Director ejecutivo de Greenpeace

Mario Rodríguez Vargas

Perseverante, combativo. Con visión global

“Respetar el medio ambiente es rentable”


El medio ambiente es uno de los pilares en los que podemos apoyarnos para salir de la crisis.

El futuro para Greenpeace significa electricidad, y por tanto vinculado a la energía limpia; la era del petróleo, el carbón y la energía nuclear serán con el tiempo historia.
 

Martes, 05 de Junio de 2012
Aunque quizá alguien aún lo piense, no puede negarse que la excelente labor de Greenpeace va mucho más allá de la imagen que se popularizó en los ochenta de impedir el vertido de residuos tóxicos en el mar con una Zodiac. Fundada en 1971 en Vancouver, en protesta ante la práctica nuclear norteamericana en el archipiélago de Amchitka, en Alaska, su labor se centra hoy en acciones no violentas y de investigación para lograr sus objetivos ecologistas. Establecida en más de 40 países, tiene más de tres millones y medio de socios, y sólo en España, más de 100.000. Hablamos con su director ejecutivo.
“Greenpeace es muy parecido a cualquier empresa: hay departamentos de organización con servicios informáticos, otros logísticos, otros de finanzas, comunicación, recursos humanos… aunque nuestro principal recurso son las personas”
 
“Claro que es realista pensar que se puede mantener nuestro estilo de vida actual sin energía nuclear y sin emisiones de CO2. Estoy convencido de ello. Se puede mantener la calidad de vida pero evitando el derroche”
 
“Yo les pediría a los dirigentes de las empresas que en su forma de dirigir y de producir no hagan lo que no querrían hacer en su casa. Si no quieres que tus familiares vivan en una zona contaminada, si quieres que tengan un empleo digno, si quieres que se respeten los derechos humanos en la gente que quieres, que lo hagan igual cuando dirijan las empresas. ”
Aunque es nuevo en el cargo, no puede negarse que es todo un veterano en la organización 
Sí, fue en el año 92 cuando me contrató Greenpeace Internacional en una campaña de contaminación de la industria papelera. En aquel momento era un sector muy contaminante, muy duro, y había una solución tecnológica muy fácil que consistía en sacar el cloro del sistema de blanqueo. Realizamos una campaña específica y me contrataron precisamente para conseguir el cambio en España. 
 
¿Cómo le conocían?
Bueno, de hecho, yo conocía la organización. Y al ver el tema que trataba, que combinaba una parte técnica con otra de compromiso, me interesó. Entre otras cosas porque era una campaña muy internacionalista: no sólo se veían los problemas del país sino los globales. Y así fue cuando empecé a tener contacto con los problemas de África, del Amazona, del Sureste asiático… Siempre me han interesado los problemas a nivel global. 
 
Los que le conocen dicen que ya es una pieza fundamental en la historia de Greenpeace 
Pues no lo sé, esto me abruma un poco, como comprenderás. La verdad es que soy perseverante y llevo casi toda la vida en Greenpeace. Soy una persona combativa, que tiene visión global y que conoce muy bien la organización, tanto desde el punto de vista nacional como internacional. Y comparto su cultura y evidentemente sus principios. 
 
¿Cree que toda ONG, por muy altruista que sea debe tener una organización profesional?
Si quiere ser realmente influyente como es el caso de Greenpeace, sí. Pero evidentemente tiene que estar apoyada por una estructura importante de voluntariado. 
 
¿Y cómo funciona el vuestro?
Es muy parecido a cualquier empresa: hay departamentos de organización con servicios informáticos, otros logísticos, otros de finanzas, comunicación, recursos humanos… aunque nuestro principal recurso son las personas. La gran diferencia con otros organismos es que no recibimos ayudas públicas ni tampoco de empresas: sólo de personas. 
 
Debe ser difícil captar recursos de particulares. Y más con la crisis
Bueno, intentamos crear elementos atractivos, para que inciten a las personas a dar un pequeña donación anual, que no es muy alta. La idea es que la gente lo sienta cercano.  Por eso está el Departamento de Campañas, que es el más potente. Traducimos al país las campañas internacionales: tanto a medios, como políticos, como empresas. Y finalmente está el Departamento de Participación, que es muy novedoso y que empezó aquí en España: trata de canalizar el afán de participación voluntaria de nuestros socios,  y se puede colaborar en él de forma desinteresada. En las campañas necesitas estabilidad, y eso sólo se puede hacer pagando a la gente que está allí. 
 
El problema de algunas ONG’s es que no sabes dónde va a parar realmente el dinero que la gente dona
Somos conscientes de ello y por eso, somos muy pulcros. A parte de que en cualquier momento los socios pueden dejar de donar si no están convencidos, tenemos una auditoría anual que cuelga el informe en la web para que sea público. Cualquier persona, pues, puede ver cuánto dinero se ha gastado y por qué, aunque nuestros socios reciben toda esta información mediante una revista que les enviamos. Creo que la transparencia es muy importante. 
 
Y hoy en día, ¿Es realista pensar que se puede mantener nuestro estilo de vida actual sin energía nuclear y sin emisiones de CO2?
Sí, estoy convencido. Se puede mantener la calidad de vida pero evitando el derroche. En el año 2001 nos planteamos si se podía tener un modelo energético alternativo y la respuesta es afirmativa. Y el Instituto de Inversiones Tecnológicas nos informó sobre un dato que nos animó mucho: este país tiene el potencial para generar 56 veces su capacidad de necesidades de generación eléctrica y 10 veces las energéticas, incluido el transporte, y la industria. Así que con esto, ya tenemos margen. 
 
