Director de IQS Tech Factory

Oriol Pascual

Ciencia y negocios

"Nuestra bandera es la nueva industria. Hace que los países sean más resilientes"


IQS Tech Factory facilita que los proyectos científico-técnicos lleguen al mercado

Miércoles, 08 de Marzo de 2017
Oriol Pascual nos recibe en el edificio del prestigioso Instituto Químico de Sarriá, donde dirige el IQS Tech Factory, allí donde, según reza un cartel, se juntan la ciencia con los negocios. El suyo es un centro de promoción de la actividad emprendedora que organiza 30 eventos anuales, congrega a más de 1.500 personas y da apoyo a 19 proyectos del ámbito científico, técnico e industrial. En dos años, las 19 startups a las que ofrecen asesoramiento han creado ya más de 110 empleos, y han generado 12,4 millones de euros y muchas patentes internacionales. Los sectores que abarca Tech Factory se dividen en: Dispositivos médicos, Biotecnología, Robótica, Wearables, Nuevos materiales, Energía y medio ambiente, Alimentación, y Técnicas industriales avanzadas. Sus objetivos principales se basan en fomentar el emprendimiento industrial, apoyar a emprendedores y startups, y en conectar las nuevas empresas con la industria

"Es una lástima que el talento se desarrolle aquí, crezca fuera y se quede allí porque las oportunidades sean mejores que las de aquí"
 
"El grado de madurez del proyecto no es un límite para nuestro apoyo. De hecho, ayudamos a gente que meramente tiene una idea o un concepto, como a gente que ya está comercializando y que busca un partner industrial para pasar al siguiente nivel"
 
"El IQS Tech Factory tiene dos cosas interesantes. Una es que es un centro de emprendimiento de la universidad, que está abierto a todos (lo cual es único) y la otra es el carácter científico-técnico e industrial. De hecho, no hay otro centro de carácter industrial como el nuestro en España. Y en Europa tenemos dificultades en encontrarlo"
 
"Por ahora no contamos con un instrumento financiero propio, pero en cambio tenemos una buena red de inversores privados, desde “business angels” a “family offices” o “venture capital” y fondos corporativos"
 
"Cuando acaba alguna de nuestras sesiones siempre se nos acerca alguien que nos dice: “tengo un proyecto. Me gustaría hablar con vosotros”"

"Nosotros nos sentamos con los candidatos, hacemos un análisis de sus necesidades y vemos de qué forma podemos echarles una mano"
 
"El 30% de los proyectos a los que apoyamos han salido del propio IQS o, más concretamente, de uno de nuestros 13 grupos de investigación"

"En cuanto al tema medioambiental, las barreras no son tecnológicas. Sabemos perfectamente cómo hacer productos que consuman poca energía, que contaminen poco o que sean altamente reciclables. El problema es llevarlos al mercado"
En su día, usted se marchó a Holanda, y trabajó durante años en los servicios corporativos de la Philips en Eindhoven. Hoy nos quejamos porque se nos marchan muchos jóvenes talentosos al extranjero. ¿Qué opina de la retención del talento?
Yo recomiendo a todo el mundo que salga fuera. Es más, creo que todo el mundo debería hacerlo. Hay que conocer otras miradas. Normalmente pensamos que en todas partes piensan igual que nosotros. Pero eso se debe a que el entorno social que nos rodea es muy parecido a nosotros mismos. Cuando uno viaja y se involucra con otras personas diferentes descubre que esto no es así. 
 
También es cierto que hay diversos modos de hacerlo. Puedes marcharte con una fecha fija para el regreso o, como fue mi caso, irte con una fecha de caducidad y terminar alargándolo diez años. Es una lástima que el talento se desarrolle aquí, crezca fuera y se quede allí porque las oportunidades sean mejores que las de aquí. Mi vuelta fue por decisión personal, pero si hubiera pensado en términos puramente profesionales, seguramente no hubiera vuelto.
 
