Coach y consultora de comunicación intercultural

Zita Máté

Idiomas y personas

“El 50% de nuestras intervenciones en un debate son para interrumpir. En Suecia se interrumpe sólo el 8%”


La consultora Zita Máté ayuda a empresarios y centros escolares en la gestión de la comunicación intercultural

Miércoles, 02 de Enero de 2019
La consultora Zita Máté ofrece un punto de vista interesante para facilitar la comunicación entre culturas: ser consciente de que los propios valores culturales pueden jugarnos malas pasadas.

(próximamente vídeo...)
"La solidaridad siempre es más grande dentro un grupo homogéneo, que comparte unos mismos valores. Usted mismo, seguramente, será menos solidario con aquellos con los que no los comparta".
 
"En el trabajo cotidiano de un empresario o profesor que tiene contacto con clientes, socios o proveedores de orígenes distintos, las diferencias pueden molestar, y nadie sabe qué es lo que molesta exactamente".
 
"Cuando te encuentras al otro, lo que ves es una fracción de su sistema y lo ves a tu manera, desde tus valores. Y el otro hace lo mismo. Y ninguno es consciente de su propio sistema".
 
"Algunos estudios dicen que el 50-70% de empresas que intentan operar en el extranjero fracasan. Es un porcentaje muy alto. Y mucho de ello se debe a estas diferencias culturales. Cuando un ejecutivo es enviado al extranjero se les da poca importancia a estos factores".
 
"Las diferencias entre valores culturales no deben ser vistas como valores en oposición. Yo creo que si viéramos con mayor claridad las diferencias en Europa y las pudiéramos tratar mejor podríamos comunicarnos mejor los unos con los otros".
 
"En el norte de Europa, a los niños les prohíben interrumpir a quien habla, o desviarse bruscamente del tema, o repetir lo dicho anteriormente. Es su estilo de conversación. En España hay otro".
Usted nació en Hungría, se formó como pedagoga y como intérprete y ha trabajado en diversos países, hasta recalar aquí. Hoy en día trabaja, entre otros, con centros escolares.
Me di cuenta de que, para trabajar con alumnos plurilingües, el dominio de una lengua no es suficiente. También es necesaria una didáctica especializada. Fíjese: cuando los de nuestra generación íbamos a la escuela, aprendíamos todas las cosas en nuestra lengua materna, que además era común. Y si aprendíamos una lengua extranjera, era la misma para todos. Hoy en día, si entras en cualquier escuela de cualquier parte, te encuentras con niños y niñas con lenguas maternas diversas y para ellos, la segunda lengua es distinta. Así que el profesor que da clases de lengua materna debe aplicar una dinámica distinta a la que utilizaban con nosotros. Yo me especialicé en eso.
 
Y, sin embargo, las universidades siguen enseñando prácticamente el mismo modelo pedagógico de hace cuarenta años.
Es un campo académico que no está reconocido. Efectivamente, se siguen formando profesores para lengua materna y para lengua extranjera. Yo doy charlas sobre eso y ofrezco asesoría a profesores y a padres. Nuestra experiencia como estudiantes fue muy distinta a la de nuestros hijos. Hace unos años hice una investigación para la UAB y me encontré con un resultado interesante: en los resultados académicos de lengua no solo se recogen tus competencias con el idioma, sino también tu forma de ser, tus creencias, tus valores.
 
¿Es verdad, pues, que los niños españoles, italianos, franceses o alemanes son distintos?
Me di cuenta de que los valores de cada cultura tienen una gran influencia. ¿Sabe para qué sirven nuestros valores culturales? Son el fruto de un consenso. Un consenso que cohesiona. La solidaridad siempre es más grande dentro un grupo homogéneo, que comparte unos mismos valores. Usted mismo, seguramente, será menos solidario con aquellos con los que no los comparta. Así se crea una sociedad. Y hay diferentes tipos de sociedades, tantas como valores existan. Y todas ellas orientadas a facilitar la supervivencia de sus miembros. Pero de todo esto no somos conscientes, generalmente.
 
Es como la punta de un iceberg: solo se ve la parte de arriba, pero no lo que está sumergido bajo la superficie.
Yo tengo un punto de vista distinto. Creo que cada persona es como un planeta. Cada uno con su biología, su carácter y su atmósfera. Cuando dos planetas se cruzan, y ambas atmósferas coinciden, encontramos las diferencias culturales, que son invisibles, pero que están y chocan. Cuando tienes contacto con personas de distintos orígenes, si eres capaz de superar esta capa de diferencias, te encuentras con la persona real. Por eso las obras de Shakespeare tienen éxito en culturas distintas, porque llegan a una profundidad de valores universales. Pero en el trabajo cotidiano de un empresario o profesor que tiene contacto con clientes, socios o proveedores de orígenes distintos, estas capas pueden molestar, y nadie sabe qué es lo que molesta exactamente.
 
