Cofundadora de Peptomyc

Laura Soucek

Esperanzador fármaco

“Inhibir la Myc podía ser una estrategia contra el cáncer. Pero me encontré mucho escepticismo”


La doctora Laura Soucek reparte su tiempo entre la investigación y la emprendeduría para luchar contra el cáncer

Lunes, 09 de Julio de 2018
A menos de dos años para el lanzamiento, en fase de prueba clínica, de Omomyc, el primer fármaco inhibidor de la proteína Myc, presente en todos los cánceres, su inventora, la doctora Laura Soucek, nos cuenta su experiencia como investigadora y emprendedora.

“Las grandes revoluciones en la medicina han pasado siempre por una fase de investigación básica. Debemos invertir más en investigación”
 
“Ahora, por fin, me parece cerca, y tengo muchísima ilusión en ver qué pasará. En animales funciona, pero entre pacientes humanos y animales hay muchas diferencias”
 
“Todavía era estudiante y pasé dos años para demostrar que el inhibidor era absolutamente eficaz con las células cancerígenas y no dañaba a los tejidos sanos”
 
“Las células del cáncer son dependientes de Myc porque no paran de crecer, así que, si nosotros parábamos a Myc, la célula cancerígena moría”
 
“Desafortunadamente no conozco a nadie que no haya vivido directa o indirectamente la experiencia del cáncer. Es una guerra común, sin fronteras, ni diferencias de edad o sexo que puedan proteger de ella”
 
“Los científicos se acostumbran desde la universidad al concepto de movilidad. Vamos donde nos ofrecen los mejores recursos para perseguir nuestros objetivos”
 
“La inversión en talento es fundamental y que los países no deberían desperdiciar este recurso que tienen”
¿Cree que se dedican suficientes recursos a la investigación o, por el contrario, es necesario crear proyectos privados de emprendeduría?
El problema de los recursos disponibles para la investigación es cierto y es grave, porque nunca son suficientes. Creo que se podría hacer mucho más, porque las grandes revoluciones en la medicina han pasado siempre por una fase de investigación básica. Nosotros tenemos que invertir más en investigación porque solo de ahí obtendremos las ideas que van a permitir marcar la diferencia en la medicina y la salud humana.

De todas las maneras de combatir el cáncer, usted eligió una forma seguramente menos agresiva que otras. ¿Cuál es la historia?
En nuestro caso estábamos trabajando con una proteína que se encuentra vinculada a todos los tipos de cáncer, podría decirse que es una proteína transversal. De alguna manera, hacemos lo contrario de la medicina personalizada, porque hemos encontrado una función que es compartida por todos los tipos de cáncer. En teoría, atacar a esta proteína nos permitiría tratar a todas las tipologías. Nos pareció una oportunidad increíble hacerlo, pero desde que yo era estudiante se nos decía que esta proteína era intocable. Su nombre es “Myc”.

¿Y qué la hace tan especial?
Es una proteína que controla la división celular. Le dice a la célula cuándo es el momento de dividirse. Lo hace en situaciones fisiológicas naturales de una manera muy regulada, es decir, solo cuando es necesario. Por ejemplo: cuando crecemos, o cerramos una herida o nos crece el pelo. Normalmente, cuando acaba su tarea, la proteína se apaga. Pero en el caso del cáncer no se apaga nunca. Sigue instruyendo a las células para que sigan dividiéndose. Es como una herida que no se cierra nunca. Pensamos que inhibirla podría ser una estrategia contra el cáncer. Pero, desafortunadamente, me encontré con mucho escepticismo.

¿Por qué?
Me dijeron que la Myc tenía un papel demasiado importante en la regeneración de los tejidos normales. Nadie lo había probado, pero yo estaba convencida de que para excluir esa posibilidad tan importante había que hacer el experimento. Es lo que hacen los científicos: verificar las hipótesis antes de descartarlas. Así que me puse a definir el experimento. Todavía era estudiante y pasé dos años para demostrar que el inhibidor era absolutamente eficaz con las células cancerígenas y no dañaba a los tejidos sanos, porque sabían apagarse a tiempo. Las células del cáncer son dependientes de Myc porque no paran de crecer, así que, si nosotros parábamos a Myc, la célula cancerígena moría y no evolucionaba hacia una resistencia, como sí sucede en otras terapias donde el cáncer evoluciona hasta volverse independiente de otras dianas. Este fue el resultado de 20 años de investigación. Para que este inhibidor llegue a los pacientes, la compañía Peptomyc es el resultado lógico de estos años. Intentamos llevar el fármaco a las personas que lo necesitan.
 
Un fármaco requiere de unos años de fase de prueba, revisiones de todo tipo… Usted lo sabe mejor que nadie. ¿Cuándo esperan que llegue al consumidor?
Bueno, una cosa es llegar al mercado y la otra es llegar a los pacientes. A estos últimos, como ensayo clínico, esto les llegará a principios de 2020. Casi estamos allí. Entiendo que para los pacientes estos tiempos son larguísimos y que la solución debería estar “ayer”, pero hay una serie de pasos regulatorios en los que debemos demostrar que nuestro fármaco es puro, es seguro, no puede causar toxicidad y que no va a lastimar a los pacientes más que ayudarlos. Estas son las fases previas que hay que hacer antes de probar el fármaco con pacientes. Repito, nos parece que estamos allí, y que casi estamos a punto del momento de la verdad, especialmente a mí, que empecé este trabajo hace más de 20 años. Ahora, por fin, me parece cerca, y tengo muchísima ilusión en ver qué pasará. En animales funciona, pero entre pacientes humanos y animales hay muchas diferencias. Quizás es una diferencia mínima y el fármaco logrará salvar vidas.
 
