Director de KommoStudio

Alejandro Soldevila

“Lo difícil de mi oficio es descartar tendencias que en tres meses habrán pasado de moda”

Miércoles, 26 de Agosto de 2015
A pesar de la crisis y antes de que empezara a repuntar el sector inmobiliario, el arquitecto técnico Alejandro Soldevila se la jugó al poner en marcha un estudio de interiorismo. Encontró dos nichos importantes: los clientes particulares, que quieren hacer de su vivienda un lugar agradable, y los negocios retail, que necesitan espacios atractivos para el público. La fórmula les ha funcionado bien incluso en los malos momentos. Así que: ¿qué podemos esperar de KommoStudio si de verdad llega la recuperación económica? Se lo preguntamos directamente a su responsable.

“Los productos de diseño a veces suponen hasta el 70% del coste de una obra. Hay que saber adaptarse a todos los bolsillos”
 
“El comercio se está recuperando. Así lo dicen los datos del Colegio de Arquitectos Técnicos”
 
“Barcelona es una especie de oasis. Incluso durante la crisis, los locales de tiendas que cerraban volvían a abrirse al poco tiempo con otras marcas”
 
“Con la reactivación del sector inmobiliario, no todos podrán adquirir una nueva vivienda, pero tal vez querrán rehabilitar su casa”
 
“En nuestro oficio es fácil internacionalizarse: podemos idear proyectos para Turquía para Nueva York desde Barcelona”
 
“El mejor proyecto es aquel en el que el cliente aporta ideas y se deja aconsejar”
Corre por ahí una imagen estereotipada, que dice que las personas con su profesión huyen de sitios como ‘IKEA’. ¿Es cierta? 
No lo es. Al final hay que buscar el producto adecuado para cada presupuesto. Y los productos de diseño a veces son tan caros que suponen hasta un 70% del coste total de la obra. Así que hay que adaptarse a todos los bolsillos. Pero también hay que saber decirle al cliente que si compra un sofá o una mesita de la marca que usted ha mencionado, la cual tiene un nivel de calidad relativo, quizás en tres años o menos tendrá que renovarlos.
 
Abrió su estudio en 2010, y ha superado con éxito sus primeros cinco años de vida. ¿Cómo lo ha hecho?
Nos encontramos en un sector muy fastidiado por la crisis. Aunque cuando arrancamos no teníamos ninguna carga (esto es: nóminas, inversiones, estructuras, hipotecas…), así que pude empezar yo solo y luego busqué colaboradores externos. Concretamente, contacté con dos compañeros especializados en estructuras y en licencias de actividad, que son dos actividades complementarias. Por lo demás, trabajamos con dos tipos de clientes: los particulares que quieren adecuar sus viviendas, y los negocios retail.
 
Y el hecho de ser pocas personas en KommoStudio ¿les representa algún problema a la hora de asumir diversos proyectos al mismo tiempo?
¡Ojalá! Pero si así fuera, lo solucionaríamos buscando otros sistemas de colaboración. Lo que nos lleva más tiempo en los trabajos de diseño es redactar los proyectos ejecutivos. La idea puede ocuparnos bastante, pero redactar adecuadamente el proyecto para que no exista posibilidad de equivocarse interpretándolo es lo que más tiempo nos lleva. Así que hay margen para buscar a colaboradores externos.
 
Seguirá siendo usted un ‘llanero solitario’ rodeado de buenos colaboradores tanto tiempo como sea necesario…
Es lo que nos ha funcionado estos últimos años. Pero al ver que la situación mejora, también vamos planteándonos crecer, y formar a personas que nos conozcan y conozcan nuestro sistema de trabajo.
 
Entonces, ¿el éxito de su estudio certifica que el comercio está recuperándose tras la crisis?
Sí. La información disponible en el Colegio de Arquitectos Técnicos así lo indica. Hay cada vez más visados y licencias concedidas. Pero hay que decir también que Barcelona es un oasis. Durante la crisis las tiendas cerraban, pero en poco tiempo los mismos locales se utilizaban para abrir otras nuevas tiendas. Quizás porque la marca “Barcelona” es muy importante y muchas marcas comerciales han visto una oportunidad para implantarse aquí. En otras ciudades del Área Metropolitana, esto no es así, porque no les compensa tanto.
 
