Propietario Indumix Nutrició S.L.

Amadeo Roig

 Emprendedor vocacional

 "En los sectores primarios puede existir creatividad"

 El principal objetivo de Amadeo Roig es aportar soluciones a sus clientes para que dispongan de explotaciones más rentables. Para este joven emprendedor, la creatividad es el denominador común.

Jueves, 17 de Mayo de 2007
 Durante generaciones, se ha catalogado la vida rural como poco menos que atrasada, ajena a la innovación de las ciudades y al bullicio de la vida moderna. Sin embargo, no debemos olvidar que dependemos completamente de ella para subsistir, así que de vez en cuando conviene echarle una ojeada y descubrir que hay empresarios que aúnan tradición y modernidad para sacar adelante sus proyectos. Indumix Nutrició es una empresa de tradición familiar especializada en alimentación y gestión de rumiantes. Adaptada a los cambios en el mercado a través de la especialización y de la diferenciación, la firma está llevando a cabo un plan de internacionalización que empezó en Francia y Portugal. La primera filial, abierta en Marruecos, ya está totalmente operativa. Hoy hablamos con su fundador, Amadeo Roig. 
"La creatividad consiste en una combinación de innovar dentro de una empresa, pero también adaptarse a los cambios y renunciar a aquello que no interesa"


"Los problemas, si se dejan crecer, pueden hacer fracasar a la empresa o al empresario. O a los dos a la vez"


"Somos un país en el que hace quince años la gente sacrificó la vida familiar y el tiempo libre para dedicarse al negocio. Hoy la perspectiva ha cambiado: la gente joven no está dispuesta a sacrificarse del mismo modo"


 
 El premio del "Mejor Joven emprendedor Creativo", ¿lo presenta uno mismo o lo hacen los otros?
 
No, no, a mi me presentaron. Es una de esas cosas en las que te meten y no sabes muy bien para qué sirve. La Jove Cambra Internacional de Lleida me lo propuso en su momento, y acepté porque me pareció interesante. Además, era la primera vez que se otorgaba el "Premio al Joven Creativo" a nivel mundial. Me lo tomé como una experiencia personal porque no hay ninguna dotación económica ni nada a cambio, para entendernos.  
 
 
El premio era a la creatividad empresarial. ¿Cómo se mide esto?
 
Creo que consiste en una combinación de crear cosas nuevas o, dentro de una empresa, adaptarse a los cambios y renunciar a aquello que no interesa. En mi caso, mi negocio es la fabricación de piensos, así que a partir de aquí, y aceptando las limitaciones que existen, siempre he pretendido ser innovador. 
 
 
Usted distingue claramente los términos de emprendedor y empresario.
 
Sí, creo que son dos conceptos de entender la empresa de modo distinto. Yo, por ejemplo, creo que tengo mucho carácter emprendedor: me gusta mucho empezar proyectos desde abajo e impulsarlos. Luego está el empresario digamos tipo, que sería más de "mantenimiento". Depende de la formación o de la personalidad de cada uno. Hay momentos en que somos más emprendedores que empresarios, y en otras ocasiones es al revés. Particularmente, si me dijeran que mi negocio crecerá siempre igual y que será estable, pero que no podría desarrollar mi creatividad, creo que no me gustaría. 
 
 
La combinación debe ser difícil.
 
Sí, hay emprendedores que no saben ser empresarios y su negocio puede ir al traste porque les falta, precisamente, este "mantenimiento" del que le hablaba antes. Lo que me gusta a mí es estar entre los dos y creo que se puede compaginar. Mi sector de trabajo, por ejemplo, es muy primario y aparentemente no tiene mucho secretos: la fabricación de pienso y la cría de animales. Pero aún así, hay mucha innovación, y se está aplicando mucha investigación y desarrollo. 
 
 
Un empresario es, por tradición, una profesión de riesgo. ¿Cuál es la perspectiva de alguien que está situado en un sector que compagina la tradición y la modernidad?
 