El caso es que lo hizo y que ahora se dedica a llevar una factoría.
El IQS TechFactory es un centro de actividad emprendedora. Promovemos el emprendimiento de base científico-técnica y su aplicación industrial. Lo hacemos mediante charlas, presentaciones, talleres y grandes eventos, como la Feria Tecnológica de diciembre pasado, donde acogimos a 400 asistentes para enseñarles las tecnologías que estamos llevando al mercado. Pero también ofrecemos apoyo. No nos gusta considerarnos una “incubadora” ni una “aceleradora” porque no tenemos un programa tan estructurado como este tipo de entidades. 
 
¿Y qué tipo de proyectos promueven y apoyan? ¿Qué requisitos tienen que reunir para integrarse a su factoría?
Como le digo, apoyamos proyectos de carácter científico-técnico. Esto significa que la mayoría de ellos terminarán desarrollando una patente o una protección intelectual. Un punto clave para nosotros es saber si el proyecto cuenta o no con un prototipo funcional, una “IP” (la patente) y un equipo que lo sostenga. A aquellos proyectos que se encuentran en las fases anteriores a estas tres cosas, les ayudamos a organizarse. Normalmente son científicos o técnicos que han desarrollado un producto o una tecnología nueva, que dominan mucho este campo, pero carecen de apoyo para definir su modelo de negocio, comercialización del producto, protección…
 
¿Qué les ofrecen, exactamente?
Diversas cosas. Les ayudamos, por ejemplo, a crear su modelo de negocio. Contamos con una red de mentores sénior, que conocen ampliamente el entorno industrial y que pueden echarles una mano. También les ayudamos a encontrar financiación pública y privada. O a definir una estrategia de protección intelectual. Pero también podemos encontrarnos con proyectos que ya están comercializándose, y a los que haya que ayudar a pasar a la fase de industrialización. Incluso hay proyectos que están implantados en nichos muy concretos a los que ayudamos a expandirse a otros sectores. El grado de madurez del proyecto no es un límite para nuestro apoyo. De hecho, ayudamos a gente que meramente tiene una idea o un concepto, como a gente que ya está comercializando y que busca un partner industrial para pasar al siguiente nivel.
 
Siendo ustedes la IQS Tech Factory, ¿es necesario haber pasado antes por las aulas del Instituto Químico de Sarrià?
No necesariamente. El IQS Tech Factory tiene dos cosas interesantes. Una es que es un centro de emprendimiento de la universidad, que está abierto a todos (lo cual es único) y la otra es el carácter científico-técnico e industrial. De hecho, no hay otro centro de carácter industrial como el nuestro en España. Y en Europa tenemos dificultades en encontrarlo.
 
¿Y cómo funciona entonces? ¿Un empresario acude a ustedes, está un tiempo recibiendo su apoyo y luego alguien decide que ya está maduro como para emprender el vuelo?
A día de hoy el proceso está muy abierto. Nacimos hace apenas dos años y las barreras de entrada son bajas porque teníamos el objetivo de crecer y llegar pronto a una cierta masa crítica. En este sentido, la regulación está todavía bastante abierta. Nos regimos por un comité asesor, o “advisory board” compuesto por ocho personas sénior procedentes de diversos ámbitos, pero sobre todo del mundo industrial y de la inversión, con quienes nos reunimos cada tres meses. Ellos ayudan a definir la estrategia del centro.
 
¿Alguna vez ha invertido la factoría en alguno de sus proyectos? ¿Han prestado capital semilla?
El objetivo de nuestro primer año y medio de vida fue crear masa crítica de proyectos. A día de hoy contamos con veinte proyectos que han pasado el punto de inflexión que antes mencionaba: tener un prototipo funcional (o industrial o primeras series en el mercado), una patente y un equipo. Actualmente generan unos 110 puestos de trabajo y son muy atractivos desde el punto de vista de la inversión. Por ahora no contamos con un instrumento financiero propio, pero en cambio tenemos una buena red de inversores privados, desde “business angels” a “family offices” o “venture capital” y fondos corporativos. Lo cierto es que en el futuro nos gustaría tener un instrumento de inversión. Estamos en el proceso.