¿En qué fases del cáncer actúa mejor?
En los animales funciona en cualquier grado de severidad del cáncer. Sabemos que cuanto más pronto intervengamos, por una cuestión estadística, más probabilidades de éxito tenemos. Cuantas menos células tengamos que eliminar, mejor, porque menos células habrá que puedan resistir al fármaco. Si intervenimos antes, el tumor es pequeño y tiene menos probabilidades de escapar.
 
El gran problema del cáncer es la metástasis. ¿Cómo actúa el fármaco ahí?
Hemos empezado experimentos destinados específicamente a las metástasis y tenemos datos preliminares en metástasis de cáncer de mama, que es una variedad que mata por metástasis y no por tumor primario. Hemos visto que el fármaco logra atacarla y hemos desarrollado una formulación que se puede administrar por vía intravenosa y llegar a todo el cuerpo, a todos los órganos afectados. Por ahora, no parece que la metástasis ofrezca resistencia al fármaco, lo cual es muy importante, porque normalmente las terapias que funcionan bien contra el tumor primario no son efectivas contra la metástasis. Éstas suelen desarrollar diferencias que les permiten sobrevivir. Pero en nuestro caso parece que no. Pero repito que son resultados alentadores, pero en animales. Hay que ver si también pasa con las personas.
 
A veces, la dedicación a la investigación de un tema concreto viene marcada por un episodio personal del investigador. ¿Es su caso?
Desafortunadamente no conozco a nadie que no haya vivido directa o indirectamente la experiencia del cáncer. Me pasó a mí y a muchas otras personas. El cáncer es una guerra común, sin fronteras, ni diferencias de edad o sexo que puedan proteger de ella.

¿Se considera usted más emprendedora o científica?
Me volví emprendedora porque me di cuenta de que era la manera más eficaz para llevar esta terapia a los pacientes. Mi proyecto, desde el principio, ha tenido que pelearse con el escepticismo. Quien se lo creyó más fui yo y por eso puedo contar esta historia desde los inicios. En la historia mando yo. Si la compañía no me necesitara más, yo estaría lista para dar un paso al lado, porque lo que busco es el interés de los pacientes.
 
Habrá recibido ya la propuesta de capital riesgo para integrarse en esa compañía. Quizás eso diluya su papel en la compañía a la larga.
En este caso la inversión privada que hemos encontrado ha creído en mí y sigue creyendo en mí.  De hecho, han invertido tanto en las personas que están detrás de Peptomyc como en el proyecto mismo. Yo fundé la empresa con mi compañera Marie-Eve Beaulieu, que había empezado como “postdoc” en mi laboratorio y que creció tanto a nivel científico como personal que decidió pasar a dedicarse al 100% al proyecto. Somos dos mujeres absolutamente animadas e ilusionadas por este trabajo.
 
¿Tuvieron que registrar patentes? ¿Fue difícil?
Como científicos solemos sentir un rechazo natural por todo lo que tenga que ver con los procesos de patentes. Pero me doy cuenta de que para que algo llegue al mercado y pueda ayudar a los pacientes se necesita la protección de la propiedad intelectual. Así que aprendimos cómo hacerlo y ahora tenemos dos patentes en el portfolio de Peptomyc.
 
Las grandes compañías farmacéuticas estarán también pendientes de ustedes, por si su producto tiene éxito.
La conversación con las farmacéuticas se ha dado desde el minuto uno. Myc es una diana que se acaba de añadir a la lista de las más buscadas en terapia contra el cáncer. Nosotros podríamos tener el primer inhibidor clínico para él. Las farmacéuticas nos siguen muy de cerca porque esto podría ser claramente de su interés y han hablado conmigo, con mi compañera Mari-Eve y con los inversores. Somos un equipo y todos hablamos con las farmacéuticas.

Otra discusión permanente es la de la retención de talento por parte de los países. ¿Se podría quejar Italia por no haberla sabido retener a usted?
Los científicos se acostumbran desde la universidad al concepto de movilidad. Vamos donde nos ofrecen los mejores recursos para perseguir nuestros objetivos. En mi caso las mejores oportunidades me las ofrecieron en Estados Unidos, primero, y en España y Barcelona, a continuación. Yo creo que la inversión en talento es fundamental y que los países no deberían desperdiciar este recurso que tienen. Yo lamento haber dejado Italia y echo de menos a mi familia cada día, pero he seguido mi objetivo. Si en Italia me lo hubieran permitido, me hubiera quedado allí.
 
No se le ha escapado ni el nombre comercial del producto.
No es un secreto. El inhibidor que diseñé cuando era estudiante se llama Omomyc y los péptidos que utilizamos en la compañía son derivados. Se llaman Omo 103, Omo 101… Cuando llegará al mercado tendrá otro nombre.
 
Mucha suerte con su producto. Se lo deseamos sinceramente.