Tenor intérprete de Radamés en Aida de Luxor.

Ignacio Encinas

 El hombre que muere por Aida.

 “Una ópera como Aida lo tiene todo para crear afición”

 Ignacio Encinas es uno de los tenores españoles con mayor reputación allende nuestras fronteras.

Jueves, 02 de Febrero de 2006
 Sea o no justificada la afirmación de que la ópera ha sido siempre un espectáculo elitista, lo cierto es que hasta hace muy pocos años la lírica parecía reservada a ciertas clases privilegiadas. Afortunadamente hoy ya no es así, y las nuevas generaciones pueden disfrutar de un gran patrimonio musical que abarca más de tres siglos. Barcelona tendrá una gran oportunidad para los “nuevos” amantes de la ópera para descubrir o redescubrir una de las obras más conocidas de todo el repertorio: La monumental Aida de Giuseppe Verdi. Ambientada en el misterioso y fascinante Egipto, y cargada de amores desesperados, traiciones sin perdón e intrigas de poder, la producción ha sido llevada a cabo por Ópera Clásica Internacional. Hablamos con uno de los protagonistas: el tenor Ignacio Encinas.   
"Radamés es un gran personaje. Tiene la valentía de ser coherente consigo mismo, aunque ello le lleve a arriesgar su vida y posee un gran corazón."


"Aida tiene momentos que todo el mundo conoce porque se han hecho muy populares, pero hay otros de un gran lirismo y de una sensibilidad fuera de lo común."


"Hay mucha gente que podría sentir interés por la ópera: sólo hay que buscar una obra lo suficientemente atractiva y espectacular para abrir una puerta a una afición que puede dar muchas satisfacciones. Aida reúne todos los requisitos."


 
 Su currículum denota una gran actividad...
 
Sí, no paro y me gusta este trabajo. Desde que debuté, hace ya unos cuantos años, con un Rigoletto, no he parado de moverme entre España e Italia, básicamente, aunque también he viajado a otros países europeos y americanos. Antes de cantar en Barcelona, tengo una cita en Varsovia, donde cantaré también una Aida a principios de febrero. Los que estamos en este mundo no tenemos residencia fija. Vamos de un lado para otro, viviendo en hoteles y en teatros. No siempre nos gusta, pero hacemos algo que nos apasiona, y eso es lo importante. 
 
 
El papel de Radamés en Aida ya lo ha interpretado en varias ocasiones...
 
Sí, una de las primeras veces fue en el State de Francia, en Paris, delante de 78.000 espectadores. Era un campo de fútbol y todo era grande: los decorados, el vestuario, cuádrigas de caballos, un escenario monumental. Para un casi debutante como yo, fue algo terrible, porque si el pánico escénico lo tiene todo el mundo, incluso entre aquellos que son veteranos, ¡imagínate para un debutante! Con el tiempo, no sólo estás ya preocupado por si saldrá bien o mejor, sino que llegas a conocer al personaje, sus motivaciones, sus recelos y sus reacciones. Este año, por ejemplo, lo he interpretado en México, en el Palacio de Bellas Artes. Y después de mis compromisos en Varsovia, tenemos la cita en Barcelona. 
 
 
Háblenos un poco más de su personaje.
 
Radamés es el protagonista de la obra. Es un oficial egipcio, objeto del amor de la hija del Faraón que se llama Amneris; pero en realidad, él ama (y lo más importante, es correspondido) por una esclava etíope llamada Aida que también es hija del rey de Etiopía, aunque todos lo ignoran. Cuando el Faraón y el Gran Sacerdote anuncian a Radamés como supremo comandante de los ejércitos egipcios para que vaya a luchar contra los etíopes, Aida se lamentará de los combates que inevitablemente enfrentarán a los suyos con aquel que ama. Este es el planteamiento inicial, pero a lo largo de la ópera habrá traición, celos, entradas triunfales, condenas a muerte y amor, mucho amor. 
 
 
Es una gran historia. Y también promete un gran espectáculo.
 
Sin duda alguna. Junto con Turandot, la última ópera de Puccini, Aida puede considerarse como la ópera más espectacular de todo el repertorio. La acción tiene lugar en Egipto, por lo que hay cierta predisposición a la monumentalidad: sólo hay que recordar los vestigios que nos ha legado esta admirable civilización. Pero también hay grandes personajes, con una gran historia de amor y odio, de traición y redención. Y ello sin olvidar lo más importante: la música de Giuseppe Verdi. Tiene momentos que todo el mundo conoce porque se han hecho muy populares (estoy pensando, por ejemplo, en las trompetas de La Marcha Triunfal), pero hay otros de un gran lirismo y de una sensibilidad fuera de lo común. 
 
 
El hecho de que suceda en Egipto favorece todo este tipo de elementos.
 
¡Sin duda! Pero además sabiendo que este tipo de historias sucedieron. Sabemos que el argumento, aunque no esté basado en una historia real, es perfectamente verosímil, y por ello aún otorga a la ópera una mayor fuerza. Hay otras obras que se ve que aunque puedan estar basadas en una época concreta, hay mucha invención por parte del autor, por las inexactitudes que puede haber. Pero no en Aida. En esta obra, aún partiendo de una historia inventada, hay algo auténtico que la hace más intensa. 
 
 
¿Qué destacaría de las reacciones de su personaje, atrapado entre dos amores?
 
Su carisma. Radamés es un hombre que se debate entre la realeza y el populacho, su belicosidad y su capacidad para demostrar ternura. Tiene la valentía de ser coherente consigo mismo, aunque ello le lleve a arriesgar su vida y posee un gran corazón. Radamés es un gran personaje.  
 
 
¿Qué es lo más relevante para usted de esta Macroproducción de Luxor? 
 
Sin duda, su espectacularidad, su colorido, su fuerza. Y especialmente, el afán de acercar a la gente un arte, el de la ópera, que durante demasiado tiempo parecía que no gozaba de popularidad entre la gente “no entendida”. 
 
 
Esto parece que ya ha acabado. ¿Hay un interés creciente por la ópera? 
 
Sí, aunque es un espectáculo que aún en ciertos sectores está considerado minoritario, yo no lo creo así, y creo que los 57.000 abonados del Gran Teatro del Liceu pueden dar fe de ello. Hay mucha gente que podría sentir interés por la ópera: sólo hay que buscar una obra lo suficientemente atractiva y espectacular para abrir una puerta a una afición que puede llegar a dar muchas satisfacciones. Aida creo que reúne todos los requisitos. 
 
 
¿Y piensa que al público que frecuenta la ópera le podrá gustar? 
 
Yo creo que sí. Creo que hay que romper ciertos prejuicios sobre este tema. El hecho de que se haga un intento para acercar un espectáculo de estas características al gran público dice mucho a favor de la producción. Y pienso que la grandiosidad del montaje, y la obsesión por los detalles para que quede todo perfecto serán muy valorados. No olvidemos que el público barcelonés tiene fama de ser exigente pero estamos convencidos de que todo saldrá muy bien. 
 
 
¿Futuros proyectos? 
 
Cuando terminemos con esta Aida, iremos de gira por toda España. Y compaginaré el papel con otros compromisos que tengo, como un Turandot o una Andrea Chénier. Trabajo no nos falta. E ilusión tampoco.