Profesor de Sistemas de Información en el IESE

Josep Valor

Nuevas tecnologías

"Debemos relativizar el valor de las nuevas tecnologías"

Josep Valor afirma que tan importante es la información como los canales por los que se distribuirá. Además, las nuevas tecnologías permiten nuevas vías de distribución de publicidad y proporcionan al consumidor final la ventaja de poder o querer verla

Jueves, 15 de Marzo de 2007
Pendientes con disimulada ansiedad de la última versión de ordenador portátil o del más reciente modelo de móvil que acaba de salir al mercado, con frecuencia perdemos la perspectiva de lo que han significado en las dos últimas décadas las nuevas tecnologías, y los profundos cambios que se han producido en nuestra sociedad, alterando considerablemente no sólo nuestra vida laboral, sino también la personal. Hoy queremos hablar de ello, de lo que significa estar asistiendo a uno de los momentos más apasionantes del progreso de la humanidad.

"Por definición, la publicidad es información. Y tan importante como la información son los canales por los que se distribuirá. Las nuevas tecnologías permiten nuevas vías pero también proporcionan al consumidor final la ventaja de escoger"


"El gran reto con el que nos enfrentamos es que el consumidor sea mucho más selectivo con aquello que quiere ver. Pero a su vez, esto proporciona una gran ventaja: quien quiere información la puede buscar fácilmente a través de estas nuevas tecnologías, no se la encuentra sin desearlo, como sucedía hace unos años"


"La humanidad ha prescindido de las nuevas tecnologías durante miles de años. Así que debemos relativizar su valor, teniendo muy presente su alcance y su utilidad pero también no dejando que puedan interferir en las relaciones sociales o en algo tan básico como es la propia educación"


Esto de las nuevas tecnologías parece que ya no lo son tanto.
 
Creo que el mismo término de "nuevas tecnologías" no lo utilizamos correctamente, porque con ellas definimos un montón de conceptos que están cambiando casi diariamente. Lo que sí es cierto es que, en esencia, han modificado la estructura de sectores tradicionales, especialmente en aquellos en los que hay un producto que se puede digitalizar.


¿Acaso ya no lo son todos?
 
En cierto modo sí, pero hay unos más propensos que otros. La industria del ocio, por ejemplo, personificada por la música o el sector audiovisual, ofrece un tipo de producto que en si mismo ya contiene este tipo de tecnología. Otros sectores, sin embargo son muy tradicionales, pero la tecnología también ha entrado, ni que sea de modo indirecto.


¿Algún ejemplo?
 
Mire, ya que estamos en la industria del ocio, ¿qué tal un libro? En su producción han entrado muchos componentes de las nuevas tecnologías, aunque no sean apreciables a primera vista. Y no sólo eso. Las tiendas virtuales posibilitan el hecho que desde casa, podamos pedir una determinada novela de un determinado autor que está a miles de kilómetros y que, sin ver el libro físicamente, sin tan ni siquiera tocarlo, podamos comprarlo y recibirlo cómodamente en casa.


Si la tecnología está inmersa ya en todos los campos, especialmente en los tradicionales, ¿que sucederá en aquellos que están en constante evolución?
 
La publicidad, por ejemplo. Por definición, la publicidad es información. Y tan importante como la información son los canales por los que se distribuirá. Las nuevas tecnologías permiten nuevas vías de distribución de publicidad, pero también proporcionan al consumidor final la ventaja de poder o querer ver esta publicidad. Y esto resulta un arma digamos "peligrosa", ya que hasta hace relativamente pocos años, el consumidor no podía escoger enteramente si no deseaba publicidad. Simplemente, la asumía.  


El mando a distancia hizo mucho daño.

Permitió al consumidor poder escoger aquello que quería ver. Y esto sólo fue el primer paso. El gran reto con el que nos enfrentamos es que el consumidor sea mucho más selectivo con aquello que quiere ver. Pero a su vez, esto proporciona una gran ventaja: quien quiere información la puede buscar fácilmente a través de estas nuevas tecnologías, no se la encuentra sin desearlo, como sucedía hace unos años.


