Carlos Rodríguez

Hemos competido contra chinos, rumanos, alemanes e italianos. ¡Y no nos han ganado!

Martes, 26 de Mayo de 2015
Pinter es una empresa de referencia en la aplicación de pinturas. Había existido en los años 70 bajo otro nombre y con otros propietarios, hasta que Carlos Rodríguez la reflotó. Desde entonces no han dejado de crecer. Su fundador se enorgullece de todo lo conseguido y nos confiesa que han aplicado pinturas en millones de metros cuadrados de superficies de todas partes, desde piezas pequeñas de automóvil, hasta máquinas de optometría. Incluso las butacas del Teatre del Liceu, en el Auditorio de Barcelona o en el Palacio de Congresos de Catalunya y de un montón de sitios más. Se trata de una empresa que “pinta” mucho, real y figuradamente hablando.

“Pintamos 4 millones de guías de elevalunas de automóviles al año”
 
“En el sector de la automoción somos los mejor considerados por la calidad y rapidez de nuestro servicio”
 
“Pintamos de todo. Desde piezas pequeñas como un bolígrafo hasta elementos de siete metros y medio”
 
“Trabajamos 24 horas al día, seis días por semana. Y todavía podríamos poner en marcha tres turnos más”
 
“Hemos competido contra compañías chinas, rumanas, alemanas, portuguesas e italianas… ¡Y no nos han sacado del mercado!”
 
“La situación de los polígonos industriales en Catalunya es catastrófica. Los ayuntamientos deberían poner más facilidades al emprendimiento”
 
“No pienso en la jubilación. ¡Me siento muy a gusto trabajando!”
¿En qué consiste su actividad?
Nosotros nos dedicamos a la pintura. No la fabricamos, sino que la aplicamos. Y no se trata de pintar y ya está, sino que tenemos que llevar a cabo técnicas y procesos muy diversos.
 
¿Como cuáles?
Pues mire: el secado al aire, el secado al horno, la aplicación de pinturas ignífugas, o anticorrosivas, o conductoras de la electricidad, o con base al agua, disolventes, sintéticos, acrílicos… Toda una gama, ya lo ve. Buena parte de nuestro negocio se basa en encontrar las mejores materias primas, ya sean pinturas en polvo o líquidas. Y nuestros proveedores son primeras marcas y están todos certificados. La ISO 14000 nos obliga a ello.
 
Ustedes han trabajado para muchos lugares públicos emblemáticos, como teatros y auditorios. ¿Se presentan a concursos públicos?
No. Los que ganan los concursos son nuestros clientes, que son las empresas de mantenimiento y acondicionamiento. Ellos nos sub-contratan a nosotros. Y así hemos trabajado por toda España. 
 
Usted reflotó la antigua empresa que hoy en día es Pinter…
Era 1993, una época de crisis, aunque no tanta como la actual. La empresa de entonces tenía nueve empleados pero ningún cliente. La refloté. Le dejé una parte (un 20%) de las acciones al fundador y el otro 80% me lo quedé. Me interesaba su experiencia y sus contactos con los proveedores y clientes. Hace unos años, cuando se jubiló, le recompré su parte.
 
Y hoy tiene el 100%...
No exactamente. Por mi manera de ser y por convicciones, el director general actual tiene una parte de acciones también. Y un sobrino que trabaja conmigo tiene otra parte. Yo conservo el 70% de la propiedad.
 
Su crecimiento en estos años es formidable. Les consideran una referencia del sector…
En 1993 teníamos una nave y los nueve trabajadores. En 1996 inauguramos una segunda nave, y dividimos la producción de pinturas en polvo y de pinturas líquidas. Y en 1998 todavía pusimos en marcha una tercera nave. Y en 2000 otra más. Y luego otra. Tenemos funcionando cinco naves con 7.500 m2 de superficie total. Hoy día damos servicio en Catalunya y en Francia. Tenemos 80 empleados, clientes de renombre y en el sector de la automoción somos de los mejor considerados por la calidad y rapidez de nuestro servicio.
 
La facturación anual de Pinter ha llegado a estar por encima de los 10 millones de euros… 
A los 10 millones llegamos antes de la crisis, cuando fuimos 120 trabajadores. Con la crisis bajamos a 4 millones y medio y tras ella estamos repuntando. Ahora facturamos entre 6 y 7 al año. Hoy día la empresa está tomando oxígeno y la buena gestión financiera que hemos tenido nos ha ayudado a paliar los perjuicios de la crisis. No nos hemos endeudado más de lo que debíamos.
 
Hablando del sector de la automoción, ¿ustedes qué hacen? ¿Qué clientes tienen?
Las empresas de automoción nos subcontratan también. Pintamos componentes para automóviles, que luego nuestros clientes llevan a las marcas de automoción. En el caso del Grupo Volkswagen, por ejemplo, estamos pintando 4 millones de guías de elevalunas eléctricos para los modelos Q3 de Audi y SEAT León. O sea, guías para un millón de vehículos al año.

