Presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona

Miquel Valls

Atalaya empresarial

"El empresario siempre pide estabilidad, pero se mueve en la incertidumbre"


El presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona pone el foco en la formación como factor de competitividad

Miércoles, 23 de Noviembre de 2016
Miquel Valls es una de las personas más influyentes del panorama empresarial catalán y uno de los que mejor conoce a todos los agentes involucrados. Aprovechando sus amplios conocimientos, decidimos preguntarle sobre diversos aspectos de la economía en el ámbito local y global.

"Queremos copiar a los alemanes, pero para eso hay que tener mentalidad alemana"
 
"Yo le diría que la gran problemática de competir se encuentra en la formación y en la educación. Uno de los países más competitivos del mundo, que es Singapur, basa toda su política en la educación"
 
"La misión de las cámaras siempre ha sido la misma: facilitar o modelar los instrumentos de comercio que sirvan para los intercambios entre países y los criterios arancelarios y aduaneros"
 
"En 2010, había 86 cámaras en España, 86 que integraban a 3.500 personas trabajando. Actualmente las cámaras cuentan con 1.500 personas en total. La plantilla se ha reducido en un 50%"
 
"Tradicionalmente el comercio internacional ha traído riqueza para todos los que han participado en él. Es algo que explica la teoría económica y que demuestra la práctica"
 
"De momento, los mismos que han aprobado el “Brexit” ya están frenando su puesta en marcha. El mundo empresarial británico está absolutamente en contra. El “Brexit” no le interesa a nadie, ni a los propios ingleses"
Como presidente de la Cámara de Barcelona, usted dispone de una atalaya privilegiada para ver cómo es el mundo de la empresa y su evolución. 
La vida es cambio. A pesar de que algunos cambios son imperceptibles, porque algunas evoluciones son lentas. Pero hay momentos históricos en los que el cambio es veloz y quizás, en los últimos 5 ó 10 años, a partir de la crisis del 2008, las cosas han evolucionado muy rápidamente en el mundo económico. Ahora hemos entrado de lleno en la digitalización. Y ya no podemos hablar de nuevas tecnologías porque pronto van a ser viejas, porque constantemente evolucionan. También hemos notado los efectos de los diversos movimientos sociales en el mundo. La explosión del estado del bienestar en Occidente, la emergencia de muchos países como China, la India… las nuevas relaciones que se establecen entre sociedades…
 
Cambios muy variados, ya se ve.
Desde el punto de vista económico los cambios son sorprendentes. Un ejemplo muy claro es el de la eclosión del coche eléctrico. Hace diez años recuerdo que hablábamos con fabricantes de automóviles y lo veían como algo lejano, como muy del día de mañana. Discutían los diferentes procesos, hablaban todavía de la conversión del carbón y, de golpe, en los últimos tres años, aparece Tesla y se convierte en un competidor de los fabricantes mundiales, proporciona una nueva imagen al sector y aquellos mismos que decían “esto del coche eléctrico ya veremos”, ya están fabricándolos y pensando en términos de dos o tres años vista. Es el caso de Volkswagen, por ejemplo. Y de otros fabricantes que están saliendo. Es decir, que la innovación es tan grande y los factores avanzan tan rápido que para el mundo empresarial es difícil adaptarse a estos cambios continuos. 
 
Y quien dice coches, dice tecnologías de la comunicación.
Recuerdo otro ejemplo muy interesante. El del World Mobile Congress que celebramos en Barcelona desde hace seis o siete años. Mire, cuando este evento se celebraba en Cannes era una feria relativamente pequeña, en la que se hablaba sólo de los teléfonos móviles. Hoy el Mobile ya es un evento global, y el teléfono ha dejado de ser considerado un aparato para hablar y ha pasado a ser un aparato que envía y recibe datos.
 
Hablemos un poco de la función de las Cámaras de Comercio. Ustedes siempre han sido un instrumento para acompañar, aconsejar y promover la actividad empresarial. ¿Es así? 
Somos una institución antigua. En algunos países somos las Cámaras de Comercio e Industria, o de Comercio, Industria y Navegación, o incluso de Comercio y Artesanía y Oficios. Y la misión siempre ha sido la misma: facilitar o modelar los instrumentos de comercio que sirvan para los intercambios entre países y los criterios arancelarios y aduaneros. 
 
La primera Cámara que se conoce fue la de Marsella, del año 1780, en tiempos, casi, de la Revolución Francesa. Se creó, y se crearon las demás, para facilitar el comercio internacional. Todavía existe hoy día una Cámara de Comercio Internacional a la que estamos adheridas prácticamente todas las cámaras comerciales del mundo.
 
En todo el mundo los mismos aranceles.
Las cámaras son organizaciones relacionadas entre sí. Existe la World Chamber Federation, que es una unión mundial de Cámaras. Y dentro de ella, está el comité nacional español. Y luego vienen las cámaras locales. En Estados Unidos, por ejemplo, hay miles de cámaras de comercio, pero también un organismo que las agrupa a todas. En Norteamérica, por ejemplo, hay una de gran importancia justo en un edificio delante de la Casa Blanca.
 
Las cámaras son instituciones que tienen el encargo de dar a conocer las reglas del juego voluntarias del comercio internacional. Y, por otro lado, como entidades oficiales, también son entidades que certifican determinados aspectos del comercio internacional. Eso sí, nacen del mundo privado y son privadas. En eso se diferencian del Instituto de Comercio Exterior o de ACC1O, en Catalunya, que son entidades gubernamentales, a la vez que compatibles.
 
