Consejero Delegado de Montblanc España

Hubert Wiese

Cien años a través de la escritura

"Para que una empresa cumpla muchos años debe creer en sus personas"

Wiese creció viendo a su padre y a su abuelo escribir con una Montblanc. Desde hace diez años, llegó su turno de ponerse al mando de la filial de la marca alemana en España.

Lunes, 04 de Diciembre de 2006
Montblanc cumple cien años y la familia Wiese ha estado ligada a la marca durante más de 65, primero teniendo la distribución para España y más tarde convirtiéndose en filial. Este paso ha tocado vivirlo, como Consejero Delegado, a Hubert Wiese, cuyo abuelo trajo las primeras plumas estilográficas de la estrella blanca por primera vez a nuestro país en 1940.

"El paso de distribuidor a filial aparentemente fue sólo un cambio de tarjetas, pero significó un algo muy importante en toda la estrategia de la empresa"


"En los últimos diez años hemos realizado la diversificación y abierto tiendas por toda España hasta tener 21"


"Al cambiar a multinacional, la clave era mantener el espíritu familiar"


"Montblanc es una marca culturual"


"Los trabajadores de Montblanc debemos identificarnos con la empresa, porque una marca se vive desde dentro"


Los inicios de su carrera profesional podrían ser los de un aventurero. ¡Hasta trabajó en una finca de café en Guatemala!

Sí. Estudiar no lo es todo y poder ejercer mientras se hace es fundamental en la formación. Me pareció muy importante trabajar en diferentes campos y conocerlo todo. Por eso, después del servicio militar fui a Guatemala (mi madre es de origen guatemalteco) y trabajé en temas de exportación e importación, comercio marítimo, produciendo y vendiendo café, ajonjolí. Fui a México a aprender temas de informática. Estuve en una línea aérea, KLM, trabajando en ventas en Guatemala, donde se encontraba la central para Centroamérica…


¿Cuándo decidió volver?

Mi abuelo trajo Montblanc a España, como distribuidor, en 1940. Después estuvieron mi padre y mi tío. Al final me convencieron de volver a la empresa familiar y me incorporé en 1988.


¿Cuándo decidió Montblanc establecer ya una filial en España?

Lo hizo cinco años después, en el ’93. Aparentemente fue un simple cambio de tarjetas, pero significó un paso muy importante ya que influyó a toda la estrategia de la empresa.


Un poco más tarde le nombraron Consejero Delegado

Esto ocurrió en 1996, hace diez años. He tenido mucha suerte, pues ahora puedo vivir el centenario de la empresa. En esta etapa hemos realizado la diversificación de Montblanc,  tenemos 21 tiendas en España…



Por parte paterna, usted es de origen alemán. Este idioma es, sin lugar a dudas, un valor añadido hoy en día

Sí, en Montblanc y otras firmas alemanas, por supuesto, aunque no es necesario. De hecho, el idioma oficial en nuestra empresa es el inglés. Pero sí que el idioma importa, porque al ser la empresa alemana, se entienden mejor los conceptos. Cuando vas a una reunión internacional, si no sabes alemán, no importa, pero lo haces todo traduciendo y no es lo mismo. Al igual que hice yo, mis hijos estudian en el Colegio Alemán y llevan ya cuatro idiomas. Este es un aspecto muy importante en la actualidad.


Volviendo a Montblanc, ¿qué significó el paso de distribuidor a filial, de empresa familiar a multinacional?

Fue una apuesta arriesgada, pero funcionó. Una filial no deja de ser una extensión de la casa matriz. Yo dejé muy claro que funcionaríamos como multinacional, siempre y cuando mantuviéramos el carácter familiar. Una marca somos las personas. Nuestra estrella blanca es muy conocida, pero las personas hacen la marca y esto es fundamental: el trato con las personas. En Montblanc no tenemos clientes, sino amigos. No hay empleados, sino colaboradores. Creo que mantener esta filosofía ha sido nuestro mayor logro.


¿Cómo fue el proceso de la diversificación?

Antes que nada, hay que aclarar que la escritura es nuestra niña bonita. Y, aunque la escritura no va al alza en general, hemos conseguido que crezca. La diversificación ha sido muy importante y significa el 50% de nuestra fabricación, pero no ha venido a sustituir nada, sino a añadir ventas.


¿El centrarse en la escritura hace que Montblanc le dé tanta importancia a la cultura?

Montblanc es una marca cultural. Cuántos tratados, cuántos documentos se han firmado con una pluma. Nosotros ponemos un énfasis especial en el aspecto cultural. De hecho, tenemos un premio hasta para un mecenas. Para aquella persona que no sólo invierte su dinero, sino su tiempo, su ilusión, buscando favorecer a un artista muy bueno que no ha tenido los medios para hacer que su obra sea conocida.


¿El E-mail no ha desplazado a la escritura?

No, en lo absoluto. Hace quince años, la novedad era el fax y ahora ¿quién se acuerda del fax? Nosotros tenemos claro que vendemos emociones, no producto. Cuando alguien ve la estrella blanca, sabe que le va a gustar y esto genera una ilusión especial por abrir el paquete, como con la caja roja de Cartier. Nosotros también damos mucha importancia al cliente. Lo cuidamos no sólo antes, sino después de la venta, porque nos interesa que repita.


Montblanc es un producto de lujo

Lo es, pero a su vez es asequible. Nuestro precio de entrada son unos 60 y no los 200 Euros y eso nos permite estar en una franja a la que muchos pueden acceder. Después, quien se quiera gastar 14.000 Euros lo puede hacer, con productos diseñados para coleccionistas como la pluma Dalí, de la que se hicieron sólo 100 ejemplares y se agotaron rápidamente.


La gente suele sentirse bien trabajando en su empresa

Es que todos deben sentirse parte del proyecto. Cuando alguien entra a trabajar en Montblanc, sea un directivo o el mozo del almacén, lo primero que se le da, al firmar el contrato, es una pluma, un reloj y un artículo de piel. Una marca debes vivirla desde dentro. Aquí no es como el fútbol, si algo no va bien, no caen cabezas, sino que se analizan las situaciones. Los lunes nos cuesta a todos ir a trabajar, pero creo que en Montblanc cuesta menos.


¿Los diseños se hacen aquí?

Nos vienen dados a nivel mundial. Se hacen en Alemania y también en un estudio especial que hay en París. Esto no quiere decir que, si queremos algo específico para el mercado español, se pida y nos lo hagan a medida. Por ejemplo, con el tema de las carteras, antes de salir el Euro, el tamaño de los billetes era diferente y se necesitaba una específica dependiendo el país.


¿Cómo llevan el tema de las imitaciones?

Bien y mal. Todo tiene una lectura positiva y si te imitan es que algo estás haciendo bien. Ahora, también se generan problemas que, además, tienen que ver con nuestra credibilidad, porque te imitan hasta las ediciones limitadas, los recambios… Nosotros trabajamos mucho con la policía. Hemos diseñado hasta un book específico para ellos, donde pueden identificar con facilidad lo que es falso.


Esta edición se centra en empresas que cumplen aniversarios importantes, ¿qué le recomendaría a los que empiezan una empresa para que un día lleguen a cumplir cien años?

Creo que el secreto está en la constancia, aunque también en la ilusión. Hoy es fácil cambiar las cosas porque hay una tendencia nueva y se dice "vamos a aprovecharla". Quizá gracias a que los alemanes han sido muy alemanes, hemos podido mantener esa constancia y centrarnos en lo nuestro. También es vital lo que comentábamos antes acerca de la gente que trabaja aquí. Para que una empresa dure mucho tiempo, debe creer en sus personas.