A veces es el vestido que llevan, o lo que comen, o el tono que utilizan para hablar.
Si, pero solemos llevar estas diferencias al terreno de lo personal… Piensas: “esta persona no es muy responsable” o “habla de una manera poco respetuosa…” Pero todo esto son sistemas, y cada sistema tiene validez en su propio mundo. Cuando te encuentras al otro, lo que ves es una fracción de su sistema y lo ves a tu manera, desde tus valores. Y el otro hace lo mismo. Y ninguno es consciente de su propio sistema. Para poder comunicarse con el otro es muy importante que seas capaz de explicarte a ti mismo.
Hay personas que no saben.
 
En este mundo tenemos contacto con personas de muchos orígenes. Creo que eso es algo muy necesario para la vida. Algunos estudios dicen que el 50-70% de empresas que intentan operar en el extranjero fracasan. Es un porcentaje muy alto. Y mucho de ello se debe a estas diferencias culturales. Cuando un ejecutivo es enviado al extranjero se les da poca importancia a estos factores.
Oiga, hace años nos contaron que Europa era un concepto único, una misma cosa. En ella, todos teníamos un lugar. Pero con el Brexit y las crisis todo se puso en duda.
 
Las diferencias entre valores culturales no deben ser vistas como valores en oposición. Yo creo que si viéramos con mayor claridad las diferencias en Europa y las pudiéramos tratar mejor podríamos comunicarnos mejor los unos con los otros. Por ejemplo, solemos pensar que una persona nativa puede dar fácilmente clases de su idioma a extranjeros. Pero eso no es necesariamente así: le hace falta didáctica para hacerlo bien.  
 
Yo doy formación de esto, y trabajo 2 dinámicas. Una es a aprender a reconocer los valores del otro. Y otra es alejarse de los propios valores, para lograr ver desde un ángulo externo. Los médicos, cuando hacen trasplantes, bajan tu sistema inmunitario para que no tengas rechazo del órgano nuevo. En la comunicación intercultural pasa lo mismo: hay que bajar tus propios prejuicios y ponerte en el lugar del otro para entenderle y negociar mejor con él.
 
Su sistema es de doble dirección, pues. Puede asesorar a gente de aquí y de allí.
Así es. Mis regiones específicas de trabajo son España y Alemania. Tengo la ventaja de no pertenecer ni a uno ni a otro, pero llevo mucho tiempo conviviendo con cada uno. Puedo enseñar a unos y a otros a comunicarse. Dialogar y hablar es muy importante, pero en la conversación también hay diferencias culturales de las que no somos conscientes. España tiene un estilo de comunicación totalmente distinto del del norte y el Este de Europa. Allí la conversación es lineal: las personas preguntan y responden en línea. Desde niños, en el parvulario, les prohíben interrumpir a quien habla, o desviarse bruscamente del tema, o repetir lo dicho anteriormente, por considerarse que demuestra falta de interés. Ese es un estilo de conversación. En España hay otro.
 
¿Y cómo es?
Los estudios dicen que el 50% de las intervenciones que hacemos en un diálogo son interrupciones. En Suecia es del 8%. Detrás de esta diferencia hay otra: aquí no violas ninguna norma si interrumpes a alguien; es más, aquí el silencio es hasta molesto. Así que puedes entrar con un nuevo tema e insistir con él. Se ve en todas las tertulias de televisión. Los periodistas como usted lo tienen más difícil aquí que en Alemania.
 
¿Cuál es su objetivo profesional para 2019?
Dar charlas a padres y profesores en colegios, para facilitar la comunicación entre ellos y sus hijos o alumnos. Solo con la comunicación se les puede ayudar. El niño plurilingüe necesita apoyo de diversos lados simultáneamente. La madre habla una lengua, el padre otra, y en la escuela otra. Es fundamental que se comuniquen. Voy a asesorar a proyectos en colegios para aquellos niños que, como son hijos de emigrantes, están estigmatizados. El niño emigrante tiene la misma potencia didáctica que el niño de aquí.
Aparte de esto están las intervenciones en empresas. Éstas tienen departamentos para formar a sus expatriados. En Catalunya abundan las pequeñas y medianas empresas y quieren ahorrar costes, especialmente en épocas de crisis, sin embargo, lo que enseño supone un ahorro a largo plazo. Una persona dotada e interesada se puede adaptar en 2 o 3 años a un nuevo entorno, pero eso es mucho dinero perdido. Si se pudiera acortar el plazo, sería mejor para todos.
 
Usted vino de fuera. Quizás nos puede decir si Catalunya y España tienen discursos tan distintos como se dice en los medios de comunicación estos días.
No quiero entrometerme en este tema. Pero puedo sugerir algo. Cuando quieres resolver un problema, céntrate en el problema e intenta bajar tus defensas. Los valores culturales sirven para la cohesión de tu pueblo. Pero para comunicar con el otro suelen ser un impedimento.
 
¿Por sistema inmune, incluye también el orgullo de país?
Creo que un patriotismo sano es correcto. Pero si vas creciendo como persona y logras quitarte esta capa de encima, ganarás libertad. Podrás actuar más como persona y menos como miembro de un grupo.