Propietario de Ingeniería y Peritaciones Galtès

Jofre Galtès

Investigación e indemnización

"No resultamos simpáticos, pero somos necesarios"

Hoy, la gente es más consciente de sus derechos, por este motivo tiene más costumbre de reclamar y las indemnizaciones son, cada vez, más importantes.

Jueves, 07 de Junio de 2007
Determinar las causas de los accidentes automovilísticos no siempre es una tarea fácil. A las ya sobradamente conocidas, como son el exceso de velocidad, el alcohol o el cansancio, se pueden añadir o mezclar otras, el resultado final de las cuales podría llegar a ser muy sutil en la apreciación, pero evidentemente no en el resultado. Porque en los seguros no están en juego vidas humanas, sino el dinero. 
"La tendencia es que las indemnizaciones sean cada vez más importantes, debido a que la gente tiene más costumbre de reclamar porque es más consciente de sus derechos"
 

"Estamos de acuerdo en que cualquier vida humana no tiene precio, pero en mi trabajo hay que trabajar a otro nivel"
 

"Aunque el ciudadano medio no nos valore con excesiva simpatía, pensemos por un momento qué grado de indefensión supondría que los vehículos no estuvieran asegurados"
 
 
 
Usted se dedica a investigar las causas de los accidentes de tráfico.
Sí, es muy parecido a lo que se ve en series de televisión como CSI, aunque a otro nivel, claro está. Pero sí, es pura investigación. El interés de nuestro trabajo radica, como casi todo en la vida, en el dinero, así que cuando hay un accidente, hay una indemnización. Y detrás de ella, hay alguien que debe pagar. Hoy en día y a imitación de otras culturas como la anglosajona, la tendencia es que las indemnizaciones sean cada vez más importantes. Esto es debido a que la gente tiene más costumbre de reclamar porque es más consciente de sus derechos.

Así que todo se reduce al dinero.
Sí, ¿para qué vamos a negarlo? Estamos de acuerdo en que cualquier vida humana no tiene precio, que nunca el dinero puede suplir a una persona, pero en mi trabajo hay que estar en otro nivel. Mi objetivo es solucionar los dos problemas que se plantean cuando alguien tienen un accidente o se ve afectado por uno: primero, cuánto cuestan las secuelas físicas o los daños materiales; y, segundo, quién tiene la culpa.

No es habitual en los ingenieros industriales ser perito.
No, no lo es. Pero nosotros nos hemos especializado en determinar causas. Cuando estas se pueden aclarar, y por tanto se sabe quién es el causante, el problema está resuelto porque sabremos a quién le tocará pagar. 

Parece muy sencillo.
Pues le aseguro que no siempre lo es. Especialmente en su valoración. Me corresponde, en parte, dilucidar responsabilidades, lo que no siempre gusta. Así que es comprensible que nuestro oficio no tenga demasiado prestigio. Pero también hay otros factores: en España ha habido mucha gente que se ha dedicado a esto pensando que es una tarea fácil. Pero el mismo nombre ya lo indica. Un perito es un experto.

Antes ha comentado que no es fácil saber quien tiene la culpa.
A ver, de un modo objetivo sí. Es decir, en un accidente concreto, será fácil determinar quién se ha pasado el semáforo en rojo, o quién no ha respetado el stop. El problema viene cuando intentamos afrontar el problema de un modo más genérico, es decir, quién tiene la responsabilidad para regular que pueda haber una mayor o menor siniestralidad. ¿Los constructores de automóviles? ¿Los concesionarios de las autopistas? ¿Tráfico? Creo que es un problema en el que todos estamos implicados. Incluso los peatones, si lo pensamos pueden provocar accidentes.

Ahora que lo comenta, ¿algún peatón ha sido condenado a pagar alguna indemnización?
Creo que no. Pero tampoco podría asegurarlo.

Disculpe si le digo que la gente percibe a las compañías aseguradoras como un mundo cerrado, casi siniestro.
Sí, he de reconocer que vamos muy de la manita con otro colectivo no demasiado apreciado, los bancos. Así que somos casi como primos hermanos. Nuestro objetivo, como el de cualquier empresa, es conseguir cuanto más dinero mejor. Pero esto no quiere decir, obviamente, que las compañías de aseguradoras tengan pocos escrúpulos a la hora de ser rentables.

Habrá de todo, claro.
Sí. Hay compañías que tienen criterios más ecuánimes y otras que quizá no tanto. Pero lo que resulta evidente, lo que es del todo incuestionable es que las compañías y los bancos son necesarios. Aunque el ciudadano medio no los valore con excesiva simpatía, pensemos por un momento qué grado de indefensión supondría que los vehículos no estuvieran asegurados.

¿Existe una responsabilidad subsidiaria estatal para la persona que resulta perjudicada físicamente?
No. Por desgracia no. Le voy a poner un ejemplo que demuestra un poco cómo funciona este sistema que a mucha gente le podrá parecer un poco absurdo, pero es lo que hay: un repartidor de pizzas se cayó de la moto y sufrió lesiones, pero nosotros pudimos demostrar que no había sufrido un accidente solo, sino que había sido atropellado y, además, por un camión.

¿Y cómo fue eso?
A través de la biomecánica, la ciencia que se dedica a investigar la interacción entre cuerpos humanos y vehículos. En este caso, la aseguradora del repartidor sí que pudo cubrir los daños, pero si a este motorista no le hubieran atropellado, se hubiera quedado sin indemnización, ya que las aseguradoras nunca cubren al propio conductor.

Hombre, si nos tienen que atropellar, creo que preferimos que sean vehículos que no nos hagan mucho daño.
Sí, claro. ¡Pasa que no lo podemos decidir! Yo colaboro con una fábrica donde ayudo a determinar el diseño de las formas del capón del coche para que puedan ser lo menos agresivos posible.

Últimamente se ha hablado mucho de los "quitamiedos" de las autopistas y las campañas que se han iniciado para suprimirlos.
Es difícil cambiar de la noche a la mañana un sistema de protección en las carreteras de todo el estado, que han estado vigentes durante tanto tiempo. Aunque sólo hace falta cruzar la frontera y mirar lo que hace Francia. Allí los "quitamiedos" están resueltos con un sistema que no produce ningún peligro, ya que están diseñados y pensados para reconducir hacia la vía a los vehículos que colisionan con él en un ángulo no superior a 30 grados.

Hablemos de algo más importante que el dinero. Las vidas humanas que cuestan los accidentes de tráfico.
Y una parte muy importante, además de la sociedad, como es la juventud. La proporción más alta de la población que sufre accidentes de tráfico se da entre este colectivo, el de los 20 a los 35 años, con especial incidencia entre los más jóvenes. El problema es que afecta al futuro de nuestro país. Y la verdad es que se habla poco de ello. Y lo importante no es tanto lo peor que pueda ocurrir, es decir, la muerte de una persona, sino los daños que pueden ser irreversibles en su cuerpo. Así que el coste más elevado suele ser el de la recuperación.

Y ahí las compañías, bien, determinadas compañías, escatiman.
Las compañías aseguradoras deben ser económicamente viables. Hace un tiempo conseguimos que se establecieran unos varemos para cuantificar y prever todo tipo de casos. De este modo, hay unos médicos que se dedican a valorar los daños corporales con tal de unificar criterios, para que todos los casos sean valorados del mismo modo. Aunque pueda parecer duro tiene que ser así.