Director General de Embotits Espina

Juli Espina

Artesanía centenaria

"La competencia consigue que no te duermas"



Embotits Espina factura 25 millones al año y exporta a 25 países

Miércoles, 15 de Febrero de 2017
La compañía Embotits Espina se encuentra en Vic desde hace más de 100 años. Eso es mucho tiempo en una comarca que es la primera de Europa en producción y elaboración de embutidos. Se dice pronto. Hay países en los que el embutido se aprecia tanto o más que aquí y Juli Espina está decidido a llegar a ellos y atender a sus consumidores. Hoy le entrevistamos.

"Actualmente España es el primer productor de porcino europeo. Dentro de España, Cataluña es el número uno y, dentro de Cataluña, Osona es el punto central"
 
"Comenzamos a exportar hace 24 años. Todo era difícil entonces. Sanitariamente nos encontramos con muchas trabas y dudas. Pero vimos que había una sobreproducción y que había que salir"
 
"Cuando sales al exterior, hay que trabajar un par de años en un mercado antes de comenzar a recoger algún resultado"
 
"Le hemos dado la vuelta al negocio en la medida en que la sociedad ha demandado nuevos productos. Por ejemplo, antes se vendían las piezas enteras. Hoy se vende más bien la pieza ya cortada y envasada"
 
"Nosotros somos una empresa mediana, de 140-150 empleados, con la virtud de producir artesanalmente"
 
"Consideramos que hay que estar rodeados de personas bien preparadas y no tener miedo a que sean personas de fuera de la familia"
Embotits Espina es una compañía de gran tradición. Hace 106 años que funcionan como empresa familiar. ¿Fue su bisabuelo?
Nuestro bisabuelo montó un obrador pequeño en una calle de Vic. Comenzó a producir lo que típicamente se hacía en la comarca tras la matanza del cerdo: salsichones, jamones, etcétera. Y lo distribuía por Osona. Fueron creciendo, mi abuelo se añadió al negocio y cogieron otro local más grande en el mismo Vic. Comenzó entonces la distribución por algunos puntos de Catalunya y de España, aunque en pocas cantidades porque en aquel momento el transporte era difícil y las producciones pequeñas.
 
Y llegó su padre, o sea, la tercera generación, y revolucionó todo.
Más o menos en el año 1960 mi padre dio un giro al negocio y éste pasó de dedicarse a los embutidos curados a los embutidos cocidos. El curado es un producto que tiene un proceso muy largo (la curación), que hace necesaria una inversión muy elevada, con el producto paralizado durante 4 o 5 meses. El cocido, en cambio, es más rápido. En una semana se puede tener el producto. En aquel momento nos desplazamos a un polígono industrial y ahí hemos ido creciendo.
 
Y llegan usted y su hermano y también se incorporan al negocio. ¿Se fue para aprender y luego volvió a la empresa familiar, o se formó dentro de ella?
Desde muy joven trabajé en la empresa. Estudié Administración y aprendí el funcionamiento de todo durante 15 años, más o menos. Un poco en ventas, un poco en compras, otro en administración, encargado de planta y hasta llegar donde estoy.
 
Si algo caracteriza a la comarca de Osona, que es donde se radican ustedes, es que hacen muy buen producto. Casi en cualquier compañía. ¿Esa competencia es buena o mala para ustedes?
La competencia te aporta algo: hace que no te duermas. Si tienes competencia, te mecanizas bien, innovas, tienes un departamento de I+D para hacer cosas nuevas. Te tienes que mover y te pones a exportar. Si no, tus vecinos se te pueden comer. En Osona tenemos mucha materia prima fresca. También tenemos empresas que hacen maquinaria, transporte, etc. Por tanto, la presencia de muchas empresas como la nuestra ha desarrollado una red de servicios que se ocupan de la distribución y el transporte. Actualmente España es el primer productor de porcino europeo. Dentro de España, Catalunya es el número uno y, dentro de Catalunya, Osona es el punto central. Nos disputamos la posición con Lleida, que presumen de tener una producción porcina más grande.

Rivalidad territorial, pues.
Quizás tengan la producción porcina mayor, pero no la manufactura. La verdad es que ellos tienen granjas para elaborar el producto primero: el cerdo. Pero quien realmente sabe trabajarlo, por decirlo así, es Osona. Y también La Garrotxa, no hay que olvidarla, que es una comarca muy fuerte. Así pues, Osona es la fuente más importante de embutidos de toda Europa. Y ello, como le decía, ha generado un montón de servicios alrededor.
 
Hace años las empresas como Embotits Espina tenían grandes dificultades para salir y exportar. El cerdo era visto con desconfianza por la mayoría de países. Ahora veo que no es así. ¿Cuándo se produjo el cambio? ¿Cómo fue?
Nosotros empezamos a exportar hace 24 años, más o menos. Todo era difícil entonces. Pero vimos que había una sobreproducción y que había que salir. Sanitariamente nos encontramos con muchas trabas y dudas. Todo ello se fue resolviendo y, conjuntamente con otras empresas, comenzamos a salir. Actualmente estamos en más de 25 países y tenemos muchos distribuidores locales. El 45% de nuestra producción se destina a la exportación, en la actualidad.
 
