Profesor asociado de ESADE

Albert Serra

"Los alcaldes son conscientes de que toca cooperar intermunicipalmente"

Martes, 24 de Mayo de 2011
La actual crisis económica ha evidenciado muchas debilidades del sistema capitalista, una de las cuales ha sido la de la administración. De repente, nos hemos dado cuenta de cómo sufren también los Ayuntamientos (y algunos mucho) para llegar a fin de mes i los funcionarios, este colectivo a menudo menospreciado por la iniciativa privada, ha tenido que recibir también algunas de las consecuencias de la situación por la que estamos pasando. Hoy os proponemos un lúcido análisis de la realidad y algunas claves para entenderla.
“Esta crisis y todo lo que tiene que ver con el estado del bienestar, ha cuestionado la fiabilidad de las Administaciones, pero también ha evidenciado la debilidad en la calidad de la gestión del sistema público, la falta de capacidad de encontrar alternativas, la falta de productividad del propio sistema laboral, y la percepción de un cierto despilfarro de los recursos”
 
“El funcionario, en sí, no representa ningún problema. De hecho, no tenemos más que la media europea. Pero el problema que sí tenemos es el de la eficacia”. 
 
"No creo que revisar el mapa municipal sea imprescindible, entre otras cuestiones porque garantiza algo que es muy importante: la representatividad política, en detrimento de la debilidad de gestión".
No ha pasado mucho tiempo desde que le entrevistamos, pero lo cierto es que han pasado muchas cosas. ¿Cómo las resumiría?
Pues si, efectivamente. Yo lo concentraría en tres temas: uno de ellos, sería el tema de la gobernanza global y su crisis, en el sentido de que hay situaciones en que por ahora, no acabamos de saber quién las gobierna: la crisis financiera de los EEUU, por ejemplo, ha acabado destrozando la economía griega o ha creado muchos problemas en los gobiernos y su financiación local. Éste sería el primer punto.
 
Es verdad. Las dinámicas son globales pero el trompazo afecta a sitios mucho más lejanos y los afectados acostumbran a ser los ciudadanos y los ayuntamientos.
Vamos a por el segundo: esta crisis y todo lo que tiene que ver con el estado del bienestar, ha cuestionado la fiabilidad de las administraciones, pero también ha evidenciado otras carencias: la debilidad en la calidad de la gestión en el sistema público, la falta de capacidad para encontrar alternativas y estrategias eficientes, la falta de productividad del propio sistema laboral, y la percepción de un cierto despilfarro de los recursos.
 
Vamos a por el tercero
Éste es el que nos preocupa: el tratamiento de los directivos públicos profesionales. Da la sensación de que el sector público entre la política y el funcionariado, los técnicos y profesionales, prácticamente no hay nada. Y esto hace que sea muy débil la estructura organizativa, porque no hay nadie que esté pensando estrategias en términos de sostenibilidad, de mejores opciones o de cooperación entre las esferas públicas y privadas como herramienta para mejorar la eficiencia de las políticas públicas.
 
Y esta carencia a la que usted hace referencia, ¿a qué nos lleva?
Muy sencillo. A una manera de reconocimiento de esta función como elemento estratégico dentro del sistema público. En este mundo hay mucha gente buena y muy comprometida, no hay duda; hay un componente de voluntad propia, de vocación, pero también de deseo de poder. De un modo u otro, la calidad está. Pero el tema es que este reconocimiento a la figura pública profesional, que tiene que gestionar, tener capacidad de decisión, disponer de márgenes para poder hacer propuestas y dar soporte a una política más consistente, sencillamente no existe. Los únicos especialistas reconocidos en el sector público es la abogacía, el mundo del derecho en general y la burocracia. Y eso no es suficiente.
 