Las estadísticas también dicen que el mercado inmobiliario se está reactivando. Pero además de comprar viviendas, también habrá muchas personas que querrán rehabilitar, sin tener que adquirir…
Claro. No todo el mundo va a poder comprar una vivienda nueva, pero todo el mundo quiere vivir en un espacio agradable. Así que van a optar por reformar. Quizás no toda la vivienda entera, o no de golpe. Pero invertirán para redistribuir la sala de estar y los dormitorios, y dentro de un año ya verán qué hacen con la cocina y el baño. Sea cual sea la fórmula, seguro que la gente va a querer contratar servicios de este tipo.
 
Su actividad principal se desarrolla actualmente en Cataluña. ¿Tienen previsto salir a actuar en otras áreas, o internacionalizarse?
En nuestro oficio no es complicado hacerlo. La ventaja de nuestro producto es que no necesitamos invertir en infraestructuras o en máquinas para trabajar. Desde Barcelona podemos idear proyectos para Turquía o para Nueva York y lo único que necesitamos es una colaboración con un despacho local que pueda llevar la dirección a pie de obra o que se ocupe de los trámites para legalizar las obras en ese país. De hecho, actualmente tenemos en estudio un “plan book” para una marca de ropa masculina internacional y la propuesta es que nosotros podamos diseñar desde aquí, con la ayuda de un arquitecto local que ejecute el diseño y se cuide de cumplir las normativas de ese país. 

En su mundo profesional, ¿también existen tendencias de las que tengamos que estar al corriente?
¡Y tanto! Muchas veces, lo difícil de nuestro oficio es descartar lo que dentro de tres meses será una moda que habrá dejado de serlo… Discernir aquello que actualmente todos desean de lo que dentro de un tiempo seguirá siendo funcional. Siempre digo que los programas de tele-realidad que tratan de interiorismo, en los que en dos días te arreglan un sótano, son positivos y negativos a la vez: por un lado dan a conocer un oficio poco conocido y que ayuda a la gente a convertir sus espacios en más agradables, pero también les transmiten mensajes poco realistas a los clientes.

¿Qué clientes les vienen con más exigencias: los particulares o los de retail?
Todo el mundo ha vivido –o vive– en una vivienda particular. Así que en el caso de las viviendas, los clientes tienen una idea clara de lo que les gusta y de lo que no los gusta. Lo normal entonces es que nos guiemos por lo que pide el cliente. Pero cuando hablamos de locales comerciales la cosa cambia. Porque nosotros tenemos más experiencia y criterio: sabemos cómo será la experiencia del cliente final, la circulación de los empleados, los factores de atracción desde la calle al local comercial… Entonces somos nosotros los que guiamos.
 
¿Sus clientes le dan margen para su creatividad? Es decir, en sus proyectos, ¿se nota el estilo propio de su estudio?
Muchas personas tienen claro qué diseñador es responsable de un espacio con solo verlo. Más, cuando se trata de un diseñador conocido. A una escala más reducida, en nuestro caso, esto también sucede. Nosotros tratamos de llegar a un equilibrio con lo que pide el cliente, en el sentido de que él hace unas indicaciones y nosotros tratamos de aportar nuestro estilo. El buen proyecto es aquel en el que el cliente te aporta sus ideas, pero también se deja aconsejar.

En su sector, ¿qué abunda más: los clientes que le dicen ‘tengo una idea, por cuánto me va a salir’ o los de ‘tengo tal presupuesto, qué me puedes diseñar’?
Tenemos clientes de ambos tipos. Algunos vienen con una idea en la cabeza y nos preguntan por cuánto les va a salir. Entonces debemos ser muy realistas y estudiar de cuántos metros cuadrados consta el trabajo, y con unas ratios que conocemos, anticipar un presupuesto aproximado. Algunos de esos clientes lo aceptan, y otros dicen que no pueden asumirlo y que hay que rebajar el coste por algún lado. Pero también vienen personas que nos vienen con un límite de gasto y nos preguntan qué podemos hacer con ello.
 
Obviamente, ustedes van a porcentaje de la obra, para ganarse la vida…
Cierto. Pero nuestros honorarios nunca son sorpresa. Si anunciamos que serán una cantidad, y luego resulta que la obra se dispara por la razón que sea, mantenemos los honorarios que habíamos comprometido al principio. La nuestra es la única partida de la obra que es conocida desde el principio. En lo demás, siempre puede haber extras…
 
A la larga, ¿qué cree que será más conocido: su nombre o el de su estudio?
En nuestro caso, que somos un despacho pequeño, terminamos conociendo a todos los clientes directamente. Yo acudo a todas las visitas de obra, llevo la dirección y el diseño de la obra y, al final, el cliente te contrata porque te conoce, ya sea porque has trabajado previamente para ellos o porque han visto trabajos tuyos. Más adelante, ya se verá si la marca KommoStudio nos trasciende…