Y lo más importante, ¿es viable?
Bueno, hicimos varios ejemplos teóricos de mix energético, sólo renovables, y salió que sí. Eliminábamos el modelo del carbón y la nuclear, y utilizábamos el gas y los ciclos combinados como elemento de transición inicial para ir ajustando el tema, y siempre metidos en los parámetros de ahorro y eficiencia. El futuro para Greenpeace significa electricidad, y por tanto vinculado a la energía limpia; la era del petróleo, el carbón y la energía nuclear serán con el tiempo historia. 
 
¿Y piensa que el Gobierno podría impulsar las energías renovables como medida para crear puestos de trabajo e impulsar la economía?
Si hay un yacimiento claro donde el empleo o economía verde pueden aportar valor añadido al país ese es sin duda el de las energías renovables. Somos un referente mundial junto con Alemania y Dinamarca. Los parques eólicos de medio mundo por ejemplo los ponen empresas españolas. Y llevamos 8 años pidiendo una Ley de Energías Renovables, que regule perfectamente el rol de cada energía. 
 
Parece que lo tiene claro
Mire: este país es experto en destruir tejido industrial. Y desde los años 80, queda poco más que no sea el sector del automóvil. Así que tenemos que plantearnos cuál es la política industrial del país, teniendo en cuenta la crisis y el desempleo. 
 
¿Y cómo pueden participar los alcaldes o gestores municipales para llevar a cabo el cambio que se propone desde Greenpeace?
Los municipios juegan un papel importante porque están más pegados a la gestión ciudadana diaria, son más cercanos y producen cambios más rápidos. Luego también hay un componente ideológico y filosófico que es el de la paz, que cuando creamos una red de “Alcaldes por la paz”, que estaban en contra del uso de las armas nucleares, funcionó muy bien. También creamos otra red, colaborando con la Federación Española de Municipios, para luchar contra el cambio climático, reducir las emisiones, gestionar los residuos, fomentar el reciclaje…
 
Poco a poco se va fomentando todo esto…
En este sentido, los ayuntamientos tienen una fuerza muy importante a la hora de producir cambios que la ciudadanía vea cercanos. Ya empiezan a ver que la aplicación de medidas de mejora ambiental no son costosas, al contrario. Y es que el medio ambiente no tiene que ser un obstáculo para salir de la crisis: es uno de los pilares en los que podemos apoyarnos. 
 
¿Y pensáis que las propuestas que hacéis para mejorar el empleo y el bienestar pueden llegar a ser una buena arma electoral?
Bueno, el tema del empleo y los nuevos yacimientos industriales siempre están en la batería de propuestas, pero son menos atractivas. Tenemos una propuesta de cambio de modelo energético, que es revolucionaria pero complicada. El inconveniente es que aún falta mucha cultura ecológica por difundir y permanece una visión antigua, con un modelo que es difícil de cambiar. 
 
Ahora el pequeño empresario tiene otros problemas que resolver… 
En este sentido, yo les pediría a los dirigentes de las empresas que en su forma de dirigir y de producir no hagan lo que no querrían hacer en su casa. Si no quieres que tus familiares vivan en una zona contaminada, si quieres que tengan un empleo digno, si quieres que se respeten los derechos humanos en la gente que quieres, que lo hagan igual cuando dirijan las empresas. 
 
Es un buen argumento
Si por ejemplo aquí no te toleran que utilices materias primas que destruyen bosques o contaminan ríos, tampoco lo hagas fuera. Las empresas son motor de cambio también, de modo que lo que les pedimos es que colaboren para que el planeta sea más habitable. Como grupo ecologista queremos que los procesos de producción sean limpios, que se utilicen los mismos estándares aquí por ejemplo que en China. Respetar el medio ambiente es rentable. 
 
¿Qué papel juega la formación continua en una organización como Greenpeace?
Fundamental, invertimos muchísimo dinero: entre 30.000 y 50.000 €uros anuales. Creemos que tanto la gente que trabaja de forma voluntaria como la que no, tiene de estar muy bien formada para producir cambios con unos recursos limitados económicos y humanos. Así que damos mucha importancia a que la gente se forme, se recicle, se adapte a los nuevos tiempos. Una empresa que no invierta en formación, se queda obsoleta muy pronto.
 
Acabemos con los propósitos: ¿Qué prioridades tiene como nuevo director de Greenpeace en España?
Hay de distinta índole. Por una lado, tenemos que hacer una organización que contacte con la sociedad actual, que es diferente a la que había hace 10 años, y por tanto deberemos establecer una estructura y una forma de trabajo que conecte a todos los niveles: la política, las empresas, y el ciudadano, claro. Otro eje que trabajaremos es el de la presencia en el territorio: estamos tejiendo una red de colaboración a través de grupos locales, por un doble motivo: porque la estructura política y administrativa de España está descentralizada, y porque muchos programas se producen en un terreno concreto y hay que estar ahí. Y ahora, con medios como Internet, todo resulta mucho más próximo. 
 
¿Algunos más?
Aparte de la nueva estructura territorial, vamos a trabajar también mucho en la movilización en el sentido de generar motor de cambio: que mucha gente participe de las campañas de Greenpeace y crea posible ese cambio. En este sentido, tenemos dos ejes importantes: por un lado, el cambio climático, que o conseguimos dar con la clave o estaremos abocados a una serie de procesos irreversibles. Y por otro, el medio marino: es al que van la mayor parte de contaminantes, y es también la última frontera donde podemos extraer recursos vírgenes. El reto de Greenpeace es que el primer contacto de esa gran frontera con las costas hasta las últimas profundidades marinas estén bajo patrones de sostenibilidad. Tenemos conocimiento y ciencia para hacerlo.