Presidente de la FIAMC

Jose María Simón

 Por un mundo más justo.

 “No bastan las buenas palabras para arreglar la pobreza”

 J.Mª Simón es el nuevo presidente de la FIAMC.

Lunes, 22 de Mayo de 2006
 Barcelona ha sido el escenario, este mes de mayo, del 22º Congreso Mundial de la Federación Internacional de Asociaciones Médicas Católicas (FIAMC), organización que reúne a 30.000 médicos de 60 asociaciones de todo el mundo. Bajo el genérico título “Los médicos católicos y el desafío de la pobreza en la era de la globalización”, el Congreso se ha centrado en el reto que representa la erradicación de la pobreza en una sociedad que espera que la gran lacra del mundo actual pueda solucionarse desde distintos ámbitos que no sean los estrictamente gubernamentales. Hablamos con José Maria Simón, nuevo presidente de la FIAMC.
“Queremos que la gente sepa que la Iglesia trabaja mucho para el tercer mundo y que es capaz de organizar un gran evento, ofreciendo lo mejor”.


“El hecho de que estemos preocupados por la pobreza, no significa que no estemos a favor de la empresa, pero debemos ser conscientes que debemos pagar cierta hipoteca social, por pertenecer a un primer mundo que es privilegiado en todos los sentidos”.


“Quizá la profesión de médico de guerra sea una de las más duras: uno tiene que escoger entre diversas vidas en cuestión de minutos”.


“No hacen falta grandes organizaciones para intentar arreglar cosas. A veces, un grupo de personas pueden contribuir a arreglar problemas. El médico que se llama católico no ejerce de modo distinto a uno que no sea católico”.


 
 Un congreso así quema energías...
 
Estamos acostumbrados a montar exposiciones pero, la verdad, no tan grandes ni tan llenas de complicaciones añadidas, como el hecho de pelearnos para que los invitados que nos llegan de China puedan conseguir el visado correspondiente, o saber si los stands tendrán suficientes enchufes. Son problemas alejados de nuestra profesión, pero con algo de esta envergadura los aceptamos como parte del trato. Y es que, al asumir la responsabilidad de la organización, uno se encuentra que va superando retos con los que no contaba. Y lo hemos hecho, el balance es excelente.
 
 
Algo de experiencia sí que tenían...
 
Sí, pero muy relativa. La última edición fue en Seúl, en el año 2002, y resultaba ya muy lejana. Aquí, en Barcelona se había organizado una hace más de 30 años, en el 74, pero fue un congreso de países occidentales (no había caído el muro de Berlín), y por tanto, más limitado. Ahora ha sido mundial. 
 
 
¿Los objetivos se han visto cumplidos?
 
El objetivo de resolver los problemas de la salud física y espiritual del mundo es una constante para nosotros. La gente ha de saber que la Iglesia trabaja mucho para el Tercer Mundo y que es capaz de organizar un gran evento, ofreciendo lo mejor. 
 
 
¿De verdad es posible erradicar la pobreza?
  
De vez en cuando salen estudios como los que afirman que con lo que los americanos se gastan en comida para perros se podría resolver el hambre en África. No creo que sea un problema tan fácil de resolver. Sí, podemos quejarnos, pedir el 0’7 y que la ONU no gaste tanto en burocracia, pero también podemos resolver algunas cosas por nuestra cuenta a través de la enseñanza a distancia, a través de micro-créditos, a través de la importante labor que realizan las misiones. Y también hay aspectos muy sencillos que contribuyen, de forma muy lenta pero constante a mejorar la situación. Cosas baratas como saber que el agua puede potabilizarse con una gota de lejía.  
 
 
La sociedad quizá ya está sensibilizada. ¿Qué me dice de las instituciones?
  
Hay aspectos que nos han sorprendido muy desagradablemente. Por ejemplo, la nula colaboración de la industria farmacéutica. Piensan que un congreso de estas características no les aporta nada a nivel económico (cosa que tampoco es del todo cierta), y se desentienden completamente. Y esto es grave, porque estamos a favor de la empresa, de los beneficios y de todo lo que conlleva, pero debemos ser conscientes que debemos pagar cierta hipoteca social, de sensibilidad, casi diría que de cortesía, por pertenecer a un primer mundo que es privilegiado en todos los sentidos.  
 
 
Háblenos del papel del médico al servicio de la paz.
 
Un ejemplo lo tenemos en el Padre Tarrés, a quién le hemos dedicado una exposición. Fue reclutado como médico en el bando republicano y cumplió su deber: intentar sanar cuerpos y almas sin fijarse en quién lo hacía, y tratando a los enfermos como tales, sin beneficiar a unos o a otros. A la hora de organizar esta muestra, nos hemos dado cuenta de que quizá la profesión de médico de guerra sea una de las más duras. Uno tiene que escoger entre diversas vidas en cuestión de minutos. Y tampoco no hace falta ser tan dramático, aquí, en nuestro país, nos encontramos en un colectivo que trabaja en la seguridad social y que tiene una gran presión para atender a cada paciente en sólo tres minutos. 
 
 
Son cosas que no se enseñan en la facultad.
 
Efectivamente. El médico joven no está preparado para responder a lo que se encontrará en realidad y sólo se obsesiona con los aprobados y el MIR. Y en realidad se habla muy poco de bioética y del trato humano con el paciente. Pero aún así, es curioso observar como las encuestas continúan indicando que la profesión de médico está muy valorada socialmente, con mucha autoridad moral. Y esto hay que aprovecharlo. 
 
 
Dedicaron un sesión de análisis a los “médicos santos” y los médicos peritos en causas de santos.
 
Sí, no olvidemos que la segunda profesión con más santos es la médica, y por supuesto, hay médicos que intervienen en procesos de beatificación. Su trabajo es dictaminar si puede haber una explicación natural a algunas curaciones para abrir procesos de beatificación. El milagro del Padre Tarrés, por ejemplo, fue una curación de un niño con una encefalitis. Dos familias se encomendaron al santo y el niño sanó rápidamente y sin secuelas. Así que los médicos certifican, no si hay un milagro, de esto se ocupan otras personas, sino si hay o no explicación natural.  
 
 
El Congreso se ha hecho en honor y gratitud a Juan Pablo II ¿Por qué?
 
Fue un gran defensor de la vida y tuvo siempre una atracción especial por la ciencia médica, quizá por el hecho de que tuvo un hermano médico que murió por contagio con pacientes. Pero no debemos olvidar que hemos recibido 900 cartas de obispos bendiciendo el congreso y lo más importante es constatar que no hacen falta grandes organizaciones para intentar arreglar cosas. A veces, un grupo de personas pueden contribuir a arreglar problemas. El médico que se llama católico no ejerce de modo distinto a uno que no sea católico.  
 
 
Quizá porque la pobreza no es sólo material...
 
No, claro que no. La pobreza puede ser espiritual. Y pobre es aquel que no tiene qué comer pero también aquella anciana sola que pasea por las calles sin tener a nadie a quien hablar. El hecho de que siempre haya gente que se esfuerce por consolar a los otros, dará sentido a muchas vidas. Y también a nuestra profesión.