Escritora del bestseller “Pan de limón con semillas de amapola”

Cristina Campos

“Pan” y “Mujeres”

“Me gusta pensar como los americanos: al ‘fracaso’ lo llaman ‘camino’”


La escritora Cristina Campos equipara su actividad literaria a la gestión de una startup personal. 

Miércoles, 01 de Marzo de 2017
Cristina nos encontró por casualidad en una librería. “Hola, soy autora de una novela. La tienes en este estante. Cómprala porque te va a gustar”. No era un acto promocional organizado por Planeta, editora de “Pan de limón con semillas de amapola”, la novela en cuestión, ni firmaba ejemplares sentada en una mesa. Cristina, por el contrario, recorría el establecimiento armada con una sonrisa. Buscaba el cuerpo a cuerpo con cada potencial comprador de su libro. Nos pareció digna de mención su capacidad de patearse ciudad tras ciudad, librería tras librería, para hacer eficaz, de motu proprio, la compleja actividad promocional de su trabajo. “¿Si te compramos una, nos la firmas?”, dijimos. “¡Claro!”, respondió. “Y de paso nos concedes una entrevista en FeedbackToday”, la invitamos. Hoy es el día. Con ustedes, Cristina Campos.

"Me dedico a la dirección de casting de cine y unos productores con los que trabajo y que habían leído mis guiones, me recomendaron a Planeta"

"Mi editora leyó mis tres guiones. Me llamó…y así empezó todo"
 
"Nos reunimos. Me ofrecieron reescribir los guiones para convertirlos en novelas. Pero preferí empezar de cero. Después de una charla de una hora, salí, insegura pero feliz, del edificio de Planeta con dos palabras en la cabeza: “Pan” y “Mujeres”"
 
"Tuve la suerte de que en la pasada edición de la Berlinale (el festival de cine de Berlín) mi novela y otras nueve de todo el mundo fueron seleccionadas como susceptibles de ser convertidas en película… Pero no fue suerte, me lo he currado mucho. Muchísimo"
 
"Se publican 70.000 libros al año en España. Es muy difícil destacar. Si la prensa no nos da un poco de visibilidad, todavía más. Los escritores noveles lo tenemos complicado. No interesamos mucho, no somos “nadie”. Pero mi novela se ha convertido en bestseller por el “boca a oreja” y eso me enorgullece"
 
"Los escritores nos llevamos un 10% de las ventas por libro. Dos euros por unidad. Es muy difícil vivir de la literatura"
Su novela “Pan de limón con semillas de amapola” podría compararse a una startup personal. ¿Se siente cómoda como emprendedora, además de autora?
Haber escrito esta novela ha sido posible sólo a base de mucho trabajo. De algún modo es como si fuera mi startup. Durante años traté de levantar diversos proyectos de guiones. No salieron. Se podría decir que antes de escribir esta novela provenía de una situación de fracaso. Aunque en una ocasión, una lectora me dijo que no se trataba de ningún fracaso, sino de un camino. Me gustó oír eso…
 
Pero usted escribe muy bien. Y encima ya trabajaba en el mundo del cine como directora de castings. Así que parecía probable que algún guionista o director se fijara en los textos que había escrito y los llevara a la pantalla. 
A pesar de estar siempre rodeada y asesorada por directores y productores, aquellos proyectos no salieron. Recibí una subvención del Ministerio de Cultura y otra de la Unión Europea que se traducían en generosas subvenciones que me permitían escribir cobrando. Así que, sí, alguna productora se había implicado en las fases iniciales de los proyectos. Pero no llegaban a financiarse en su totalidad. 
 
Y quizás se llega a un conflicto entre autora y productor...
El productor quiere ganar dinero, tú tienes tus propias ideas, y llega un director que tiene también las suyas, así que al final una se encuentra en el medio, tratando de satisfacer lo que busca el productor y lo que busca el director. Esta situación se repitió con tres de mis guiones. Me había llevado unos seis o siete años completarlos todos. Así que decidí tirar la toalla en ese camino y confiar en mí misma y dejar de escribir para los demás. 
 