A lo mejor en estos tiempos que corren, entonces, lo mejor es hacer cambios
Sí, naturalmente. Los momentos de poner orden normalmente son precisamente críticos. La cuestión principal es que si estás en un ciclo bajo como este, lo único que te importa es sobrevivir, no hacer cambios. Y a partir de aquí, y si no acabas de salir del todo bien del agujero, es evidente que las posibilidades de volver a crecer, de volver a coger la iniciativa, son menores. Pero eso sí: la gente que sale de la crisis fortalecida es aquella que la aprovecha para preparar el despegue.
 
Uno de los temas que acostumbran a salir es el del funcionariado: ¿está realmente sobredimensionado respecto a la iniciativa privada?
En este tema, y en general, pienso que hay una cierta falta de claridad en los diagnósticos y en las estrategias de salida. Yo no creo que el problema sea el número de funcionarios: de hecho, no tenemos más que la media europea, aunque el nivel de nuestro país sea otro.
 
Entonces, el problema es tal vez la eficacia.
Exacto. La organización del trabajo, las medidas de productividad, las relaciones laborales… el último informe de la CDE, por ejemplo, daba una cifra muy ilustrativa: la media de horas semanales de trabajo de los funcionarios suecos es de 37, mientras que la media española es de 32. Así que hay alguna cosa que no funciona, y no podemos pretender vivir mejor desde la función pública. Pienso que sería necesaria una mayor organización y aprovechamiento, aparte de que hay estructuras organizativas que han crecido desmesuradamente. Encuentro innecesario, por ejemplo, las 2.000 unidades de gestión que hay en el gobierno local catalán, entre ayuntamientos, consorcios, mancomunidades, y otros para un país de 7 millones y medio de habitantes.
 
Y con la importancia de la función pública, ¿piensa que hay muchos municipios en que la principal empresa es el propio gobierno municipal?
Sí, y cada vez más. Sobretodo en sitios en los que no hay empresas potentes, la administración pública acaba siendo una pieza clave. Y es cierto, si la contabilizamos como a una empresa pública que toca muchas teclas y que tiene una gran variabilidad: desde la guardia urbana hasta asistentes sociales.
 
Hay otro elemento de la crisis que se ha acabado proponiendo y haciendo en algunos sitios, como en Grecia: la reducción de municipios a través de fusiones
Es ciertamente dificil, y no creo que revisar un mapa municipal sea imprescindible, entre otras cuestiones porque garantiza una cosa que es muy importante: la representividad política, en detrimento de la debilidad de gestión.
 
¿Cómo tenemos el panorama en Europa?
Pues mire, acostumbra a haber buenos gobiernos locales, y relativamente pocos: Inglaterra, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania... el único que los tiene de manera desmesurada es Francia: 30.000 municipios, pero es porque tampoco pretende que funcionen, tienen el Departamento, muy reconocido políticamente. No se si podríamos aplicarlo aquí, encontrar la manera específica de fusionar gestiones sin haber de reducir los 600 municipios de menos de 2.000 habitantes que tenemos.
 
Tal vez la solución está en un nivel supramunicipal
Las comarcas están haciendo una suplencia, y aunque el trabajo es necesario, ya que estamos hablando de cuatro niveles de Administración: Generalitat, provincia, comarcas y municipal. Eso si no contamos el estado: es decir, cinco en total. Cierto es que los consejos comarcales, como a unidad de gestión, están cogiendo una cierta prestancia porque como políticamente son órganos poco golosos, hace que pueda orientarse mucho a gestión, y en los pequeños municipios por ejemplo soluciona bastantes problemas. Y lo que sería ideal consistiría en que los Consejos hicieran como integradores, en una misma comarca, de municipios grandes y pequeños. Es dificil, porque hay problemas de gestión en el ámbito público, pero esto cohesionaría, claro.
 
¿Y si diésemos más poder al municipio?
Esto representaría una estrategia muy profunda que modificaría substancialmente la naturaleza del mundo local, hasta el punto en que nos replantearíamos algunas funciones estatales, cosa que evidentemente veo muy dificil, porque para “centralizar” un órgano como un gobierno local, es necesario que alguien se “descentralice”, y en este caso, no creo que el Estado lo permitiera.
 
