Director de Campaña de CiU en las Elecciones Autonómicas de Catalunya

David Madí

Las elecciones más importantes

“Una campaña es como una partida de ajedrez"

Los conocimientos de comunicación y estrategia de David Madí son claves en la estrategia de la campaña de CiU

Lunes, 18 de Septiembre de 2006
Unas elecciones (sean municipales, autonómicas o generales) no sólo revalidan una saludable tradición democrática cada vez más consistente en nuestro país, sino que ponen en evidencia la inmensa y bien engrasada maquinaria que los departamentos de campaña de los partidos preparan desde hace meses para conseguir lo mejor de su candidato. Los comicios que tendrán lugar el próximo 1 de noviembre para escoger los representantes al Parlament de Catalunya no serán la excepción, y por ello hemos entrevistado a sus jefes de campaña para que nos expliquen qué estrategias de comunicación utilizarán. Sin embargo, y aunque su departamento es el de dar publicidad son algo reacios a desvelarnos sus secretos. Hoy hablamos con David Madí, el director de campaña de Convergencia i Unió.

“No creo que una afirmación como “todos los políticos son iguales” que se oye con tanta frecuencia sea aceptable en términos democráticos"


"No podemos quedarnos con los brazos cruzados"


"En nuestro país, como en la mayor parte de Europa, no se entra en temas personales"


"Una campaña electoral es una superposición de capas que se van desgajando y en la que hay de todo"


"Lo primero que hay que trabajar es el núcleo duro, el que después generará todos los otros elementos”


Admitamos de entrada que el ciudadano medio está desengañado con la política. Y esto se nota en el elevado grado de abstención.

De acuerdo. Pero admitamos también que es un fenómeno que pasa en casi todas las  democracias occidentales, no sólo en nuestro país. Y, sí, esto no es bueno: requiere un esfuerzo por parte de los políticos para tratar de convencer al electorado de que la política tiene cosas muy buenas. Pero también tiene que haber un esfuerzo por parte de los electores. No creo que una afirmación como “todos los políticos son iguales” que se oye con tanta frecuencia sea aceptable en términos democráticos. Y no podemos quedarnos con los brazos cruzados si pensamos esto. Debemos intentar cambiarlo.


¿Está Catalunya avanzada en estrategias electorales?

Hay quien podría pensar que estamos atrasados respecto a Norteamérica, en qué allí la política es un espectáculo. Y magnífico, por cierto. Creo que sus técnicas continúan siendo las mejores en muchos aspectos, aunque haya quien las cuestione. Pero hace mucho tiempo que han llegado aquí, e incluso se ha alcanzado un nivel muy superior para el que correspondería en un país como el nuestro.


Pero Norteamérica hurga en el pasado de los candidatos sacando sus trapos sucios. Que si alguna aventura extramatrimonial, que si veleidades con el alcohol, que si se libra de Vietnam…

Creo que aquí, en nuestro país, como en la mayor parte de Europa, no se ha recreado en temas personales, es decir, en aquellos que no entran estrictamente en la campaña. Los que creemos que la política es algo más que eso, pensamos que el modelo europeo es mucho más liberal, y por supuesto, preferible al norteamericano. 


¿Cómo empieza a prepararse una campaña electoral como la que nos ocupa?

El primer esfuerzo tiene que ser encontrar el punto neurálgico de la campaña, aquello que queramos transmitir. Una campaña es una superposición de capas que se van desgajando y en la que hay de todo: las declaraciones, el diseño de los pasquines, las cuñas publicitarias, el programa electoral… Lo primero que hay que trabajar, pues es el núcleo duro, el que después generará todos los otros elementos. Una campaña electoral tiene que tener armonía y una voluntad firme de mantenerla, aunque con cierto margen de maniobra.


Precisamente es lo que le quería comentar. ¿Hay cierto grado de improvisación en las campañas o todo está muy predeterminado?

Sí, hay mucha preparación, pero siempre hay cierta predisposición para poder maniobrar y alterar la campaña, dependiendo de las declaraciones de los demás candidatos o de la realidad del momento. Es un poco como una partida de ajedrez. Depende de cómo reaccionan los otros, nosotros también lo hacemos.