¿Y las cámaras también conviven bien con las patronales?
La Cámara de Comercio de Barcelona, por ejemplo, cuenta con una representación de Foment del Treball y de Pimec, es decir, de las dos patronales más representativas de Catalunya. Hubo un momento clave, cuando cambió la ley, donde algunos hablaron de dificultades de supervivencia para todos. Pero se superó con un adelgazamiento, por decirlo así. En 2010, había 86 cámaras en España 86 que integraban a 3.500 personas trabajando, además de órganos políticos, comisiones ejecutivas, plenos, etcétera. Actualmente las cámaras cuentan con 1.500 personas en total. La plantilla se ha reducido en un 50%.
 
Caramba.
Y algunas cámaras lo están pasando mal. Yo diría que también este es un movimiento de reducción para todos, no solamente en España sino en toda Europa. A excepción de Alemania, donde el sistema se mantiene porque allí las cámaras son la garantía de la formación profesional dual, esto ha sido el gran éxito. 
 
Los alemanes siempre salen bien parados.
Queremos copiar a los alemanes, pero para hacerlo hay que tener mentalidad alemana. Allí saben que la formación no es un gasto, sino una inversión. Entender esto cuesta mucho en un país como España, donde la formación profesional entra dentro de las empresas como un gasto, que se ha gestionado por parte de las patronales y los sindicatos durante muchos años.
 
En cambio, en Alemania, Austria, Holanda, y en la Europa del Norte, los índices de paro juvenil no tienen que ver con los del sur de Europa. Creo que las cámaras siguen siendo útiles. En el pasado lo fueron mucho y ahora tienen que adaptarse a las nuevas realidades.
 
¿A cuáles, por ejemplo?
Sobre todo, a un sistema de financiación que todavía no está totalmente clarificado. Las cámaras alemanas, cuentan con la formación profesional. Pero en otros países se financian haciendo los registros, dando fe de las cosas. Parece que, en Catalunya, la nueva ley propone que las cámaras lleven el censo público de las empresas. Todo está en construcción, pero soy optimista en cuanto al futuro de las cámaras. Quizás dentro de diez años habrá entre 40 y 50 de ellas.
 
¿Habrá un proceso de agregación territorial?
Un proceso de fusiones. Pero normal, por otra parte.
 
No podemos evitar preguntarle sobre esos tratados bilaterales que sacan a la gente a protestar a la calle. Por ejemplo, los tratados de Estados Unidos o Canadá con Europa. Desde su experiencia ¿hay motivos para preocuparse?
Tradicionalmente el comercio internacional ha traído riqueza para todos los que han participado en él. Es algo que explica la teoría económica y que demuestra la práctica. Cuando España se integró en la Unión Europea hubo quien dijo que iba a ser un fracaso, que íbamos a quedarnos solo con los bares y nada más. Se ha visto, en cambio, que ha habido un desarrollo industrial como no se pensaba que fuera posible. España se ha vuelto competitiva en la industria del automóvil, por ejemplo, y es uno de los países más competitivos del mundo en muchos sectores. Nuestras empresas se encuentran dentro de grupos multinacionales como SEAT, Nissan, Renault, Ford…
 
Yo le diría que la gran problemática de competir se encuentra en la formación y en la educación. Uno de los países más competitivos del mundo, que es Singapur, basa toda su política en la educación. No hay que tener prisas y hay que tener vista a medio o largo plazo… 
 
También nos interesa preguntarle por su visión sobre el “Brexit”. ¿Qué impacto va a tener en las relaciones comerciales?  
No lo sabemos… Habrá que ver como se desarrolla. De momento, los mismos que han aprobado el “Brexit” ya están frenando su puesta en marcha. Ahora el Supremo ha dicho que hay que pasar por el Parlamento. El mundo empresarial británico está absolutamente en contra. Nadie sabe si Europa va a poner barreras arancelarias… Todo ello requiere más tiempo para verlo, pero el “Brexit” no le interesa a nadie, ni a los propios ingleses.

Una fractura insalvable.
Sin una política fiscal armonizada, por ejemplo, cada uno pone sus impuestos. Las multinacionales van a Irlanda o a Luxemburgo, desde donde facturan. Son factores legales pero discriminatorios, que afectan a la competitividad de los países. De todas maneras, hay que esperar. Si se esperaba una reacción a corto plazo ante el “Brexit”, ésta no se ha dado. España va a crecer este año un 3,3%.
 
En todos los círculos empresariales se está hablando de la estabilidad. ¿Es ese el nuevo mantra?
El empresario siempre pide estabilidad, pero se mueve en la incertidumbre. Esto no es una ciencia exacta. La realidad de la empresa es que las crisis llegan de golpe: sin ningún motivo aparente todo se hunde, y luego empieza a dar la vuelta y a crecer. Es evidente que en Europa ha habido movimientos que ayudan a la recuperación. Por ejemplo, la política monetaria. El señor Draghi ha puesto una manguera y a comprar colaterales y deuda de países y deuda privada. Al final esto se acaba notando.
 
Por otro lado, teníamos el petróleo a 110 ó 120 dólares y ha pasado a 40 ó 50. Lo que vamos a ver en los próximos meses es que van a subir los impuestos sobre los hidrocarburos porqué es de las pocas cosas, alcohol también, dicen, en las que el Gobierno puede actuar sin tener compromisos anteriores, aunque no demasiado porqué entonces se encuentran con la competencia de otros países…
 
La última: tras quince años presidiendo la Cámara, ¿se ve renovando otro mandato más?
Llevo muchos años. Ya veremos. Nunca se puede decir nunca. Yo tengo el compromiso de aprobar la ley autonómica. Y después dependerá de las ganas. No es un tema que hoy podamos decidir.