Creo que el grado de riesgo de los empresarios es el mismo que corren los deportistas. Se corre un riesgo y si no se sabe medir ni prevenir, se va. Y aún así, ya se sabe que la garantía total no existe. Creo que el secreto pasa por realizar un buen Business Plan y planificar al máximo la trayectoria de un proyecto, prever los problemas que puedan surgir, y atajarlos desde el principio. Los problemas, si se dejan crecer, pueden hacer fracasar a la empresa o al empresario. O a los dos a la vez. 
 
 
¿Un empresario o emprendedor tiene que pedir consulta externa para solucionar determinados problemas?
 
En mi caso y hasta ahora, no, porque el entorno en el cual me muevo es muy personal. Pero, en estos momentos me lo empiezo a plantear en alguna ocasión, como por ejemplo, el hecho de iniciar nosotros un proyecto, pero que lo desarrolle un tercero.  
 
 
Usted trabaja en un sector primario, nada urbano, y quizá tiene sus propias ideas de cómo va la economía.
 
Es evidente que España no es un país rico en cuanto a recursos económicos. Ni hay petróleo, ni grandes explotaciones. Depende en buena parte de la construcción y del sector terciario: los servicios y el turismo básicamente. Pero también es cierto que se trabaja mucho. No digo que bien, pero sí mucho. 
 
 
En comparación a Europa, sin duda.
 
Sí, somos un país en el que hace quince años la gente sacrificó la vida familiar y el tiempo libre para dedicarse al negocio. Hoy la perspectiva ha cambiado: la gente joven no está dispuesta a sacrificarse del mismo modo. Así que no somos ricos y además sacrificamos muchas horas sin tener la compensación económica adecuada, cuando en el resto de Europa, si usted dice a las seis de la tarde ya están en casa. Así que quizá la competencia no está entre empresas, sino entre países y en modos distintos de entender el trabajo. 
 
 
¿Podría poner algún ejemplo?
 
Pues, el premio de la creatividad me lo dieron en Seúl, en Corea: es un país que nunca ha destacado por ser, al menos hasta ahora, emprendedor y que no tiene riqueza natural. Pero son conscientes de ello y por eso se agrupan en grandes corporaciones. Así que no son una empresa, sino miles de empresas y miles de corporaciones para luchar, no contra la competencia de una empresa, sino contra la del mercado global. Y esta unión como país es lo que aún no sabemos hacer nosotros. 
 
 
Entonces, todo pasa por la globalización.
 
Sí, debemos crear empresas globales y con volumen. Mi empresa de destrucción de documentos, por ejemplo, es un negocio que sólo tendrá importancia si consigo ser líder a nivel nacional. No puedo que ser una empresa grande sólo en Lleida o en Barcelona: tengo que plantearme competir con el mercado nacional. Y por muy pequeño que sea el sector, debo tener una red que me dé servicio. Si no es así, no podré competir nunca con una gran empresa. 
 
 
¿Cómo se aprende a hacer un buen planteamiento de empresa?
 
Con la práctica del día a día se aprende, como todo en la vida, y el que ya sale formado de la universidad también estará preparado. Pero en ninguno de los dos casos hay garantía del éxito. La gente formada en la universidad parte de una premisa mejor: saben mucha teoría y hablan idiomas, que es una de las grandes ausencias que marcaron nuestra generación. Pero también es verdad que hay mucha, mucha gente preparada. Así que no se asegura nada.  
 
 
El gran punto de partida de la revolución industrial fue la emigración del campo a la ciudad. ¿Cree que puede darse una regresión?
 
Las cosas han cambiado extraordinariamente y quizá la premisa planteada es demasiado simple. Lo que sí es cierto es que las ciudades crecen; el campo, no. Que el mundo rural se basa en el volumen y es muy sacrificado. Empieza a notarse un cambio de costumbre: la gente quiere volver a la tierra de sus padres o sus ancestros porque, quizá, en las ciudades no pueden competir y en el campo encuentran más oportunidades. También es cierto que con las nuevas tecnologías y el modo de trabajar de hoy, prácticamente se puede combinar todo. Pero ya veremos.