El candidato es la estrella de una campaña electoral. ¿Todo gira entorno a él?

Como le decía antes, tiene que haber una coherencia. El candidato debe tener una gran identificación con la campaña y debe tener muy presentes sus puntos a favor pero también sus puntos débiles. Los partidos deben tener muy claro si lo más destacable del candidato es su carisma. O su oratoria. O simplemente, el mensaje que transmite.


La dirección de campaña, pues, ¿lo controla todo?
 
Sí, tiene que hacerlo necesariamente para respetar este todo que le comentaba. Previamente habrán tenido lugar muchas reuniones para definir esta base, pero será la dirección la que marcará las directrices de la campaña electoral.


Sin embargo, pueden encontrarse con candidatos “rebeldes”. ¿Qué pasa entonces?

Es evidente que lo que dice el candidato es determinante en una campaña, porque es quien verbaliza la opinión del partido. Pero es mal asunto que haga de director de campaña cuando su misión es transmitir un mensaje. La misión del candidato tiene que regirse por lo que diga la campaña. Por mi experiencia en otras elecciones, he tenido ocasión de conocer otros partidos y otros candidatos, y hay de todo: desde aquel que tiene gran disciplina y aguanta estoicamente lo que le echen, hasta aquel que al cuarto día ya no aguanta la presión y se deja llevar más por lo que le ha dicho un votante en la calle que no por lo que se ha estado preparado durante meses. En cualquier caso, tiene que haber una gran compenetración entre el candidato y la campaña.


¿Con cuanto tiempo se prepara una campaña electoral?

El periodo normal en unas grandes elecciones como las autonómicas es de un año. Lógicamente empiezan a un ritmo más bien tranquilo y acaban con muchas prisas. Sin embargo, y en circunstancias especiales, como ha sido este caso en que la legislatura ha durado sólo tres años, nos hemos visto obligados a estar preparados antes de tiempo.


Para un partido nacionalista como CiU las elecciones autonómicas son las más importantes.

Sí, por supuesto. Para nosotros esta es una campaña de primer nivel, la más importante: la que dedicaremos más esfuerzos, más personal y más presupuesto.


¿De cuánto estaríamos hablando?

El máximo que nos permita la ley. 


¿Y será como siempre? Es decir, mítines, cuñas radiofónicas y buzoneo?

Últimamente se han cuestionado los grandes actos multitudinarios como los mítines, pero yo creo que aún les queda mucha vida. Admito que todo tiene mucho de show televisivo, pero es un aspecto muy importante para transmitir un mensaje claro y ser el motor de una movilización que resulta esencial en un electorado. Pienso que con el tiempo se innovará este formato, pero en el sentido que serán más espectaculares. La esencia no cambiará. También hay que tener en cuenta el auge de las nuevas tecnologías. Internet va ganando protagonismo y se ha convertido en un instrumento esencial de trabajo. Así que, sí, en esta ocasión innovaremos en algunos formatos.


¿A qué se refiere?

En su momento se verán. 


¿..?

No podemos explicar más.


Los quince días de la campaña deben ser el plato fuerte

Sí, son muy intensos. Se duerme poco, hay mucha presión. En estas dos semanas se trabaja en un ciclo comunicativo de 24 horas con diversos equipos que se van turnando y que van dando cobertura continuamente. Esto lo da la dinámica televisiva, internet, radio y prensa, pero son sólo la culminación de un trabajo que lleva meses gestándose. El día en que comienza la campaña ya debe estar todo absolutamente cerrado. Debe tener presente que nosotros, por ejemplo, tendremos presencia en la totalidad de municipios de Catalunya y ello representará unos dos mil actos. Así que todo lleva mucho tiempo de preparación.


¿Qué diferencia de campaña hay respecto a la anterior?

En las últimas salíamos como perdedores con la hipótesis que si ganábamos formaríamos un gobierno de coalición. En estas, es ganar o perder. Así de claro.