Esto se pone interesante. Dejamos el planteamiento y vamos al nudo de la historia… 
Sí. Sola y sin equipo decidí emprender el viaje como escritora…
 
Vale, pero en el fútbol, por ejemplo, los noveles se foguean en divisiones inferiores y luego ascienden a primeras categorías. Usted es novel y juega en Primera División. ¿Qué camino ha recorrido para llegar hasta Planeta?
A raíz de los premios que le mencioné antes, sobre todo el del Ministerio de Cultura, que se concede solo a diez proyectos de una lista de dos mil, me encontré con que mucha gente empezó a fijarse en mí. Entre esas personas, algunas del mundo de la producción cinematográfica con las que ya colaboraba. Por ejemplo, gente de A3 Media, que integra a Antena 3 y a Planeta, y que tiene cierta costumbre de trasladar muchas novelas al mundo del cine o las series. 
 
Ellos la llamaron, entonces.
En aquel momento yo colaboraba con Adrián Guerra y Nuria Valls, de Nostromo, una gran productora que, por ejemplo, ha adaptado “El Guardián Invisible” de Dolores Redondo y la ha llevado al cine. Ellos dos le hablaron de mí a Marcela Serra una editora de Planeta. Le dijeron que mis novelas no les interesaban para el cine, pero que escribía bien y que valía la pena que nos conociéramos. Y así contactó Planeta conmigo...
 
Y fue a verles.
Les dejé leer mis guiones. Parece que uno de ellos les atrajo y pensaron que podría convertirse en una novela. Debo decir que yo era bastante escéptica al respecto, porque había pasado por unos procesos de escritura muy complicados en los que no me identificaba con lo que finalmente había escrito. Me sentía como una mercenaria. Alguien a quien le habían pagado por escribir algo que no era suyo. Bueno. Fui a su sede y subí a la séptima planta…
 
Suspense… ¡Se abre el ascensor y se da de bruces con el Sr. Crehueras!
Le conocí más recientemente. Un hombre encantador. No: yo me encontré ese día con la editora. Me ofrecieron reescribir los guiones para convertirlos en novelas. Me sinceré y les dije que no me veía capaz de hacerlo y preferí empezar de cero. Después de una charla de una hora, salí, insegura pero feliz, del edificio de Planeta con dos palabras en la cabeza: “Pan” y “Mujeres”. Ahí empezó nuestra relación. Volví al cabo de seis meses con el “pan” bajo el brazo.
 
Y así fue como desapareció del mundo durante algún tiempo y se concentró en escribir sobre el pan y las mujeres. ¿No le dio miedo apartarse de su trabajo en el cine?
Yo confiaba en mis propias capacidades, aunque la experiencia de los dos premios había resultado algo frustrante. Imagínese: me habían concedido una subvención por escribir un guion que nadie quería llevar al cine. Pero lo cierto es que no dudé. Hablé con mi pareja y le dije que me iba a retirar durante un año para concentrarme en el proyecto. No podía compaginar la dirección de castings con la escritura, pero me merecía poder luchar por mi sueño.
 
Una vez concluye el libro, se lo publican, recibe buenas críticas y se sitúa en una fase inédita: llamar puerta por puerta, como los políticos, convenciendo a la gente para que se lo compren. ¿Cómo se le ocurrió hacer eso de librería en librería?
Los escritores noveles lo tenemos complicado. A pesar de que me estáis entrevistando, es muy difícil acceder a los medios de comunicación. Yo no les intereso tanto, porque no soy “nadie”. Y la editorial Planeta, aunque es muy potente, publica trescientos libros al mes, así que tampoco puede promocionar a todos sus autores a la vez. El caso es que tuve la suerte de que en la pasada edición de la Berlinale (el festival de cine de Berlín) mi novela y otras nueve de todo el mundo fueron seleccionadas como susceptibles de ser convertidas en película…

Eso no es suerte.
Tiene razón, no fue suerte. ¡Me lo he currado mucho! En fin, gracias a esa selección, diarios como La Vanguardia se fijaron otra vez en mi trabajo. Hicieron un reportaje muy chulo, pero ya sabemos que salir en los medios es algo efímero, porque a la semana siguiente aparece otra persona. Y el problema sigue ahí: vender libros es muy complicado.
 
Publicarlos es más fácil.
Así es. Hay casi 800 editoriales en este país, según tengo entendido. Cada año se publican 70.000 libros. Lo difícil es vender. Vaya usted a la Casa del Libro o al Corte Inglés y verá lo llenos que están los mostradores… Por otra parte, yo veía que los números no salían. Los escritores solo nos llevamos un diez por ciento de cada libro. Es poco dinero. Aunque se vendan 30.000 ejemplares, como es el caso. 
 