¿Hacia Europa?
Europa, Centro América, países del Este y estamos haciendo nuestros pinitos en Asia. Lo que sucede es que hay que trabajar un par de años en un mercado antes de comenzar a recoger algún resultado.
 
Si usted es capaz de recordar su catálogo comercial de los años 60 o 70 y compararlo con el de hoy en día, ¿encontraría muchas diferencias? ¿Cuánta creatividad han añadido estos años a la manufactura?
Creo que hemos ampliado mucho el catálogo. Le hemos dado la vuelta al negocio en la medida en que la sociedad ha demandado nuevos productos. Por ejemplo, antes se vendían las piezas enteras. Hoy se vende más bien la pieza ya cortada y envasada. Ello nos ha llevado a hacer una planta nueva, para envasar y crear ese producto. Lo que sí que conservamos son las fórmulas de los años iniciales, las que funcionaban. Esas, prácticamente no se han tocado. Afortunadamente, todo ha mejorado. También la sanidad del producto.
 
Si le pongo delante una bandeja de embutidos de diversos productores, ¿sería usted capaz de distinguir el de Espina?
¡Sí claro!
 
Será que sabe distinto. ¿Qué tiene de diferencial su producto?
Hay diferentes elementos. Uno es el de la cata analítica. Nuestras empresas disponen de laboratorio propio. Podemos analizar un fuet, o un jamón hasta destriparlo y ver qué contiene. Ahí podemos saber muchas cosas. Igualmente, desde el punto de vista organoléptico, nosotros sabemos lo que lleva nuestro producto y lo que lleva el de la competencia. Hay laboratorios que se dedican a hacer catas y todo eso es posible determinarlo con facilidad.
 
¿Qué perfil tienen sus empleados? ¿Es un trabajo de largo recorrido o tienen mucha rotación?
Yo creo que el 20 o 25% de nuestra gente son personas que trabajaban ya hace años con nosotros. O sea, personas que llevan más de 20 años. Incluso algunos llevan entre 25 y 30 años. Esto está muy bien, porque el nuestro es un oficio.
 
Y esas personas conviven con otras más jóvenes y con máquinas que elaboran el producto.
Tenemos mucha automatización, pero para que funcione bien, la mano de obra tiene que estar especializada. Tenemos técnicos, químicos, biólogos, veterinarios… Son personas muy formadas y con mucha experiencia. Conocen bien el mundo de la carne, la materia prima y el proceso de manipulación. Saben las transformaciones que se producen en el proceso.
 
El sector porcino, por otra parte, también está sujeto a caprichos del destino. Que si una crisis, que si una peste, que si el cierre de fronteras… ¿Lo han tenido que sufrir a menudo, en 106 años de historia?
Bueno, es algo que puede pasar. Aunque no podemos hacer gran cosa ante ello. Por ejemplo, el caso de la peste porcina. Se nos cerraron muchas puertas de explotación. Ante esto lo único que cabe es diversificar en distintos mercados del mundo. Así, cuando se cierra una puerta, otra puede quedar abierta. 
 
Entendemos que la propuesta de valor que hace Espina al mercado es la de un producto que tanto puede funcionar en una gran superficie como en una tienda gourmet…
Nosotros somos una empresa mediana, de 140-150 empleados, con la virtud de producir artesanalmente. Tenemos un potencial amplio. En este sentido, podemos suministrar una pieza pequeña a la tienda de al lado, o un container entero en Hong Kong o la República Dominicana. Si perdemos una de las virtudes (artesanía y potencial), se nos comen. Hay que tener un producto de gran calidad, artesanal, y a la vez ser capaces de abastecer a los mercados de todo el mundo con productos más propios del día a día.
 
Hábleme de la innovación en su empresa. ¿Cómo la articulan? ¿Se inventan nuevos sabores?
Nosotros contamos con un departamento de I+D de producto en la que constantemente se estudian cosas nuevas. Nuevos productos, formatos, sabores, colores… Lo que sea. Y también tenemos un departamento de marketing que está trabajando continuamente en la presentación del producto. Estamos orgullosos de poder decir que contamos con esos dos departamentos en la casa, y que no los externalizamos. En medio de todo ello se encuentran los técnicos que son quienes trasladan todas esas innovaciones desde el laboratorio a la fabricación.
 
Usted lo ha apuntado: algunas empresas se sienten muy cómodas cuando su gente puede hacer el trabajo. ¿Tienen también lugares clave de gestión reservados a la familia, o tienen a ejecutivos externos?
Bueno, lo cierto es que yo no sé de todo. Soy experto en fabricación. Y mi hermano trabaja la cuestión del diseño. Pero tenemos un director general externo, un director de marketing y ventas externo y dos técnicos de planta de fuera. Por supuesto, consideramos que hay que estar rodeados de personas preparadas y no tener miedo a que sean personas de fuera de la familia. Todo lo contrario.
 
¿Habrá una quinta generación de Espina?
Bueno, espero que sí. Yo tengo un hijo que está acabando primero de Universidad y vamos a ver que decide.
 
Pero sin presionar, ¿verdad?
Esto es como un río. Hay que seguir el cauce porque si lo cortas, al final el agua vuelve al sitio de origen y…