¿Cómo es el proceso de reclutamiento de los posibles proyectos?
Como le comentaba antes, tenemos un calendario de actividades. Organizamos muchas sesiones alrededor del emprendimiento científico-técnico. Generalmente, cuando acaba la sesión se te acerca alguien y te dice: “tengo un proyecto. Me gustaría hablar con vosotros”. Nosotros nos sentamos con los candidatos, hacemos un análisis de sus necesidades y vemos de qué forma podemos echarles una mano.

Póngame un par de ejemplos de proyectos que ustedes apoyen.
Uno es Sagetis. Una spin-off del IQS, dedicada al sector biotecnológico. De hecho, el 30% de los proyectos a los que apoyamos han salido del propio IQS o, más concretamente, de uno de nuestros 13 grupos de investigación. La tecnología es propiedad del IQS y se ha licenciado a un investigador que ha montado una empresa. El caso que nos ocupa es el de una empresa que es buena haciendo nano-partículas con polímeros que luego recubren medicaciones o genes para liberación de fármacos o terapia génica. 
 
Y ellos tienen sus instalaciones aquí.
Efectivamente, tienen sus laboratorios en el piso de abajo y, en este, se encuentran quince personas trabajando para la empresa.
 
¿Y algún otro ejemplo que no sea “spin-off” del IQS?
Servocat. Se dedican a hacer instrumentación quirúrgica basada en micro-mecanizado. Son capaces de hacer engranajes muy pequeños para hacer instrumentos muy precisos. Lo primero que lanzan al mercado es un aparato de laparoscopia con un cabezal basculante a 180º que lo hace muy versátil y que no existe en el mercado. Tienen ya una colección de 4 patentes en diferentes productos. También tenemos quien prepara adhesivos.
 
Seguro que el proyecto engancha.
Son adhesivos especiales para velas de barco. Secan ultra-rápidamente, incluso en ambiente mojado, y son flexibles. También tenemos dispositivos médicos para la detección de la meningitis en neonatos, o tratamientos de las aguas que quedan contaminadas con nitratos por la agricultura intensiva… Nosotros tocamos siete áreas, en total.
 
Dígamelas.
Técnicas industriales avanzadas, robótica y automatización, química, alimentación, nuevos materiales, ciencias de la vida y energía y medioambiente. 
 
Este último es su campo académico de origen.
Cierto. Tengo afinidad con esta área concreta. El problema del medioambiente y las tecnologías renovables no es tanto tecnológico como de adaptación en el mercado. Las barreras no son tecnológicas. Sabemos perfectamente cómo hacer productos que consuman poca energía, que contaminen poco o que sean altamente reciclables. El problema es llevarlos al mercado. Y en el caso del mercado español, a nivel energético, se han hecho auténticas barbaridades. 
 
¿En qué campos cree usted que vale la pena invertir ahora? ¿Cuáles tienen más probabilidades de éxito en el futuro?
Nuestra bandera es la industria. Nos gusta pensar que vivimos en un país industrial. De hecho, más del 50% del PIB catalán se genera en lo que se conoce como la “nueva industria”, que integra a la industria productiva y a los servicios asociados. Por cada puesto de trabajo que se genera en lo uno, se genera, al menos, otro puesto de trabajo en lo otro. También nos gusta aprovechar la riqueza de la comunidad científico-técnica que tenemos. Aquí se produce el 1% del output científico mundial, pero la traducción del laboratorio al mercado siempre es complicada.

A nosotros nos gusta jugar uniendo estas dos piezas y contribuir al desarrollo industrial, que es el que genera puestos de trabajo de calidad, con gente muy cualificada, que es mucho más resiliente cuando llegan las crisis. A fin de cuentas, es lo que hace que un territorio sea más competitivo.