Eso la pone a usted ante el reto de vender libro por libro.
Y soy muy buena vendedora. Pero la historia es larga… ¡y no sé si va a interesar! (ríe) 
 
Créanos. Nos interesa mucho.
Un día me enviaron a Sevilla a una presentación de la novela. No funcionó. O eres Ildefonso Falcones o no acude nadie a escucharte. Volví un poco frustrada y con ganas de vender. Era el mes de abril, en fechas de Sant Jordi. Así que cuando aterricé en el Aeropuerto de Barcelona, me encontré con la típica parada de libros de la zona comercial y me acerqué a ver si estaba mi novela. Pregunté por ella a las encargadas, que son encantadoras, pero no libreras. Les sonaba el libro, pero no mucho. Vi que lo tenían y me retiré un rato a ver si alguien acudía a comprarlo. 

¿Pasó algo?
Nada. Así que tras pensarlo volví a la tienda y me identifiqué como autora. Les pedí si les importaba que me quedara con ellas haciendo promoción. Tuvieron que pedir permiso a sus superiores…
 
Se armó la revolución en la tienda…
(Se ríe) Vino el jefe y me preguntó qué quería hacer allí. Se lo dije: “quiero quedarme un rato firmando, vendiendo, o intentando que la gente conozca la novela…” Pasé una hora y vendí los 20 libros que tenían en stock… El jefe se quedó blanco. Así empezó todo.
 
Imaginamos la cara de asombro.
Le pregunté si podía volver al día siguiente a hacer lo mismo. Él respondió que ya no le quedaban más libros que vender. Le pedí el número del comercial de Planeta y le llamé para que trajera más.
 
Impresionante. Oiga, vamos a por el desenlace de la historia, que ya no nos queda mucho más espacio. Lo que ha escrito usted, ¿lo hizo pensando en que podía convertirse en película?
Así es. Yo seguí la estructura de un guion cinematográfico. Tengo una mesa de trabajo muy larga en la que plasmo a todos mis personajes de manera lineal, con todo lo que les sucede y con sus objetivos y sus obstáculos para lograrlo. En la novela trabajo el conflicto externo de dos hermanas que heredan una panadería de una mujer a la que no conocen y quieren conocer, y el conflicto interno de cada una de las dos protagonistas, como mujeres contemporáneas.
 
¿Le fue difícil elaborar la historia?
Llevaba mucho tiempo escribiendo. Al final, todo me salió de forma fluida. Aproveché algunas estructuras narrativas de mis trabajos anteriores. Decidí marcharme sola a las Baleares a escribir. Sin un móvil conectado a internet. Hice que la acción sucediera en Valldemossa. Me pregunto qué hubiera pasado si me hubiera ido a Cáceres o a Galicia…
 
Algo nos dice que usted se encuentra ahora mismo escribiendo las primeras veinte páginas de una nueva historia. ¿Puede ser?
Pues no. No he querido escribir una novela rápida para venderla, aprovechando el tirón de público. No me gusta ese juego. Sé que si lo hiciera decepcionaría al lector, y no quiero. Lo que sí estoy haciendo es trabajar con el director Benito Zambrano para adaptar “Pan de limón…” al cine. 

¿Esta vez cuenta con un productor más implicado?
Por el momento la ha comprado Filmax, y a raíz del éxito de lo de la Berlinale, hay varios productores alemanes interesados en participar. Estos próximos dos años espero seguir trabajando en el concepto fílmico del libro. 
 
¿Abandona temporalmente la escritura, entonces?
No es fácil vivir de ello. Durante este tiempo he tenido que hacer algún trabajo de casting, aunque lo he seleccionado mucho. Lo más difícil, si eres mujer, es compaginar la maternidad, el cine y la escritura. Más cuando mi compañero (el director de cine Jaume Balagueró – N. del. R.), tiene una vida también muy ocupada. No quiero delegar la educación de mis hijos a terceros…
 
En cualquier caso, tenemos claro que habrá una “segunda parte”. No sabemos si de su “Pan de limón” o de esta entrevista. Pero la seguiremos de cerca.
Muchísimas gracias.