio bastante emblemático de Barcelona, es un área muy interesante con la que trabajar, porque allí hay mucho riesgo cardiovascular soterrado. Por otro lado, ofrece la suficiente flexibilidad para hacer cambios con mayor flexibilidad que en entornos más rígidos. Digamos que el exceso de competitividad nos hace menos competitivos.
 
¿El proyecto empresarial tiene nombre, o plazos de implementación?
El programa se llama Prevencard y se orienta a mejorar la salud cardiovascular en la mediana edad, principalmente. En paralelo, hemos puesto en marcha una startup denominada Soathecam que aglutinará todos los aspectos tecnológicos y que está abierta a partenariados para desarrollar nuestra primera fase. Estamos buscando a inversores que comprendan que el proyecto es una “gacela”, en términos financieros: tenemos la obligación de pensar en un crecimiento rápido para tener una escalabilidad rápida.
 
Cuanto mayor éxito tenga el programa, mayor número de infartos y muertes prematuras evitaremos. Tenemos cierta prisa para que se desarrolle rápido. Tenemos la capacidad tecnológica para hacerlo y vamos a favor de las tendencias actuales. También tenemos a aliados internacionales que pueden potenciarlo, dentro del sistema de blockchain sanitario. En definitiva, hemos de ver el futuro de la sanidad no como una continuación de su trayectoria histórica, sino como lo hace Google. Es decir, como un cambio disruptivo. Yo propongo no perder más tiempo y hacer el cambio.
 
¿Qué industrias considera que serán las más interesadas en su proyecto?
Nosotros pensamos en tres posibles escenarios. El primero es que, efectivamente, aparezca alguien del mundo del asegurador que apueste por la prevención y, por tanto, por la eficiencia y por su propio modelo de negocio. El segundo debería ser alguien del sector tecnológico. Y el tercero el sector laboratorio-farmacéutico, que es muy criticado, pero que es ambivalente, porque su futuro también será muy distinto. Este sector sería algo así como la banca, ni bueno ni malo, pero, por responsabilidad social, debemos exigirle más. No se puede seguir tratando a los pacientes como meros consumidores sanitarios, sino como participantes.
 
También los médicos. Veo el futuro con unos médicos más empoderados de lo que lo están en la actualidad. Tenemos unos excelentes médicos. Este no es el problema. En cambio, tenemos un déficit muy fuerte en los procedimientos, automatismos e innovación tecnológica.