¿Tenemos ejemplos de otros países?
Si, claro. Los países nórdicos, por ejemplo, están completamente descentralizados porque tienen un gobierno local muy fuerte y porque entre estos y el estado no hay prácticamente nada. Sin esta situación, es dificil imaginar que el gobierno local pueda pasar a gestionar el 25% del presupuesto público.
 
Y más ahora, con la que está cayendo... y tal y como están los ayuntamientos. ¿Podríamos encontrarnos con casos de fallida?
Traer una corporación local a un concurso de acreedores, lo veo dificil, e incluso no sé si se puede legalmente. Pero fallidas encubiertas por retardo de pagos de proveedores, pueden haber más de una. De todas maneras, los ayuntamientos tienen una dimensión en la que con mayor o menor habilidad pueden jugar con un margen de gestión.
 
El Ayuntamiento de Madrid es un caso paradigmático
Por ejemplo. Pero hasta con esa deuda, tienen una unidad de gestión bastante acotada, cosa que no lo es, por ejemplo, la Junta de Andalucía. Creo que en este sentido, las autonomías dan más miedo que los ayuntamientos, porque la capacidad de saber lo que está pasando es dificil.
 
Aparte del tema de la crisis, ¿cuáles cree que son los retos a los que se enfrentan los ayuntamientos?
Mirándolo con perspectiva histórica, tenemos que ser conscientes de que a lo largo de treinta años de democracia se ha hecho mucho trabajo. Las ciudades ya están acabadas en el sentido de que en prácticamente la totalidad de los municipios hay equipamientos, infraestructuras, vialidad, y de hecho, hay poco margen para hacer alguna cosa más, ya que el territorio es limitado.
 
Estamos pues, al cabo de la calle
Pues sí, porque cuando todo esto ya está hecho sólo qeuda el servicio a las personas. Y cuando se han alcanzado, se trata de mantenerlos. Y esto que ahora resulta todo un reto: que haya atención a la pobreza y a los colectivos menos favorecidos, y que a partir de la situación que estamos sufriendo, hacer lo posible por sacarle provecho.
 
¿Y cómo?
Pues empezando a pensar en términos de tejido productivo, de capacidad de innovación y de generar actividad económica... en alguna reunión que he tenido lo hablábamos: ahora las ciudades tendrán como políticas más importantes, aunque no sea explícitamente de responsabilidad local, esta que comentaba. Así que los ayuntamientos tienen este trabajo: la de liderar un territorio que además aporte calidad a la gente y se haga una buena gestión.
 
Pues una de las quejas que frecuentan más en estas entrevistas es el exceso de responsabilidad que tienen los alcaldes, el hecho que piensan que asumen más competencias de las que les tocan
Pues esto ha empezado a acabarse. Creo que los alcaldes son conscientes de que toca cooperar intermunicipalmente, que hasta incluso puede ser que tengan más infraestructura de las que les tocaba en el sentido que probablemente haya habido un proceso inversor en infraestructuras que se han traducido en calidad de vida: no lo sé, por ejemplo, centros cívicos o polideportivos, cines, teatros o museos.
 
Permítame una última pregunta. ¿Cree que un alcalde ha de tener necesariamente formación política?
Creo que alguien que se presente a alcalde sí, ha de tener una formación. La realidad, por eso, es que, el principio de la democracia hace que pueda ser alcalde quién quiera. Pero no olvidemos que cuando alguien es alcalde, de entrada, no es un profesional de la gestión pública ni de ninguna de las áreas. Es alguien que recoje un resultado popular y deberá orientar la polítca municipal en la dirección de quiénes le han votado.
 
Y por tanto, debería estar rodeado de un buen gestor
Efectivamente. Lo más importante es que detrás del alcalde tiene que haber un equipo de gestión que sepa qué tiene entre manos y que puedan confiar en ellos.