Consejero delegado de JOVI

Alejandro Tejedo

“En nuestro plan estratégico figura que la exportación será la clave”


Miércoles, 02 de Septiembre de 2015
Estamos seguros de que la mayor parte de nuestros lectores reconocerán haber jugado de pequeños con plastilinas o haber pintado con témperas, en ambos casos de la marca JOVI. Por lo menos, seguro que habrán visto a sus hijos e hijas hacerlo en la escuela. Implantada desde sus orígenes en Barcelona, JOVI nació en la postguerra y ha mantenido una estructura familiar y un compromiso con la calidad y la innovación durante décadas. Hoy, Alejandro Tejedo, su consejero delegado, comparte su perspectiva con nosotros.

“JOVI no es una empresa de grandes saltos técnicos, sino más bien de un cambio constante, fruto del trabajo diario”
 
(Deslocalización): “Me siento muy orgulloso de decir que nos propusimos mantener nuestra apuesta por Catalunya y seguir fabricando en Rubí”
 
“Destinamos a I+D un millón de euros anuales"
 
“Casi el 50% de lo que fabricamos para el mercado escolar se exporta fuera de nuestras fronteras. Y un 85% de lo que producimos en cosmética también”
 
“Los políticos, en general, han tratado muy mal a la industria de este país”
 
“Deberían poner placas de reconocimiento a cada empresa exportadora. Es todo un mérito”
Que sepa que nosotros hemos jugado con su plastilina…
Todo el mundo nos conoce por la plastilina. Hemos copado un mercado y le hemos dado nombre a un producto. Cuando le explico a alguien que trabajo en JOVI, siempre me responde “¡ah, sí!, yo jugaba con plastilinas de tu marca…” Lo cierto es que para nosotros este producto fue un gran “boom”. Se introdujo por toda España y comenzamos a exportarla... 
 
Hoy día su marca ya está implantada en el imaginario colectivo. Pero en algún momento JOVI tuvo algún éxito que la catapultó. ¿Cuál fue?
Le diría que fue en los años cincuenta, cuando se estaba preparando el caldo de cultivo que culminaría con los Planes de Estabilización de 1959. Nuestra empresa comenzó a fabricar bolígrafos. Eso hizo aumentar nuestra facturación y nos ayudó a dar un salto hacia delante de mucha importancia. Más adelante, sin embargo, fuimos creando otras líneas del ámbito didáctico (como acuarelas y ceras…) y abandonamos la línea de escritura…
 
¿En qué punto aparece usted en la historia de JOVI?
Yo terminé la carrera –soy economista- y entré en la compañía por el departamento de fabricación. Eran los años setenta, había mucha convulsión social y me encontraba a menudo con problemas que no eran de nuestra empresa, sino de la del vecino… Lo cierto es que entonces teníamos unos procesos productivos muy manuales y contábamos con poca automatización. Así que hubo que iniciar una gran transformación que todavía sigue… JOVI no es una empresa de grandes saltos técnicos, sino que es más bien de un cambio constante, fruto del trabajo día a día.
 
Y a lo largo de estos años ¿cómo diría que ha sido el modelo de crecimiento de JOVI? ¿Estructurado o explosivo?
Hace algún tiempo, en los años 90, tuvimos que tomar una decisión estratégica importante. Disponíamos de una gama muy amplia de productos propios y además comercializábamos muchos otros. Pero vimos que no íbamos bien por ahí. Así que decidimos restringir el número de referencias, especializarnos en ellas y venderlos por todo el mundo. En vez de vender una gran gama a pocos clientes, decidimos ofrecer una gama limitada a un número de clientes mayor. 

¿Y cuáles fueron los productos en los que se especializaron?
Fueron los lápices plásticos, las ceras, las pinturas, las témperas, las acuarelas… Y, claro está, las pastas y el maquillaje escolar. Estos productos también tienen su razón de ser.

¿Cuál es?
Fabricábamos lápices de cosmética para terceros. Así que teníamos amplia experiencia en este tipo de producto y vimos que los niños participan en muchas funciones de teatro escolar, en fiestas y hasta se maquillan para ir al campo de fútbol. Creemos que es un mercado muy interesante. Y si bien la gente de la calle no suele saber que fabricábamos para terceros, ahora el 100% de lo que vendemos en el ámbito del maquillaje escolar es de nuestra marca.