Es innegable que las nuevas tecnologías nos han facilitado la vida y ahora ya resulta impensable imaginárnosla sin ellas.

Pero es como todo en la vida: el uso que damos a aquello que tenemos condiciona una postura que podríamos denominar casi ética. Ante cualquier novedad, siempre encontramos dos posiciones extremas: la tendente a considerar que todo lo nuevo es bueno, y la contraria, la que piensa que cualquier novedad nos acarreará un cúmulo de desgracias. Y como todo, hay que ponderarlo. Cierto es que en estos últimos años ha habido importantes cambios tecnológicos, pero el axioma continua siendo igual de válido.


Pero las nuevas generaciones parece que ya no podrán vivir sin según qué cosas.

Sí. Las nuevas generaciones han incluido el teléfono móvil, Internet, el Messenger y el MP3 en sus vidas cotidianas como si fuera ya una parte indisociable. Pero no olvidemos que la humanidad ha prescindido de todo esto durante miles de años. Así que debemos relativizar su valor, teniendo muy presente su alcance y su utilidad, pero también no dejando que puedan interferir en las relaciones sociales o en algo tan básico como es la propia educación.


Sin embargo, resulta inevitable aceptar que lo ha cambiado todo.
 
Sí, pero hasta cierto punto. De acuerdo que el salto cualitativo ha sido extraordinario pero debemos valorarlo siempre en su contexto. Por poner un ejemplo. Un coche, por mucha tecnología que incorpore, continuará siendo un coche. El combustible será distinto, la transmisión también y sus prestaciones por supuesto, pero continuará siendo un vehículo que servirá para transportar mercancías o personas desde un punto A a un punto B.


Bien, ¿y?
 
Veamos ahora uno de los inventos en los que todo el mundo está de acuerdo que cambiaron la humanidad: la imprenta. Hasta su invención europea, a mediados del siglo XV, por Gutemberg, los libros se transmitían de generación en generación y eran los monjes o escribas los transmisores de este saber.


No acabo de entender donde quiere ir usted a parar.

Pues muy sencillo. Con la imprenta, Occidente tuvo acceso a unos conocimientos a los cuales cualquier persona que supiera leer o escribir podía comprender. Con la tecnología ha sucedido igual: Internet y las nuevas tecnologías, en general, han democratizado extraordinariamente la sociedad. Pero esta democratización ya había tenido lugar. Hace unos cuantos siglos.


Pero ahora todo va mucho más rápido.

Es lógico. Piense en las decenas de generaciones que nos han precedido. Muchas de ellas no experimentaron ningún cambio tecnológico en sus vidas. Desde que nacían hasta que morían, nada cambiaba en sus vidas. Pero con la revolución industrial primero, y el progreso creciente que provocó, ha sucedido que a cada nueva generación ha vivido mayores cambios. Fíjese por ejemplo en la generación de nuestros abuelos, aquellos que han vivido la mayor parte del siglo XX: han sido privilegiados testigos del nacimiento de la radio, la televisión, el desarrollo del cine. Pero nosotros, fíjese sólo en estos últimos veinte años: la informática lo ha cambiado todo. Y espere, porque esto es sólo el principio.


Pero ¿todo continuará yendo tan rápido?
 
Estamos explotando un fenómeno, el de las nuevas tecnologías, que hasta ahora sólo intuíamos. Pero es difícil pronosticar que a corto plazo se pueda producir una revolución de iguales características. Así que, creo que aunque todo continuará yendo muy rápido, la asimilación de tanta tecnología nos dará la impresión que se desacelera todo un poco.


La adaptación pues, no será tan difícil.
 
No, claro que no. La capacidad del ser humano para la adaptabilidad es extraordinaria y aquello que parecía poco menos difícil de entender como fue Internet hace una docena de años, ahora está más que asumido. Lo más difícil fue pasar de un sistema que durante generaciones había sido manual a otro que fue digital. Y aunque continúan habiendo cambios, estos, proporcionalmente son menores que los que tuvimos que adaptarnos hace unos años.