Seguro que no es así, pero no podemos dejar de figurarnos una fila de un millón de Audis Q3 de camino a su fábrica para que les pinten las guías…
No es así, lógicamente. Nosotros sólo les pintamos las guías y éstas se llevan a una cadena de pre-montaje y luego se llevan montadas a la fábrica de automoción. Pero también pintamos para otros sectores. Por ejemplo, en la hostelería, pintamos los laterales de cafeteras. Y en oftalmología, también pintamos los aparatos que usted ve en cualquier óptica. 
 
En cualquier caso se trata de un tipo de aparatos que requieren un acabado y una calidad excelente…
Así es. Y lo hacemos para piezas pequeñas, por ejemplo un bolígrafo, hasta piezas de 7,5 metros de tamaño. Dominamos todo el mercado.
 
Usted habla de pintura industrial, en grandes cantidades. Deben trabajar mucho…
No se equivoca. Las 80 personas en plantilla trabajamos durante las 24 horas en una nave, durante seis días a la semana. Tengo activos seis turnos diarios y podríamos tener hasta nueve. Y también contamos con una serie de robots y maquinaria automatizada que nos permiten ser muy productivos y competitivos. Hemos competido contra compañías chinas, rumanas, alemanas, portuguesas e italianas… y no nos han sacado del mercado…

La competencia es dura… 
Llevamos tres años sin aumentar los precios, ni los márgenes. No nos olvidemos de que el cliente final, que es SEAT, o Nissan, o quien sea, tampoco los aumenta. Y que nuestro cliente, el que nos subcontrata, hace lo mismo. Quizás donde tengamos más margen sea en las piezas especiales.

La clase política vuelve a proclamar la idea de que Cataluña debe reindustrializarse o no podrá sobrevivir. Son buenas noticias para ustedes… 
Son buenas noticias, pero han sido tristes durante mucho tiempo. Con la crisis han caído 300.000 empresas, que se han ido directamente a la quiebra. Y las que han sobrevivido se han ido a otro país. En Catalunya apenas se ha invertido en industria en los últimos años, por el miedo a la crisis y porque se ha decidido apostar por el modelo turístico. A mi me parece excelente que vengan turistas y que generen mucha riqueza, pero esto puede generar otra burbuja… Y ¡cuidado con el turismo que estamos promoviendo!

¿Cuidado, por qué?
Aquí tenemos muchos chefs y restauradores de renombre, pero no estamos invirtiendo suficiente en formación profesional turística. El servicio turístico en muchos lugares de Catalunya deja mucho que desear: falta mucho conocimiento de idiomas y de saber cómo atender al cliente… No costaría nada crear más escuelas que ayudaran a preparar a estos profesionales más convenientemente…
 
Una pregunta metafórica: ¿Si usted tuviera que caracterizar de algún modo los polígonos de toda Catalunya, cómo los “pintaría”?
Pues en este momento, como catastróficos. Hay dos cosas que me entristecen mucho en esta vida. La primera es que por mi empresa pasen personas con currículums muy buenos pidiendo trabajo. Y la otra es que, mientras tanto, pases por muchos polígonos y veas continuamente carteles de “se alquila” o “se vende”. Opino que los ayuntamientos deberían hacer algo al respecto. Por ejemplo, si son propietarios de las naves industriales, deberían cederlas a precio módico o incluso gratis, para facilitar el establecimiento de empresas y que creen riqueza… En todo caso, que no pongan tantísimas dificultades a la creación de actividad… 

¿Se le ocurre algo en concreto?
Los ayuntamientos deberían poder orientar un poco a los negocios que se quieren establecer. Si en un barrio hubiera quinientas peluquerías –por decir algo- y viniera yo con otra peluquería, debería haber alguien que me dijera que lo mejor sería que me fuera a otro barrio donde hubiera menos… Lo mismo sucede en otros sectores… Los ayuntamientos tienen medios para ello. Al enfermo hay que facilitarle la vida, ponerle zapatillas, darle medicinas… Lo que no podemos hacer es no cuidar al enfermo, que en este caso es el emprendedor.

¿La suya es una empresa familiar? ¿Su hija le relevará en algún momento?
No parece. Seguramente es culpa mía. Verá: en el año 93, cuando cree la empresa le dije a mi hija que necesitaba crear algo para mí, donde yo pudiera trabajar. Creo que eso le quedó grabado. Hoy día es interiorista y una gran emprendedora, que está creando sus propios proyectos y su compañía. Su reto es hacerlo crecer tanto como sea posible. Me gustaría ayudarla más de lo que me deja.

¿Entonces quién le seguirá?
Créame: no pienso en la jubilación. Me siento muy a gusto trabajando. Estoy fantásticamente con mi equipo, me coordino muy bien con ellos y ¿si estás a gusto en algo, para qué vas a cambiar de sitio?