¿Se han planteado alguna vez deslocalizar la producción?
Lo hemos planteado, sí. Tiempo atrás todo el mundo hablaba de irse a China y producir allí. Pero me siento muy orgulloso de decir que nos propusimos mantener nuestra apuesta por Catalunya y seguir fabricando en Rubí. La decisión, además, fue unánime. Creemos que para mejorar un producto y hacerlo más competitivo en precio o en calidad, debemos poder tocar el producto todos los días. La gente de nuestro laboratorio está en Rubí y queremos poder testar de inmediato cualquier modificación. Si estuviéramos deslocalizados, esto no sería posible. Y no podemos olvidarnos de otra cosa…

¿Cuál?
Pues que no somos una empresa tan grande como para permitirnos que nos copien. Imagínese que cogen nuestro producto y nos lo replican… Le ha pasado a muchas empresas de aquí.
 
Quizás la de ustedes no sea la fórmula magistral de la Coca-cola, pero sin duda tendrán sus secretos…
Claro. Tenemos patentes, y productos registrados. Pero, como le digo, si tuviéramos que llegar a litigios con alguien, sería muy costoso.

¿Cuánto dedican Uds. a I+D en su producción?
El año pasado facturamos unos 15 millones de euros. Y destinamos a I+D un millón de euros anuales. No todos los proyectos de I+D avanzan al mismo ritmo porque nuestra capacidad de asimilación es limitada. Contamos con algo más de 10 ingenieros y de 10 químicos, así que lo que conseguimos hacer está limitado por la capacidad de esas personas.

Por cierto, ¿cuántas personas trabajan en JOVI?
Por poco no llegamos al centenar. Y la mitad de ellos están dedicados a la parte técnica.

¿Y comercialmente? Seguro que con una marca tan consolidada ya deben tener mucho trabajo hecho… Quizás no necesitan una gran red de distribución comercial. ¿O sí?
Siempre debemos estar picando piedra… Especialmente en el mercado internacional. Casi el 50% de lo que fabricamos para el mercado escolar se exporta fuera de nuestras fronteras. Y un 85% de lo que producimos en cosmética también.

¿Hace mucho que exportan?
Bastante: empezamos en el año 60. Arrancamos por América Latina. Pero actualmente los países vecinos de España son los más importantes para nosotros: Francia, Italia, Alemania, Portugal… Y también el Oriente Medio.

Las empresas familiares y con éxito suelen ser objeto de deseo de otras empresas más grandes. ¿Han tenido ofertas de otras empresas?
Somos dos socios capitalistas. Nuestra estructura patrimonial es sólida. Nos autofinanciamos muy bien. La crisis ha sido terrible para muchos sectores, pero no para nosotros. Tenemos una cobertura del activo del 85% con fondos propios… Han surgido ofertas, sí. Pero nos mantenemos como hasta ahora.
 
¿Por dónde pasan los planes de crecimiento de JOVI en el futuro?
En nuestro plan estratégico figura que la exportación será la clave. También ambicionamos el crecimiento nacional, aunque creemos que es limitado. Y creemos que hay más oportunidades en el exterior.

Hoy en día se habla mucho de “emprendedores”. Pero usted y su socio, que han recogido el testigo de una generación anterior y lo han impulsado. ¿Qué se consideran más: empresarios o emprendedores?
Yo creo que somos emprendedores, aunque, la verdad, el título no tiene mucha importancia. Lo importante es el proyecto. Recibir un proyecto, hacerlo avanzar, asegurarle la vida, transmitir todos esos valores a las generaciones futuras, dar a entender que trabajar en él es un lujo… Eso es lo importante.
 
Ahora que lo dice, ¿cuentan Uds. con una tercera generación familiar en JOVI?
Afortunadamente, tenemos el futuro garantizado por mucha gente muy capacitada. El tiempo dirá si se incorpora una tercera generación familiar. Aunque creo que no hay que empujar a la familia. Mi primo y yo entendemos que lo más importante es que la empresa funcione bien y que cuente con el mejor equipo humano posible. Si el director general es de la familia o no, es algo secundario.

Por último: actualmente existe un debate social sobre la necesidad de reindustrialización, cuando hace solo unos pocos años se hablaba de que este país iba a especializarse en servicios. ¿Cree que es posible refrescar la industrialización?
Es posible, pero es un proceso lento. La verdad es que los políticos, en general, han tratado muy mal a la industria. Algunas se han tenido que marchar. Otras han caído, arrastrando a talleres y a pequeñas empresas auxiliares. Las leyes laborales, la presión fiscal… El IAE, por ejemplo, es un impuesto del siglo XIX que no existe en ningún otro país en el mundo… La electricidad es el doble de cara que en Estados Unidos… Y, claro, todos exportamos con estos costes de origen. Yo creo que en algún sitio, quizás en Montjuïc o en el Retiro, deberían poner placas de reconocimiento a cada empresa exportadora, porque, de verdad, que es todo un mérito…